Pensamiento Crítico

Brasil: el alquiler o la vida

Por Mario Osava | Agencia IPS. | 31 Mayo 2007
La ocupación del extenso terreno baldío se hizo en la noche y sólo con unas 300 familias. Pocos días después ya eran casi 5.000 las que habían levantado un mar de tiendas negras en Valo Velho, un barrio pobre y poco poblado de Itapecerica da Serra, en las afueras de esta ciudad brasileña. Durante 62 días, a partir del 16 de marzo, el Campamento Joao Cándido resistió en la propiedad de 1,2 millones de metros cuadrados que había estado sin uso por más de una década. El desalojo por orden judicial, dictada el 18 de marzo a pedido de la empresa propietaria del predio, sólo se cumplió el 17 de este mes. Pero sus ocupantes no pierden las esperanzas. Fue tiempo suficiente para que el Movimiento de los Trabajadores sin Techo (MTST) convirtieran a estos pobladores en una comunidad conocedora de sus "derechos a una vivienda digna", organizada y movilizada para presionar a las autoridades por una solución a sus carencias. Son en general personas desempleadas con ingresos eventuales que imponen una disyuntiva insoluble: "pagar el arriendo de la casa o la comida". José Oliveira dos Santos, de 46 años, por ejemplo, decidió adherir al campamento el día siguiente a su despido del trabajo de guardia en una empresa cercana. "No esperaba ver tanta gente necesitando un lugar para vivir. Muchos arribaron en la madrugada", pese a las dificultades, como la falta de agua que "tenemos que buscar lejos en botellones cargados a las espaldas", recordó ante IPS. Maria das Graças Cerqueira se incorporó también pocos días después de iniciada la ocupación, una operación que se divulgó rápidamente por los barrios y ciudades vecinas. Viuda, con 53 años de edad, trabajadora doméstica y alejada de los tres hijos ya adultos, esta mujer vive "de favor" en la tienda comercial de un pariente. "A mi edad ya no me dan trabajo", se lamentó. Cuenta a IPS que le gustó la vida en el campamento, en el cual se encarga de la cocina colectiva del llamado Grupo 10, el mayor de los 34 en que se organizó la comunidad y que reúne a 180 familias. Allí hizo muchos amigos, con los cuales conversa "noche adentro, bajo la brisa agradable, de paz". De ahora en adelante, "ayudaré donde haya campamentos de los sin techo", prometió. El MTST crece con cada ocupación desde su nacimiento en 1997 como un brazo urbano del Movimiento de los Sin Tierra (MST), que congrega a centenares de miles de familias organizadas en campamentos o asentamientos rurales en todo el país, en el marco de la lucha por la reforma agraria. El éxito de la primera ocupación, de un área semiurbana de Campinas, a 100 kilómetros de Sao Paulo, permitió construir viviendas para 5.200 familias y hacer despegar al MTST, que en los años siguientes expandió sus actividades en la periferia de Sao Paulo, en Río de Janeiro y en grandes ciudades del nordeste de Brasil. En Sao Bernardo do Campo, una ciudad de la Gran Sao Paulo empobrecida por el éxodo de la industria automovilística, la ocupación de un terreno iniciada por 300 familias en julio de 2003 también atrajo en tres semanas a más de 4.000 núcleos familiares, que luego fueron expulsadas violentamente por la policía. Allí el MTST ganó la adhesión de Helena Silvestre, hoy una carismática líder que ascendió a la coordinación estadual del movimiento. Apartada de una familia de inmigrantes pobres, "era una telefonista despedida" por resistir al acoso sexual de su jefe y, sin poder pagar el alquiler de una vivienda, decidió incorporarse al campamento antes de cumplir los 18 años. "Organizar el pueblo desorganizado, quienes más necesitan conquistar sus derechos", fue el motivo que la atrajo al MTST. "Me enamoré de su capacidad de devolver a las personas las riendas de su vida y la capacidad de soñar", dijo a IPS. Su acción local es organizar pobladores de las favelas (asentamientos muy pobres, ilegales y hacinados) del llamado ABC paulista, un conjunto de ciudades industriales al sudeste de la capital del estado de Sao Paulo, en torno de reclamos como saneamiento básico, guarderías infantiles, energía más barata y huertos comunitarios. Como dirigente, Silvestre representa esa "región" del MTST en la coordinación estadual. La costumbre de "esperar todo del gobierno", el desempleo prolongado y la profunda pobreza que destruye "la autoestima y los horizontes" de las personas constituyen graves dificultades para la movilización por viviendas dignas, destacó esta joven, que ya no imagina un futuro fuera de la "vida intensa" El acoso sexual es un problema que enfrenta, como una bella joven, cuyo color moreno de su piel refleja el mestizaje de negro, indígena y blanco. "El movimiento no es una isla, refleja el machismo de la sociedad" que se manifiesta de forma "más agresiva y cercenadora" en la pobreza, explicó. Pero aún así, las mujeres compartieron la mitad de la dirección del campamento Joao Cándido y "20 por ciento de las coordinadoras de grupos perdieron a sus maridos, que no aceptan el protagonismo femenino", estimó. El hogar "es un espacio que la mujer domina tradicionalmente" y es una "demanda femenina muy fuerte", justificó. Giovana Nascimento, con tres hijos de tres a 12 años de edad, es una de las que no aceptó el ultimátum del marido de "yo o el movimiento". Ya estuvo en dos campamentos en Osasco, al oeste de Sao Paulo, y conquistó el derecho de construir su casa propia, pero aprendió en el MTST a "pensar en los otros" y a prestarles solidaridad, como hizo en Itapecerica. El MTST sólo actúa en la periferia de las ciudades, buscando áreas vacías donde se pueda construir viviendas populares. Ese método evidencia su parentesco con el MST, al igual que la similitud de los campamentos, de tiendas de bambú y madera cubiertas de plásticos negros, y la ocupación de tierras sin uso como principal forma de acción. Además, la organización y formación de sus activistas y comunidades, con un discurso socialista y consignas idénticas, como "la lucha es ‘pra valer’" (en serio), sigue los métodos del movimiento campesino. Sin embargo, el MTST ganó en autonomía y desarrolló "una metodología propia", al actuar en condiciones distintas, con una población volátil y campamentos que duran mucho menos que en el campo, matizó Gustavo Moura, uno de sus coordinadores en Sao Paulo. El Campamento Joao Cándido en su auge sumó casi 5.000 familias, pero más de 1.000 lo dejaron después de varias semanas de privaciones e incertidumbres, señaló a IPS a modo de ejemplo. Mientras los campesinos se mantienen acampados durante años en un mismo lugar, en predios privados o fiscales, las ocupaciones de los sin techo se limitan a algunos meses, como máximo, exigiendo "un ritmo fuerte" de organización y formación, señaló. En Joao Cándido las familias se organizaron en 34 grupos, cada uno con su cocina y coordinaciones colectivas, para mantener la disciplina, mejorar y la infraestructura y obtener alimentos, que son aportados por las propias familias acampadas o por donaciones externas y esporádicas. La "formación política" es prioritaria en las reuniones casi diarias de los coordinadores, así como las actividades educacionales y culturales. "Defendemos la construcción del socialismo a través del poder popular", sin vínculos con partidos, explicó Sergio Carozzi, del "colectivo regional" coordinador del oeste de la Gran Sao Paulo, que comprende Itapecerica. "El movimiento no cree en la vía electoral", sino en la "transformación radical de la sociedad", en que la obtención de la vivienda para los pobres que viven en situación de precariedad es "sólo un primer paso", afirmó a IPS. Empleos, educación pública de calidad, salud y otros derechos son reclamos que impulsan las movilizaciones. El nombre de Joao Cándido puesto al campamento se refiere a un héroe negro que en 1910 lideró una rebelión para poner fin al látigo con que se castigaba entonces a los marineros. Todos los campamentos del MTST llevan nombres elegidos en asambleas y reflejan sus ideas. Uno se llamó Rosa Luxemburgo, otro Chico Mendes, en homenaje al defensor de los bosques y pueblos amazónicos asesinado en 1988. La militancia en el MTST es totalmente voluntaria, ningún activista o colaborador recibe remuneración y el movimiento nada recibe de los acampados o personas movilizadas. Su servicio de prensa lo hacen cuatro periodistas voluntarios, así como los profesores que se encargan de las actividades educacionales. La vida colectiva y solidaria en los campamentos opera como "terapia" para algunos, como le pasó a una señora que sufría de una grave depresión, de la que pareció curarse al juntarse con acampados en Taboao da Serra, otro municipio de la Gran Sao Paulo, reveló Marco Fernandes, psicólogo social y también coordinador del "Colectivo Regional Oeste". Pero la depresión de esa mujer volvió al desactivarse el campamento y desapareció nuevamente cuando ella pasó a ayudar a la organización del Joao Cándido en Itapecerica. Es el "vicio del plástico negro", definió Fernández ante IPS. La lucha por vivienda es una buena escuela sobre injusticias sociales al desnudar la contradicción entre inmensas propiedades sin uso de familias ricas, mientras millones de personas no disponen de un techo seguro, componiendo un "mundo al revés", observó Moura. El área ocupada en Itapecerica, que en el pasado se dice que sirvió para un aeropuerto clandestino, fue adquirida por un millón de reales (520.000 dólares) hace algunos años por una empresa que ahora la valora 40 veces más, apuntó. Más de 3.000 familias la dejaron pacíficamente el 17 de mayo, al cumplirse la orden judicial requerida por la empresa propietaria. Pero el movimiento logró que la alcaldía cediera un terreno más pequeño, para acoger a 350 familias que "no tienen donde alojarse", mientras los demás esperan en casa de parientes o amigos que organismos de los gobiernos central y estadual cumplan la promesa de identificar otras áreas disponibles y financiar la construcción de viviendas.