Pensamiento Crítico

Wolfowitz, ¿se va el lobo?

Por Alfonso Gumucio D. | Agencia BolPress. | 16 Mayo 2007
Cuando el gobierno de Estados Unidos decidió quién sería el nuevo Presidente del Banco Mundial, hace más de dos años, escribí una nota, "Del lobo bueno al lobo malo", lamentando el nombramiento de Paul D. Wolfowitz, ("wolf" es "lobo", en inglés), brazo derecho de Bush y arquitecto de la invasión de Irak, un hombre cínico que reconoció que lo de las "armas de destrucción masiva" había sido una mentira útil. Ahora, Wolfowitz está recibiendo todo el fuego de artillería que se merece, y probablemente renunciará en estos días. El Presidente del Banco Mundial ha ratificado su falta de ética. Si lo de la invasión a Irak podían justificarlo como una "razón de Estado", no hay en cambio justificación posible para que Wolfowitz haya influenciado decisiones administrativas para colocar a su amante, Shaha Ali Riza, en un puesto en el Departamento de Estado, con una ostentosa duplicación de su salario (en comparación al que ganaba antes en el Banco Mundial), mayor aún al salario de Condoleeza Rice que es la cabeza de esa institución. El salario, dicho sea de paso, sigue siendo pagado por el Banco Mundial y Ali Riza está "prestada" al Pentágono. Cuando la junta directiva del Banco le preguntó al respecto, en 2005, Wolfowitz mintió descaradamente. Conocido por ser uno de los "neocon" (el grupo de "neo-conservadores" de Washington), Wolfowitz tiene ahora que soportar para su amante un apodo que cae como anillo al dedo: le dicen "neoconcubina", según informa el New York Times. Cuando ingresó por la puerta grande el Banco Mundial Wolfowitz hizo toda una alharaca sobre el tema de la corrupción, descargando su filípica sobre los países que reciben los créditos del Banco. Ciertamente, son en buena parte países con dirigencias corruptas, que malversan el dinero que reciben de organismos internacionales. Pero en parte esa corrupción es posible por el modus operandi del Banco Mundial, cuyas presiones sobre los gobiernos son bien conocidas. En los programas del Banco, no existe una real participación de la población en la toma de decisiones. El propio Banco Mundial permite que los gobiernos reciban y, en muchos casos, hagan desaparecer los créditos. Wolfowitz es hoy el símbolo de la corrupción, pero se resiste a dejar el cargo. Se aferra a él con la fuerza que le da el apoyo que recibe del gobierno de Estados Unidos. Aunque la Casa Blanca declaró que no iba a interferir en las investigaciones, Wolfowitz ha recibido públicamente el apoyo de George Bush, del vice-presidente Cheney, de Condoleeza Rice y de otros altos funcionarios. Si eso no es intervenir… El gobierno gringo está en problemas. Varios funcionarios republicanos que fueron acomodados bajo presión en organismos internacionales, han sido acusados de actos de corrupción. Es el caso de Peter Smith, un ex senador republicano a quien Estados Unidos colocó en la UNESCO en el puesto de mayor nivel en el sector de educación. Sucede que poco tiempo después se descubrió que Smith había favorecido a su amante con contratos millonarios, con dinero de la UNESCO, claro. Luego de la investigación que no dejaba lugar a dudas, fue echado de la organización y ni siquiera el apoyo del gobierno estadounidense le sirvió. Hay otro caso en UNICEF, similar, a punto de estallar. Estos escándalos se suman a los de diputados y senadores de Estados Unidos, por lo general republicanos. Wolfowitz tiene el apoyo de la Casa Blanca y todavía de una parte de los medios de Estados Unidos (sobre todo del conservador Wall Street Journal y de la cadena Fox), pero está aislado a nivel mundial, aunque lo apoyan algunos gobiernos africanos, precisamente los que esperan que más tarde él retribuya ese apoyo. El Parlamento Europeo ya ha hecho saber que él debería renunciar. La prensa de Europa, y de todo el mundo, también lo dice. La asociación de trabajadores del Banco Mundial, que representa a los 10 mil empleados, le ha pedido la renuncia. "Cometí un error, me arrepiento", ya no convence a nadie. Sólo quedaba que la Junta de Directores del Banco haga su recomendación final, y la hizo: debe irse, a pesar de las presiones recibidas del gobierno de Estados Unidos para que Wolfowitz pueda tener una salida "honrosa". Wolfowitz hizo contratar para altos cargos del Banco Mundial a varios funcionarios de gobiernos que apoyaron la invasión a Irak, entre ellos el jordano Marwan Muasher, la ex Canciller de España Ana Palacio, y el salvadoreño Juan José Daboub. Aunque estos no son actos de corrupción o nepotismo stricto senso, constituyen una flagrante imposición ideológica en un organismo multilateral. La hipocresía de Wolfowitz, un corrupto que censura la corrupción, es emblemática del comportamiento de los organismos multilaterales de financiamiento al desarrollo, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Estas han venido desde hace mucho tiempo pregonando el "mercado libre", pero tolerando que los países más ricos, y sobre todo Estados Unidos, continúe subvencionando a sus agricultores. Es una política de doble cara, ambigua e hipócrita. Naomi Klein lo expresa muy bien en un reciente artículo: "Eliminen sus barreras comerciales, y nosotros vamos a mantener las nuestras". Y agrega: "La verdad es que la credibilidad del Banco ya estaba fatalmente en duda desde que impuso que los estudiantes de Ghana pagaran cuotas escolares a cambio de un préstamo; desde que demandó que Tanzania privatizara su sistema potable; desde que hizo que la privatización de las telecomunicaciones fuese una condición para otorgar la ayuda por el Huracán Mitch; desde que demandó "flexibilidad" laboral, tras el tsunami asiático en Sri Lanka; desde que empujó a que se eliminaran los subsidios alimenticios en el Irak post-invasión. A los ecuatorianos les importa muy poco la novia de Wolfowitz; más apremiante es que en 2005 el Banco retuvo los 100 millones de dólares prometidos, después de que el país se atrevió a gastar una porción de sus ingresos petroleros en salud y educación. Vaya organización contra la pobreza". La trascendencia de este escándalo va mucho más allá de las personas y de los montos de dinero en juego. Estados Unidos siente el riesgo de que su absoluto control sobre el Banco Mundial, que teóricamente es un organismo "multilateral", se desvanezca. Acostumbrado a mandar como le viene en gana en organizaciones que dependen en alguna medida de sus recursos, Estados Unidos no podría soportar una derrota simbólica a nivel internacional, y probablemente se vengaría del Banco Mundial (como hizo con la UNESCO hace 25 años), si no logra imponer a otro "lobo" gringo como sustituto de Wolfowitz. (**) El autor, Alfonso Gumucio, es escritor, cineasta, periodista, fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo.