Pensamiento Crítico

La Habana, una señora muy vieja con unas alas enormes

Por Alfredo Prieto | Revista Temas, Cuba. | 09 Julio 2007
La decripitud arquitectónica de La Habana va encontrando su correlato en el envejecimiento de la población. En 2025, una de cada cuatro personas tendrá más de 60 años. Como pueblo, los cubanos nos parecemos cada vez más a una canción de Pablo Milanés: nos vamos poniendo viejos. Primero, por La Habana misma, una metáfora nacional en la que el 80 por ciento de sus edificios y casas se construyó entre 1900 y 1958. Sus zonas "caminables" --incluyendo partes del Vedado, lugar de asentamiento de las clases medias antes de 1959--, conectan al transeúnte con una gema arquitectónica muchas veces en ruinas que combina, en la mejor tradición ecléctica criolla, el art noveau de la calle Reina con el art deco del Teatro América, en el municipio Centro Habana, y con la diversidad estilística colonial del Casco Histórico, en proceso de rescate por la Oficina del Historiador. En Cayo Hueso, barrio fundado a fines del siglo XIX y hoy con una concentración poblacional de 1000 habitantes por hectárea, la mayor del país, el 70 por ciento de los edificios tiene más de 60 años y la cantidad de personas viviendo en los llamados "solares" es sólo equiparable a la de La Habana Vieja. En el Cerro y 10 de Octubre, hay edificaciones casi totalmente derruidas en las que sábanas blancas y "tendederas" informan de moradores imposibles, como sacados de la narrativa escatológica y mercantil de Pedro Juan Gutiérrez. Al Este, Alamar, la ciudad-satélite donde el aburrimiento es ley, recuerda a los cubanos los vestigios de una época pasada de homogeneidad y grisura. Después del túnel de Quinta Avenida, el exclusivo Miramar ha visto construir hoteles, corporaciones y firmas al calor de los nuevos tiempos, cara a cara con casas y mansiones que parecen congeladas en los años 50. Pero estos datos del entorno citadino van de la mano con el paisaje humano. Por estos días, sociólogos y demógrafos discuten los retos que implica para el país el creciente envejecimiento de la población. Hoy las cubanas apenas dan a luz: en los hospitales, donde transcurre prácticamente el cien por cien de los partos, se producen menos de 12 nacimientos al año por cada 1000 habitantes, la tasa de nacimiento más baja de América Latina. Los índices de fertilidad cayeron de 66,1 en 1984 a 47,3 a principios del nuevo milenio, lo cual marca una diferencia con el boom de los años 60-70 y su movilidad social característica. Obviamente, las épocas de crisis nunca han sido propicias para traer gente nueva al mundo. Al final del día, Cuba tendrá una de las poblaciones más viejas del Universo. Alrededor del 16 por ciento de los nacionales ya ha alcanzado la tercera edad, y las proyecciones futuras son de armas tomar. Según un reciente estudio demográfico, en el 2025 una de cada cuatro personas tendrá más de 60 abriles, y veinticinco años después ese grupo etáreo será más del 40 por ciento del total de habitantes, lo cual significa que habrá 156 ancianos por cada 100 niños, un dato que pone los pelos de punta a planificadores y expertos, por los nuevos desafíos que plantea a las políticas sociales en curso. Pero a problemas nuevos, soluciones nuevas. A los viejecitos de hoy se les ve en portales y pasillos, involucrados en el comercio informal y en actividades afines que les reporten un ingreso adicional al de la jubilación, con la cual apenas cubren las necesidades de eso que se llama la reproducción simple. Quien vio Suite Habana lo sabe. Y también en las Casas de Abuelos, a las que asisten como peregrinos para degustar raciones, hacer ejercicios físicos, disminuir los medicamentos, y en definitiva, elevar su autoestima. El Estado ha de seguir siendo su principal garante en el futuro. Aquí no cabrá nunca el mercado, ni el laissez faire. "Ah, que tú escapes" –sentenció un famoso verso de Lezama–. Pero no. Hoy por la mañana, mientras me peinaba ante el espejo, evoqué a Quevedo y a la brevedad de la vida, y me di cuenta de que en menos de una década yo también habré ingresado en las estadísticas. (**) Ensayista y editor jefe de la revista Temas. Reside en La Habana.