Pensamiento Crítico

Perú: la civilización que se perdió con el oro

Por Yoshio Onuki | Tokio - ipcdigital.com (Cedida / ipcdigital.com) | 30 Julio 2007
El prestigioso antropólogo japonés, Yoshio Onuki, cuenta la llegada de los españoles a Perú.
Después de conquistar México, los españoles cruzaron el estrecho de Panamá y llegaron a las costas del Pacifico. Entonces escucharon rumores de que hacia el sur, existía un país lleno de oro al que llamaban Pirú o Birú. Francisco Pizarro, un soldado anciano, era el más decidido para navegar hacia el sur. Por fin, en 1532 arribaron al Perú. Se dirigieron hacia el sur por las ardientes arenas, luego cambiaron de rumbo hacia el interior, para comenzar a subir y subir por las montañas de los Andes. En la tarde del 15 de noviembre de 1532, Pizarro y su gente, desde una montaña de 3.000 metros de altura, vieron el valle de Cajamarca. Al otro lado del valle, en las faldas de la montaña, se encontraba el ejército del Inca conformado por varios miles de soldados. Atahualpa se encontraba en los baños termales. Pizarro envió a sus hombres para entrevistarse con Atahualpa y le hicieron comprometerse a recibir a Pizarro al día siguiente. Al siguiente día, Atahualpa sobre su anda real avanzaba con desesperante lentitud con su comitiva hacia donde esperaban los españoles. Eran miles de soldados y una hilera de hombres y mujeres. La gente de Pizarro eran apenas 100 españoles que temblaban de nervios y terror. Al entrar Atahualpa al pueblo, se acercó el padre Valverde al trono móvil y le mostró la Biblia. Atahualpa nunca había visto un libro. Tampoco sabía cómo abrirlo. Nervioso, el Príncipe Atahualpa tiró la Biblia. El sacerdote se asusta, da un grito y escapa corriendo. Entonces salen los españoles que estaban escondidos, y de un momento a otro toman prisionero a Atahualpa. Atahualpa, fue encerrado en una habitación de piedra, y allí es donde propone la entrega de un cuarto lleno de oro a cambio de su libertad. Después de varios meses, efectivamente, la sala se llenó de oro, sin embargo, la promesa no fue cumplida. Se le hizo un juicio falso por el crimen de su hermano que también era príncipe, y se le condenó a muerte por la horca. Esto fue el 26 de julio de 1533. Luego, el oro y la plata fueron derretidos, y se repartieron entre el rey de España y el grupo de Pizarro. Se dice que la cantidad del oro era colosal, algo como de 6 a 7 toneladas. Después de esto, el 15 de noviembre, Pizarro llegó al Cusco, la capital. El oro que había en el Templo del Sol en el Cusco también fue saqueado. De esta manera el Imperio de los Incas fue aniquilado. Cuando se enteraron de que ya no había oro en ninguna parte, comenzaron a arrasar los cementerios preincaicos. No existen registros del oro encontrado en ellos. Lo que los españoles destruyeron no fue sólo el oro de los Incas, sino también el arte en oro de 3.000 años. (**) El autor es profesor emérito de la Universidad de Tokio, Director del Museo Little World.