Pensamiento Crítico

Felipe Calderón: un pequeño dictador

Por Sara Lovera | Diario Criterios, Palabra de Antígona. | 31 Mayo 2007
Nada parará a Felipe Calderón en su guerra militar contra lo que identifica como delincuencia organizadas. Él no ve ni oye el clamor nacional para que pare la espiral de violencia que día a día afecta más a la población civil. El informe de Amnistía Internacional, las sugerencias de analistas e intelectuales, las alternativas para enfrentar el narcotráfico con inteligencia e incluso el llamado que hizo el presidente municipal de Altamirano, Guerrero, de mirar hacia abajo y dejar de armar acciones guerreras con diagnósticos de cúpula y solo militares, han sido desestimadas por Calderón. Su actitud de pequeño dictador en ciernes ratifica que en México tenemos ausencia de gobernabilidad. Lo único que le queda al gobierno de facto es una extraña alianza con los poderes fácticos. Ahora se multiplican las voces que señalan que al Ejército lo está desgastando el administrador, el Ejecutivo Federal. La situación se agrava día a día. Entre el sábado y el lunes, más de 40 ejecuciones no son poca cosa. Y quienes viven las "operaciones castrense" empiezan a tener miedo y a cambiar su vida cotidiana. Pero el mayor peligro, dice Amnistía, es el de la violación a los derechos humanos. Los cateos irregulares, el allanamiento de morada y los abusos sexuales. Si es verdad que nos ha costado años crear las bases de un sistema de derecho, con la garantía de las libertades, nada justifica que una mala estrategia contra el narcotráfico nos lleve a situaciones límite. Dice el presidente municipal de Altamirano que mejor sería pactar con los cárteles e iniciar un proceso de pacificación pactada. Lo que no excluye sugerencias fundadas para acciones como identificación de lavado de dinero, inteligencia para definir las rutas del narcotráfico y legalizar algunas drogas que desalienten en México el consumo y negocio internos. El Congreso, y no un grupo de interés, determinó hacer un llamado para reenviar al Ejército a sus cuarteles. Y también, como sabemos, su empleado José Luis Soberanes, hijo de un militar y claramente opusdeísta, le aconsejó públicamente detener las acciones policiacas del Ejército. Si a Calderón no le duelen las violaciones a las empleadas de "La Estrellita" en Michoacán; si le da lo mismo el desprestigio de sus empleados por haber manipulado el caso de Ernestina Ascencio; si no hace caso del proceso judicial contra los militares violadores en Castaños, Coahuila; si no le importa que hayamos vuelto a las peores formas de tortura a civiles y si ha fomentado la instalación de delitos denominados "terrorismo", que abarcan a la protesta social, y tampoco le importa el desmantelamiento del campo y la pobreza, no le importa nada. Ni siquiera ha podido Calderón enderezar un ápice a los sistemas policiacos y en cambio ha descabezado a instituciones contra el crimen que ha diseñado y no sé da cuenta de que los jefes policiacos renuncien. El tiene el diagnóstico, sabe muy bien cuáles son los políticos involucrados. A cambio de todo ello, la denuncia de que ha comprado equipo para intervenir los teléfonos celulares, el correo electrónico, comprueba que ha decidido gobernar de facto, por la fuerza, sin apoyo popular y sin consenso. Un pequeño dictador en una época en la que deberíamos estar discutiendo mejorar al proceso democrático. No es justo para un puñado de mexicanas y mexicanos que han contribuido a los sistemas de partidos y a planificar cambios. Bueno, ni siquiera ha podido acordar el Plan Nacional de Desarrollo. Si Felipe Calderón necesita la violencia sistemática y la amenaza cotidiana para mantenerse en la silla que asaltó, entonces es posible que toda esperanza de mejoría en México esté a punto de perderse. Para las mujeres este es un golpe doble. El movimiento feminista ha enarbolado la bandera de la paz, como único medio de una vida democrática y placentera, una paz basadas en el ejercicio de los derechos fundamentales, basada en la construcción de una democracia genérica, capaz de lograr la equidad entre hombres y mujeres y entre pueblos y comunidades. Nada de eso garantiza el régimen, que coludido con el viejo sistema, empobrece la discusión, nulifica la libertad y establece el miedo como garantía de poder. Se están equivocando Calderón y sus cómplices. La cortina de humo es a todas luces los falaces argumentos sobre la inconstitucionalidad de la despenalización del aborto. Pero sobre eso sólo tengo una pregunta: ¿Dónde está el PRI que inició esta legalización? ¿Por qué tiró la granada explosiva y escondió la mano? ¿Por qué el PRI tartamudea y se esconde? ¿Por qué Beatriz Paredes no ha querido definirse? Como se verá, en el río revuelto que abrió Calderón hay ganancias inconfesables, poderes de facto que bajo el relumbrón guerrero, tienen sus cuentas bancarias y sus negocios a buen resguardo. Si eso no se ve, la perversión priista terminará con México.