Pensamiento Crítico

Centroamérica: un año sin pena ni gloria para el TLC

Por Dina Fernández | elPeriódico, de Guatemala. | 09 Julio 2007
El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe acaba de cumplir su primer año de vida y comienzan a publicarse los análisis acerca de los resultados que ha producido en la región. "Han pasado 11 meses del TLC y no hemos sido borrados del mapa", opinó hace unos días el economista Hugo Maúl, al explicar que tampoco se cumplieron las profecías de quienes vaticinaban que el país "se iba a convertir en Disneylandia". A nivel regional, los datos arrojan conclusiones similares. Salvo en Nicaragua, donde las importaciones hacia Estados Unidos sí tuvieron un repunte, en el resto de Centroamérica el flujo comercial fue parecido al del año anterior. "El impacto ha sido cero", afirma el analista macroeconómico de la firma de investigación Central American Business Intelligence, Miguel Gutiérrez. Según este economista, Guatemala fue el país del istmo que peor negoció sus condiciones. "El FRG tenía una actitud servil para congraciarse con Estados Unidos luego de tanto señalamiento", dice. "Solo dos sectores lograron aprovechar la negociación del TLC. A última hora se obtuvo una mejor cuota para el azúcar y beneficios para la maquila", indicó Gutiérrez. Sin embargo, en el segundo caso, las ventajas tenderán a desaparecer ante la feroz competencia de los países asiáticos. Durante la negociación del tratado, las organizaciones de campesinos y los partidos de izquierda manifestaron su oposición al instrumento argumentando que los pequeños agricultores se verían perjudicados al abrir las fronteras. Como el maíz blanco no entró en la negociación, todavía no se ha sentido el remezón, pero a criterio de Gutiérrez, no habrá forma de evitar que los productores de granos se vean afectados. Para atenuar el impacto negativo que podría tener el TLC se contempló un paquete legislativo de asistencia social que está durmiendo el sueño de los justos en el Congreso y que se hace imperativo reactivar. Además, hay otras medidas que pueden tomarse para proteger las 246 variedades originarias de maíz existentes en Guatemala. "El tratado contempla barreras fitosanitarias", explica el economista. "Así como en el norte son llenos de cuentos para las bacterias, nosotros deberíamos ser igual para preservar la genética del maíz". Menos críticos ante los resultados del primer año se han manifestado los gobiernos de la región… Qué les queda… Dicen que el TLC redundó en una mejoría del clima de negocios y el entorno institucional, que ha favorecido el incremento de inversión extranjera, que debemos ser pacientes, que un año es poco para hacer una evaluación certera. Ante estos argumentos yo tengo una objeción. Costa Rica suele atraer capitales con más éxito que el resto de Centroamérica y todavía no ha firmado el famoso acuerdo. No hay que ser genio para encontrar la explicación. Por mucho que nos duela, los ticos pueden darse ese lujo porque gozan de credibilidad a nivel internacional: tienen instituciones democráticas respetadas, políticas de desarrollo consistentes y las tasas de criminalidad más bajas de la región. Lo cual debería hacernos caer en cuenta de que ningún papelito que se firme con bombos y platillos ante las cámaras de la prensa va a funcionar como varita mágica para el crecimiento económico de nuestros países. Y si el TLC con Estados Unidos no nos catapultó a la bonanza, ya se imaginan qué va a pasar con el Acuerdo de Asociación que vamos a negociar con Europa… Qué los Tigres Asiáticos se cuiden porque vamos como bólidos… Para que Guatemala –y Centroamérica– sean más prósperas, debemos concentrarnos en otras variables que resultan mucho más importantes para el crecimiento económico que los acuerdos de "libre comercio" llenos de limitaciones. El día que logremos mejorar la seguridad y la aplicación de la ley, los índices de desnutrición y la calidad educativa, tendremos resultados más tangibles en la calidad de vida de la población. Pero eso requiere de una seriedad política y de un compromiso a largo plazo que, por desgracia, no parecen cuajar en nuestras frágiles instituciones.