Pensamiento Crítico

El oscuro futuro republicano

Por Elizabeth Subercaseaux | Diario La Nación, Chile. | 27 Mayo 2007
Golpeado por el desprestigio de la actual administración y prácticamente secuestrado por los neoconservadores y los fundamentalistas religiosos, el Grand Old Party no tiene otra opción de supervivencia que volver a sintonizar con los intereses de la ciudadanía estadounidense. La historia de la humanidad nos cuenta que cuando toca fondo una persona –un partido político, una institución, hasta un gobierno–, cuando cae lo más bajo que puede caer, hay sólo dos alternativas: desaparecer o emerger a partir de las cenizas del fracaso y los propios errores convertido en otro. Ese parece ser el caso del Partido Republicano en Estados Unidos. Con la bochornosa remoción de Paul Wolfowitz de la presidencia del Banco Mundial y la muerte del predicador bautista Jerry Falwell (quien dijo que "los ataques del 11 de septiembre de 2001 reflejan la ira de Dios contra los paganos, abortistas, homosexuales, lesbianas y feministas") han caído dos pilares de este partido –en extinción, según algunos; en graves problemas, según la mayoría– que desde hace años ha estado dominado por diversas sectas evangélicas fundamentalistas. El primer debate de los candidatos a la nominación presidencial republicana, hace un par de semanas, resultó patético. Aferrados a un pasado tan lejano que parece no haber existido jamás, los candidatos mencionaron 19 veces a Ronald Reagan, una sola vez a George Bush, y en cada una de sus respuestas quedó claro que no sabían cómo lidiar con la increíble impopularidad del actual Presidente. Fue como si necesitaran que el espíritu de Reagan estuviera presente cada vez que el moderador del debate hacía preguntas relacionadas con Irak, el calentamiento global, los estragos del huracán Katrina, la crisis de la educación, la corrupción o los escándalos en el sistema de salud, temas ligados todos a lo que el ex Presidente Jimmy Carter acaba de calificar como "la peor administración en toda la historia de Estados Unidos". El 13 de mayo, y en referencia a uno de los tantos escándalos que remueven a diario el piso de George W. Bush, el prestigioso columnista Frank Rich afirmó en "The New York Times": "Errores de esta magnitud no ocurren por accidente, pero el asunto no está necesariamente instigado por una conspiración criminal tipo Watergate. Cuando la corrupción lo permea todo, también puede ser producto de una filosofía de Gobierno. Ese es el caso de esta administración. El estilo de Gobierno impuesto por Bush y Karl Rove [su controvertido asesor político], que aparece en la base de cada escándalo de corrupción, se ha convertido en el Frankenstein del Partido Republicano con miras a la próxima elección presidencial. Esa ha sido la marca republicana, y seguirá siéndolo aún después de que este Presidente se vaya y hasta que aparezcan republicanos valientes y corajudos que se atrevan a erradicar esta herencia". Un juicio lapidario compartido por una amplia mayoría de ciudadanos, incluidos muchos correligionarios del actual Jefe de Estado.

La herencia de Reagan

¿Qué le ocurrió al Partido Republicano en los últimos años como para que tantos estén ofreciendo palas para cavar su tumba? Este partido, fundado pensando en acoger a una clase media moderada y preocupada de sus negocios, y que luego abrazaron Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt y Dwight Eisenhower, entre otros, tuvo su momento de gloria en el siglo XX bajo la dirección de Ronald Reagan, un personaje tan controvertido en América Latina –por su política exterior– como querido en Estados Unidos, donde su partido lo elevó a la categoría de héroe. Pero aunque para algunos la figura de Reagan sea equivalente a la de un santo, hay que decir que se trata de un "santo" muy distinto a George Bush, y que, además, jamás habría permitido a los evangélicos apoderarse del Gobierno. Luego de que Reagan dejó la Presidencia, en 1988, el partido comenzó a girar cada vez más a la extrema derecha. Poco a poco, pero a paso seguro, las iglesias evangélicas se volvieron decisivas en la definición de la política partidaria. Así los pilló la primera candidatura de Bush hijo, quien perdió el voto popular pero llegó a la Casa Blanca por una decisión de la Corte Suprema de Florida (de acuerdo con Al Gore, simplemente le robaron la elección). Junto con Bush entraron al Gobierno los pastores bautistas del sur, un discurso apocalíptico en donde "el eje del mal" (Irak, Irán y Corea del Norte) se cernía como una amenaza, y Estados Unidos era el pueblo "predilecto" de Dios. También fue Dios, por cierto, el que ayudó al Presidente a tomar la decisión de invadir Irak, con la ayuda de una monumental mentira que el pueblo norteamericano se tragó. El desastre de Irak, los continuos escándalos financieros y los vicios de esta administración (silencios, mentiras, ineficiencia, tozudez y corrupción son los términos que habitualmente se utilizan) han ido socavando las bases del partido de manera dramática. Las iglesias, preocupadas de estar perdiendo cada vez más fieles, han ido tomando distancia tanto de Bush como de sus políticas; hoy, el movimiento conservador se encuentra en una posición muy distinta de la que compartía con Bush tras el 11 de septiembre, cuando ambos coincidían que la mejor forma en que Estados Unidos podía exportar su democracia al Medio Oriente era invadiendo los países que avivaban el fuego del incendio continuo en esa región del mundo. ¿Hay futuro para los republicanos? Depende del punto de vista con que se intente responder, pero el pesimismo al respecto es mucho. David W. Orr, profesor de Estudios Ambientales del Oberlin Collage y uno de los ecologistas más respetados del país, advierte: "La cosa no es si van a sobrevivir como están ahora, sino qué más van a destruir entre ahora y el momento en que terminen de sucumbir. El Partido Republicano ha escogido el camino de negar la realidad social, ecológica, cultural, religiosa y económica de Estados Unidos. Han escogido sus propios simplismos, fantasías ideológicas y chauvinistas, que no tienen ninguna afinidad con la ley, la ciencia, la justicia, la libertad de prensa, la consecuencia ecológica y la responsabilidad gubernamental, que son requisitos indispensables para una genuina democracia".

La vía Giuliani

Ante la debacle, muchos republicanos han puesto sus ojos en Rudolph Giuliani. Partidario del aborto, divorciado tres veces y amigo de los gays, el ex alcalde de Nueva York es una figura muy controvertida en su propio partido, pero que al mismo tiempo se alza como su única salvación. Como competidor por la candidatura republicana, Giuliani ha tratado de ser lo más sensible que puede hacia sus correligionarios, y en los temas más espinudos se ha esforzado por no abandonar sus posturas, pero responder, al mismo tiempo, con la delicadeza necesaria para no indisponerse con los más duros. Pero algunos comentaristas –como Michael Kinsley, columnista del "Time"– advierten que la postura de los republicanos frente al aborto es mucho más extrema de lo que el resto de la ciudadanía percibe, y que, en ese sentido, Giuliani tiene pocas posibilidades de ser nominado. La clave, sin embargo, está en la pregunta que ha formulado Tom Edsall, quien, tras 20 años en "The Washington Post" y otros tantos en diversos medios de prensa escrita y televisión, conoce al dedillo el tejemaneje de la política de Washington: "¿Qué tal si lo que estamos viendo no es a Giuliani moviéndose hacia el Partido Republicano, sino al partido moviéndose hacia Giuliani?". De acuerdo a los expertos en la política estadounidense, la única posibilidad que tiene el Partido Republicano de desembarazarse de la pesada herencia que les dejará el Gobierno de George Bush, repuntar en el futuro, e incluso evitar su propia desaparición, está en la pregunta de Edsall: aceptar que el mundo ha cambiado, comprender los problemas reales del país, acercarse a valores un poco más liberales y dejar las iglesias, los pastores y sus ideas mesiánicas para la misa del domingo.

Retrato del candidato ideal

Para conformar a todos los republicanos sin excepción, su candidato debería tener las siguientes cualidades: • Manifestarse abiertamente en contra del derecho al aborto. • Reafirmar su postura sobre el matrimonio constituido por un hombre y una mujer; por tanto, él –o ella– no es partidario de la unión entre los homosexuales. • Casado una sola vez, asegura que jamás ha engañado a su esposa. • No dejar ninguna duda respecto a cuál debe ser, a su juicio, el rol del Estado en la economía del país: ninguno. • Estar a favor de la disminución de los impuestos, como sea y donde sea. Cortar, cortar, cortar es una máxima republicana. • ¿La guerra de Irak? El candidato perfecto debe lograr un equilibrio entre las posturas que siguen: la guerra era necesaria porque detuvimos al terrorismo; pero, como las cosas han salido mal, debemos buscar el camino a la victoria. • La tortura en Guantánamo. El candidato ideal no debe pronunciarse, sólo debe preguntar: ¿qué haría usted si un terrorista sabe dónde está la bomba que hará estallar a un kindergarten? • El calentamiento global: acepto que el calentamiento se debe al manejo del hombre, pero también acepto que el manejo del hombre se debió a la búsqueda de una mejor calidad de vida. El problema es que, como si no fuera poco con la pesada mochila de la administración de Bush, ninguno de los principales candidatos republicanos cumple adecuadamente estos exigentes requisitos. Tanto Rudy Giuliani como Mitt Romney, el ex gobernador de Massachusetts, están a favor del derecho al aborto. John McCain, un ex veterano de Vietnam y quizás el que se ha mostrado más comprensivo hacia Bush, ha condenado, sin embargo, las prácticas de tortura en la prisión de Guantánamo. Por eso, y ante la falta de un postulante que responda mejor al perfil buscado, el viejo partido está intentando levantar la candidatura del actor Fred Thompson. Protagonista de la serie "Ley y orden" y con apariciones en películas como "Cabo del miedo" o "La caza del Octubre Rojo", Thompson es un personaje archiconservador: está en contra del derecho al aborto, en contra del matrimonio homosexual y a favor de la guerra de Irak; pero, al fin y al cabo, es también una celebridad. Como lo era Reagan. Y tal vez sea ahí, en Hollywood, donde renazca el Grand Old Party.