Pensamiento Crítico

Un papa a contramano

Por Roberto Aguirre | Agencia de Prensa del Mercosur (APM) | 10 Mayo 2007
El sumo pontífice visita por primera vez América Latina con la intención de frenar la sangría de católicos e impulsar una iglesia cada vez más fosilizada, que desconoce la realidad social. Con un operativo comparable al que se montó cuando el presidente George W. Bush visitó Brasil, el papa Benedicto XVI llegó ayer a San Pablo, para difundir por el país con más católicos del mundo su mensaje neoconservador. En las primeras palabras que el sumo pontífice pronunció en el aeropuerto, condenó el aborto y afirmó que la V Conferencia de Obispos de América Latina -que viene a presidir- fortalecerá "el respeto por la vida desde su concepción". Se trata de la primera visita de Joseph Ratzinger como papa a América Latina, en sus dos años de pontificado. El principal motivo de este periplo de cinco días por Brasil, es la preocupación de la iglesia católica por el éxodo de fieles hacia otras religiones neoprotestantes y el creciente avance de la ola a favor de la legalización del aborto en América Latina. Según distintas encuestas, alrededor de 125 millones de brasileños profesan el culto católico. En los últimos años, según el periodista y especialista en temas eclesiásticos, Washington Uranga, el porcentaje de creyentes ha disminuido notablemente: en 1991 eran el 83,1 por ciento, en el 2000 73,8 por ciento y actualmente se estima que no superan el 64 por ciento. Esta drástica reducción es adosada por el Vaticano al crecimiento de las iglesias neoprotestantes de raíz pentecostal, comúnmente denominadas evangélicas. En Brasil, este tipo de cultos ha calado hondo en las clases populares urbanas, y en algunos casos, incluso, se han lanzado en una carrera política, ocupando cargos en el parlamento. Lo que normalmente no se dice, es que este tipo de cultos fue impulsado por el ex presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, en el documento Santa Fe II que los neocons (neoconservadores políticos) redactaron para "recuperar" América Latina y "excluir el comunismo del continente". Lo curioso es que el propio Reagan fue un íntimo aliado del Papa Juan Pablo II, en su cruzada contra el avance de la izquierda en el mundo. La gran preocupación de los diseñadores de este documento Santa Fe, era la creciente influencia en los sectores más carenciados de la Teología de la Liberación, movimiento eclesiástico de cuño marxista que pregonaba la opción por los pobres y llamaba a la acción social de la iglesia. Esta fue la razón por la que el gobierno de Reagan financió distintos cultos con la intención de correr de la escena a los sacerdotes "cooptados por el comunismo". Pero la Teología de la Liberación no sólo le preocupó a Reagan y los neocons, también inquietó al Vaticano, y a Joseph Ratzinger –hoy Benedicto XVI- cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio). El ex Cardenal escribió de puño y letra varios documentos condenando estas novedosas vertientes del catolicismo, e incluso silenció a varios sacerdotes y teólogos como el brasileño Leonardo Boff y el peruano Gustavo Gutiérrez. Por estos días, esa aquella preocupación debe mantenerse en el Sumo Pontífice: A pesar de que la Teología de la Liberación ha perdido terreno, Benedicto silenció hace algunas semanas al sacerdote vasco-salvadoreño Jon Sobrino, por profesar esas ideas. En este sentido, Washington Uranga afirma que la influencia de esa corriente pueden convertir a la Conferencia de Obispos de América Latina "en una caja de resonancia" de temas como el aborto, el uso del preservativo y el celibato sacerdotal entre otros. La intención del Vaticano es terminar con una de las expresiones sociales más genuinas y populares de América Latina, cuna de movimientos sociales e incluso de partido políticos, demostrando su falta de sensibilidad con las víctimas de la pobreza en el mundo. Algunos de los teólogos de la liberación fueron notables intelectuales y, más allá de su postura teológica a favor de la naturaleza social del pecado, la opción por los pobres y la misión por la liberación, entre otras, realizaron brillantes análisis de la realidad latinoamericana, con la pretensión de modificar la realidad estructural de los sectores bastardeados. Entre ellos se destaca, sin duda, el peruano Gutiérrez, cuyo libro "Teología de la Liberación", que dio nombre al amplio movimiento, es el ejemplo de una pluma autóctona, pensada desde América Latina, para América Latina, lejos de los lujos de la iglesia en Roma y cerca de la pobreza de este continente. También en Brasil, la Teología de la Liberación se materializó en las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), que optaron por el trabajo social en uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. Las CEBs fueron, como en reiteradas oportunidades explicó el teólogo Boff, una de las principales columnas del Partido de los Trabajadores (PT), herramienta política que llevó al presidente Luis Inácio Lula Da Silva al poder en 2003. Otro de los puntos que preocupa a Benedicto XVI es el avance de la legalización del aborto en América Latina. El pasado 24 de abril, la Cámara Cámara Legislativa de la Ciudad de México despenalizó la interrupción del embarazo acompañando a Cuba, Guayana y Puerto Rico en donde el aborto también es legal. En varios países de América Latina se ha avanzado sustantivamente en materia de derechos, permitiendo la interrupción de embarazos en casos donde corre riesgo la vida de la madre. En Argentina y otros estados, incluso, se está discutiendo la posibilidad de permitir el aborto en caso de violación o de discapacidad mental. Observando esta tendencia social, Benedicto ni siquiera esperó a su primer encuentro formal con el presidente Lula y, en el acto de bienvenida, se pronunció enérgicamente en contra del aborto y de la planificación familiar. El presidente Lula, por su parte, hizo esta semana referencia explícita a la muerte de muchas "jóvenes desesperadas" que llegan a utilizar métodos arcaicos para interrumpir la gravidez, como el uso de "agujas de tejer". Sostuvo entonces que "el Estado no puede abdicar de cuidar de esto como una cuestión de salud". De la misma forma, Benedicto se ha manifestado, en reiteradas oportunidades, en contra de la homosexualidad –considerada una desviación por la iglesia católica- y del uso del preservativo. También aquí el Sumo Pontífice va en contra de la realidad de los países latinoamericanos, donde, según UNICEF, en 2006 nacieron 9 mil niños con VIH. Asimismo, datos arrojados en el IV Foro Latinoamericano y del Caribe, realizado en Argentina, confirman que cada minuto que pasa 55 nuevas mujeres son contagiadas con Sida en esa región del mundo. Una de las principales causas, según los organizadores del foro, es la falta de precaución y de conocimiento de métodos anticonceptivos, estos últimos no permitidos por el Vaticano. Igualmente, el avance de los derechos a los homosexuales encuentra en América Latina algunos de los mejores ejemplos. Tanto la ciudad de México como Buenos Aires, dos de las ciudades más pobladas del mundo, permitieron la unión legal entre personas del mismo sexo. Mientras la tendencia social es otorgar mayor lugar a los homosexuales –fruto de su histórica lucha por la inclusión -, Benedicto continúa manteniendo las posturas retrógradas de la iglesia católica, que va a contramano de la realidad mundial. La visita de Benedicto XVI sólo viene a reforzar la postura absolutamente ultraortodoxa de la iglesia católica, en una América Latina que aloja la mitad de los fieles del mundo. En este sentido, las palabras de Leonardo Boff a propósito de la presencia del papa en Brasil, resultan más que significativas: "la Iglesia se queda cada vez más fosilizada".