Pensamiento Crítico

Cómo hacer política para la emancipación

Por Alberto Pérez Lara | La Jiribilla | 16 Mayo 2007
Para el pensamiento y la práctica de la dominación, la política es básicamente la disponibilidad del poder político de cuyo ejercicio deriva la posibilidad de reproducir las condiciones económicas, sociales y políticas de la dominación; para el pensamiento y la práctica de la emancipación, reducir el sentido de la política a la sola disponibilidad de poder político, implicaría el riesgo cierto de transformar la emancipación en nueva dominación. Para el movimiento social emancipatorio la toma del poder político puede tornarse irrelevante, si no va acompañada por un cambio significativo en el carácter del poder, de aquí que la política sea concebida como producción de empoderamiento por parte de la comunidad y, sobre sus bases, la construcción de una sociedad nueva. "En política –destaca Helio Gallardo– la expresión "poder" señala una capacidad, la capacidad de un grupo o clase para alcanzar sus intereses de grupo o clase movilizando tras ellos al conjunto de las fuerzas sociales de una sociedad dada. Para todas las sociedades de clase, y las sociedades latinoamericanas son todas sociedades de clase, esto significa que un grupo o clase social particular tiene la capacidad de presentar sus intereses particulares como si fueran los intereses de la sociedad entera o global. (…) el poder político consiste en la capacidad para activar, organizar y movilizar las fuerzas sociales tras objetivos que buscan la mantención, el cambio o la transformación radical de la sociedad dada"[1] Para una sociedad de clases el poder político es el poder que subordina a todos los demás poderes (económico, ideológico, cultural, etc.), por lo que actúa como el corazón o eje del sistema de dominación, en tal dirección es considerado como el poder social. La concentración y amplitud del poder económico en manos de los capitalistas ha sido tal que les permite "delegar" el ejercicio de la política en profesionales a sueldo. Desde este poder real se compra y se vende la política como un producto más del mercado globalizado. Esto evidencia un cambio en la correlación de la economía y la política en la evolución del ejercicio del poder de la burguesía. Existe una nueva área de conflictos formada en la misma periferia del conglomerado social de la dominación, expresado en "la división política de la burguesía que constriñe a cada una de sus fracciones a no subvertir el poder y a buscar un apoyo en los otros componentes sociales, sobre todo el respaldo popular que sigue siendo decisivo en la democracia parlamentaria".[2] La burguesía hace descansar su dominación hacia el movimiento social no directamente sobre los actores individuales y colectivos, sino más bien manejando la correlación entre la economía y la política establecida hoy día, lo cual está directamente vinculado a la vida cotidiana de las personas. Entre las formas empleadas por los partidos de la burguesía para disponer del poder se encuentran el clientelismo político y el tráfico de influencias que se ejerce en el mercado de la política, donde tiene ventajas el comprador de mayor solvencia. La burguesía actual dispone del mayor partido de influencia política, el Partido del Mercado Total, aquí estriba su fortaleza; pero también su gran debilidad. El poder político visto desde el lado de la emancipación tiene que formarse de otra manera, donde lo político quede subordinado a lo social, es decir, que lo determinante, en última instancia sea el poder social que se refleja en el poder político, lo que impone la democracia total al garantizar que el pueblo ejerza "directamente" el poder y asuma el protagonismo de la construcción de una sociedad nueva. La democratización de la economía y el fin de la tiranía del mercado, son premisas indispensables para lograr un cambio revolucionario, el ¿cómo hacerlo? tiene mucho que ver con la forma de acumulación política y social del movimiento emancipatorio. Una visión crítica de la teoría política es aquella que la desarrolla como teoría del fetichismo, que denuncia los mecanismos de invisibilización por los que la dominación oculta en su dimensión real, al campo de lo político, a través de efectos de ideologización. Determinados por el conjunto de las prácticas políticas de la dominación, los efectos de invisibilización de lo real están también determinados por la concepción política; la cual, en cuanto teoría tradicional, se sitúa bajo la pretensión de neutralidad en esta otra perspectiva. Este fetichismo de la teoría tradicional deforma, refracta, encubre o invierte la realidad del campo de lo político o, a través de la producción y disfunción de algunas reducciones y estereotipos de la política al analizar en el conjunto de sus implicaciones la reducción de la política a la acción de individuos excepcionales, "reducción de lo político y la política a la escena política o alguna institución o instituciones políticas privilegiadas", reducción de lo político y la política a la "acción o presencia de las clases sociales en el espacio político, reducción de la política al análisis y comprensión de lo local"[3] De esta manera tenemos que el actor político individual se presenta desempeñando un papel protagónico, determinado desde arriba y sobrevolando el campo de oposiciones entre fuerzas sociales, lo cual lo coloca fuera de su real significado. Instituciones protagónicas como son indudablemente los partidos y organizaciones políticas, al absolutizar ese protagonismo y desconectarlo de sus articulaciones con otras agrupaciones de la totalidad social, debilitan y confunden al movimiento social, lo hacen "apartarse" de la política para caer en sus propias trampas. Ese estereotipo determina también, entre otros efectos de ideologización, la falsa creencia de que quien no milita formalmente en un partido político está fuera de lo político. De esta forma lo político queda reducido a una actividad propia de los partidos. Por otro lado la reducción de la política a la acción inmediata de las clases desvitaliza la especificidad y la autonomía relativa de la experiencia política, al mismo tiempo que tiende a anular el valor o peso de los fenómenos culturales e ideológicos en lo político. Para los procesos emancipatorios la reducción clasista distorsiona sustancialmente la percepción sobre las características y la fuerza del nuevo movimiento social, acerca de la capacidad de sus organizaciones para dirigir un proceso de emancipación. Esto se refleja asimismo, con un efecto que distorsiona y niega la historia, sobre el campo de la lucha ideológica, pues, prácticamente tiende también a negar la posibilidad de producción de "nuevas ideologías" por estos nuevos movimientos sociales. El estrechamiento del escenario de las luchas políticas y sociales al plano local o nacional, a través de la consideración de lo internacional como un panorama o contexto en el que se inscribe lo nacional, es un error en las condiciones actuales del desarrollo capitalista. La batalla tiene que librarse en la contextualización de la vida cotidiana de los diferentes actores, pero tiene que conectarse a un eje de emancipación más global. Las elaboraciones ideológicas que se levanten de estos análisis llegarán a conclusiones desorientadoras del cause del movimiento revolucionario. En las sociedades dependientes como las latinoamericanas, ello genera toda una serie de efectos distorsionantes, entre los cuales la ilusión de desarrollo en función de decisiones económicas y políticas pretendidamente vernáculas, ha sido drásticamente desmentida como posibilidad, una y otra vez en la historia de este siglo. Cada día que pasa, bajo los efectos de la globalización, se hace imposible reducir la política a lo local o nacional, se hace necesario pensar global, así como, elaborar estrategias solidarias de articulación con los movimientos sociales y políticos de las regiones y continentes. Lo micro y lo macro son componentes necesarios de cualquier política actual, sea elaborada desde el movimiento social o desde el movimiento político emancipatorio. Es innegable el papel fundamental que en este campo siguen desempeñando las clases sociales, los partidos políticos y los individuos, desde sus prácticas locales y nacionales; pero lo político, hoy más que nunca, requiere de una reelaboración que no sólo contenga los intereses clasistas, sino también los de otros grupos sociales, cuyos intereses son difíciles de situar en los marcos estrictamente clasistas, hay que tener en cuenta a todas las demás organizaciones y movimientos sociales no partidistas, así como la línea de desarrollo que sigue la sociedad actual en su conjunto. La reconstrucción del nuevo pensamiento crítico necesita proyectar su comprensión sobre las nuevas formas de la política y del hacer político en las nuevas condiciones en que se lleva a cabo las luchas emancipatorias. Cuando la escena política invisibiliza el campo político, donde se mueven los diferentes actores, los componentes del movimiento popular casi irremediablemente se sienten relegados a la condición de espectadores de lo que acontece en aquel escenario en el que los individuos excepcionales, o los partidos o las clases, o las decisiones "nacionales" son los actores. En esa situación de ajenidad de lo político, a lo más que pueden llegar los sectores populares en la medida que se sientan desconocidos en sus necesidades e intereses, es a negar su aplauso o abuchear a los actores. En esta situación alcanzará con montar un nuevo espectáculo, cambiando tal vez las primeras figuras, o los vestuarios, o algunos decorados, con lo que se mantendrán las condiciones de ajeneidad de quienes solamente pueden pensarse como espectadores políticos. Por el contrario, cuando la escena política es ubicada como un ingrediente del campo político, conjuntamente con su resignificación, tiene lugar la del movimiento social, quienes fuera de la escena, pero dentro del campo, pueden convertirse en actores políticos de un drama humano donde sólo ellos con su propio rostro y voz pueden representar espacios que son imposibles de delegar en otros actores, por lo que no pueden resignarse a la mera condición de espectadores. Al ubicar al movimiento social en el campo político y tornarles visible su potencialidad como actores políticos, la teoría política emancipatoria se enriquece y sintoniza con la nueva realidad. Así entendido, el discernimiento de lo político se articula constructivamente en la perspectiva de emancipación latinoamericana generada desde el movimiento social, que en ejercicio de su resistencia se configura como sujeto político de nuevo tipo, y si bien la cuestión del acceso al poder no puede ser obviada en los movimientos sociales con orientación emancipatoria, sí requiere de una reconfiguración en cuanto a su contenido, y formas de lucha, lo que significa que en las prácticas de los diferentes actores sociales se está conformando una nueva noción de la política que no excluya del escenario los naturales actores del drama social que hoy vive la mayoría de la humanidad. La trayectoria del movimiento social de los últimos veinte o veinticinco años está demostrando la necesidad de cambios que viabilicen el dinamismo participativo del movimiento social, de una nueva concepción de la política más centrada en lo social; porque desde otras perspectivas se ha agotado la posibilidad de proponer nuevos proyectos alternativos de lucha y desarrollo. La presentación de proyectos desde una perspectiva del movimiento político emancipatorio, en el caso en que dispongan de ello, tampoco son atractivos para los nuevos actores sociales, porque en la vieja concepción si les permiten compartir una parte de la escena, es la menor y en papeles secundarios. La alternativa de la emancipación se construye desde las vivencias y experiencias de los efectos que ello produce: carencialidad, marginación y victimización; se construyen con la prueba irrefutable de que nada se puede esperar del capitalismo, que la mejor actitud es quebrar la lógica destructiva de su desarrollo. La alternativa al capitalismo, en cuanto no capitalista puede construirse desde dentro de su sistema, pero con la intencionalidad de romperlo, es decir antisistema, de manera tal que se pueda superar todo tipo de dominación y ello debe quedar claro, porque el postcapitalismo pudiera dar muchos matices a la alternativa, al menos en el plano de proyectos. Aunque se ha avanzado mucho en la concepción y participación del movimiento social en los diferentes escenarios de lucha, incluido el político, no es menos cierto que todavía, de manera general, no se está planteando la cuestión del poder en toda su dimensión, o digamos que está empezando a replanteárselo de una forma diferente; ni siquiera el de la hegemonía, sino la moralización de la vida pública, las reivindicaciones sectoriales y la lucha por los micropoderes y una menor injusticia social. Es comprensible que esto suceda, está mediando un período transitorio, que puede ser más o menos largo del reacomodo del movimiento social y político emancipatorio, en el cual, las elaboraciones paradigmáticas de la nueva política no están presentes, ni los escenarios que lo faciliten. Por otro lado, el movimiento social continúa llevando adelante los combates cotidianos, puntuales, en cada lugar, en cada terreno, en los que tienen que estar acompañados por el movimiento político. Las manifestaciones de "desinterés" en la política por los nuevos movimientos sociales, más bien responde a un antídoto natural de preservación ante el veneno enajenante que emana la política en las condiciones actuales, ello representa un contrapeso necesario para su articulación con el movimiento político emancipatorio, un terreno de acercamientos y aproximaciones que deberán compartir en su elaboración. Por supuesto que la política no se agota en los medios electorales, quizás, esta sea la forma más pedestre de manifestarse la política y la más distanciada de los intereses del movimiento social. De cualquier manera, queda claro, que en las condiciones actuales de América Latina sería un suicidio político no explorar y utilizar los espacios institucionales de lucha legal, cualesquiera sean las formas en que ellos existan. Sin embargo, si se limitan a esos espacios, si se centra lo fundamental de la actividad en esos espacios, se naufraga junto con la desmoralización de la política tradicional. En definitiva, cualquier cambio al sistema político existente tiene que adaptarse a los principios fundamentales de la dominación capitalista, de lo contrario tiene que romper radicalmente con ella. Hay que defender la idea del cambio social, luchar por él aunque parezca un absurdo, o navegar contracorriente. Un factor que ha influido desde dentro del movimiento social, en cuanto a su distanciamiento respecto a la política, está dado en la proliferación de las ONGs que si bien por un lado han contribuido al mejoramiento de las condiciones de vida en comunidades, al fortalecimiento de grupos sociales marginados, discriminados o excluidos, a la creación de una determinada infraestructura e institucionalidad, etc., por otro lado, su actividad está limitada por el mismo proyecto neoliberal de dominación, atados por el financiamiento; existe una dependencia del capital respecto a la intervención, los subsidios y los gastos que realizan. Una parte importante de los financiamientos provienen de los gobiernos, organismos internacionales y multilaterales, a través de lo cual establecen un "control" de estos actores sociales; la forma en que adquieren estos fondos los dejan subordinados a determinados proyectos aprobados por los donantes, destinados a una intervención muy concreta en la realidad. Una de las exigencias a las organizaciones no–gubernamentales estriba en llevarlas de forma oculta a participar el la política de dominación neoliberal distanciándolas de la participación política. [4] Muchos de los conflictos y problemas sociales, en algunos de los cuales intervienen las ONGs no se sistematizan, aparecen totalmente desconectados y básicamente carecen de una referencia política. Hay otro nivel de conflictividad mucho más cotidiano, se producen luchas reivindicativas mucho más fragmentadas que se están dando a diario. La mayoría de las luchas que se están produciendo son reivindicativas: unas giran en torno a la cuestión de la impunidad, otras tienen que ver con conflictos más ligados a la clase trabajadora, con el problema de la salud, la educación, etc. En algunos casos sólo encuentran paliativos encerrados dentro de órbitas estrechas de movimientos sociales, ONGs u otras organizaciones. Ello muestra también que no hay confianza, ni articulación sistemática y seria con el movimiento político emancipatorio, cuyas propuestas no se hacen atractivas. Una parte importante de la sociedad latinoamericana ha dado un salto de lo cotidiano a lo reivindicativo. Está faltando, aunque en proceso de formación, el salto más importante, que es el de lo reivindicativo a lo político. Esta realidad indica como se está conformando el movimiento social y el tránsito que está dando a lo político de una forma nueva, que no se expresa en la proliferación de nuevos partidos, como sí en el movimiento político y social emancipatorio, como una instancia que canaliza los reclamos y que sistematiza las prácticas dispersas, su conducción es democrática proveniente básicamente del conjunto de los nuevos actores sociales y políticos, con una dirección popular genuina y real. De la acción de estos nuevos actores sociales y políticos, y su articulación con el resto de las fuerzas del campo popular depende mucho la conformación de la nueva concepción de la política que embrionariamente está en la esencia misma del ser de su existencia, pero que aún le es muy difícil, de exteriorizar por sí misma. No es que los nuevos actores sociales rechacen la política, sino la forma de implementación de la política, tal y como ha existido hasta hoy en la mayoría de nuestros pueblos de América Latina. Cualquier actividad que desempeñen estos nuevos actores llevan en sí el contenido de lo político, implícito y explícitamente, directa o indirectamente, porque en la sociedad, especialmente la que vivimos hoy, no existe nada o casi nada que no se encuentre vinculado o relacionado a lo político. Incluso los métodos participativos y organizativos que propugnan estas organizaciones y movimientos sociales tienen por base la más plena democracia (que es un concepto político) y cuando intervienen en lo público lo hacen con esta proyección, buscando precisamente, ampliar los espacios democráticos a nivel político y a nivel social. Por supuesto, el problema no es tan sencillo, no se trata de que los nuevos actores sociales se proclamen como apolíticos o que rechacen la política, sino que no se proponen disputar espacios de poder político dado que no se corresponde con sus misiones y tareas fundamentales, al menos por el momento. Los nuevos movimientos sociales han venido diferenciándose del resto de los actores, básicamente por su propósito y su práctica de intervención pública, su tarea fundamental para esta etapa consiste en contribuir decisivamente junto al movimiento político emancipador a la creación del nuevo sujeto histórico, es decir, de los nuevos sujetos, individuales y colectivos impugnadores del orden neoliberal actual y hacedores de un nuevo orden anticapitalista. De aquí que una de sus tareas esté encaminada a trascender las labores de subsistencia y resistencia socioeconómica y cultural, para lo cual no están identificados aún claramente sus nuevos roles, que serán definidos en todo el proceso de articulación social y política que los conduce a diferenciar los caminos de sus relaciones en la reafirmación de su identidad: una que tiene que ver con la necesaria distancia a tomar frente "al papel que en esta década o en la próxima los gobiernos y la mayoría de los partidos políticos pretenden hacerle cumplir (a algunas de ellas) "…lo no gubernamental", que no significa "no político", ni por vocación ni por postura, y la otra frente a las organizaciones políticas, "no somos ni sus competidores, ni como suplentes…"[5]La conformación de estos límites estará dada, en la capacidad de los nuevos actores sociales para definir los contornos de la política que pretende desarrollar en su intervención social para la ejecución de una alternativa de cambio postcapitalista. Por otra parte, la reorientación de las perspectivas institucionales del movimiento político emancipador tiene lugar en momentos en que también los actores sociales muestran una fuerte orientación hacia las esferas locales y sectoriales, en contraste con los enfoques macro y globales del pasado reciente. Esta coincidencia de perspectivas puede llegar a tener, en el futuro efectos importantes en la eficacia política del movimiento político emancipatorio para crear una base electoral sólida. De todos modos debe señalarse que la presencia de una opción emancipatoria sigue siendo mucho más notoria en el terreno social que en el ámbito político institucional. Los partidos que se ubican en el movimiento político emancipatorio tienen dificultades para convocar a la mayoría del electorado, cuyas condiciones de vida están experimentando un proceso agudo de deterioro. Está claro que una parte amplia del electorado perteneciente al movimiento social no ve en los representantes del movimiento político emancipatorio una opción electoral con posibilidades de triunfo real, pero este panorama está cambiando. Hay, en este sentido todavía, una ruptura o desface entre la insatisfacción social y las perspectivas electorales. La inserción institucional del movimiento político emancipatorio ha producido una notable moderación en los programas e iniciativas conducentes a un verdadero cambio social. El movimiento político emancipatorio latinoamericano está insertándose con desigual eficacia en la política electoral, pero esta presencia institucional no va acompañada, en general, por la formulación de propuestas políticas alternativas al presente orden de cosas, aspecto que puede mantenerla distanciada de las necesidades del movimiento social. En general las energías se dirigen a criticar el actual diseño macroeconómico y la implementación de sus políticas correspondientes y las propuestas de cambio que se caracterizan por la sectorialización y las preocupaciones de orden local. En la mayoría de los casos su proyección se caracteriza por la denuncia contra los fraudes, la corrupción, el autoritarismo, demandas de transparencia y moralidad política, etc. Y por lo general, la crítica a la política económica no está acompañada de propuestas alternativas. Lo más representativo del movimiento social frente al sistema de dominación no son las elecciones, puesto que por lo regular no generan emancipación; por eso prefieren otras formas más directamente "sociales" que, al menos, alivien la rudeza de la vida cotidiana. En esto influye que la mayor parte de las instituciones estatales en América Latina (militares, la policía, el poder judicial, etc.) del pasado autoritario permanecieron intactas; se mantuvo incólume el sistema socioeconómico autoritario basado en el control elitista de los medios masivos, los sistemas financieros y productivos. La cultura del miedo y la inseguridad se ve continuada y cultivada por los políticos neoliberales electos. Esa continuidad del autoritarismo limita la actividad ciudadana, erosiona el debate político y obliga a los políticos a ajustarse a los marcos del neoliberalismo. Las condiciones todavía hoy ofrecen un balance favorable a los candidatos neoliberales en las elecciones o procesos electorales. Una gran parte de las propuestas de los políticos de la centro–izquierda[6] giran alrededor de la misma política neoliberal, con la diferencia de poseer mayor virtud personal, no ser corruptos, poseer capacidades administrativas, ser capaces de administrar el sistema del modo más eficiente y la preocupación que mantienen por los costos sociales del neoliberalismo, intentando incrementar los gastos sociales, pero no presentan ninguna alternativa nueva, por el contrario, en cierto sentido, refuerzan el argumento neoliberal de que no existe otra alternativa. Como la mayoría de los votantes carece de fuertes identidades en términos de organización política, se convierten en víctimas de la propaganda de las campañas electorales, en las cuales los neoliberales, con enormes fondos destinados a esos fines y el casi monopolio de los medios masivos, desempeñan un papel ventajoso. "Las elecciones encarnan el poder del legado del pasado autoritario y la enorme capacidad de los políticos neoliberales para concentrar recursos organizativos y financieros en un limitado período de tiempo (esto es las campañas electorales), con el fin de garantizarse resultados favorables"[7]. Otra es que la política bajo la forma dominante de su uso actual (fundamentalmente dirigido a la esfera institucional) se ha valorizado no desde el punto de vista moral sino por el incremento de los costos en el mercado electoral, y de toda la corrupción flagelante de gobernantes y gobiernos en el continente. Esto se une a la necesidad de superar costumbres, hábitos y tradiciones, inculcados por el capitalismo durante tantos siglos de dominación, integrados a la cultura de los pueblos, y la consecuente pérdida de otros referentes anticapitalistas, ahora agudizados con la desaparición del socialismo real. En el escenario institucional hay una relativa consolidación de los mecanismos representativos electorales. Existe un sesgo reformista, e incluso conservador en las instituciones de la democracia representativa que lleva a los partidos del movimiento político emancipatorio a moderar sus propuestas programáticas y converger hacia el centro. No obstante, la eficacia del movimiento político emancipatorio para insertarse en estos espacios, y ampliarlos puede convertirse en un punto de partida o de apoyo junto a otras acciones para una estrategia gradual de cambio global no reformista. No se puede renunciar a las transformaciones sistémicas, menos aún, si están intrínsicamente vinculadas con las antisistémicas. Los partidos del movimiento político emancipatorio latinoamericano parecen estar más motivados por la necesidad de adaptarse al escenario que se está gestando tras los cambios políticos globales y regionales recientes, que por una dinámica de transformación de ese escenario. El cambio de escenario está llevando a estos partidos a modificaciones internas en sus orientaciones ideológicas, sus propuestas programáticas, sus estructuras organizativas y los alcances de su acción. El movimiento político emancipatorio al tener representación en el gobierno tiene que ser algo más que administrador local de políticas macroeconómicas que son definidas en otros ámbitos del poder tanto nacional como internacional. Tiene que ser capaz, al menos, de articular niveles locales o regionales con la problemática nacional para poder enfrentar después o simultáneamente el poder de facto internacional. En este sentido hay que aprovechar y cuestionar al capitalismo globalmente; no aceptar la vigencia indiscutida de la democracia representativa, y que es posible superar limitaciones de esta, articulándola con múltiples modalidades de la democracia participativa directa promovida por el movimiento social emancipatorio. La conjugación de experiencias de participación social con los procedimientos institucionales de la democracia representativa debería conducir a una reelaboración del concepto de ciudadanía a partir de las iniciativas e intereses del movimiento social emancipatorio, se trata de legitimar un concepto de ciudadanía que incorpore las experiencias de acción colectiva y de sus propias organizaciones. Ello implica entre otras cosas, una capacidad de articulación política de la multitud de redes asociativas, organizaciones sociales y similares. Los sistemas democráticos representativos no deberían ser obstáculos para propuestas de transformación, en definitiva son el resultado incompleto de las luchas populares y del movimiento político emancipador en América Latina. Este movimiento político emancipatorio junto al resto de los movimientos sociales debe encarar el desafío de dotar a las "instituciones democráticas" de virtualidad transformadora de la realidad social, desde las perspectivas del movimiento social emancipatorio. Se puede recuperar y fortalecer el valor de la democracia como instrumento político sin legitimar al capitalismo y sin renunciar a un proyecto de transformación global. El movimiento político emancipatorio no debe rechazar la estrategia tradicional que consiste en tratar de ganar el control de las instituciones estatales. Pero el éxito se obtiene sólo si esas instituciones estatales están sometidas a una presión constante de la base, es decir –si existen organizaciones de masas y sociales capaces de controlar a sus propios líderes y, si es necesario, obligarlos a hacer los cambios emancipatorios posibles y necesarios de cada etapa histórica; se trata de que ellos estén participando como movimiento social emancipatorio tanto en la elaboración y aplicación de las políticas, como en los niveles de decisión de las mismas. Existen casos en los que partidos del movimiento político emancipatorio gozan de un amplio apoyo popular, e incluso disponen de la iniciativa política, pero a esos partidos les está faltando ahora estrategias, no solo revolucionarias, sino también reformistas en un sentido nuevo y revolucionario. El hecho de que partidos u organizaciones del movimiento político emancipatorio accedan al poder significa que de alguna manera tienen posibilidades para lograr transformaciones, pero todavía no está preparado para presentar y llevar adelante una alternativa emancipatoria.[8] Hay que tratar de articular los cambios que realiza el "movimiento desde abajo" con las "transformaciones de arriba. En el período postelectoral, la propaganda electoral política se ve reemplazada por las políticas socioeconómicas concretas de los regímenes neoliberales, que reflejan de manera abrumadora los intereses de las élites económicas. La polarización social que está "ausente" durante las campañas electorales vuelve a entrar en su escenario en cuanto el presidente electo asume el poder. La imposición de la fuerza sigue a las elecciones. En realidad existe una honda brecha entre las elecciones y los intereses socioeconómicos del movimiento social, así las preferencias políticas se manifiestan más bien en la reacción y acciones populares de rechazo a las políticas neoliberales. Esta es una paradoja entre gente que vota por la derecha y actúa con el movimiento político emancipador. La abdicación o postergación de propuestas globales de cambio favorece el desenvolvimiento de los procesos de disyunción entre protestas sociales y comportamientos políticos. El deterioro social de amplios segmentos de la población de ingresos bajos y medios no está acompañado hasta ahora por un desplazamiento de esa población hacia opciones políticas de confrontación electoral. Cuando visten el traje de electores los pobres y empobrecidos tienden a evitar, en cantidades apreciables, las opciones más críticas: "La hipótesis de que un deterioro agudo y amplio de las condiciones de vida de la gente desplaza per se a esa misma gente hacia la izquierda del espectro político resulta cuestionada una vez más"[9] Los regímenes políticos neoliberales han contado con una ventaja estratégica por sobre sus rivales, el movimiento social y político emancipatorio; disponen de una concepción coherente y global que abarca la reorganización del Estado, la economía, la estructura de clase y los valores personales que tienen en aplicación. Los neoliberales propugnan una imagen de la "persona nueva" y no menos cambios económicos encaminados a incrementar las ganancias en una coyuntura. En resumen han adoptado un enfoque estructural histórico mundial para la elaboración de sus políticas. Ante los ataques neoliberales, la mayoría de los movimientos sociales han emprendido resistencias sectoriales: huelgas prolongadas, movilizaciones, confrontaciones entre el sector afectado y el Estado neoliberal, y casi sin excepciones, los movimientos sociales han sido derrotados en esta lucha desigual o han tenido algunas "victorias" parciales. Estas luchas populares emiten llamamientos a la solidaridad que convocan un apoyo limitado provenientes de sectores del movimiento político emancipatorio: paros de un día de duración, contribuciones financieras, declaraciones simbólicas, etc. Pero no se producen los "vínculos materiales–espirituales", la articulación entre ellos que les permitan consolidar su potencialidad y cambiar la correlación de fuerzas en la lucha. Los diversos sectores de la clase trabajadora se niegan a arriesgar empleos o niveles salariales mediante la generalización de la huelga. Cada sector actúa como si la acción del Estado sólo estuviera dirigida contra un grupo de trabajadores y empresas y no contra toda la clase y grupos sociales en su totalidad. En cada etapa, las políticas neoliberales han encontrado resistencia en el movimiento social, aunque los niveles más altos de oposición tienden a producirse al principio, cuando se imponen las políticas iniciales, y al final, cuando se manifiestan las profundas contradicciones estructurales. Durante los momentos iniciales de la instrumentación neoliberal en el continente la resistencia del movimiento social no estuvo dirigida únicamente contra las dictaduras militares, sino también contra las políticas socioeconómicas que estas ponían en práctica. "La cuestión central consiste en entender que el neoliberalismo no estableció su ascendencia debido al "fracaso" de la izquierda, a la superioridad económica del mercado, sino debido a una correlación favorable de la fuerza militar"[10], al menos en una parte importante de la América Latina. En cierta forma, también por la debilidad del movimiento político emancipatorio, sobre todo, en los países y en los momentos en que lo militar no fue aplastante. Lo que ha pasado en realidad, en los últimos veinte a veinticinco años es que especialmente en sus primeros diez a quince años, por un lado los políticos neoliberales habían ganado elecciones relativamente libres, derrotando a importantes coaliciones políticas de izquierda y centroizquierda, y por el otro que sectores relevantes de la población, muchos de los cuales habían votado a favor de los ganadores participaron en grandes movilizaciones sociales contra los regímenes recién electos. Esta situación en los restantes diez últimos años está manifestando un cambio en tanto los procesos de articulación entre el movimiento político emancipatorio y el movimiento social comienzan a crear sus espacios articuladores. En diversos países del continente donde se ha concretado este giro en la realidad, no siendo electos o reelectos candidatos neoliberales, la situación no ha cambiado mucho, lo que demuestra todavía una hegemonía de la ideología neoliberal capitalista y su sistema de dominación múltiple. Pero del otro lado se han mantenido también presentes las revueltas populares de masas, las movilizaciones populares, las huelgas generales, las ocupaciones de tierras y los levantamientos regionales (en algunos casos estas protestas han incluido a una amplia mayoría de trabajadores) que han seguido de modo casi inmediato a las victorias electorales neoliberales. Estos movimientos sociales masivos impugnan parcial o totalmente al capitalismo neoliberal y proyectan la necesidad de conformar un sistema de emancipación múltiple. En la esfera política los regímenes neoliberales actuales se ven obligados también a apoyarse en las fuerzas militares y otros sectores represivos, estatales y no estatales para establecer un clima de coerción, unas veces encubierto y otras de forma abierta que les permita imponer sus políticas y conservar su poder, lo que habla mucho de su legitimidad. La oposición del movimiento social ha tendido cada vez más a asumir métodos de lucha extraparlamentarias, se han aclarado los límites de las políticas electorales en un escenario autoritario. En este contexto el movimiento social, encabezado por los diferentes sectores de los trabajadores y el conjunto de los nuevos actores sociales han aumentado su importancia y presencia en el enfrentamiento al capitalismo. Desde el punto de vista del movimiento social y sobre la base de una valoración de los resultados de los últimos veinte años en el continente, puede decirse que hay crisis de representatividad, de confianza en los partidos políticos en general, que incluye también a los del movimiento político emancipatorio. Hay abstención, pero el terreno electoral sigue siendo uno donde se verifica con mucha fuerza la capacidad de las clases dominantes para hacer valer su hegemonía. Se impone mirar el tema de la acumulación desde un enfoque profundo de poder popular, ir construyendo espacios que no estén sujetos a la institucionalidad, al poder de las instituciones burguesas. Tendencialmente el movimiento político emancipatorio todavía sigue dedicándole el máximo de tiempo a la lucha por el poder político en su expresión electoral y a relegar u olvidarse, dentro de este mismo marco, de los problemas de democratización que están tras el poder del Estado, en sus fundamentos y bases, no solo tras el poder de los aparatos del Estado (en las bases mercantiles, financieras, tecnológicas, informáticas asistenciales o "solidarias", religiosas, militares, etc.). Ello nos plantean el problema de la democratización, tanto del régimen político, como del poder del Estado y a la vez, evidencia que cualquier alternativa que se propala desde y hacia el campo popular tendrá que encaminarse no sólo a ganar el poder del gobierno, sino también a ganar el poder del Estado que incluye la democratización del régimen político, complementado con otras que busquen la democratización del Estado, "todo ello en la lucha por la democracia como política, sociedad y cultura en la sociedad civil y desde ella".[11] Explícitamente se acepta hoy que no existe otra vía para un proyecto de izquierda que el representativo electoral. Se admite asimismo la necesidad de una nueva moderación de las propuestas, con el fin de no vulnerar la estabilidad y consolidación de los "regímenes democráticos", se impone ante todo el tema de la gobernabilidad. Se trata de no sobrecargar las demandas a los aparatos del Estado para no recalentar y trabar su funcionamiento y de no introducir inseguridad o pánico en los actores que se ubican a la derecha del espectro político. Se busca hacer proyectos de cambio tolerables por el sistema institucional. "De esta manera, en el mismo momento en que se consolida el discurso sobre la autonomía del sistema político respecto de las bases estructurales, la política se vincula e identifica con la preservación de una determinada configuración estructural –el sistema capitalista en un país dado–y, por lo tanto, en una específica dominación de clase".[12] La articulación del movimiento político y social emancipador sigue siendo entonces la gran tarea pendiente; pues no se trata de la unidad improvisada a último momento para participar en las elecciones o en otras actividades puntuales. En los últimos quince a veinte años, lo que costó mucho trabajo armar en cada sindicato, en cada universidad, en cada barrio, siempre se desarmó inmediatamente según la lógica de las elecciones y de otros acontecimientos políticos. Superar lo reivindicativo y darle proyección política no implica priorizar la participación institucional, ni engolosinarse con un puesto parlamentario. Ello impone a los partidos del movimiento político emancipador dejar de lado todo gesto de soberbia, todo resto de sectarismo, toda forma de individualismo e incluso, de relegar los debates que no sean indispensables en esta hora tan dura para nuestros pueblos, poniendo por delante la unidad. Los cimientos de esta unidad no pueden estar basados en urgencias electorales, o en intereses coyunturales, sino en un programa para el combate, para la creación de alternativas afirmadas en la gestión de un poder popular; en el que prevalezcan no los métodos copulares o de caudillismo, sino el verdadero protagonismo de los hacedores de la historia. El enfoque mayoritario del movimiento político emancipatorio, en los últimos dos decenios ha sido acumular en lo institucional, en lo electoral. No se puede construir una alternativa de gobierno y de poder, actuando solamente, o invirtiendo lo principal del esfuerzo político en el terreno electoral. Por ese camino hay experiencias: o se llega al gobierno y la izquierda es cooptada por políticas de la derecha produciendo enormes frustraciones y decepciones, o se llega al gobierno sin un adecuado andamiaje de poder popular y se intenta producir transformaciones que terminan con el derrocamiento por vía de la fuerza. Es importante participar en alianzas de oposición y resistencia, pero hay que cuestionarse permanentemente en estas condiciones si eso alcanza, si es suficiente. La experiencia de Venezuela es única y no obstante la derecha intentó quebrantar la "democracia" con un golpe de estado y siguen buscando por la fuerza la manera de derrocarlo; solo que aquí sí se ha logrado ir construyendo un poderoso movimiento social emancipador y una política emancipatoria desde el gobierno. El movimiento político emancipador puede y debe tener voluntad de construir en los marcos de la lucha parlamentaria una alianza electoral de oposición y resistencia, convocando a todo el espacio que potencialmente pueda integrarla, pero el agrupamiento del bloque político social de la resistencia no puede limitarse a la propuesta electoral, por ello este proceso tiene que ser flexible, pero sobre la base de ideas claras y precisas en cuanto al alcance del poder político y de la revolución. El movimiento político emancipador no puede restringirse a lo electoral, en este sentido tiene que ser un gran centro de recreación de la teoría y de la cultura política revolucionaria, instalarse desde aquí en el debate, en la formación y refundación de una conciencia revolucionaria de nuestros tiempos dentro de una política de acumulación de fuerzas integrales, con un enfoque de verdadera revolución en la creación de un poder popular. Construir una alternativa plural, de emancipación articulada del movimiento político y social que enfrente el proyecto hegemónico, integrada por todos los sectores que resisten y desean producir cambios profundos, significa adentrarse en la formación del nuevo sujeto histórico de la emancipación. Por eso el movimiento social se orienta al activismo político–social independiente, no orgánico, así como a las fuerzas del movimiento político que estén interesadas en el proyecto emancipador. El tema electoral es el puente roto que tienen los paridos del movimiento político emancipatorio en el logro de mejores espacios articuladores con el movimiento social emancipatorio. Sin dudas, es uno de los problemas más complejos de la lucha clases–movimientista en la actualidad. La democracia restringida es un tema central del modelo de dominación de la burguesía. Lo electoral es una de las formas principales en donde la burguesía construye y favorece su modelo de dominación, es un método que le permite expresar su verdadera ventaja en la correlación de fuerzas. Superando determinadas limitaciones, el movimiento político emancipatorio está en condiciones de avanzar en una propuesta clara y precisa respecto a la derrota del sistema capitalista. El voto universal en estas condiciones (la elección como instrumento político que abarca a toda la sociedad), es un ámbito tan complejo como una huelga e incluso, como una lucha armada. En el terreno electoral, la burguesía expresa su fuerza económica, política, cultural e ideológica y hace efectiva también la dictadura que ejercen sobre los medios de comunicación masivo con la potencia que tienen desde que se han constituido los multimedios, encargados de enlazar grandes cadenas de televisión con las radiales y los diarios. La no existencia de una acumulación histórica en el terreno electoral desde el punto de vista del movimiento político emancipatorio sigue siendo una debilidad política, y construirla sobre una democracia restringida es algo más difícil. El movimiento político emancipatorio no ha podido construir una fuerza electoral (como regla) y tampoco ha avanzado mucho en la cuestión de las estrategias. Si existiera una unidad política dentro del movimiento emancipatorio en el sentido estratégico y se hubiera construido un grado de acumulación en el plano del movimiento social para formar un bloque político social de resistencia, lo electoral sería un tanto más sencillo en la dirección de ser una fuerza política real frente a la dominación burguesa. El entusiasmo electoralista sin base fuerte como polo de la lucha de clases–movimientista conduce a actitudes defensivas en política. Lo coherente aquí es aportar decisivamente a la solución del problema cardinal de la lucha de clases–movimientista, tal y como se presenta hoy. Si a su llegada al poder, los componentes del movimiento político emancipatorio no comienzan inmediatamente a democratizar las instituciones del Estado, sólo puede producirse una degeneración, un vergonzoso hundimiento de las aspiraciones situadas en ellos y fracturas en los niveles de relacionamiento alcanzado con el resto de los actores sociales. La democratización del poder tiene que darle alguna participación a la mayoría de los actores sociales y políticos en la toma de decisiones; de lo contrario los representantes electos no pueden garantizar por sí mismos que los cambios tengan éxito. Si no se toma este camino el fracaso es inevitable. Ya existen experiencias al respecto. Algunos componentes del movimiento político emancipatorio en América Latina que han tenido, en los últimos años, presencia institucional, no ha logrado salir de las minorías parlamentarias y de algunos gobiernos municipales; con la escasa excepción de los que sí han formado un gobierno de enfrentamiento al capitalismo neoliberal como Venezuela y Bolivia. Estas son dimensiones tradicionalmente débiles frente a la centralización del poder ejecutivo. El Partido de los Trabajadores de Brasil, por ejemplo, acumuló en esta dirección alguna de las mejores experiencias en los últimos años, en lo que se refiere a intentar articular una alternativa electoral con el movimiento social; solo que al llegar a la presidencia del país, el sistema de dominación del capitalismo le impuso su lógica en las condiciones concretas de su existencia. Un miembro de la Dirección Nacional de este partido en 1996 lo planteaba de la siguiente manera antes de Lula llegar al poder: "Nosotros vamos a gobernar 127 prefecturas con el titular del cargo…, vamos a tener otras 90 prefecturas en las que ocupamos la vice–prefectura. Vamos a tener 1500 consejales en todo el territorio nacional. "El PT tiene en su origen, en su programa, que el parlamento es una forma de expresión política y nosotros los petistas debemos ser allí la expresión del movimiento social, de sus deseos, de sus luchas, de sus conquistas, de sus expectativas. Por lo tanto, el PT tiene en la medida de sus posibilidades, el objetivo de la combinación de la lucha institucional con la lucha social, con la lucha popular e incluso con la lucha sindical. Un ejemplo de ello es la proximidad del PT con la CUT, con el Movimiento Sin Tierra, con los movimientos sociales organizados en Brasil. El PT intenta hacer una combinación de estas cosas. A veces quien mira al parlamento puede tener la idea de que el PT privilegia este tipo de actuación, y a veces es cierto. Pero la regla del PT es la combinación de las diferentes formas de lucha".[13] A menos que el movimiento político emancipador encare como un objetivo central el acceso al poder político del Estado, las perspectivas de eficacia, incluso en términos locales o sectoriales serán exiguas, porque no están creadas las condiciones mínimas, indispensables para llevar a cabo ese proceso con posibilidades de triunfo. En ello incide el hecho de que el resto de los componentes del movimiento social no han transitado aún a la condición de "sujetos políticos" en el sentido tradicional y porque no tienen en sus perspectivas inmediatas el asalto del poder, aunque ese sea el fin necesario para la trasformación de la sociedad. Esta, como otras experiencias, manifiesta la necesidad de consolidar la estrategia de los partidos y organizaciones que conforman lo que hemos dado en llamar movimiento político emancipador, que no sólo ser expresión del movimiento social, sino de alguna manera, ser el mismo movimiento social, expresado en su yo o en el nosotros, revelado en fuerza política y social; para consolidar una alternativa inclusiva de todas las vías y grados de lucha posible, demostrando su posibilidad real para la credibilidad, y formando una plataforma ideológica para que gane las mentes, la conciencia de todos los interesados en un enfrentamiento real al capitalismo neoliberal: explotados, excluidos, discriminados, profesionales y demás sectores populares de la sociedad. Sólo esa posibilidad de articular la ideología revolucionaria, en constante creación, con las prácticas y los saberes de los diversos actores, garantiza que el movimiento político–social emancipador sea capaz de emprender transformaciones a profundidad de totalidad social. La experiencia del Movimiento Bolivariano, dirigido por Hugo Chávez en Venezuela es un ejemplo reciente de cuan difícil es el camino electoral para producir un cambio revolucionario, y que las alternativas liberadoras frente a la dominación neoliberal y al poder de las burguesías nacionales sólo se construyen articulando el movimiento político y movimiento social, empoderando paulatinamente al pueblo, más allá del momento de las elecciones y contribuyendo a la transformación del movimiento social en sujeto emancipador, convirtiéndolos en reales protagonistas del proceso de transformación revolucionaria, en otras palabras, retribuyéndole al sujeto social popular su papel hegemónico. Las experiencias electorales parlamentarias y de gestión municipal o regional, no son descartables, todo lo contrario, resultan particularmente importantes. En momentos en que sectores amplios de las clases populares desconfían de la política y los políticos esto ofrece resultados contradictorios para la unidad del movimiento político y social. Las administraciones locales o regionales que se alcancen pueden demostrarle a la gente que los componentes del movimiento político emancipador, no sólo dice ser mejor, sino que realmente es mejor, con una ampliación del alcance de las administraciones, el aprovechamiento de organismos financieros multilaterales en la descentralización administrativa y en las contribuciones de la participación comunitaria. En este sentido, estas experiencias pueden contribuir a que el movimiento político emancipatorio desarrolle enfoques propiamente políticos de los problemas que encara el movimiento social, creando puentes de acercamiento y articulación con los nuevos actores sociales. Por otro lado, los desaciertos que tenga el movimiento político emancipador en estos pequeños espacios de poder, produce los efectos contrarios, es decir, la separación o aislamiento del movimiento social emancipatorio. Como resultados inmediatos de esos espacios de poder alcanzados por el movimiento político emancipatorio, debe estar la creación de condiciones para que el movimiento social emancipatorio parte integrante de esos resultados electorales asuma el derecho de decidir sus destinos en la vida cotidiana, en el local de trabajo, en el hogar, etc., hacer que exista una participación real, de la sociedad organizada y no solo de una pequeña parte de ella. Por ejemplo, participar en la definición del presupuesto, hacia dónde va el dinero y sus prioridades, e incluso cómo se implementa la política de impuestos y cómo se combate la evasión de estos últimos, todo lo cual puede ser una escuela de democracia, autogestión y anticapitalismo. Iniciativas como estas tiene significado político de radicalización de los procesos democráticos de la sociedad y de encontrar espacios para que los nuevos actores sociales puedan intervenir en la esfera de la política. La confianza en las instituciones democráticas representativas ha sido socavada hace mucho tiempo, pero ahora tiene una connotación especial. Las instituciones degeneran y desaparecen lentamente; están cada vez más soslayadas, no solo por la capacidad que tengan para la toma de decisiones económicas, sino también por el mismo proceso político. Las opiniones políticas no existen en el vacío, siempre son opciones de algunos actores sociales en función de determinados objetivos, necesidades, intereses; esperanzas de grupos y clases sociales, cuya repercusión invocan. Cualquier propuesta alternativa, para que tenga éxito político debe encarnar en las personas. Hay que buscar mediaciones de relación entre la teoría y la práctica, construir colectivamente el conocimiento y la perspectiva del cambio, un proyecto alternativo, técnicamente viable y teóricamente consciente y competente. El compromiso de una participación efectiva del movimiento social se logra sobre estas bases, con premisas democráticas y anticapitalistas. La resistencia del movimiento social es permanente y creativa, se expresa en todas las direcciones. Las derrotas centro–izquierdistas no llevan a una desmovilización porque el movimiento social emancipatorio en su mayoría no está controlado por el movimiento político emancipatorio. Existe una tendencia a extender la solidaridad más allá de los sectores específicos afectados por las políticas neoliberales: a extender la resistencia más allá de las protestas sectoriales para avanzar hacia una lucha "general". Se atisban procesos revolucionarios que intentan acumular fuerzas y espacios políticos para una lucha sostenida.

El replanteamiento del poder y del Estado

Las alianzas no deben ser formadas únicamente alrededor del tema del gobierno, tiene que ser una visión que abarque lo correspondiente al gobierno, pero que lo trascienda; sobre todo, una visión de poder mucho más amplia, contentiva también de la lógica que proviene de los nuevos actores sociales que está en su visión y forma de hacer política. No se puede decir que la llegada al gobierno de una coalición de izquierda o centro–izquierda asegura los cambios revolucionarios que se necesitan en los países de América Latina; tan solo es un paso, una vía para iniciar la revolución si se cumplen otras condiciones. Tampoco se puede hablar de que estas democracias permiten el libre juego de los actores sociales, son democracias fuertemente condicionadas por el gobierno internacional de facto que han instaurado las grandes transnacionales y su poder financiero que cuenta con sus bases nacionales. Es necesario, entonces replantearse el problema del poder, más bien cómo construir el poder, desde la visión del movimiento político–social emancipatorio y no tomar como única vía, lo que se desprende de la fórmula, que para cambiar el mundo es necesario tomar el poder, y que ya en el poder, entonces sí se va a organizar y cambiar todo. Sí, el poder hay que construirlo y hacerlo desde los diferentes tiempos de la revolución; no solo a partir de la llegada al gobierno por las diferentes vías. Este es un momento especial para consolidarlo, impulsarlo y profundizarlo a todos sus niveles y escalas; donde entra a jugar un papel fundamental la capacidad de los partidos que integran el movimiento político emancipatorio de no reemplazar el movimiento social, de lo contrario se crea una nueva forma de dominación, enajenante de la real participación social que conduce al anquilosamiento y la defunción de las revoluciones. De todas formas, tal planteamiento tiene diversas lecturas, y encierra una profunda crítica al movimiento político emancipatorio. Por otro lado, esta idea deriva de las prácticas y nuevas experiencias de lucha de los movimientos sociales y tuvo mucha acogida después de las propuestas teóricas–prácticas del EZLN, hoy transformado en fuerza política, Frente Zapatista, que tienen como base, los comités civiles de diálogo. En declaraciones oficiales de la dirección del Frente se plantea que: "Las organizaciones sociales tienen un objetivo concreto y su objetivo es encontrar solución a esos problemas concretos. El Frente Zapatista es una organización política que va más allá de los problemas concretos, busca construir una noción diferente. No significa que el Frente trabaje por un lado y las organizaciones por otro. Sino que busca la confluencia entre todos. Y puede haber gente que está en organizaciones sociales y también quiere ser parte del Frente, y puede serlo. Lo que nosotros no queremos es que la organización social como tal se sume al Frente".[14] En la elaboración transitoria de sus postulados teóricos se reafirma que el "Frente Zapatista es una organización política que no lucha por el poder" en el sentido tradicional del contenido del concepto, no busca la competencia con los partidos, admite trabajar con ellos en conjunto por cosas comunes. "Si los partidos políticos están en la competencia electoral –afirma Homero J. Montoya–, el Frente Zapatista luchará junto con los partidos políticos en eso y nada más"[15]. Su noción parte de que el Frente no tiene como objetivo tomar el poder, lo que no significa renunciar a este practicado desde sus bases sociales y comunitarias por sus propios actores populares guiados por sus cosmologías indígenas que se cargan de pensamiento rebelde y revolucionario. La conquista del poder no es su prioridad. "El Frente agrupa al resto de la sociedad sin partido y que buscan un cause y una forma de participación política"[16]. La "lucha por el poder" en el sentido rebelde y de lucha en que la hemos conocido antes, no ha cambiado; solo que las transformaciones de las condiciones históricas han mostrado sus limitaciones y la necesidad de trascender esos límites ante los fracasos y la irrupción de nuevos actores sociales que han mostrado su capacidad de enfrentamiento al capitalismo. La superación de la dominación del capital y la construcción de una sociedad cualitativamente nueva hace imprescindible la revolución, que necesita empoderar al movimiento social, en la medida en que este se está transformando en sujeto social emancipador. La revolución puede realizarse por diferentes vías ¿Cuáles son las vías de la revolución hoy? ¿Es posible para un partido u organización del movimiento político emancipador alcanzar el control del aparato estatal burgués recurriendo para tal fin solo a las instituciones del Estado? ¿Es posible transformar la sociedad burguesa manteniendo estas mismas instituciones? Por supuesto que estas preguntas no son nuevas, ni las únicas. Tienen una larga trayectoria en la discusión del pensamiento revolucionario, en el seno de la I y II Internacional, en las Declaraciones de los Partidos Comunistas y Obreros, en el seno de las conferencias y congresos de los partidos, en las reuniones regionales de la izquierda política, etc. Y siguen siendo preguntas, vigentes también en el seno del movimiento social emancipatorio. Esto exige a la vez de un cambio en la concepción sobre la construcción y ejercicio de poder político, en la relación entre servidores y productores del poder. Se notan avances en esta década con relación a la anterior, dado que muchos de los actores sociales ahora se proyectan de forma original sobre una nueva concepción de la política y de la creación de poderes, incrementando su propia participación en el campo político y desde el campo de lo social que van desde marchas, levantamientos callejeros, grupos de presión y asesorías, hasta la colaboración con alcaldías, municipalidades, gobernaturas, la formación de micropoderes, etc. El cambio de la correlación de fuerzas por si misma no genera un nuevo poder, aunque sí es una premisa para establecerlo. Por otro lado cualquier cambio que se pretenda generar en la sociedad, (por la heterogeneidad, diversidad y complejidad de las demandas que generan los nuevos actores), tiene que integrar las demandas plurales que se reflejan en los paradigamas emancipadores, tiene que revolucionar la sociedad y enfrentar la globalidad dominante. Revolución significa cambios; pero no todos los cambios son revolucionarios o conducen a la revolución, esto levanta el viejo problema de la relación entre revolución y reforma que tanto dividió al movimiento político emancipador. Entre los años sesenta el criterio para evaluar la radicalidad de las propuestas de cambio en lo que constituía la izquierda de aquellos tempos era, ante todo determinada, por la vía escogida, esta pudo haber sido un esquema muy rígido, un poco unilateral, pero tenía un sentido de la medida, en términos de lógica dialéctica respecto a la radicalidad del cambio social total de esa época, daba opciones, aunque se privilegiaba una u otra vía. El problema hoy es que en el horizonte preestratégico que reelabora el movimiento político emancipatorio las vías se han perdido y se habla, y se opera dentro de una sola vía, la democracia liberal resumida a un conjunto de procedimientos electorales como antes ha quedado analizado. Se hace necesario rebasar estos términos y pensar la revolución en clave más compleja, que significa, entre otras cosas organizarla desde el pueblo, el más amplio movimiento social, y no para el pueblo; teniendo en cuenta que por el momento, el arma fundamental para los combates serán las ideas y las diversas acciones colectivas, más que el fusil y las granadas; aunque estas hay que tenerlas preparadas y en cuenta también, dada la agresividad del imperialismo internacional y algunos capitalistas nacionales que se prestan al juego de entregar la soberanía de los pueblos. La vía armada orientada al desgaste de los aparatos estatales y a la gestión de situaciones insurreccionales fue considerada como el documento de identidad de una propuesta revolucionaria en una época. En las nuevas condiciones históricas de la dominación del sistema capitalista fue casi descartada por definición en un sentido general, aunque subsistan en algún que otro país movimientos guerrilleros. Esto no puede interpretarse como que dentro de los componentes del movimiento político emancipatorio no se estén buscando elementos para reconstruir la vía armada hoy si fuera necesaria, como parte del contenido sustantivo de las propuestas de cambio que debe llevar adelante el sujeto social histórico. Sólo que estos contenidos son aún aislados y no hay interés real por parte de los componentes del movimiento político de generalizarlos, puesto que en las perspectivas todavía predomina como vía posible: la electoral. El hecho de que la vía armada no esté en el orden del día de hoy, no significa que otras preelectorales, postelectorales o concomitantes con ellas no se puedan llevar a cabo, e incluso privilegiarlas en determinadas condiciones, una sublevación social "pacífica" puede también conducir a cambios importantes. El desafío al que se enfrentan las organizaciones que en el pasado recurrieron a la vía armada o a intensas confrontaciones políticas en lo referido a su voluntad y capacidad de mantener sus propuestas de cambio profundo, en un escenario institucional nuevo es realmente grande. Este es un escenario que exige adaptaciones a los estilos, los ritmos y las estrategias, pero que en principio no debería involucrar cambios en las concepciones sustantivas o en los alcances de las propuestas alternativas. La conversión de un movimiento guerrillero como el M–19 de Colombia en partido político "ilustra de manera trágica el precio que puede tener que pagar una organización que abdica de sus propuestas programáticas en aras de su aceptación por los actores que controlan el sistema político institucional al que ingresa"[17]. Más recientemente está presente la experiencia del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en El Salvador, devenido en partido; como lo fue otrora el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua que alcanzó el Estado por la vía armada y luego de haberse conformado en partido, para poner fin a la guerra sucia de los Estados Unidos acudió a unas elecciones donde perdió el gobierno. Hasta hoy día está luchando por ese fin montado en la vía parlamentaria. El movimiento social está dando muestras de que las vías no están predeterminadas, que existen multiplicidad de formas de lucha, algunas más efectivas y eficaces que otras, en dependencia de las condiciones concretas en que se realizan y los objetivos que persiguen. Tampoco su significación depende de si es más o menos violenta; lo importante es que conduzca a la revolución, que produzca importantes y significativos cambios que mueva a los individuos y a la sociedad entera a enfrentar el sistema múltiple de dominación capitalista aplicando el sistema de emancipación múltiple del bloque popular; es decir conocer los límites de los cambios sistémicos para producir la articulación con los antisistémicos. De lo anteriormente expuesto se derivan, al menos, tres ejes fundamentales a tener en cuenta para el enfoque de esta problemática: uno que se corresponde con la necesidad de mantener (aunque de forma reelaborada) la propuesta de cambios en la totalidad social, articulada a los que se producen a nivel de comunidad, municipio, provincia y nación. El otro tiene que ver con las limitaciones que el propio marco institucional–electoral le impone al movimiento social y político emancipador para hacer efectivo el cambio social, por lo que tienen que rebasar este marco y proyectarse en una multiplicidad de variables que conduzcan a la revolución. Tercero, el cambio de las formas de dominación y explotación–exclusión en el nuevo condicionamiento histórico creado con las transformaciones del capitalismo actual obliga a un cambio de las estrategias, las formas de hacer política y de hacer revolución. Las movilizaciones sociales de envergadura para oponerse de manera explícita a los programas neoliberales ponen en tela de juicio las afirmaciones de "consolidación" del neoliberalismo como alternativa única triunfante. De hecho, anuncian la perspectiva de deterioro del neoliberalismo y la posibilidad de construir una alternativa política basada en un modelo socioeconómico diferente. Estos acontecimientos paralelos y contradictorios muestran la necesidad latente de encontrar alternativas no sólo económicas, sino también políticas y sociales al modelo neoliberal. Todo esto requiere pensar la construcción de un proyecto alternativo que contemple los problemas de un gobierno revolucionario, en los marcos de una nueva situación de poder político y social. Una alternativa integral y global de los sectores populares, donde se le reserve un papel fundamental al movimiento social emancipador, y se le retribuya su poder en presencia directa de sus actores y no como delegación representada. Ese proyecto alternativo será anticapitalista, no puede reproducir el orden de dominación existente y debe dar cabida a la pluralidad de actores hacedores de esa nueva historia. Ese nuevo proyecto alternativo, aunque sea dentro del terreno electoral debe expresar crecientemente la coordinación de los niveles de acumulación desarrollados desde los criterios del poder popular. El diseño ideológico y político del neoliberalismo ha estado encaminado, no solo a diseminar y neutralizar las fuerzas políticas y sociales ya existentes de resistencia a la dominación capitalista, sino a condenar a las nuevas que surgieron al desánimo y al conformismo con el estado actual de cosas. La despolitización o más bien la "apolitización" de los nuevos movimientos sociales y la moderación del movimiento político emancipatorio frente a la alternativa capitalista, fueron siempre condiciones de garantía para el imperio del mercado total, dando una nueva dimensión de la relación entre lo político y lo económico dentro de la estrategia capitalista de renovación y supervivencia. En este sentido pudiera decirse que la humanidad asistió a una nueva edición de las revoluciones capitalistas, que le permitió reconquistar su hegemonía mundial.[18] En la práctica, el "éxito" de ideología neoliberal se podría ver como victoriosa en virtud de un solo criterio: la capacidad de la clase que gobierna el mundo para destruir, asfixiar, corromper o desacreditar toda alternativa a ella misma. Si no hay alternativa paradigmática realizable, materializada en un proyecto común, realmente compositivo y movilizador del sujeto histórico, todo queda igual. Por otro lado, "...El desarrollo tecnológico no está paralizado por las estructuras sociales que están claramente superadas y que son cada vez más absurdas. Ese desarrollo continúa, la única diferencia es que ya no mejora las condiciones de vida de la gente. En verdad, el desarrollo tecnológico se convierte en un factor negativo. A cada vuelta de la espiral tecnológica se acumulan nuevas contradicciones y desproporciones".[19] Las ideologías oficiales no convencen a nadie, pero esto no le preocupa a las autoridades, ya que no permiten la propagación de ideologías alternativas, o se propagan de manera fragmentaria y, de esa forma, no hacen más que mostrar sus insuficiencias para construir verdaderas ideologías. La falta de perspectivas revolucionarias, ha traído consigo el resurgimiento y auge de las propuestas de corte reformista, con la agravante de que por lo general las fuerzas de la izquierda política y menos de la social, están preparadas para aprovechar los aspectos positivos del reformismo, así como los espacios que este abre, y darles un cauce revolucionario. El neoliberalismo es el modelo hegemónico del capitalismo hoy día. Para hablar de la correlación de fuerzas en estos momentos en el mundo, se hace necesario conocer los lados fuertes y las debilidades del neoliberalismo a nivel mundial y en cada uno de los países. "El neoliberalismo es un fracaso desde el punto de vista económico"[20]; pero, sin embargo, es un éxito desde el punto de vista, político e ideológico. Es un modelo dominante muy amplio a escala mundial. Primero, en el plano social, logra implantar y acelerar una enorme fragmentación y una inmensa heterogeneidad social. La aceleración del trabajo informal dificulta en parte la organización social de la resistencia al neoliberalismo y la construcción de una fuerza social alternativa. De esta manera, también dificulta la construcción de modelos alternativos con fuerza de masas. Segundo, desde el punto de vista ideológico se logra pasar la idea de que no hay alternativas al neoliberalismo, además, se ha obtenido éxito ideológico en lo referido a los valores que se logran imponer. Los temas sociales fueron desplazados, el tema de la justicia social está sustituido por el de oportunidad. Supuestamente el rol del Estado sería crear las condiciones para que en el mercado todos tengan oportunidad de calificarse, de disputar de mejor manera su forma de supervivencia. Tercero, su éxito político, se puede enmarcar en que nació criticando al Estado de bienestar y logró debilitarlo o destruirlo, incluso en los países donde era fuerte.[21] Este aspecto en general puede presentarse así, aunque tiene su relatividad, ya que el Estado se "debilita" en una dirección, pero se hace fuerte en otras que necesita el propio neoliberalismo en su viabilidad. Esta tesis pudiera suponer que la sociedad civil entonces se fortalece, al descargar un conjunto de funciones de las cuales antes se ocupaba el Estado y que ahora las deja directamente en manos de la sociedad. No es así, la sociedad civil sufre también las consecuencias de este fenómeno. El tema de un Estado fuerte, desde el punto de vista de su fuerza para defender la soberanía de nuestros países, frente a la voracidad del dominio imperial e impartir justicia social y económica pasa a ser un tema de primer orden también en la lucha contra el sistema de dominación capitalista actual. La aceptación por el movimiento político y el movimiento social emancipador de que se ha producido un debilitamiento del Estado nacional ya no tiene actualidad en su apreciación integral, en este sentido hay que concebir una estrategia nueva. De que existe un debilitamiento ante el mercado global, las trasnacionales y los organismos internacionales es verdad, pero a pesar de ello el Estado nacional sigue siendo un factor importante económico y político para llevar adelante los cambios. Referido a estos y otros asuntos del capitalismo neoliberal hay que argumentar sistemáticamente en la teoría y en la práctica un desenmascaramiento de estos postulados y demostrar que el actual modelo socioeconómico de dominación se está agotando, que no admite correcciones y que sí tiene alternativa fuera de su órbita. Hay que desarrollar toda la acción social posible buscando atenuar la miseria y la pobreza en las que están sumergidas las mayorías, pero esclareciendo que toda conquista de este tipo es parcial, temporal e insuficiente que ello requiere de una estrategia basada en una alternativa política de construir el poder desde la base y también desde arriba, donde se encuentran el movimiento social y político de la emancipación. Así los problemas de cada uno serán problemas de todos en la reconstrucción de la dimensión de lo público, la cultura de lo colectivo y en la sensación de ser pueblos. Un análisis riguroso de los resultados que hoy presenta el neoliberalismo y de las perspectivas que pronostica nos muestra el camino de su fracaso, y ya esto prácticamente no es una cuestión para debatir; pero hay ciertos aspectos que deben tenerse en cuenta. La quiebra económica del neoliberalismo no condujo y no conducirá automáticamente al derrumbe de su hegemonía ideológica; sin una actuación rápida del movimiento social y político emancipatorio. Las élites del capitalismo de la época actual tendrían tiempo para reorganizar sus fuerzas, y posponer las contradicciones objetivas del sistema que no pueden resolver y de esta forma paralizar cualquier alternativa, y toda tentativa de resolver esos problemas sobre la base de enfoques revolucionarios.

Perfiles de la revolución anticapitalista en el imaginario socialista

La etapa política que vivimos en América Latina, está llamada a resolver dos grandes tareas, estrechamente relacionadas: resistir al modelo imperante e ir creando una alternativa política en el proceso de formación del nuevo sujeto histórico. La exigencia impone convertir las tendencias de espontaneidad–organización de la gran diversidad de movimientos sociales y movimientos políticos emancipatorios en las localidades, regiones, provincias, sectores sociales, escuelas, empresas, etc. en un nuevo momento político de resistencia a escala de los pueblos, las naciones y los continentes, para ir haciendo la revolución desde lo micro a lo macro; de manera tal que luego lo macro revierta todas sus energías en potenciar lo micro. Estamos presenciando el inicio de en un viraje favorable en el estado de ánimo de los sectores de la población que están dispuestos a apoyar, e incluso a generar opciones de cambio social y político relativamente profundos. Los partidos y organizaciones del movimiento político emancipador deben tener esto en cuenta y trabajar por convertir las protestas sociales en oposición política. La reorientación de la "oferta política" debe contribuir a la superación de la insatisfacción y a que las protestas sociales, definitivamente salgan, o se extiendan más allá del límite de lo social hacia lo político, conformadas en propuestas integrales de alternativas para los momentos más oportunos. La ausencia de propuestas alternativas viables en la política como ámbito en el cual buscar soluciones a los problemas ha estado relativamente ausente durante un tiempo, ya comienza a aparecer intentos de propuestas teóricas y prácticas en nuestro continente. La nueva configuración de los escenarios y múltiples formas de actuación social y política, la diversificación de actores sociales y políticos necesitados e interesados en diseñar y hacer triunfar una alternativa no sólo antineoliberal, sino ante todo, anticapitalista, demuestra que si este sistema social quiere seguir predominando, ya no le será fácil mantenerse a la ofensiva, porque la periodicidad de las "revoluciones burguesas" tendrían que acotarse extraordinariamente y la humanidad no sólo no quiere, sino que no podría seguirlo soportando. La preparación material y espiritual de la revolución mundial puede demorarse, pero lo que no admite más demora son los cambios necesarios que faciliten la existencia más civilizada del ser humano, y eso inevitablemente tiene que modificar puntos esenciales de la dominación capitalista. El triunfo no está al "doblar la esquina", es mucho más complejo y difícil de como se concibió antes en el pensamiento progresista, irá más allá de una "época de revoluciones" porque significará un cambio decisivo en la cultura conducente a un nuevo tipo de civilización. Las fuerzas de este cambio no pueden ser el producto de la creación, ni divina, ni terrenal, es decir no puede ser un acto de creación de dioses, de personas, élites", partidos; tiene que ser un resultado natural y consciente que involucre a todos los actores en sí, desde lo individual hasta lo social, transformados en actores para sí, que confluyen en la formación del nuevo sujeto histórico del cambio dentro de este nuevo escenario creado por los regímenes de prácticas de los actores sociales múltiples y diversos. El movimiento social ha sido, y sigue siendo, un agente dinamizador, alrededor del cual se reorganiza la alternativa y la estrategia de lucha. El está brindando un nuevo impulso al deterioro de los esquemas bipartidistas, muy característicos de los modelos de la democracia formal en nuestro continente. Este modelo, independientemente de quien lo lleve adelante, produce crisis económica–social y restricción creciente de los espacios democráticos. Esta crisis política que se ha creado no avanza más por falta de una propuesta alternativa del movimiento social y político. Elaborar un proyecto nacional, repensando el rol del Estado, antes que todo. No se puede defender al Estado tal cual existe. No fue un Estado construido por el movimiento político y social emancipador. Es un Estado que siempre financió a la acumulación capitalista, que entregó pésimo servicio social a la población, en muchos casos reprimió a ese pueblo erigido en dictadura. No es un Estado democrático por lo que se necesita elaborar un proyecto de una democratización del Estado hasta los límites posibles, que incluya la democratización de las empresas estatales por recuperar y superar el dilema entre lo estatal y lo privado. Un estado que devuelva a la sociedad, especialmente al movimiento social las cuotas de poder que les corresponden más allá de la formalidad del voto. La maduración del movimiento emancipatorio, como síntesis de lo social y lo político, proyectado hacia la formación de un nuevo sujeto histórico, presupone no solo la existencia material de los seres humanos, sino de la conciencia crítica para sí que les permita ser constructores triunfantes de la nueva sociedad. La formación y creación de conciencia tiene que ser un punto de encuentro entre el movimiento político emancipador y el movimiento social emancipador. Esta puede aprehenderse de la experiencia, de las lecturas, de las victorias y derrotas. La conciencia tiene que ver con la actitud que asumen los individuos en la comunidad, en el barrio, en el grupo social al que pertenecen, a la clase, etc., frente a los retos de la vida, la política y la sociedad. Esa conciencia, transformada en autoconciencia, tiene que sistematizarse e ir librando a los individuos, grupos, clases y otros del espontaneísmo, y prepararlos para la sociedad postcapitalista. Hoy en día el factor subjetivo es el gran terreno de lucha: las condiciones económicas y sociales para el derrocamiento del capitalismo neoliberal se recrean todos los días en cada país, en cada centro de trabajo, en cada barrio. Lo que se necesita es la creación sólida de una nueva conciencia social, una nueva cultura y una nueva ética. Los componentes de reflexión para la alternativa emancipatoria se han enriquecido. Nunca antes, como está sucediendo ahora en la sociedad moderna se había alcanzado tal grado de maduración de las condiciones necesarias y urgentes para la emancipación social. Los nuevos movimientos sociales han levantado nuevas problemáticas, sin las cuales, cualquier alternativa emancipatoria de hoy sería un fracaso, por tanto a ellos se deben también aportes importantes a la teoría y la práctica anticapitalista. La mayor parte de los intelectuales orgánicos de las sociedades latinoamericanas están en el movimiento político y/o social emancipatorio. Hay que hacer un rescate en la subjetividad humana en la historia, hacer un rescate de la persona como sujeto histórico, donde su valor no esté en las riquezas materiales que posee introduciendo la mercantilización del ser humano, como existe hoy, de las relaciones entre seres humanos, despojados estos del interés y levantando la gratificación, la espontaneidad, el compromiso, la solidaridad, etc. Las individualidades tienen su importancia, pero los esfuerzos colectivos mucho más. La privatización no es meramente un fenómeno económico, es un fenómeno sobre todo social, porque se privatizan empresas, se privatizan también nuestros sentimientos y valores; cada vez más las personas son más "privatizadas", y menos solidarias, menos compañeros. La gente necesita rescatar su dignidad personal. Hoy se vislumbra en la diversidad de prácticas, muchas no sistematizadas, la construcción de alternativas al neoliberalismo, que es por donde pasa hoy la lucha anticapitalista. Se necesita fortalecer y apoyar proyectos nacionales alternativos que están en marcha y se extienden a toda la región en condiciones en que los Estados nacionales estaban debilitándose en su capacidad autónoma de decisión. El proceso de internacionalización de la economía capitalista y el proceso hegemónico del capital financiero internacional producen serias limitaciones a los Estados del continente americano, cuando la lucha de clases y movimientista. No es que el Estado sea el sujeto del proyecto nacional; pero es un eslabón fundamental para que logremos construir un bloque hegemónico alternativo. La estrategia del movimiento político emancipador debe consistir en la cuestión de una alternativa anticapitalista al neoliberalismo, como la única alternativa regional y global posible. El asunto fundamental es cómo transitar de las luchas sociales y políticas en el marco del capitalismo a la transformación opuesta al sistema. El anticapitalismo hay que desarrollarlo como una nueva forma de cultura humana, donde esté vigente todo el conjunto de ideas y valores que conforman la cosmovisión contenida en el concepto de humanismo. El porvenir consistirá en un proceso que transforme radicalmente el estado actual de cosas para lo que existen una o varias alternativas con posibilidades de ser viables; pero que confluyen en un proyecto de emancipación que garantice la justicia social, económica, política y ecológica. La estrategia no puede ser reducida a un plan económico ni a un plan de gobierno. La alternativa tiene que ser ante todo un proyecto de acumulación de fuerzas que permita construir el nuevo sujeto histórico que implica convertir al movimiento emancipador en sujeto político, articulando a todos los actores portadores del cambio, que puedan conformar un bloque de poder real desde lo social a lo político y viceversa. La alternativa tiene que situarse en el movimiento real hacia el socialismo, sea por el desarrollo de las fuerzas productivas, por el de la lucha clases y sociales, o por otras vías. Lo decisivo es la existencia de fuerzas sociales susceptibles de movilizarse para una transformación revolucionaria, entregadas plenamente a su realización. La única manera de romper el poder económico del gran capital financiero es la nacionalización, que no significa estatalización completa. La forma en que esta idea se proyecta en el imaginario social prepolítico del movimiento social debe ser incorporada a la concepción del cambio, como nexo real de la articulación del movimiento emancipador. Esto es un elemento importante para las estrategias alternativas al capitalismo neoliberal. Sólo con la emergencia de un sector público es posible hablar de un control social serio en el proceso de inversión. Durante los años ochenta, creció dentro del movimiento político emancipatorio el mito de la ineficiencia de las empresas estatales, eso fue debilitando en el plano ideológico la resistencia a las privatizaciones neoliberales que se sucedieron después. Las empresas estatales en el continente presentaban algunas dificultades en este sentido y también se hacía sentir la influencia de lo acontecido en el ex campo socialista, aprovechado y magnificado por la ideología neoliberal. Después de las experiencias de lucha de los últimos años el movimiento emancipador naciente en la construcción de alternativas tiene que revalorar en teoría profundamente, tanto el modelo de empresa pública, como el modelo de Estado desde sus prácticas en los distintos espacios de poder en que se encuentren. En América Latina la economía solidaria (economía popular o alternativa[22]) ha ido ganando pequeños espacios como alternativa de sobrevivencia ante al expansión de los paquetes neoliberales. Estas experiencias provenientes del movimiento social no son la alternativa al modelo económico de dominación neoliberal; pero aportan con sus prácticas importantes experiencias al movimiento emancipador, incluida su resistencia y enfrentamiento a ese sistema de dominación; a la vez que constituyen una base de apoyo al movimiento político y social emancipatorio. La práctica de relaciones de producción no explotadoras y los métodos de dirección empleados, sobre la base de una democracia participativa, favorecen la solidaridad entre personas y se inserta en la lógica de un paradigma de sociedad nuevo. En las últimas dos décadas estas organizaciones se han dirigido sobre todo y según su capacidad a dar empleo a los excluidos por el sistema, organizadas en comunidades, barrios, zonas rurales, etc. Ellas son una experiencia inestimable; pero sin un fuerte sector público, sencillamente esto no resultará. A menos que el sector público se convierta en el núcleo del sistema productivo, las empresas autogestionadas se extinguirán por falta de inversión y finalmente serán dominadas por el capital financiero. El solo hecho de pensar las alternativas requiere tener en cuenta un conjunto de aspectos. El nudo del problema es, evidentemente, la propiedad, porque implica un poder de afectación y de gestión del capital financiero y técnico, y sobre todo del trabajo. Ahora bien, el pensamiento socialista se quedó encerrado en el dilema de la propiedad privada y la propiedad del Estado. La propiedad privada capitalista posee una poderosa ventaja que es el secreto de su eficacia: el precio a pagar por una buena gestión es la opresión, la explotación, la alienación de la gran mayoría de los asalariados. Si es deseable frenar la producción de bienes de consumo y de cambiar de modo de vida, cosa de la que muchos están convencido, esto no se obtendrá por la incapacidad de producir rápido y mejor, sino porque en las profundidades del sistema económico y en la sociedad, los individuos habrán llegado a cambiar sus comportamientos. La eficiencia es otro eje sobre el cual pensar las alternativas. Pero el sistema capitalista aún está lejos de ser eficiente como pretende. Sin contar los costos sociales que produce tal eficiencia, por lo tanto, tiene que ser posible superar al capitalismo en materia de eficacia. Una gran cantidad de estudios muestra que una mayor participación de los trabajadores, un abanico más cerrado de salarios, mayor seguridad en el empleo, derechos garantizados y participación en las ganancias incrementan la productividad, hasta llegar a salvar empresas capitalistas condenadas a la quiebra. Esto supone un cambio más o menos importante en la estructura de la propiedad y el poder. El desarrollo de la democracia económica, la reducción de las desigualdades y la realización en el trabajo son componentes inseparables de este asunto. El problema no es solo de justicia social, también se trata de favorecer una cierta movilidad de los trabajadores. Otro aspecto fundamental es que la nueva sociedad no debe poseer solo la democracia política, sino también económica y social. La democracia económica permite un desarrollo más coherente, mejor coordinado (tomando en cuenta las externidades positivas, sobre todo en materia de infraestructura, de educación e investigación), más armonioso (búsqueda de complementaridades), más equilibrado en el plano nacional (sobre todo en materia de fomento de los recursos), más respetuoso del medio ambiente (orientación hacia un desarrollo sostenible) y permite una mejor coordinación macroeconómica (en materia de empleo). No hay proyecto nacional democrático y no hay alternativa anticapitalista si no logramos redefinir los términos del nuevo internacionalismo. Las grandes alianzas internacionales tienen que trascender la que se establece con los países, e interconectar eslabones de articulación con los movimientos sociales y políticos de los diferentes países del continente, también extensivo al resto del planeta. Encontrar puntos comunes para reelaborar la idea de la solidaridad internacional, y del internacionalismo en la lucha anticapitalista. Un internacionalismo Norte–Norte, Sur–Sur, Norte–Sur y Sur–Norte, que contenga los grandes intereses y necesidades de nuestro tiempo y que puedan articular una fuerza real contra la dominación irracional del capitalismo. La formación de bloques regionales y más que eso la integración de nuestros pueblos como resultado de articulaciones múltiples, constituye un paso decisivo en la construcción de las nuevas solidaridades que deben acompañar este proceso emancipatorio. Estos aspectos en propuesta para pensar la emancipación (sistema múltiple de emancipación) nos conduce, por su diversidad y complejidad a reconocer la existencia de múltiples alternativas para construir una sociedad sin explotación, ni exclusión, económicamente sustentable, es decir; con verdadera justicia ecológica; una sociedad plural donde se respeten las diferencias sociales de todo tipo, con una democracia social sustantiva y no solo política, sustentada en una ética de convivencia real. Estas bases generales en menor o mayor alcance nos obliga a replantearnos la alternativa socialista dentro de un paradigma de alcance socialista. No existe una tendencia histórica teleológica del socialismo, este será el resultado de la construcción humana y como tal, será el triunfo de la mejor de las alternativas presentadas. El porvenir no se decreta, el socialismo será el movimiento real que anule el estado actual. Hay que pensar en una o varias alternativas concretas que tengan posibilidades de ser viables. Nada permite pensar que el movimiento real conducirá por sí mismo a la sociedad "superior", sea por el desarrollo de las fuerzas productivas o por el de la lucha de clases y movimientista, cuya evolución podría preverse. Por otro lado, ninguna sociedad nació nunca sin fórceps; sin que se fueran agotando las capacidades de desarrollo humano y social de la sociedad anterior. La historia siempre es fruto de lo que hacen los seres humanos, y el futuro es siempre la cosecha del presente. Es "una revolución epistemológica, saber que en lo más íntimo de la naturaleza no hay ley determinada… la naturaleza a nivel macro tiene determinaciones, pero a nivel micro no tiene. Los hombres son seres, por naturaleza indeterminados. Pensar que el socialismo, el comunismo está determinado es un error"[23]. Es indispensable reconstruir la alternativa socialista entendiendo la dinámica del nuevo capitalismo, porque el socialismo es fundamentalmente anticapitalismo, la superación del capitalismo, la redefinición de sus contradicciones, de los sectores sociales interesados en su superación, de los proyectos hegemónicos alternativos. Los amplios sectores mayoritarios de la población no son beneficiarios del capitalismo. Pueden estar neutralizados, confusos por falta de alternativas, pero el potencial social de luchas anticapitalistas, nunca fue tan amplio en América Latina y en el mundo como lo es hoy. Resolver los desafíos de la realidad latinoamericana en una perspectiva anticapitalista y socialista está al orden del día. "La democracia, mucho más que el socialismo parece ser el objetivo central de la izquierda latinoamericana hoy, en un planteamiento que separa una cuestión de otra, en un nuevo contraste con la situación del pasado reciente. Hasta la década pasada socialismo y democracia parecían marchar juntos y el socialismo…resultaba ser algo así como la condición para una efectiva democratización. Hoy, en cambio, la democracia, reducida a su visión procedimental y recortada de sus proyecciones sociales, aparece como factible en ausencia del socialismo e incluso como condición de realización del socialismo".[24] Esta relación entre socialismo y democracia sigue siendo una cuenta pendiente de la teoría y la práctica revolucionaria. Existen muchos elementos que aún hoy demuestran que es posible construir una sociedad distinta a la del capitalismo. El socialismo pasó de utopía a propuesta científica y de esta a la realidad. Los sucesos recientes de desmoronamiento del bloque socialista trajeron aparejados un deterioro del socialismo en el imaginario popular; pero dejaron la huella de lo posible, de lo que se puede y no se debe hacer para que cristalice una sociedad socialista. El capitalismo actual sigue la misma lógica del de ayer: explotar-excluir y concentrar las riquezas, a lo que se agrega la lógica de la marginación con la superexplotación. La crisis del socialismo es el resultado de distintos factores, entre los que debemos contabilizar las deficiencias de un modelo que enajenó progresivamente al pueblo del poder; pero de alguna manera, el socialismo sigue estando en el horizonte alternativo del nuevo sujeto histórico del cambio. Sin embargo, hay que reconocer que entre los partidos y organizaciones que conforman el movimiento político emancipatorio, se proyecta una reestructuración de su estrategia de lucha contra el capitalismo. La concepción de los cambios, con anterioridad la concebían dentro de los límites macrosociales y macroeconómicos, enfocados al socialismo. Ahora, una parte de esos partidos y organizaciones mantiene esos objetivos, incluso el socialismo (en una nueva reconceptualilzación); pero en la otra parte realmente se ha perdido su preeminencia. Las definiciones en esta dirección son decisivas para la estructuración de los vínculos con el resto de los actores sociales y para su contribución en la formación del nuevo sujeto histórico. El reto para el movimiento emancipador es inmenso, las alternativas a la dominación capitalista global no está tan cerca como quisiéramos, en la generalidad de los países latinoamericanos; pero tampoco tan lejanas como para llegar a ellas, porque algunos países, además de Cuba están transitando el camino. Ese panorama empieza a cambiar porque América Latina está despertando está echando a andar, defendiendo el decoro de muchos pueblos y su tendencia es a dinamizar la lucha global contra el capitalismo. Notas y referencias [1] Yamandú Acosta, citado por Helio Gallardo: La lucha pueblo-antipueblo en la matriz del sistema imperial de dominación y la construcción del nuevo sujeto histórico desde la articulación constructiva de su resistencia. (2ª Parte), Material mimeografiado, pp. 47-48 [2] Claude Meillassoux, Clases y cuerpos sociales, en Marx y el siglo XXI, hacia un marxismo ecológico y crítico del progreso (Compilación de Renán Vega Cantor). Ediciones Antropos Ltda; Santa Fe de Bogotá, Colombia, 1998, p. 66. [3] Ibídem, p. 120. [4] El lugar y el papel de las ONGs dentro del movimiento social y sus relaciones con el movimiento político emancipador es mucho más amplio y complejo que lo que aquí se expone. El hecho de que los donantes escojan y pongan, muchas veces, reglas rígidas acorde a determinados intereses para emitir los recursos a proyectos de las ONGs y por su vía favorecer algunos movimientos sociales, socava la independencia de estas organizaciones; su actividad en la mayoría de los casos forma parte del proyecto de dominación neoliberal. Por supuesto que todas las fuentes de financiamiento no son iguales y algunas permiten mayor flexibilidad. Ahora esto no es absoluto, puesto que algunas ONGs de manera parcial y limitado favorecen la formación y desarrollo de líderes naturales de algunos movimientos sociales y facilitan procesos de alfabetización y educación que influyen en los procesos de toma de conciencia como es el caso de los movimientos y organizaciones feministas, ecologistas, comunitarias, campesinas, etc. [5] Juan Bedoya Carvajal, ¿Por qué convocamos a una reflexión sobre nuevos movimientos políticos? Nuevos movimientos políticos: Entre el ser y el desencanto. Instituto Popular de Capacitación, Medellín, Colombia. 1977. p.7 [6] Con la excepción del presidente Hugo Rafael Chávez Frías en Venezuela y Evo Morales en Bolivia que con la asunción del gobierno han puesto en marcha programas dignificadores de la nación, con identificación en los sectores populares y la izquierda porque se proyectan contra el neoliberalismo y sus políticas. Estas experiencias en marcha son muy importantes para el continente, necesitado de encontrar caminos de transformaciones revolucionarias viables. En el transcurso de estos últimos dos a tres años y por la tendencia que se vislumbra del sistema de las contradicciones se manifiesta un crecimiento del compromiso de los que asumen el gobierno de aplicar políticas de enfrentamiento al neoliberalismo más crudo y otras de carácter popular. [7] James Petras, Alternativas al neoliberalismo en América Latina, Ponencia presentada al seminario de la revista América Libre sobre Alternativas al Neoliberalismo en América Latina, Buenos Aires, 18-20 agosto 1995, en Folleto No. 1, Estudios y Debates, Nov. 1995, Santa Rosa, La Pampa, Material mimeografiado, s/p (Fondos GALFISA) [8] Hoy en América Latina aparecen proyectos de partidos políticos de izquierda con posiciones reformistas. Volvemos al problema del reformismo radical con su dilema oportunismo o revolución. La razón de la mayoría de los proyectos reformistas de los últimos años, vengan de uno u otro lado del espectro político, ha sido su carácter de proyectos formulados desde arriba. La respuesta reformista radical solo puede darse en un amplio movimiento político y social desde abajo y su encuentro con las transformaciones de arriba. Esto presupone, de alguna forma, que al llegar al gobierno los partidos de izquierda, que tengan que compartirlo con otras fuerzas de la derecha o centro derecha, la mayoría de las veces de forma desventajosa, tienen que acentuar su posición revolucionaria, proponiendo y llevando adelante transformaciones esenciales que favorezcan un cambio de la correlación de fuerzas a nivel político y de social. [9] Juan Bedoya Carvajal, op.cit. p. 48 [10] James Petras, op. cit. s/p [11] Pablo González Casanova, op. cit. p. 46 [12] Vilas, Carlos, Alternativas de izquierda al neoliberalismo, op. cit. p. 46 [13] Luis Eduardo Greenhalgh, (Miembro de la Dirección Nacional del PT). Un triunfo del PT por Ricardo Randi, entrevistador. Propuestas, No. 328, 17 de octubre 1996. P. 11. [14] Jesús Montoya, La posición del EZLN en la crisis mexicana (reportaje exclusivo) en Propuesta, No. 343, 13 de Marzo de 1997, Buenos Aires, p. 8 [15] Ibídem, p. 9 [16] Ibídem, p. 9 [17] Ibídem, p. 47 [18] Analizado en este marco, el capitalismo reinventó su revolución política en los finales del presente siglo, con una inversión de su lógica (la correlación de lo lógico y lo histórico) en el decursar histórico de las revoluciones burguesas de la primera mitad del siglo pasado. Allá el triunfo político fue el resultado de más de tres siglos anteriores de predominio económico, ahora tuvo que adelantar la preparación y la reconquista del predominio ideológico y político a nivel societal para poder desregular y liberar a plenitud el mercado como conquista de la globalidad capitalista y ofrecer una salida de sus tensiones y contradicciones. Eso evidencia una fisura creciente del nuevo tipo de crisis general por la que se adentra el capitalismo actual. Más bien este tipo de nueva "revolución" capitalista se acerca a las premisas y la lógica de la "revolución anticapitalista". Puede que no sea la última, pero es un síntoma de agotamiento. [19] Boris Kagarlitsky, "La tercera izquierda" en Actuel Marx, Buenos Aires, 1996, p. 86. [20] Esta es una expresión muy utilizada por los políticos, pero que tiene también sus referentes en los medios académicos, donde no solo se le da una significación, sino también una argumentación, basada en los límites económicos del diseño neoliberal para dar solución a los grandes problemas y necesidades acumulados por la humanidad, lo cual se evidencia en "explosiones sociales" que se están dando en diferentes lugares de nuestro continente y del mundo. El hecho de que algunas economías localizadas en países o regiones hayan tenido un relativo crecimiento macroeconómico durante las últimas décadas (la tendencia actual es al estancamiento y el decrecimiento), no es motivo para generalizar un éxito del neoliberalismo como alternativa de desarrollo sostenible con justicia social. Las agudas consecuencias del neoliberalismo en la vida social, política económica y ambientales que ponen en peligro la estabilidad y la propia existencia humana. [21] En algunos países, en los que la socialdemocracia era fuerte en Europa, se evidencia con nitidez este fenómeno. En nuestra región ha tenido sus manifestaciones particulares, caracterizadas por una debilidad extrema en los países donde se conformaron algunas políticas sociales, en la práctica fue inexistente. Una indagación explicativa sobre el tópico de donde se extraen estas ideas, puede encontrarse en la intervención de Emir Sader en el Seminario sobre Perspectivas de Liberación en América Latina, convocado por la revista América Libre en Argentina del 18 al 20 de agosto de 1996. Material mimeografiado. [22] La economía solidaria no es un fenómeno completamente nuevo, pero sí es nueva la forma en que se manifiesta y organiza en la actualidad. Ella ha emergido y está en el horizonte de las esperanzas de grupos excluidos y marginados del campo popular en América Latina. Contribuye a construir un pequeño espacio de la economía, de concepción diferente de la lógica del mercado total, estrechando solidaridades, creando fuentes de empleo y de solución a las necesidades perentorias de los grupos sociales más desprotegidos. Su capacidad para incidir en romper el monopolio del poder económico y político de la clase dominante es muy limitado; pero es un pequeño espacio que muestra lo mucho que se pudiera hacer de poder generalizarsse esas experiencias. [23] Frei Betto, ¿Crisis de las utopías? El papel de la subjetividad. op. cit., América Libre, Buenos Aires, Argentina, 18-20 de agosto de 1995, s/p [24] Carlos Vilas, La izquierda en América Latina: Presente y futuro (Notas para la discusión), en, Alternativas de izquierda al neoliberalismo, FIM, Madrid, 1995, p.33. La discusión y el análisis de la correlación entre socialismo y democracia, democracia y socialismo posee una larga historia en el pensamiento político y una determinada tradición en el marxismo. Hoy es un punto crucial para proyectar un paradigma emancipador de horizonte anticapitalista y socialista.