Pensamiento Crítico

Ratzinger y el peor de los mundos posibles

Por Haroldo Dilla Alfonso | http://www.7dias.com.do | 09 Julio 2007
El Papa Benedicto XVI ha retomado la cruzada conservadora de su antecesor Wojtyla, agregándole su falta de carisma y de habilidades políticas. Más que un político, Ratzinger semeja un desfasado Caballero Templario. Cuando vemos a Benedicto XVI –el otrora aguerrido Cardenal Ratzinger a cargo de la Congregación de la Santa Fe- no tenemos otra opción que añorar a Wojtyla. No es simplemente un asunto ideológico, pues Wojtyla era tan anticomunista, homofóbico, dogmático y enemigo de todo cuanto significara renovación, como Ratzinger, quien al final de todo fue su "brazo armado" contra las tendencias progresistas de la iglesia popular. Pero Wojtyla fue un político habilidoso, y supo moverse con notable olfato entre su fe anticomunista y los escombros del neoliberalismo. Supo armar una retórica de "solidaridad" que encantó a muchos. Y fue además un hombre de ademanes suaves y sonrisa venerable, lo que con frecuencia nos hacía olvidar sus desplantes por igual contra el aborto, el uso de condones y los homosexuales. Y contra las madres de los combatientes sandinistas en Nicaragua, que en vano le pidieron una misa por sus hijos, mientras el aún flamante Papa se regodeaba con la contrarrevolución financiada por Estados Unidos y la vetusta alta jerarquía católica de ese país. En verdad su apariencia de anciano piadoso, como de peluche, nos trasladaba de inmediato a los planos menos concretos de la fe. Ratzinger es diferente. No posee el carisma de su antecesor y antiguo empleador –su sonrisa luce como un rictus amargo- ni su habilidad política. En poco tiempo el Papa 265 ha insultado a musulmanes, judíos e indígenas americanos, erosionando la labor ecuménica de Juan Pablo II. Con especial torpeza ha abierto heridas como la del Encuentro de las Dos Culturas. Ha percibido y lamentado que la iglesia católica se debilite, pero ha cerrado más los espacios doctrinarios para estar en ella. En otras palabras, si Wojtyla fue un político del púlpito, Ratzinger es un Caballero Templario. Si Wojtyla fue un felino, Ratzinger es un plantígrado. Su visita a Brasil –una plaza clave del catolicismo mundial- es un ejemplo de las malas andanzas del Papa. Es un país en un rápido proceso de modernización, con desniveles abrumadores de riqueza (es probablemente el país más desigual del mundo) y con una amplia franja demográfica de pobreza. Ha sido un pivote histórico de las iglesias populares y del compromiso social de muchos sacerdotes. En lugar de reconocer estas peculiaridades y aprovecharlas en beneficio corporativo, entró al país sudamericano condenando las supuestas andanzas políticas de algunos sectores eclesiásticos, abucheando a sus victimas preferidas –mujeres, homosexuales y consumidores de condones- y exhortando a los feligreses a dedicarse más al catolicismo litúrgico. Su última hazaña es la vuelta de las misas en latín, hecho que pudiera parecer intrascendente si no fuera por el contexto conservador que genera y la posibilidad que esto implica de reintegración de algunas sectas fundamentalistas que fueron excomulgadas por Juan Pablo II. Al decir de un obispo liberal francés, el rito no es tan importante como lo que viene detrás. En una de sus letánicas homilías, Ratzinger hizo alusión a lo que considera modas antisociales del pensamiento, y por consiguiente inaceptables: "la dictadura del relativismo, el marxismo, el liberalismo, el libertinaje, el colectivismo, el individualismo radical, el ateísmo, el vago misticismo religioso" entre otras. Según esa definición de lo pecaminoso, queda muy poco espacio para ser feliz. Ante esto, tengo varias dudas: ¿Qué espacio queda para los millones de católicos que trabajan día a día por un mundo mejor en estricta correspondencia con el mensaje de solidaridad y humildad que nos ha legado el cristianismo? ¿Qué hacer con la tradición humanista del catolicismo que han representado históricamente figuras como Las Casas, Miguel Hidalgo, Félix Varela, Camilo Torres, Helder Cámara, entre otros?. ¿O con la memoria de los cientos de sacerdotes europeos asesinados por el fascismo a pesar del concubinato de la Santa Sede con el Tercer Reich? ¿Y que queda para los no católicos, donde me incluyo? No tengo respuesta para estas preguntas. Pero por el momento, tratare de no encontrarme con Ratzinger. Me recuerda demasiado a Torquemada.