Pensamiento Crítico

El Salvador: «La izquierda tiene que ganar las elecciones»

Por Amílcar Mejía | Diario La Prensa Gráfica, El Salvador. | 30 Julio 2007
A Olivier Dabene, director del Primer Ciclo Iberoamericano del Instituto de Ciencias Políticas de París, Centroamérica no le es desconocida, y mucho menos El Salvador. Dabene trae a la memoria que días antes de la ofensiva del FMLN de 1989 había visitado en labores académicas la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y conversado con algunos de los sacerdotes jesuitas que luego fueron asesinados. El politólogo francés estuvo de nuevo en la UCA recientemente participando en el III Congreso Centroamericano de Ciencias Políticas. Dabene habla de la necesidad de que haya alternancia política en El Salvador entre izquierda y derecha, argumentando que esto ayudará a crear consensos y a la misma moderación de parte del FMLN. ¿Qué tanto ha avanzado la democracia en la región? Si tratamos de hacer un balance de los últimos 15 años, es un balance un poco ambiguo porque de un lado tenemos una Centroamérica democratizada —que es un enorme progreso—, pero por otro lado hay una serie de tareas pendientes, empezando con los problemas sociales y la violencia, que son los desafíos más grandes. Me llama mucho la atención que El Salvador sea más violento ahora que durante la guerra. Entonces hay un gravísimo problema social. Claro que no hay que confundir el balance de un régimen democrático con el balance de los gobiernos. El hecho de que los gobiernos no logren bajar niveles de violencia o resolver los problemas sociales no significa que la democracia sea mala o de mala calidad. ¿Qué les hace falta a las democracias en Centroamérica? Un poco más de ejercicio de la ciudadanía; democracia supone libertad para la gente de hacerse una opinión, de expresarse, incluyendo expresiones a veces muy críticas, manifestar, dotar... En fin, una serie de derechos asociados a la ciudadanía, y cuando hay mucha violencia se desarticula el tejido social y creo que en Centroamérica, con todo el fenómeno de las maras, no hay un tejido social muy sólido, y entonces es difícil ejercer soberanía. Me parece el punto flaco de la vida democrática en la región. Pero eso no es tan excepcional, por todas partes hay graves problemas de ejercicios de la ciudadanía y sistemas democráticos que se limitan a la dimensión electoral. ¿Se puede decir que elecciones son sinónimo de democracia? No. Elecciones son una dimensión importante de un proceso democrático. Tiene que haber elecciones libres, y eso ya significa mucho, porque para ello debe haber libertad de expresión, libertades públicas, un grado de divulgación de la información, una prensa libre para que el ciudadano tenga una opinión informada para votar de una manera razonable, que no sea un voto clientelista. El organizar elecciones limpias ya es bastante, pero esa sería como la dimensión formal. Digamos que en la dimensión formal Centroamérica está bien. Es satisfactorio. Claro que hay pequeños problemas, pero nada excepcional. Diría que en lo formal, la Centroamérica de hoy es una región donde sí hay democracia, no se puede dudar, y eso es un progreso inmenso. ¿Cuáles son los riesgos? Ese es el tema del momento, sobre todo cuando se supone que hay paz, hay crecimiento económico, pues la gente no entiende por qué no hay más progreso social. Se generan expectativas y después vienen las frustraciones. Entonces es un poco peligroso, sobre todo cuando vienen los comentarios sobre la democracia, hay un riesgo de desencanto, frustración, y siempre el riesgo de que la frustración se venga a expresar de una manera violenta. ¿Cuál es el antídoto? La única manera es distribuir mejor los recursos, los beneficios del crecimiento, y eso pasa a veces por reformas fiscales. Cuando el Estado solo puede recoger un 15% del PIB, no se puede hacer nada. Los países en América Latina con fuerte capacidad para redistribuir y luchar contra la pobreza son aquellos con una recaudación fiscal fuerte. Brasil tiene como 35%. En Centroamérica es más débil, creo que ronda el 15%, y con eso un Estado no puede hacer nada. Y eso es difícil porque hay que convencer a las élites de que tienen que pagar impuestos. ¿Es el turno de las élites de aportar a la democracia? Claro. ¿Cómo ve El Salvador después de cuatro elecciones presidenciales? Veo el país muy polarizado, y en eso no ha cambiado mucho en los últimos 20 años. Acusaciones mutuas, sospechas y un partido que siempre gana las elecciones. ¿Eso hace mal a la democracia? Independientemente de las preferencias partidarias, la democracia necesita alternancia, además porque cuando un partido gana las elecciones presidenciales y va a tener que asumir responsabilidades, eso lo va a obligar a volverse un poco más moderado, y se construyen así políticas nacionales en consenso y entonces hay más moderación. ¿Debe ganar entonces el FMLN u otro partido de oposición? La izquierda tiene que ganar las elecciones, y pasará aquí lo que pasó en otros países comparables donde, una vez en el poder, la fuerza política que pudo haber sido revolucionaria se vuelve más moderada. Muchos sectores plantean el temor de que un cambio de ese tipo elimine el sistema democrático. Siempre hay esa posibilidad, pero si examinamos los casos de Nicaragua, Ecuador o Bolivia, todos son diferentes. Aquí no es el caso, hay una vida política bipolarizada, más estable, entonces sería muy difícil para el FMLN en el poder empezar una revolución y cambiarlo todo, no lo veo posible.