Pensamiento Crítico

Bloqueo a Cuba, boomerang

None | 31 Octubre 2005

El pueblo norteamericano sufre 45 años de una política irracional

Por Juan Carlos Díaz Guerrero, Radio Rebelde

El bloqueo económico y financiero de Estados Unidos pretende ahogar a la nación cubana, pero por su diseño afecta también los derechos del sector empresarial y pueblo norteamericano, quienes sufren sus consecuencias.

En el más reciente informe de Cuba a la Asamblea General de Naciones Unidas de poner fin a ese asedio se reconoce conservadoramente que los daños directos superan los 82 mil millones de dólares, con un promedio de mil 782 por año.

En ese monto no se incluyen más de 54 mil millones atribuibles a perjuicios a la infraestructura económica y social de la isla como consecuencia de los numerosos actos terroristas organizados y financiados por Washington, ni el valor de los productos dejados de elaborar, dice el informe.

Invaluable resulta además, como expresan los cubanos de a pie, los perjuicios sufridos en la cotidianidad ante la carencia de alimentos, medicamentos o la muerte de un ser querido, como los 110 niños fallecidos a causa de la introducción del dengue hemorrágico en 1981.

Se suman también las más de tres mil 478 personas muertas y más de dos mil mutilados, provocados por los actos de terrorismo contra el pueblo caribeño desde 1959.

Cálculos estiman que el 70 por ciento de la población de la isla nació y vive bajo las secuelas del cerco.

Aunque resulta incomparable medir las consecuencias entre ambos países, el bloqueo se convierte cada vez más en un boomerang para los ciudadanos estadounidenses, a quienes se les prohíbe cualquier tipo de intercambio con La Habana.

Tan solo en el pasado año dejaron de venir 51 mil 27 residentes de ese país, un 40,5 por ciento menos que en el 2003, y 316 fueron multados por la Oficina de Control de Activos Cubanos (OFAC) por transgredir distintas disposiciones de la guerra económica, anuncia el documento.

Al cierre de agosto las cifras de viajes disminuyeron un 33 por ciento comparado con igual período de 2004 y las sanciones se elevaron a 477, a estas últimas se le suma que son impuestas de manera expedita, a diferencia de años anteriores, cuando se dilataba la notificación.

Con el recrudecimiento del asedio en mayo de 2004, George W. Bush dio una vuelta a la tuerca y agudizó aún más las sanciones, incluyendo por vez primera a los residentes cubanos en Estados Unidos quienes pueden viajar ahora una vez cada tres años y solo los de mayor consanguinidad.

Por esta causa al cierre de ese período dejaron de ver a sus familias más de 64 mil cubanoamericanos, 50 por ciento menos de quienes lo hicieron en el precedente y la cifra se redujo el 20 por ciento hasta junio de 2005, comparándola con similar etapa del anterior.

El informe necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba denuncia además que a los nacidos en esa nación o residentes, les está prohibido adquirir legalmente productos de origen cubano, incluso en un tercer país y para su consumo personal.

En la lista se incluyen el ron y el tabaco, reconocidos por su calidad internacionalmente, y consumirlos puede significar multas de un millón de dólares para las corporaciones y de 250 mil y penas de cárcel de 10 años para las personas.

Como se ha revelado, el gobierno norteamericano destina más personal a perseguir y vigilar la aplicación estricta del cerco contra la isla, que los destinados a la lucha contra el terrorismo, por lo cual las persecuciones, amenazas y sanciones a personas e instituciones de esa nación crecen.

Ante los innegables avances científicos, en la salud, educación e investigación de los cubanos, la administración Bush incrementa las negativas a los intercambios académicos, culturales, científicos y deportivos.

Entre los ejemplos del documento aparece la cancelación de un evento cultural de la Galería de Arte Corcoran de Washington, patrocinado por la Sección de Intereses de Cuba, y la prohibición de viajar a dos prominentes investigadores.

Christopher Sheik, del Servicio Geológico de Estados Unidos, adscrito al Departamento del Interior, y Richard T. Buffler, geofísico de la Universidad de Austin, recibieron amenazas de ser multados si asistían a la Convención de Ciencias de la Tierra, a la cual fueron invitados.

Las pérdidas de ingresos por los efectos de la política de aislamiento, al igual que la creación de nuevos puestos de trabajo, son considerables también para la maltratada economía estadounidense.

Un estudio de junio de este año, presentado en la Cuarta Cumbre Nacional sobre Cuba por el Director del Centro de Negocios e Investigaciones de la Universidad del Sur de Alabama, estima que la suspensión del bloqueo generaría 100 mil puestos de trabajo e ingresos por seis mil millones de dólares.

Tan solo si se levantan las sanciones a los viajes, de acuerdo con el Grupo Brattle, del Centro de Política Internacional de Washington, a la economía norteamericana ingresarían anualmente entre mil 180 y mil 610 millones de dólares y se beneficiaría con 23 mil 20 nuevos empleos.

Paralelo al arreciamiento “al cruel e inhumano bloqueo”, al decir de los isleños, cada vez más aumenta el número de personas, instituciones y gobiernos que se oponen a la unilateral medida, inclusive dentro de Estados Unidos.

Entre la propia sociedad norteamericana, Congreso, ONGS, intelectuales, personalidades políticas, gobiernos estaduales como el de Nueva York y sectores empresariales, crece la oposición al más prolongado y cruel acto de genocidio cometido contra pueblo alguno, revela el informe.

La resolución presentada por Cuba ante Naciones Unidas el pasado año fue aprobada por 179 países, número que demuestra el rechazo total de la comunidad mundial a tan hostil política, y ante el cual el Gobierno de George W. Bush permanece impasible.

Todos contra el bloqueo a Cuba

Por Jaime Martínez Veloz, La Jornada

El próximo 8 de noviembre será votada en la Organización de las Naciones Unidas una solicitud cubana de respaldo internacional para exigir al gobierno estadunidense el levantamiento del criminal bloqueo económico que por 43 años mantiene contra la población isleña. Desde 1992, esa petición cubana ha obtenido el apoyo de cada vez más países, conscientes de la violación de Estados Unidos al derecho internacional, por no hablar de su irracionalidad económica.

El bloqueo contra la isla se inscribe en el conjunto de agresiones directas contra la población de Cuba, determinada a defenderse. Junto con otros actos terroristas, el bloqueo tiene el cometido de socavar la moral del pueblo para rendirlo por hambre, hacerle pagar su apoyo a la revolución y meterlo al "orden". Lo que ha resultado imperdonable para los sucesivos gobiernos estadunidenses es que el mal ejemplo isleño se constituyera en patrón a seguir por sociedades subdesarrolladas, que constataban la alta posibilidad de modernizarse en el lapso de una generación.

La simple idea de que los pueblos latinoamericanos empezaran a demandar un nivel decoroso de vida, imitando el modelo cubano, ya constituía un reto intolerable que Estados Unidos estaba decidido a impedir. Mucho antes de la confrontación directa contra la revolución cubana, para altos funcionarios del gobierno estadunidense había quedado muy clara la amenaza real que la isla representaba a los intereses imperiales.

Desde la administración de Kennedy, sus asesores descartaron que la identidad "comunista" de la revolución constituyese un peligro como para tomarse en serio; el riesgo latente, la "amenaza" cubana, fue la difusión incontrolada entre los pueblos regionales de la idea "subversiva" de que era posible tomar en sus manos el destino suyo y el de sus seres queridos, siguiendo el modelo cubano.

De manera permanente, las excusas para la agresión contra Cuba se han concatenado: primero fue la paranoia por el peligro "comunista" hacia la región, caracterizada por sociedades brutalmente desiguales; ahora los pretextos para justificar el acoso del nuevo imperio romano contra la revolución son los derechos humanos y el súbito amor a la democracia en la zona, aún caracterizada por las endémicas desigualdades abismales. La simple existencia del régimen cubano representa un desafío para Estados Unidos, impedido durante casi medio siglo de aplicar en la totalidad del Caribe su política hemisférica de dominación sustentada en la doctrina Monroe.

Impedido para atacar abiertamente a la revolución luego del fracaso en Bahía de Cochinos, durante las siguientes dos décadas el gobierno estadunidense habría de llevar a efecto la que puede considerarse la mayor campaña terrorista permanente contra un país soberano. Desde santuarios ubicados en territorio de Estados Unidos y operando en instalaciones oficiales, habrían de partir comandos de saboteadores contra la revolución. Los objetivos incluirían atentados directos contra la vida de Fidel, atentados sancionados y aprobados por funcionarios de primer nivel en las administraciones de la Casa Blanca. Los detalles de estos magnicidios frustrados han sido descritos por comisiones senatoriales de Estados Unidos. ¿Cuál sería su reacción si de Cuba partiesen bandas de sicarios con la bendición de Castro para atentar contra la vida de presidentes estadunidenses?

A la agresión armada se añadiría el estrangulamiento económico de la isla, bloqueo equiparable a un ataque con armas de destrucción masiva, término popularizado por el gobierno de Estados Unidos para demonizar a sus enemigos, aun cuando éstos no tengan ni la capacidad y ni siquiera el acceso a armas de esa naturaleza, dado que se trata más bien de víctimas.

Sobre las consecuencias del brutal bloqueo económico, hasta los enemigos de la revolución admiten la inoperancia de la estrategia, aunque no lo hacen por motivos humanitarios o por los estragos que causa entre la población, sino por razones prácticas: dicen que fortalece al régimen en lugar de debilitarlo. Los dogmáticos del libre comercio deberían aceptar que incluso el mal interpretado por ellos Adam Smith denunciaría el aberrante bloqueo. Aunque él lo haría por razones económicas, mientras ellos enarbolan razones políticas, las peores para escabullirse de la denuncia contra una agresión al derecho internacional y a las leyes de la compasión y la humanidad que el imperio viola para doblegar a un pueblo acosado durante medio siglo.