Pensamiento Crítico

El dilema de Lula

None | 10 Septiembre 2005

Por Luis Bruschtein, Diario El País, Madrid

Lula pide paciencia a su gente mientras recibe una andanada de golpes acorralado en un rincón de la arena. No pide que lo ayuden, pide paciencia, que aguanten. Es una imagen de parálisis política o la víspera de una gran jugada, vaya a saber. Pero lo cierto es que la campaña de desprestigio está logrando impedir su reelección. Cuando ganó Lula, festejó todo el mundo, en especial los movimientos populares, que vislumbraron un camino que había combinado la combatividad con la reflexión y la seriedad en la construcción sin sectarismos de uno de los partidos de izquierda más grandes del mundo, en el que coexistían desde maoístas y trotskistas, hasta cristianos, socialistas y nacionalistas más los movimientos sociales. Era un camino nuevo cuando los demás parecían cerrados. Esta última foto no se condice con esa esperanza, un Lula solitario y acorralado tratando de eludir los golpes.

La campaña de denuncias por corrupción demuestra también que para la izquierda los costos de aceptar las prácticas deshonestas y avivadas de los partidos tradicionales son mucho más altos. En el caso del PT, ninguna de las acusaciones aluden a enriquecimientos personales, sino a prácticas corruptas como la compra de votos y alianzas. Aún así, el costo de haber replicado métodos que son comunes en los partidos tradicionales puede llegar a significar la desaparición del PT.

Además de las denuncias contra su partido, a Lula le llueven las críticas porque es poco lo que ha hecho desde el punto de vista social. Algunas de esas críticas parten de un reclamo legítimo de las bases sociales que sustentaron su llegada a la presidencia. Otras, las más políticas, se quedan en el señalamiento sin aclarar lo que harían en su lugar.

Casi ningún sector de izquierda en Brasil, salvo algunos grupos muy minoritarios, proponen en este momento un gobierno de tipo socialista. Y si un gobierno no es socialista, está obligado a respetar reglas mínimas del capitalismo porque la mayor parte del capital y la inversión están en manos privadas. Si la economía no crece porque se espanta a esos capitales con medidas que tienden a favorecer a los sectores populares, en vez de favorecerlos se los habrá empobrecido. Y para que crezca la economía necesita garantizar que haya buenos negocios para esos capitales, con lo cual también se corre el riesgo de empobrecer a los pobres. Pero si no se hace nada para democratizar la economía y se espera a que la copa derrame, es como si gobernara la derecha.

Todos los gobiernos progresistas que surgieron en la región como reacción a la globalización neoliberal quedaron aprisionados en ese dilema. Chávez encontró una brecha cuando pudo acceder a la renta petrolera con la que capitalizó al Estado, que con ese dinero se convirtió en la herramienta principal de democratización económica al mismo tiempo que generó buenos negocios para el capital privado que se sumó a ese proyecto. Los demás gobiernos, incluyendo Brasil, con un sistema económico más grande y muchísimo más complejo, buscan brechas que les permitan crecer y al mismo tiempo democratizar, racionalizar, hacer más justa la distribución del ingreso, en situaciones bastante más desfavorables de las que permite el petróleo venezolano. Y encima, la derecha no se queda quieta.

Para la izquierda y los movimientos populares, el debate real está enmarcado en ese dilema, o sea cuál es el proyecto que permita ambas direcciones: el crecimiento y la democratización de la economía. Descontextualizar el debate sería caer en un consignismo que terminaría favoreciendo a la derecha. Los críticos más serios de Lula señalan que aún en ese contexto, podría haber hecho mucho más en vez de aceptar las recetas más ortodoxas. Desde lejos resulta difícil verlo acorralado por la derecha, sin que convoque el respaldo de sus bases, como si la movilización también fuera uno de los temas descartados por su estrategia de no asustar a los capitales.

Sin embargo, quienes lo critican por izquierda, incluso en Argentina, cometerían un error si festejaran su fracaso. En este momento el problema estratégico en la región está dado por las presiones para incorporarse al ALCA o a tratados bilaterales. La presión de Estados Unidos es muy fuerte y ha logrado cerrar acuerdos con casi todos los países, con excepción de Cuba, Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina entre ellos. Si se resquebrajara la resistencia de Brasil, a los argentinos nos pasaría lo mismo que a los habitantes de Nueva Orleans cuando se rompieron los diques. Es muy difícil resistir esa presión sin alianzas fuertes y con opciones comerciales como la que representa el Mercosur para desarrollar procesos de integración económica más equitativos.

Brasil: El 11º Grito de los Excluidos se escuchó por todo el país

Por Luiz Bassegio y Luciane Udovic, de la Secretaría Continental del Grito de los Excluidos. ALAI-AMLATINA

Por el fin de la corrupción, por democracia directa, por la ética en la política y por el fin de la exclusión social, el eco del 11º Grito de los Excluidos/as se escuchó por todo el país. Con el lema "Brasil, en nuestras manos el cambio", miles de personas -desempleados, jóvenes, niños/as de la calle, migrantes, campesinos, indios, jubilados, trabajadores de la economía informal, etc.- ocuparon calles y plazas de casi todas las capitales y varias ciudades del país. El Grito era por un nuevo modelo económico que cree empleos, distribuya la renta y que privilegie las inversiones públicas en las áreas sociales; por un programa emergente de superación de la miseria y de la pobreza; por el combate a la desigualdad social; por una reforma política profunda y radical que devuelva al pueblo el derecho a decidir y, también, por una soberanía nacional que garantice los intereses del pueblo brasileño sobre nuestra economía, territorio, riquezas y biodiversidad.

La ciudad de Aparecida (estado de São Paulo) recibió a más de 60 mil peregrinos que participaron en la 18º Romería de los Trabajadores y en el 11º Grito de los Excluidos. Cuando le tocó su turno al Grito, millares de personas, con una simbología creativa, gritaban las frases que estaban escritas en enormes manos que, entre otras cosas, decían: "Basta de corrupción"; "Pedimos castigo, ética y transparencia"; "Basta de indiferencia y competencia: queremos solidaridad y amor"; "Basta de latifundio: queremos reforma agraria"; "Basta de superávit primario: queremos políticas sociales", etc.

Esta creatividad y ánimo de los manifestantes también fue la tónica en otros puntos de Brasil: en el Monumento de la Independencia en São Paulo, más de ocho mil personas animaron el Grito; en Recife, 15 mil; en Salvador, 30 mil; en Aracaju, 6 mil; en Manaos, 10 mil y en Fortaleza, 15 mil. La secretaría nacional del Grito continúa recibiendo informes de otras localidades.

Este año, el pueblo brasileño vive una mezcla de desesperanza, tristeza y, porque no decirlo, de decepción, ya que los tan soñadas y esperados cambios no llegaron. La realidad muestra que Brasil aún está atrapado en las redes de los altos intereses y el endeudamiento externo, lo que lo convierte en sujeto de frecuentes ajustes fiscales exigidos por los representantes del capital financiero internacional. El gobierno, se ha doblegado antes las exigencias internacionales, encaminado las reformas neoliberales, volviéndose incapaz de implementar políticas públicas como la reforma agraria o de aplicar mayores inversiones en la salud, educación, transporte, vivienda, derechos humanos, medio ambiente, entre otras.

La sociedad brasileña está azotada por el desempleo, por la pobreza, el hambre, la violencia, la corrupción y la impunidad. Eso ha generado, muchas veces, la indignación y la incredulidad del pueblo con respecto al destino político del país. El mensaje del 11º Grito fue justamente rescatar la esperanza y el ánimo del pueblo para que se organice y se movilice para exigir cambios profundos y estructurales.

El Grito, que tuvo origen en 1995, en 170 ciudades en Brasil, inmediatamente se afirmó en la agenda anual de las pastorales y movimientos sociales. En los últimos años se ha efectuado en más de 1500 localidades de Brasil. Percibiendo su vocación universal, a partir de 1999, se extendió a otros países de América del Sur, Central y el Caribe. El próximo 12 de octubre, fecha que recuerda la colonización española de las Américas y la resistencia y lucha de los pueblos, el Grito de los Excluidos se realizará en 23 países bajo el lema "Por Trabajo, Justicia y Vida".

En Aparecida, fue lanzado el Manifiesto del Grito de los Excluidos Continental. El documento constata la realidad de exclusión, pero muestra también que crece por todas partes la resistencia de los pueblos: "Los millones de campesinos del mundo sin acceso a la tierra productiva, los millones de hombres y mujeres sin empleo o con empleos precarios, las mujeres que padecen profundas desigualdades e injusticias en todo el planeta - más aún en los países excluidos y empobrecidos -, los más de 200 millones de migrantes que sufren la negación de sus derechos fundamentales, los pueblos indígenas expoliados y masacrados a lo largo de los siglos, las minorías étnicas, religiosas, sexuales que son violentadas cotidianamente, los millones de jóvenes que no encuentran empleo ni tienen acceso a la educación, expuestos a la violencia y las drogas... todos y todas nos muestran los múltiples rostros de la exclusión. Pero estos, a su vez, son los rostros de la lucha y de la resistencia social".

Frente al contexto de la exclusión, el Grito presentó propuestas concretas como: Presionar para que el gobierno realice una auditoría pública de la deuda externa y un plebiscito oficial sobre el ALCA; realizar acciones de resistencia al avance del poder imperial, especialmente de Estados Unidos, luchando contra el ALCA, la OMC, la deuda externa, la guerra y por el retiro de las tropas brasileñas de Haití; reemplazar las políticas compensatorias por efectivas políticas públicas, pues, como dice el poeta: "la limosna o envicia al ciudadano o lo mata de vergüenza"; estimular el cuidado de la salud del planeta azul, para que en su suelo y en sus aguas, todas las formas de vida puedan multiplicarse, con base en el uso justo y correcto de los recursos naturales.

Por último, la realidad de corrupción y de descrédito presente hoy en la política, quedó evidente en este Grito. Es preciso volver a pensar la política en otro nivel: necesitamos construir nuevas formas de democracia directa, donde el pueblo pueda, además de escoger a sus representantes, tener poder para controlar a aquellos que recibieron el mandato. Ya no es posible continuar sólo con los partidos políticos. Tenemos que construir nuevas formas de representatividad que garanticen a la población el derecho de ejercer e influir en la política.

De esto se desprende la fuerza del lema del Grito: "Brasil, en nuestras manos el cambio".