Pensamiento Crítico

Cristianismo, socialismo, ¿cómo vivir la fe en el Siglo XXI?

Por Matías Camuñas | Adital | 15 Julio 2007
Al pueblo de Dios de San Buenaventura del Roble. Dos acotaciones para comenzar. En primer lugar, Aunque no llegué a vivir la guerra civil española, sí soy hijo de las heridas abiertas, aún sin cicatrizar. En el bando donde estaba mi familia hablar de socialista era lo mismo que hablar de comunista, de rojo, de antireligión, de incendiarios de iglesias. En mi pueblo natal, de 5.500 habitantes, fue tan cruel la confrontación sangrienta entre hermanos que "los rojos" hicieron la parodia de la última cena y a doce hombres con el cura los asesinaron con los tormentos más salvajes. A Don Carlos, que así se llamaba el sacerdote, lo arrastraron con unos alambres en la boca y lo fueron desangrando. Entre los doce hombres había un padre y un hijo. Obligaron al hijo a darle en la cabeza con una azada. El horror de la guerra pero para cierta lectura de la historia eso "lo hicieron los socialistas y los comunistas". Así lo estuve oyendo en mi casa hasta que de mayor me enteré de la verdad verdadera y aparecieron otras lecturas de la guerra civil española. Es fácil entender que hablar de socialista y de socialismo es mentar el diablo para mucha gente. Tengo hermanos de Iglesia que esto no lo han superado o no han tenido la posibilidad de llegar a otra lectura. Y además está la experiencia en Europa de lo que se conocía como "el telón de acero" , experiencias poco exitosas. Y en segundo lugar, Como he declarado en algunas declaraciones públicas que he tenido, llevo 30 años en Venezuela y cuando pisaba suelo venezolano el 5 de Noviembre de 1977, venía de una experiencia de comunidad cristiana, con una vivencia de corrección fraterna, de revisión, de programar en grupo, de vida comunitaria. Es más, en mis años de estudiante teólogo en la Universidad de Salamanca, la misma que años atrás recibió a Quevedo, a Lope de Vega, a Miguel de Unamuno por nombrar algunos de sus más conocidos alumnos y profesores. En esos años 70 el soñar era lo propio. En esos años eran tan profundos los sueños que la guerra de Vietnam, el muro de Berlín, las favelas de Río eran parte de nuestras vidas. Sentí en mi espalda las porras de los grises (la policía) cuando en huelga de hambre y en solidaridad con los presos políticos vivimos la Nochebuena en Tarragona, frente a la cárcel. Eran tiempos en que Gandhi y Luther King eran los maestros de la resistencia pacífica y militante. Y decía que en el colegio universitario vivíamos la experiencia de la "bolsa común". Recuerdo que en vacaciones el cura que estaba al frente de nuestra formación nos animaba a salir. Yo estuve en dos vacaciones trabajando en una fábrica de cemento en Wiesbaden, Alemania, y echaba más horas que un reloj. Me gané unos buenos marcos que al llegar al colegio entregué a un compañero más joven que yo que era el administrador del grupo. Otros habían trabajado en un hospital de camilleros, otros de comerciante, en una empresa de Coca Cola…y del grupo formaba parte un formador. Cada uno ponía en común lo que tenía. La Bolsa común fue una escuela para aprender a compartir, para vivir austeramente, para dar cuentas, para que coincidiera lo que predicamos con lo que vivíamos Un principio que teníamos claro: JESUS NOS INVITA A VIVIR SOCIALMENTE, en grupo, en comunidad. Y con unas relaciones de respeto y fraternidad, de servicio y entrega Tenemos la misma dignidad porque somos Hijos. Una sociedad de desiguales como la que presenta esta sociedad de libre comercio termina siendo una inmensa fábrica de producir empobrecidos y cómo sentarse a la misma mesa de la fracción del pan quien se muere de hambre y quien se muere "harto" de superabundancia.? Es elemental la afirmación que el evangelio hay que leerlo desde el hoy, aquí y ahora, porque tiene tal capacidad de llegar al hombre que nunca pasa, siempre es actual. Presenta el camino para que el hombre nuevo, la mujer nueva, la vida resucitada desde el resucitado sea una realidad. Y en la Palabra hay una figura que aparece frecuentemente; la comida en común, el banquete, los alimentos compartidos, la multiplicación de los panes. Recordando ese texto, Jesús, al ver el gentío que estaba escuchándole, y ante la petición de que los despida, "despídelos para que se vayan a las aldeas cercanas y compren para ellos mismos algo que comer", les pregunta a los cercanos que cuantos panes tienen, y El les dijo: denles de comer ustedes. La inmensa mayoría de la gente que sigue a Jesús es pobre, no tiene plata. Y anda como ovejas sin pastor, están desorganizados. Jesús les ofrece echar una mano y ayudar para la organización de esta multitud dispersa. Que se pongan en grupos de cincuenta. Están cansados, con hambre, engañados por tantos falsos profetas, oprimidos y ven en Jesús su esperanza, la salida a su oscuridad. Cómo comprar si no tienen real? (En las palabras que dije en la plaza Caracas con motivo del 2º aniversario del 27 de Febrero cité el texto de Isaías cuando al presentar la realidad de la tierra nueva les invita a "Vengan y agarren sin pagar, leche y pan…") Por eso Jesús les invita a dar, a compartir lo que tienen. La solidaridad es la espiritualidad del evangelio. Y el compartir. Jesús se sale de la lógica de que sólo come quien tiene, de que el pan que tiene fulanito es su pan y el que tiene mil son sus mil panes y los miles que no tienen ningún pan, pues no comen ese día ni al siguiente ni nunca. Jesús sabe que aquel tiene un pan, el otro cinco panes, el tercero no tiene pero el cuarto tiene dos…vamos, muchachos, compartamos, les dice Jesús, probemos que algo grande sale de aquí. Y comieron cinco mil hombres y quedaron saciados. Ha sido en Venezuela cuando conocí que en las asambleas de la comunidad cristiana, en los encuentros diversos, en las celebraciones festivas del pueblo siempre hay comida para todos. Nunca falta. Y la clave es la misma siempre: cada uno trae algo para compartir. Y participamos unos cuantos que tal vez no llevamos nada. Nunca falta, nadie se va sin haber comido. En la casa de los pobres la solidaridad se cocina con espiritualidad de esperanza. Tengo una experiencia no muy lejana. Una ordenación sacerdotal. El Rector encargado organizó la ceremonia y el banquete como lo hacen los que no suelen compartir: con tarjeta, dos personas, sillas engalanadas, platos de vajilla, número restringido y selecto…cuando llegó la hora del almuerzo, había un gentío que había venido a la ordenación que no pudo pasar, casi tumban la puerta, y el cura tuvo que llamar al orden. De lo más desagradable, además se quedó medio mundo sin comer. En la mayoría de las celebraciones en que he participado y sobre todo aquellas que organizan las comunidades cristianas es al revés. Todos están invitados, todos llevan algo, el sancocho es extraordinario o el arroz con pollo. Todos tienen, todos comen, aunque sea un poco, todos celebran, todos se sienten contentos de estar acompañando al novio, a la cumpleañera o al nuevo sacerdote. Vivir cristianamente es vivir la espiritualidad comunitaria. La espiritualidad socialista está en el corazón de la vida cristiana que ve en la imagen del banquete la definición del Reino. Jesús insiste en la comida, en el banquete, en el almuerzo, en entrar a la casa del amigo para compartir: Jesús compartía en la casa de Pedro (y que era su compadre) y la suegra les servía, en la casa de Mateo, a la del chiquito de estatura, Zaqueo, aceptaba las invitaciones que le hacían y además tenía el toque de que sus amistades era pura pobrería y a Nicodemo o al mismo Zaqueo les decía que se debían de convertir al pueblo en sencillez. En los años 80, entre aquellas comunidades queridas de Petare ya vivíamos alguito de lo que nos cuentan los Hechos de los Apóstoles. En la época de los "mayameros" en aquellas comunidades, donde los pobres se organizaban, nacía la unidad de compra, una cooperativa de compra. Y la cooperativa de costura en el Colegio Kennedy del barrio Bolívar y la botica popular con medicina natural y la escuela alternativa para los niños que el Sistema rechazaba. Digo que venimos de estos caminos de pueblo organizado en la espiritualidad del evangelio de Jesús, el Nazareno, el Cristo Resucitado. Al Señor Jesús quien lo rechaza es el imperio, los jerarcas del templo, los vendidos a Roma y esa clase social que vive de espaldas al pueblo, oprimiéndole desde la religión. Hoy en la Iglesia católica muchos de los que nos llamamos seguidores no estamos en consonancia con estas prácticas de Jesús. Él propone el hombre nuevo, la mujer nueva, El nos ofrece el Reino, y nos invita desde la Resurrección a vencer las tinieblas, el mal, el pecado, la opresión, las manifestaciones de esa pecaminosa situación de un sistema que pone ante todo el capital, el money por encima de la dignidad de los hijos de Dios. Qué le importa al capitalismo salvaje dañar las mentes de los niños y adolescentes con esos programas vergonzosos de violencia y pornografía? Jesús nos ofrece un camino diferente al de los fariseos y los grandes señores: sean servidores unos de otros, eliminen diferencias, pónganse en un mismo escalón, dejen esos ropajes que llaman la atención, eliminen esos títulos que les ponen como a los pavos reales (que cuando abren su plumaje de la cola y se consideran los únicos están mostrando el culo Todo aquel que se pone en medio y por arriba también enseña su trasero.) no permitan que les hagan reverencias y no busquen los primeros lugares… Estamos muy lejos los eclesiásticos de la espiritualidad de Jesús, el Cristo, muy lejos. Con el evangelio en la mano, y para construir ese hombre nuevo hay que cambiar algunas cosillas. Para empezar, como que habría que andar los caminos del respeto porque los seguidores de Jesús, porque todos los hombres y mujeres somos iguales, y hermanos. Por eso es bueno superar eso de tanto título, eminentísimo, excelentísimo, santidad, beatitud, y un largo etc. Y los ropajes que tanto llaman la atención, en cotidianos carnavales y esa organización tan piramidal y que se tiene una autoridad muy parecida a la del mundo, en eso de ordeno y mano, como que no se oye del todo al pueblo y a las comunidades…un título bueno para reconocernos…hermano, mejor que padre. Hermano Matías, mejor que P. Matías…Y sentarnos a la mesa de los pobres y salir a los caminos a buscar a los de las esquinas. (Estamos empeñados en el comedor social de San Buenaventura en salir a las esquinas del pulguero, del semáforo, al callejón de la muerte, allá donde hay un hombre herido e invitarle a que venga a comer y se siente con otros hermanos y hermanas, que le pondremos manteles blancos y limpios.) . Pedro Casaldáliga tiene páginas poéticamente evangelizadoras cuando le escribe al Papa y le anima a que deje el Vaticano, "vente Pedro, vente a donde está la gente, que conocerás el dolor de este tu pueblo, y sabrás del gozo de la solidaridad en la favela y en el barrio." Hay que cambiar todo el montaje pagano que se posesionó de la Iglesia. Carisma que fue amordazado por la ley fría. Me estoy refiriendo a la institución eclesiástica de la que formo parte y lo haga con sentido de examen de conciencia y revisión, con el compromiso de escuchar la voz de Dios que está en el pueblo. Pero es evidente que también los actores del discurso político del momento han de cambiar con más razón porque en poco tiempo la credibilidad se pierde. Cómo hablar de un socialismo revolucionario cuando vemos funcionarios que compran mansiones, que viven como ricachones, que nadan en la ostentación! Cómo creer en lo que predica por activa y por pasiva el Presidente si se siguen dando escándalos, con tantas diferencias, tantas desigualdades. Cómo hablar de socialismo si se sigue manteniendo Guaiparo para los que no tienen seguro y las clínicas privadas para los que tienen esos seguros millonarios o una chequera bien fundamentada? Hoy en Venezuela vivimos tiempos de acción, de vivir ese cambio, de hacer la revolución desde ya, con nuestra vida. Convertirnos al pueblo, "beber del propio pozo" que nos recuerda Gustavo Gutiérrez, y en esa cotidianidad este nuestro pueblo va haciendo posible esa transformación que deseamos. Nosotros, desde la iglesia, desde el ejemplo presentar el socialismo como sustancialmente la espiritualidad de Jesús. Precisamente en los últimos ejercicios espirituales que hicimos como Iglesia de Ciudad Guayana, el predicador, Eutiquio Sanz, sacerdote barrendero durante 30 años, nos presentaba unos criterios para esta transformación de una vida capitalista al cambio que no resisto el traerlos hasta este compartir: 1er criterio: Prioridad del pobre y la praxis política tiene su fundamento en la misericordia de Dios. Desde la política se ha de parar la máquina de fabricar pobres. La acción política en la caridad y la misericordia. Ser radical en la fe incluye ser radical en política y esto no es fácil. Hay que estar dispuesto a ser criticado y atacado porque los que menos quieren el cambio son lo que más reales tienen. 2º criterio: la acción individual y el obrar político, cuidado con el trabajo, por ejemplo, de las ONG no sean que se conviertan en meros gestores de las migajas del Sistema, peligro del paternalismo o del papá estado. Porque nunca es caridad real, de igual a igual, que eso sí es compartir mesa y bienes, eso es La Eucaristía. 3º criterio: necesitamos una nueva teología, nacida desde abajo, que de la voz a los de abajo, a los pobres. Necesitamos leer la historia desde los perdedores, leer la historia desde los golpeados por la adicción, por el sida. Ya esta bueno de una teología hipotecada a una filosofía descarnada 4º criterio: el profetismo; Venezuela es profecía encarnada para el continente, para el mundo entero. Aquellos que quieran ver verán los cambios y transformaciones que estamos persiguiendo. Profetas contra la guerra, contra la xenofobia "ningún hermano es ilegal", actitud de frente ante los imperios que aplastan, ante la manipulación capitalista. Estas opciones nos obligan a tener una espiritualidad más comprometida, que solo será profética cuando está respaldada por nuestra propia vida. 5º criterio: la importancia de los medios pobres: el Reino viene desde los sencillos, no de grandes sumas de dinero. Creer que es necesario dejarse evangelizar por los pobres –y esto en nuestra Iglesia que coquetea con los ricachones no se entiende del todo bien–necesitamos ese contacto con los más sencillos para comprender la realidad, con frecuencia muy cruda pero que es sacramento de Dios. En el rostro del pobre, en el pueblo organizado en la caminada por la transformación de estas estructuras caducas, ahí vemos el rostro del Señor Jesús. 6º criterio: El cura barrendero nos insistía mucho en la necesidad de hacer red, estando atentos a romper todo aislamiento de las luchas del pueblo. Hay miles de experiencias que nos ayudan. En este pequeño espacio del pueblo de Dios de San Félix, en concreto en la parroquia San Buenaventura, estamos estrechando lazos, compartiendo, visitándonos, enriqueciéndonos con la vida de pueblo hermanos como El Salvador, Guatemala, Nicaragua, el altiplano peruano, los barrios Los Guandules de Santo Domingo…estamos empujando la historia juntos, en racimo. Y en este criterio Venezuela y el Presidente es un ejemplo: esa lucha por unir, por hermanar, por fortalecer la red de los pueblos unidos y defenderse del imperio, de planes económicos que ahogan economías y esperanzas de los sencillos. Es crear la trama de la subversión contra el viejo sistema (recuerdo la lucha de los zapatistas, de los sin tierra, el esfuerzo de los sin papeles…) 7º criterio: el ecumenismo y la historia de la salvación, haciendo presente en la historia la misericordia de Dios, y poniendo al servicio de la humanidad la fuerza inmensa de la religión impulsando encuentros que hagan posible la internacional de la esperanza que dicen los Zapatistas o el Macroecumenismo de Pedro Casaldáliga. 8º criterio: El Reino. Lc 4,1–16. El Reino como consecuencia de una ruptura del viejo sistema injusto "vengan a mi todos los cansados…" Vivir el Reino como fiesta y anunciarlo desde la fragilidad. 9º criterio: hagamos posible una Iglesia de los pobres, y no para los pobres. Una Iglesia del pueblo, una casa de acogida, de solidaridad, una casa para los que no tienen casas, la casa de los pobres ."Sueño con una inmensa casa, que se llama solidaridad donde en vez del yo se hable del nosotros y de la amistad. Que tenga una puerta siempre abierta. Sueño una casa cada día en fiesta de fraternidad, todos compartiendo una misma mesa, una misma copa y un mismo pan, y que nadie quiera superar al otro sino en el amor…" Cristianismo y socialismo. ¿Qué quiere decir ser cristiano en el siglo XXI? Desde mi opción por este pueblo creyente, desde esta opción por el Reino, lo primero es creer en Jesucristo, en el Dios de Jesús, celebrando la fe, comprometido con la causa del pueblo. Porque Dios se identifica con los pobres, con los caídos en el camino, con los que se alejaron y el padre sale cada tarde a divisar el horizonte y buscar al hijo .Es una experiencia de misericordia y de compasión, de vida. Por eso es necesaria, ese es mi sueño y el de todos los que creemos en estos poderes creadores del pueblo, en la confesión del barrendero, del obrero de la construcción, de la mujer del barrio, de todos estos hermanos y hermanas por las que Jesús daba gracias a Dios, los sencillos y humildes, es necesaria una Iglesia que sea misericordiosa como el Padre es misericordioso y donde podamos compartir, socializar una fe comprometida, una Iglesia que no le haga el juego a los poderosos, que no tenga miedo ni recurra al miedo y que se encuentre a sí misma siendo para los demás, como soñaba Bonhoeffer. Sólo es Iglesia cuando es para el pueblo. Al presentar esta meditación escrita, proclamo mi fe en este pueblo, en el esfuerzo de construir el hombre nuevo que se está haciendo en Venezuela, creo en la capacidad de ser creadores, de ir forjando una historia nueva y maravillosa y en su dinámica hacia una sociedad más fraternal, más justa, una sociedad más cristiana porque comparte más. Nuestra fuerza es la esperanza y la fe (1Cor15, 24) Fuerza que vamos a necesitar en este combate contra las fuerzas reaccionarias, contra los que están en contra de todo compartir. Pablo Neruda nos asiste en este final de reflexión y que así sea con la bendición de Dios:
ven conmigo, porque aunque no lo sepas, eso yo sí lo sé: yo sé hacia dónde vamos
En tiempos de Resurrección Parroquia San Buenaventura San Félix 20 de Abril 2007 (**) El autor es sacerdote, párroco de San Buenaventura del Roble.