Pensamiento Crítico

Bachelet, desafíos para una mujer que no es socialista

None | 12 Febrero 2006

Injusticia, impunidad y desigualdad social. Pobre Chile es tu cielo azulado

Por Manuel Cabieses Donoso, Director del periódico chileno Punto Final.

La pobreza de Chile no es sólo aquella que se manifiesta en una vergonzosa desigualdad. La pobreza del pobrerío, que hoy admiten todos los sectores políticos, incluyendo la derecha más extrema –debido al clima electoral que hace llover promesas–, es una pobreza bien identificada con estadísticas irrefutables.

Es un escándalo como dice la Iglesia Católica, que aparte de fomentar la caridad, no mueve un dedo para cambiar esa situación. Esa pobreza la denuncian hasta empingorotados empresarios, como un ex presidente de la Sociedad de Fomento Fabril cuya sinceridad le ha costado un tratamiento de réprobo por su clase. Unos y otros rivalizan en una tardía preocupación por desactivar la bomba del descontento social.

Esas opiniones, aunque motivadas en la captura de votos –por lo tanto demagógicas– tienen sin embargo el mérito de haber puesto el tema de la desigualdad en los medios de comunicación, que habitualmente se niegan a considerarlo.

El modelo está siendo sometido a la crítica de sus propios sostenedores y beneficiarios. Bajo la influencia mediática, los candidatos sacan de la manga promesas de todo tipo para humanizar lo que es intrínsecamente inhumano y perverso.

¿Cómo no valorar que el Partido Demócrata Cristiano plantee "corregir" el modelo? Es un gesto que le enajena simpatías en el área conservadora de su electorado. El PDC ha ido mucho más allá de lo que se atreven el Partido Socialista o el PPD, a los cuales gratuitamente se asigna el rol de "ala progresista" de la Concertación. Ambos hacen esfuerzos por calmar los impulsos del PDC, para no dañar las posibilidades de atraer votos del centro político. Por eso se piensa incorporar al comando presidencial –en una eventual segunda vuelta– a lo más granado del neoliberalismo concertacionista, como si ese sector no estuviese ya suficientemente representado.

La crítica al modelo que manifiesta el PDC, aunque en su práctica de gobierno haya hecho algo distinto, no es sorprendente. Tanto el Partido Demócrata Cristiano como el Radical Social Demócrata, son los únicos en la Concertación que mantienen cierto apego a sus principios doctrinarios. Por eso valoran el rol del Estado y las políticas públicas mucho más que el Partido Socialista –que ha abrazado la defensa del liberalismo–, o que el PPD, una mazamorra electoralista sin programa ni ideología. Los ministros y altos funcionarios de esos partidos rivalizan en prestar eficientes servicios al neoliberalismo.

Los arrebatos de "sensibilidad social" de la derecha, por su parte, no pueden tomarse en serio. Ha descubierto la desigualdad como tema electoral capaz de redituar más utilidades que la seguridad ciudadana. Pero sin quererlo, la derecha ha contribuido también a aumentar las críticas al modelo.

Si hay segunda vuelta, la derecha aumentará sus ofertas para pescar a río revuelto. Se trata de un juego muy peligroso porque sus promesas –sobre todo las de Piñera– pueden encandilar a un vasto sector cuyos problemas necesitan urgente solución y cuya válvula de escape es el consumismo.

Un ciudadano chileno con una pancarta de Pinochet protestando solitario bajo la mirada de agentes de seguridad chilena.

Las referencias políticas e ideológicas de la población han sufrido fuerte erosión bajo los últimos gobiernos. A la indefensión de la conciencia popular se suman las incapacidades de una Izquierda desarticulada en lo social, y en incipiente proceso de reconstrucción orgánica. Esto explica por qué más del 80 por ciento del electorado, alrededor de siete millones de ciudadanos, vota por partidos de centro y derecha. Y por qué más de dos millones de ciudadanos no están inscritos en los registros electorales.

Así llegamos a la "otra pobreza", la resultante y a la vez causante de la desigualdad e injusticia social que padece Chile. La "pobreza política" ha impedido levantar una alternativa al modelo, o al menos frenar el ritmo creciente de explotación de seres humanos y recursos naturales. Esa pobreza política, que es también ideológica y cultural, mantiene a las clases dominadas en la sumisión e imitando los "valores" de la clase dominante.

Este tipo de pobreza desde luego no encontrará paliativos electorales. Al contrario, a las dos grandes fuerzas políticas consolidadas les interesa mantener al pueblo sometido a esta virtual interdicción de sus derechos. Sin embargo, de esta pobreza para crear nuevas formas de acción política que organicen y pongan en marcha al descontento, no se puede culpar sólo al modelo y a los partidos que se reparten las cuotas de poder.

Esta pobreza es fruto de nuestras propias incapacidades. Es pueril echarle la culpa al modelo, al binominalismo y a la Constitución antidemocrática. Nosotros somos los responsables de las incapacidades, sectarismos y errores que han impedido levantar una alternativa. De modo invariable, los esfuerzos por superar el estancamiento político desembocan en una fórmula de conmovedora ingenuidad. Consiste en "competir" en el terreno electoral como si ya hubiésemos hecho la tarea de construir una sólida base social y política que permita disputar el poder. Y así vamos de elección en elección –que desde ahora serán más frecuentes– repitiendo casi los mismos resultados, porque los factores que ayudan a la oligarquía política no cambiarán mientras no exista un movimiento social, político y cultural alternativo que convoque a la mayoría.

Albert Einstein escribió: "Locos son aquellos que haciendo siempre lo mismo pretenden obtener resultados diferentes". Nuestro problema no es de demencia –aunque a veces lo parezca– sino de coraje e imaginación política. Coraje para asumir la realidad e imaginación para quebrar la rutina que impide construir algo nuevo.

El movimiento social, político y cultural que producirá el cambio no surgirá desde la superestructura. Tiene que nacer de la lucha y unidad de las organizaciones sociales y políticas. Sólo esa cuna popular y pluralista permitirá dotar al proyecto de formas y contenidos nuevos para ganar la voluntad de la mayoría. Un proyecto que será socialista porque busca construir la igualdad y la justicia social.

Levantar un proyecto socialista para Chile será un proceso largo y difícil. Venimos de sufrir una derrota muy profunda que hasta hoy no se asimila en nuestros análisis. Sin embargo, soplan vientos favorables en América Latina. El mortal peligro del desenfreno capitalista se percibe cada vez con mayor claridad en el mundo. Sin embargo, no se trata de poner de acuerdo a grupos políticos y sociales para suscribir un programa (cuestión por lo demás harto difícil como demuestra la experiencia).

El tema es sembrar propuestas que pongan en movimiento una corriente de opinión en el seno del pueblo que se convierta en el proyecto socialista de este siglo. Una estrategia de largo aliento que debe acometerse con alegría y convicción, sin perder más tiempo en lamentos y mucho menos en echar la culpa de nuestra cojera al empedrado

¿Qué se puede esperar?

Por Punto Final

Muchos dicen que nada sustantivo cambiará con la elección de Michelle Bachelet como presidenta de la República. Posiblemente tengan razón. Lo esencial del modelo neoliberal no será modificado, como lo ha señalado la propia presidenta electa. Y no sólo porque así lo ha decidido la coalición gobernante, sino también porque no existe una alternativa política de Izquierda ni un poderoso movimiento social capaz de actuar en forma organizada, perseverante y con fuerza suficiente para generar cambios. En el fondo, más que un problema de personalidades o buenos deseos es un asunto de concepciones, estructuras e intereses.

La Concertación se juega por el libre mercado, el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca), la asociación cada vez más estrecha con las transnacionales, con Estados Unidos y las grandes potencias económicas. Apuesta al consumismo, la atomización social y la competencia en todos los terrenos, que fomentan un individualismo frenético. Con todo, el gobierno de Michelle Bachelet ofrece posibilidades de avance para la Izquierda, siempre que ésta sea capaz de aprovecharlas.

La presidenta de la República –que obtuvo el 54% de los votos– puede impulsar algunas transformaciones positivas si se producen movilizaciones sociales y políticas de envergadura que permitan romper con el inmovilismo y la conformidad ante la pobreza extrema, el poder de las transnacionales, la desigualdad y la injusticia. Contará sin duda con el apoyo de sectores de Izquierda de la propia Concertación, pero eso no sería suficiente. No hay que ignorar el factor personalidad, el factor individual, especialmente en un país en que las atribuciones del Poder Ejecutivo son inmensas en el manejo de la economía, en la fijación de la carga tributaria y en el contenido, ritmo y alcance del trabajo legislativo.

Partidos como la Democracia Cristiana han planteado "corregir" el modelo económico y hay sectores del PS que estiman que ha llegado la hora de pagar la deuda social. Asimismo, la Concertación se ha pronunciado por cambiar el sistema binominal, materia en la que sin embargo necesitará ganar un par de votos de la derecha en el Senado. La acción decidida y unitaria de los sectores políticos y sociales antineoliberales, actuando con firmeza pero con flexibilidad táctica en las alianzas con la Concertación o sectores de ella, podría producir avances en el proceso democratizador y un mayor grado de justicia social.

Michelle Bachelet gobernará con mayoría en la Cámara de Diputados y en el Senado por primera vez desde el término de la dictadura. Como cuatro años son pocos para la magnitud de los problemas existentes, se exigirá mayor dinamismo en la acción del gobierno, que deberá abocarse de inmediato a la atención de problemas urgentes como la salud, el mejoramiento de la educación municipalizada y del sistema previsional, la cesantía, la extrema pobreza y la capacitación de la mano de obra. Parte importante de los recursos necesarios deberán salir del sobreprecio del cobre. Otra parte debería provenir de un nuevo régimen tributario –y de un royalty real– que se establezca para las transnacionales.

Ampliar la base democrática

Aún dentro del actual modelo, el cambio del sistema binominal por un sistema electoral proporcional y representativo, adicionado con la inscripción automática, el voto voluntario y el derecho a voto para los chilenos residentes en el extranjero, ampliaría la base democrática y permitiría otros avances como el plebiscito como instrumento ordinario de resolución de conflictos institucionales.

La trayectoria vital y familiar de la presidenta electa le ha dado una sensibilidad de Izquierda que debe tomarse en cuenta. Con algo más de 20 años, militante de la Juventud Socialista, vivió el golpe militar como pérdida de un proyecto de vida y destrucción del sueño de una sociedad nueva. Sufrió directamente las consecuencias de la represión.

Su padre, Alberto Bachelet Martínez, general de la Fach, fue un soldado ejemplar, comprometido –como dijo alguna vez con orgullo– con el acatamiento de la Constitución, con su respeto y amistad por el presidente Allende y con las ideas de justicia social y perfeccionamiento espiritual que preconiza la Masonería. En el gobierno de Salvador Allende fue secretario nacional de Distribución, encargado del abastecimiento de la población. Mientras, seguía cumpliendo responsabilidades en la Fach. El mismo día del golpe fue detenido, torturado e interrogado bajo el cargo de "traición a la patria". El 12 de marzo de 1974 murió en la cárcel por un infarto originado en una dolencia cardíaca agravada por las torturas y vejatorios interrogatorios a que fue sometido.

Angela Jeria Gómez, la madre de la presidenta, ha sido una mujer de Izquierda desde su juventud; profesional destacada, se esforzó por ayudar a los perseguidos por la dictadura y actuó junto a organizaciones solidarias. Detenida por la Dina junto a su hija Michelle, fue torturada en Villa Grimaldi. Salió al exilio en 1975 y a su regreso, unos años después, se integró a la Comisión de Derechos Humanos que presidía Jaime Castillo Velasco.

Perfil de la Presidenta

Por su parte, Michelle Bachelet tuvo inquietudes sociales y políticas desde que estudiaba en el Liceo Nº 1 de Niñas. Ingresó a la Juventud Socialista y como estudiante de medicina en la Universidad de Chile colaboró en el trabajo clandestino de la JS desde los primeros días después del golpe. En enero de 1975 fue detenida por la Dina junto a su madre; cuando estuvieron en Villa Grimaldi también fue torturada. En esos días la Juventud Socialista estaba dirigida por un médico joven, Carlos Lorca, y el PS por el obrero portuario Exequiel Ponce–ambos detenidos desaparecidos– empeñados en rearticular el partido, resistir y enfrentar a la dictadura. El exilio no borró la militancia de Michelle Bachelet. En Australia participó en acciones de solidaridad y denuncia de la dictadura de Pinochet. No vaciló en radicarse en la RDA a fin de colaborar mejor con la resistencia chilena, participando en el PS dirigido por Clodomiro Almeyda que ponía como elemento central del proyecto antifascista la unidad de la Izquierda y el entendimiento estratégico con el Partido Comunista.

De regreso a Chile, reanudó los estudios de medicina y siguió participando en actividades políticas, a pesar de los riesgos. Trabajó con niños afectados por la persecución de la dictadura y se especializó después en pediatría y salud pública. No abandonó tampoco sus compromisos con la causa de los derechos humanos, ni su cercanía con amigos y compañeros de ideales democráticos y revolucionarios. Terminada la dictadura, Michelle Bachelet fue elegida, en 1995, miembro del comité central del Partido Socialista, reelegida en 1997 y designada integrante de la comisión política, cargos en los que defendió posiciones de Izquierda.

Por otra parte, por el hecho de ser la primera mujer que en Chile alcanza la Presidencia de República, se le impondrá una responsabilidad que tratará de cumplir: superar a sus antecesores. Ha dicho en la campaña: "Quiero consolidar nuestro destino como país próspero y desarrollado, pero además construir una democracia más integrativa y con igualdad de oportunidades".

Son expectativas nobles, pero difíciles de cumplir si se mantiene la intangibilidad del modelo. A Chile le falta mucho todavía para ser un país próspero y desarrollado. Sigue exportando materias primas y su economía depende del precio del cobre. No tiene igualdad de oportunidades, ya que es uno de los países con peor distribución del ingreso en el mundo. La polarización social fragmenta la sociedad en beneficio del 20% más rico y los problemas medioambientales amenazan el futuro del país. Como no se plantean cambios de fondo –no los hubo tampoco en los ministerios de Salud o Defensa cuando Michelle Bachelet fue titular de esas carteras–, se impone la moderación de las expectativas que despierta su contundente victoria electoral. Pero si ella no ha olvidado las ideas de Izquierda en las que se formó –y si hay movilización de los sectores populares– puede haber avances democráticos, mejoramientos para sectores modestos, más equidad y justicia, menos impunidad, junto con más honradez en la administración del Estado.

Es de esperar asimismo que la presidencia de Bachelet signifique un mayor acercamiento de Chile a los países hermanos de América Latina. Aunque no pretende apartarse de la línea trazada por sus predecesores respecto a una relación privilegiada con Estados Unidos –lo cual pone a Chile en la ruta colonizadora del Alca–, el gobierno de Michelle Bachelet surge en momentos en que la corriente de integración y complementación latinoamericana toma singular fuerza. Resultaría dañino para Chile mantenerse al margen de esa voluntad de independencia y dignidad que asoma en el continente. Una señal concreta de una actitud de retorno a América Latina sería por ejemplo reanudar relaciones diplomáticas con Bolivia, e iniciar un diálogo franco que incluya la salida soberana al mar para ese país hermano.

Chile: los otros torturadores

Por Marcos Roitman Rosenmann, diario La Jornada, México

En Chile un falso manto de normalidad democrática pervive a los crímenes de lesa humanidad. Se condena a torturadores, civiles y militares, encarcelando a responsables como el general Manuel Contreras, ex director de la DINA, y a sus lugartenientes. Pero su detención se debe a la perseverancia de quienes han sobrepasado el umbral del dolor infligido en la tortura o la muerte de un familiar desaparecido y no por el buen hacer de los gobiernos de la concertación por la democracia. Estrechez de voluntad política. Así, la conciencia y la justicia quedan en manos del ciudadano y se identifican con el pueblo mutilado, desprotegido y abandonado a su suerte por una parte importante de su elite política dizque de centro–izquierda, socialdemócrata, o simplemente progresista. Gentes del pueblo deambulan por los juzgados, las ventanillas de ministerios y los despachos de abogados pidiendo papeles, mostrando heridas, reviviendo penas hasta el infinito. Mientras tanto, leyes de amnistía, amparo militar, jueces corruptos y fiscales cómplices encubren un orden putrefacto donde las víctimas son objeto cotidiano de tortura sicológica bajo el tópico de vuelva otro día.

El equilibrio democrático roto el 11 de septiembre de 1973 no se ha restablecido. En Chile la máxima "leyes iguales para todos, justas, buenas y que se cumplan" es una quimera. Los verdugos disfrutan una libertad fiada, seguros de que nunca pagarán por sus delitos. Algunos chivos expiatorios son suficientes dentro de una sociedad espectáculo. El primer informe sobre violación de los derechos humanos, conocido como Retigg, 10 años más tarde resulta haber sido cercenado y manipulado. Se ocultaron declaraciones de víctimas y se protegió a torturadores. Todo un modelo de comisión de la verdad y reconciliación. El último informe Valech intenta superar este déficit; aun así, muchos quedan fuera y no se les reconoce la condición de torturados y víctimas de la tiranía. Suma y sigue... Por estas razones, las heridas de las torturas y las demandas de justicia transforman los testimonios y las demandas de fin de impunidad en manifestación de dignidad. Por encima de dolor y laceración, las heridas abiertas deben cerrar por un solo camino: rescatar la verdad y la memoria histórica. En ello se juega la condición humana. Ideales de paz, igualdad, libertad y democracia negados bajo el eufemismo del perdón. Es necesario recuperar la memoria histórica, se trata de luchar contra la barbarie.

Sin embargo, frente a estos principios se han opuesto maldad e inquina. Acusados de vulnerar una transición ejemplar, las víctimas son consideradas escoria, piltrafas humanas. En muchas ocasiones excluidas de las negociaciones y los acuerdos sobre derechos humanos, son los convidados de piedra. Se ríen de ellos. No son pocos quienes los tachan de traidores por defender y airear los trapos sucios de la transición pactada y hacer de los derechos humanos un argumento de principios. Mejor es callar. Guardar silencio. Seguir defendiendo a ultranza el cumplimiento de la ley sitúa el fin de la impunidad y el cumplimiento de la ley en el mismo saco que la presencia de los torturadores que campan libres por las calles. Ambos desestabilizan. Son un problema para la gobernabilidad. Así, los derechos humanos entran en consideraciones estéticas. Gobernantes timoratos han perdido su dignidad política y no quieren recuperar su conciencia, su pasado, ni dar un futuro digno a la sociedad en la que viven. Prefieren ser los actores de su propia farsa y vivir una continua mentira social, cuyo coste es imprevisible en el medio y largo plazos. Nunca el oprobio unió tan claramente la mente calenturienta de tanta vocación mediocre con la complicidad y falta de voluntad política de una elite que se obstina en negar la verdad y tergiversar los hechos. Han pasado 17 años para realizar más que gestos. Pero aún hay presos políticos en las cárceles en Chile, y torturadores en las calles. Estos se sienten protegidos por la acción indecente de una elite que convive, cena, festeja, hace el amor y veranea con ellos.

En Chile unos quitaron vidas, violaron y disfrutaron del dolor ajeno. Contaban con un arsenal de tecnologías para dicho objetivo. La solución final se vislumbró en sus retinas cada vez que operaban en la tortura. A diferencia de los nazis, no ocultaron sus fines. Lo practicaban en sitios visibles. Las casas de tortura se hicieron famosas. Tres Alamos, Cuatro Alamos, Villa Grimaldi, Venda Sexy, Colonia Dignidad, Tejas Verdes. Sin olvidar los campos de concentración improvisados donde se afinaron detenidos, seleccionando víctimas. Control, miedo, terror. La tiranía impuso su doctrina. Dispara si se resiste. La guerra sicológica. En Chile, salvo los ingenuos, los adeptos al régimen y sus hacedores negarán la violación de los derechos humanos. Dirán que es una farsa del comunismo internacional para desprestigiar al país. Cadáveres en los ríos, las calles, detenidos desaparecidos adscritos a la prensa amarilla. Violencia callejera, delincuencia común. Así, Chile entró en la etapa más oscura de su historia contemporánea. Ahogada en sangre de una de sus mejores generaciones del siglo XX. Irrepetible. Cantantes, poetas, deportistas, artesanos, trabajadores, sindicalistas, amas de casa, jóvenes del pueblo, físicos, ingenieros, maestros, actores. No de otra manera se entiende la quema de libros, el cierre de universidades, la expulsión de sindicalistas, el fusilamiento masivo. El odio en las sesiones de tortura y la racionalidad en su ejecución. Son muchos los otros torturadores. Siquiatras, médicos, enfermeras, sicólogos, odontólogos, técnicos en dolor. Ellos han quedado impunes o simplemente han desaparecido de la lista. Hoy ejercen como médicos, tienen sus clínicas particulares y el colegio de médicos les mantiene su licencia. Logro de la transición. Los sobrevivientes de las torturas les siguen sus pasos y se rebelan ante la impunidad. Protestan públicamente frente a sus casas, sus clínicas, son las llamadas funas. Pero la ley no se cumple y la justicia no se administra. Es necesario mantener el respeto a las víctimas de tanta injundia, tal vez sea bueno realizar una funa periodística. Una columna en periódicos de toda América Latina donde se expongan nombres y ocupaciones actuales de los torturadores civiles y militares que han sido camuflados y cuya vida se entremezcla con nuevas identidades y el consentimiento de los gobiernos y sus servicios de inteligencia. Es obligado acabar con esta mascarada para no perder la dignidad que sigue en manos de los luchadores contra la impunidad.

Quién es quién en el gabinete Bachelet

Por Ernesto Carmona, Argenpress

Los partidos de la alianza de gobierno todavía no cicatrizan la quebrazón de ilusiones que provocó el nombramiento del gabinete de Michelle Bachelet. Un verdadero terremoto sacudió a la clase política de la coalición gobernante cuando conoció los nombres de 10 mujeres y 10 varones que no 'repiten el plato' – de acuerdo a las palabras de la presidenta electa– , aunque las caras nuevas respeten cierto equilibrio en las cuotas de poder de las tiendas de la Concertación de Partidos por la Democracia. Una vez en la presidencia, Bachelet creará dos nuevas carteras, Seguridad Ciudadana y Medio Ambiente.

Cada ministro recibió una carpeta para estudiar sus tareas durante las vacaciones del tórrido febrero y prepararse para los primeros 100 días del próximo gobierno que debe arrancar el 11 de marzo. Luego, la futura jefa de estado partió a descansar a las cercanías del lago Caburga, en el sur del país.

Las designaciones

– Interior, Andrés Zaldivar Larraín (Partido Demócrata Cristiano, PDC);
– Hacienda, Andrés Velasco Broñes (Independiente);
– Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley Rioseco (PDC);
– Secretaría General de Gobierno, Ricardo Lagos Wéber (Partido por la Democracia, PPD);
– Secretaría General de la Presidencia, Paulina Veloso Valenzuela (Partido Socialista, PS);
– Defensa, Vivianne Blanlot Soza (PPD);
– Economía, Ingrid Antonijevic Hahn (PPD);
– Minería, Karen Poniachik (Independiente).
– Trabajo, Osvaldo Andrade Lara (PS);
– Agricultura, Alvaro Rojas Marín (PDC);
– Salud, María Soledad Barría (PS);
– Educación, Martín Zilic Hepic (PDC);
– Obras Públicas, Eduardo Bitrán Colodro (PPD);
– Transportes y Telecomunicaciones, Sergio Espejo Jaksick (PDC);
– Vivienda y Urbanismo, Patricia Poblete Bennett (PDC);
– Justicia, Isidro Solís Palma (Partido Radical Social Demócrata, PRSD);
– Bienes Nacionales, Romy Schmidt Sroya (PPD);
– Planificación y Cooperación, Clarisa Hardy (PS)
– Consejo de la Cultura, Paulina Urrutia Fernández (Independiente);
– Servicio Nacional de la Mujer, Sernam, Laura Albornoz Pollman (PDC).

Repercusiones

Los gremios empresariales mostraron satisfacción por el gabinete, el partido del derrotado Sebastián Piñera (Renovación Nacional, RN), lamentó la presencia de la "mochila de los partidos", en tanto la Unión Demócrata Independiente (UDI), la cara más dura de la derecha pinochetista, dijo que se pronunciará cuando los ministros comiencen a actuar.

El "mercado" también aprobó el gabinete. Según el análisis del diario La Segunda, el alza en la Bolsa de Valores de Santiago refleja confianza en el gabinete económico. Vladimir Werning, jefe para Latinoamérica de JP Morgan, dijo en Nueva York que el nuevo ministro de Hacienda, Andrés Velasco, "va a darle continuidad a las políticas de [Nicolás] Eyzaguirre, sobre todo en la regla del superávit estructural y en su calidad de candidato independiente ofrece una señal de debate objetivo y constructivo a los temas que generan intereses contrapuestos".

"El modelo ha funcionado muy bien, permitiendo crecimientos sostenidos y bajas en la pobreza: es un modelo que concita el gran apoyo de la ciudadanía y por eso la Concertación ha sido reelecta", dijo Andrés Velasco, futuro ministro de Hacienda. "El compromiso es profundizar esas políticas", añadió. "Tengo fe en que la Concertación tendrá la inteligencia que ha tenido hasta ahora", indicó desde su yate en Achao Nicolás Ibáñez, propietario de D&S, controladora de la gran cadena de supermercados Líder, quien compite en la regata ENTEL PCS 2006 en el archipiélago de Chiloé.

Las reprobaciones provinieron más bien de partidos y personajes políticos gubernamentales resentidos por no recibir lo deseado. Las primeras manifestaciones públicas del futuro equipo de gobierno reafirmaron que habrá una reforma al sistema previsional privado de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), "cambios revolucionarios" en el sistema educativo, una mejor distribución del ingreso, mejoramiento del sistema público de salud y regionalización del gasto en cultura, entre otros temas clave. Más gasto público social para mejorar la calidad de vida del pueblo, con cargo a los ingresos del cobre y, por tanto, sin aumentos de impuestos.

La clase empresarial parece resignada al cambio anunciado en los sistemas privados de AFP y salud – Instituciones de Salud Previsional (ISAPRE)– que garantizan un ahorro forzado – cercano al 20%– que aportan los trabajadores al sistema financiero chileno. La rentabilidad de esta masa monetaria, estimada en 70 mil millones de dólares –con un 30% invertido en el exterior– , genera grandes ganancias para las inversiones AFP que no inciden en mejores jubilaciones ni servicios justos para los ahorrantes forzados. Las ganancias del sistema tampoco incrementan directamente los ahorros de los afiliados capturados por este sistema único y obligatorio establecido por Augusto Pinochet en 1980.

Los lesionados

Concluyeron dos semanas de espera en que todo el mundo mantuvo encendidos sus celulares "porsiaca", día y noche. "Me habría gustado estar en el gabinete", declaró Víctor Barrueto, presidente del PPD, diputado que no postuló a la reelección esperanzado en un ministerio. El ex ministro de Educación Sergio Bitar, quien se desempeñó como gerente de la campaña electoral, es otro "ministeriable" creído seguro.

El senador PDC saliente Rafael Moreno fue el ministro del Interior que hubiera querido el timonel del partido Adolfo Zaldívar, pero tampoco cumplió sus anhelos. Bachelet desestimó, además, a los PS Mario Marcel, dado por seguro en Hacienda; Ricardo Solari, que renunció al ministerio del Trabajo para dirigir su comando de campaña en la primera vuelta; y Luis Maira, dejó por unos días su embajada en Argentina para estar cerca de un eventual llamado que nuca se produjo.

El PPD tiene cinco ministros, pero casi ninguno es militante formal y, además, ocuparán carteras de bajo perfil político, excepto la vocería gubernamental. Ni el partido de Bachelet quedó contento por no obtener ministerios de primer nivel y, secundariamente, porque – en la "interna socialista"– el titular de la cartera de Trabajo respondería más a la corriente de Camilo Escalona que al timonel partidario Ricardo Núñez. Los socialistas tienen en total cuatro carteras, donde la más relevante es la Secretaría General de la Presidencia, cuya labor esencial consiste en coordinar tareas legislativas con el Congreso.

"El gabinete cojea en los equilibrios que no están bien representados", dijo José Antonio Gómez, senador, ex ministro de Justicia y timonel del PRSD, un partido que tiene un ministro (Justicia), siete diputados y tres senadores con el 3,54% del electorado según la última elección de diputados del 11 de diciembre (los mismos comicios renovaron la mitad de la Cámara Alta), en tanto el partido Comunista, no tiene ningún legislador, con 4,56% de la misma votación. "Con lo que no estoy de acuerdo es que los partidos no estén en el debate político porque éste no es un gobierno de extraterrestres, sino de coalición política en el cual los partidos son esenciales", añadió Gómez.

En el PDC hay un cuadro parecido: con siete ministros, controlan las dos carteras más importantes (Interior y RREE), además de otras significativas, pero sólo dos secretarios de Estado (Sernam y Educación) son leales seguidores de la corriente del jefe del partido, Adolfo Zaldívar, quien no apoyó a su hermano convertido ahora en jefe del gabinete. La mayoría de los ministros del PDC se inscribe en la corriente disidente que lideran Soledad Alvear y su cónyuge, Gutenberg Martínez, jefe máximo de la Organización Demócrata Cristiana Americana (ODCA), quienes aspiran al control de la tienda.

¿Quién es el "Chico" Zaldívar?

La designación más polémica, y también la más anticipada, fue la del titular de la cartera más relevante del área política, el ministerio del Interior, adjudicada al senador saliente del PDC Andrés Zaldívar Larraín, 70 años. Nombrado como "El Chico" por sus amigos o "El Enano" por sus críticos y detractores, el futuro jefe del gabinete Bachelet contrarió a su hermano Adolfo Zaldívar, llamado 'El Colorín' (Pelirrojo), el jefe del PDC que hubiera preferido en el cargo al senador también saliente Rafael Moreno, de impronta más conservadora y confrontacional.

Moreno no fue postulado a la reelección, precisamente para dejarlo "libre" para un ministerio, en tanto Zaldívar simplemente perdió la contienda, pero después de su derrota se entregó por completo a la campaña de Bachelet en segunda vuelta, reparando eventuales trizaduras entre la abanderada y el PDC, el partido más fuerte de la coalición, cuyos líderes no ocultan su resentimiento ante un segundo gobierno PS.

Con el período de cuatro años de Bachelet, la Concertación completará dos décadas de gobierno, sumando cuatro años de Patricio Aylwin, seis de Eduardo Frei Ruiz Tagle y seis de Ricardo Lagos, quien tuvo dos ministros del Interior, por cinco años al socialista José Miguel Insulza (hasta que se fue a la OEA en 2005) y luego al PPD Francisco Vidal Salinas, que antes ocupó la secretaría general de gobierno.

Zaldívar fue subsecretario, ministro de Hacienda y biministro de Hacienda y Economía de Eduardo Frei Montalva (1964–1970). Todavía se recuerda que siendo uno de los ministros más jóvenes de la historia política pronunció su memorable 'discurso del terror', una alocución por cadena nacional que provocó una masiva fuga de capitales en cuanto Salvador Allende ganó las elecciones del 4 de septiembre de 1970.

Con los años, Zaldívar y el PDC cambiaron de postura respecto a la dictadura que al comienzo apoyaron, el ex biministro fue agredido por la tristemente célebre Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y debió marchar a un largo exilio. En las primeras elecciones después de 17 años de pinochetismo, derrotó a Lagos en 1989 como senador por Santiago, pero diez años más tarde perdió ante este mismo contendor las primarias que designaron al candidato presidencial de la Concertación en 1999.

Cuando Scotland Yard detuvo en Londres a Augusto Pinochet – octubre de 1998– por orden del juez español Baltasar Garzón, el entonces presidente del Senado Zaldívar emprendió una solitaria gira europea para conseguir sin éxito su libertad y traslado a Chile, liberación que sólo se produjo escasos días antes de que Lagos se instalara en La Moneda, no por un fallo de la justicia británica sino por prerrogativa administrativa del gobierno de Tony Blair.

En diciembre de 1998, Zaldívar abogó por el colega senador Pinochet ante el entonces ministro de Asuntos Exteriores Abel Matutes, del gobierno de José María Aznar, quien – según la prensa hispana– le prometió que 'España estudiará la propuesta chilena para que sea una Corte Internacional de Justicia la que decida qué país y qué institución es competente para juzgar a Pinochet'. El dictador, que entregó la banda presidencial en marzo de 1990, se mantuvo casi una década extra influyendo las bambalinas del poder, primero como temido comandante en jefe del Ejército, hasta marzo de 1998, y luego como senador vitalicio, en virtud de su condición – 'constitucional'– de ex jefe de Estado.

El futuro canciller

La segunda designación clave del área política, el ministerio de Relaciones Exteriores, recayó en el también senador saliente PDC Alejandro Foxley Rioseco, 67 años, ministro de Hacienda durante todo el período de Patricio Aylwin (1990–1994). Al final de su mandato, Aylwin intentó –sin éxito– ungirlo como 'presidenciable', pero sólo logró convertirse en presidente del Partido Demócrata Cristiano (1994–1996). Ahora de nuevo surgieron voces que lo levantan como presidenciable del PDC para 2009.

Foxley ha sido gobernador del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (1990–1994), co–presidente del Directorio del Diálogo Interamericano, Washington (1994–1999), presidente del Comité de Desarrollo de los Gobernadores del Banco Mundial – Fondo Monetario Internacional (1991–1992), miembro del Comité Ejecutivo del International Economic Association, IEA (1985–1988), presidente de la Corporación de Investigaciones Económicas para Latinoamérica, CIEPLAN (1976–1990).

También fue profesor de economía y desarrollo internacional del Instituto Helen Kellogg de la Universidad Notre Dame, EEUU (1982–1989), profesor visitante del Instituto de las Américas de la Universidad de California, San Diego (1985), de la Universidad de California Berkeley (1981), del Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.) de Massachusetts (1978), de la Universidad de Oxford, Inglaterra (1975), y del Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex, Inglaterra (1973).

Ocupará hasta marzo la presidencia de la Comisión de Hacienda del Senado. Y acompaña en solitario la aspiración de un sector exportador no cuprífero que solicita... la intervención del Estado en el mercado monetario a fin de forzar una devaluación del signo monetario chileno. Es decir, brega por una sobre valorización artificial del dólar, a contrapelo de la doctrina de dejar hacer lo suyo a la mano libre e invisible del mercado, proponiendo que el Banco Central compre masivamente dólares para hacer subir su precio.

¿Hijo de tigre?

La Secretaría General de Gobierno estará a cargo de Ricardo Lagos Weber, 42 años, PPD, abogado y economista, miembro del comando de la campaña de Bachelet, ex director de Asuntos Económicos Multilaterales de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería e ... hijo del presidente saliente Ricardo Lagos Escobar. Muchos dicen que, a despecho del síndrome chileno que encumbra a los apellidos presidenciales (Alessandri, Frei, Allende, Aylwin), el vástago tendría méritos propios de capacidad y trabajo.

Quien desempeña la Secretaría General de Gobierno tiene a su cargo las relaciones con la prensa y ejerce como portavoz gubernamental ante los medios de comunicación, precisamente el cargo que catapultó al actual ministro del Interior Vidal. Pero el desempeño del cargo también puede convertirse en sepultura política, como ocurrió en la administración de Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994–1990) con el PPD Víctor Manuel Rebolledo González, quien ejerció el cargo sólo 6 meses, más tarde fue elegido diputado y terminó su vida política desaforado por corrupción en 2003 e imposibilitado para ejercer cargos públicos.

Muchos otros voceros oficiales tampoco "dieron fuego" ante las cámaras de televisión, a pesar del esmerado maquillaje y los ensayos de gesticulación ante el gran espejo instalado para "practicar" en las dependencias internas de la Secretaría General de Gobierno. Con los años pasaron a un discreto olvido político, relegados al dorado exilio de alguna embajada.

Mujer clave del gabinete político

La Secretaría General de la Presidencia quedó a cargo de la socialista Paulina Eliana Veloso Valenzuela, abogada y académica, formada en la Universidad de Concepción, profesora de derecho civil de la Universidad de Chile. La primera mujer relevante en el llamado "gabinete político" es abogada–consejera del Consejo de Defensa del Estado, fue miembro de la Comisión Nacional de Acreditación de la Educación Superior (2002), autora del libro La Justicia frente a los Derechos Humanos de las Mujeres (Editorial Jurídica Conosur, Santiago, 2000).

Como jefa de gabinete de la Subsecretaría del Trabajo (1990–1994), Veloso se desempeñó también como jefa de División y subrogante legal del Subsecretario (viceministro) del Trabajo, fue subdirectora del Servicio Nacional de la Mujer, Sernam (1994–1997) y abogada integrante de la Corte de Apelaciones de Santiago (2003–2005). En 2005 recibió el premio de la Asociación de Abogados de Chile a la profesional más destacada en Derecho Privado.

La ministra es madre del presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), Nicolás Grau Veloso, alumno de quinto año de de Ingeniería Comercial en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas que obtuvo el 36% de las preferencias como representante de la Izquierda Amplia (Lista D), quien declaró "no creo en los gobiernos de la Concertación, creo en un proyecto distinto que aborde las transformaciones sociales de una forma más profunda". "Lo que me importa es que ella es consecuente", dijo respecto a su madre.

Paulina Veloso siempre militó en el partido Socialista, desde su juventud estudiantil en Concepción, pero contrajo matrimonio con un joven ligado al partido Comunista que desapareció en Argentina victimado por la "Operación Cóndor". Por este motivo, Veloso litigó contra Augusto Pinochet en uno de los tantos juicios de desafuero instruidos por el magistrado Juan Guzmán Tapia que quedaron en nada por la pretendida "demencia subcortical" con que los altos magistrados protegieron al imputado ex dictador.

Entre las víctimas de la "Operación Cóndor", rol 2.182–98, figura el cónyuge de la futura ministra, el ciudadano chileno–suizo Alexei Vladimir Jaccard Siegler, desaparecido tras su detención en Argentina en 1977. En la misma causa figuran otras víctimas desaparecidas en el vecino país, como Jorge Isaac Fuentes Alarcón, Juan Hernández Zazpe, Luis Gonzalo Muñoz Velásquez, Manuel Tamayo Martínez, Edgardo Enríquez Espinoza, Jacobo Stoulman Bortnik, Matilde Pessa Mois, Víctor Oliva Troncoso, Jean Claudet Fernández, Luis Enrique Elgueta, Ricardo Ramírez Herrera, Héctor Velásquez, Ruiter Correa, Hernán Soto Gálvez, José Luis de la Maza Asquet, Cristina Magdalena Carreño Araya, José Alejandro Campos Cifuentes y Luis Quinchavil Suárez.

La Corte de Apelaciones de Santiago ordenó el desafuero de Pinochet por estos delitos, el 5 de julio de 2004, con el voto en contra y la reserva de varios ministros, pero finalmente la Corte Suprema aplicó impunidad por "demencia subcortical".

En el fallo consta que "a fs. 542, 858, 971, 2.498 y 2.901 [de ese expediente] declara doña Paulina Veloso Valenzuela, quien expresa que su cónyuge Alexei Vladimir Jaccard Siegler fue detenido por personal del ejército en Concepción, con posterioridad al golpe militar, siendo dejado en libertad incondicional el 21 de diciembre de 1973, trasladándose ambos a Suiza debido a la doble nacionalidad de su marido, quien el 14 de mayo de 1977 viajó a Chile vía aérea haciendo escala en la Ciudad de Buenos Aires, donde llegó el 15 de mayo del mismo año, hospedándose en el Hotel Bristol.

"Sin embargo, al día siguiente fue secuestrado junto con otros militantes del Partido Comunista por agentes de seguridad argentinos y chilenos, presentándose en el hotel el día 17 de mayo agentes policiales argentinos a retirar las pertenencias de Jaccard. Expresa que por información por ella recopilada tomó conocimiento que el Gobierno Argentino en un primer momento afirmó que su marido se había embarcado en un avión Varig con destino a Brasil, bajo otra identidad, lo que resultó falso, para posteriormente expresar que se habría embarcado con pasaporte argentino a la ciudad de Santiago con fecha 26 de mayo de 1977, lo que fue ratificado por aparecer su nombre en la lista de pasajeros.

"No obstante, revisada la tarjeta de embarque relativa a ese viaje, la letra que allí aparece no corresponde a él y su nombre está mal escrito, siendo imposible que haya viajado con pasaporte argentino a Chile, ya que éste viajaba con pasaporte suizo debido a su doble nacionalidad. Como consecuencia de su detención dedujo un recurso de amparo en junio de 1977 ante la Corte de Apelaciones de Santiago, informándose por investigaciones que su cónyuge ingresó a Chile como turista el 26 de mayo procedente de Argentina, con domicilio en un Apart–hotel ubicado en Américo Vespucio N° 202, donde no aparece registrado como pasajero.

"A raíz de un nuevo recurso, deducido en julio de 1977, Investigaciones informó a la Corte de Apelaciones que Jaccard salió del país el 12 de junio de 1977 ingresando a Uruguay vía Lan Chile, sin dejar rastro sobre su paradero. Sobre el móvil de su viaje a Chile indica que vino en una misión del Partido Comunista para servir de correo financiero entre el Partido Comunista en el exterior con el Partido Comunista interno, situación que ella supo años después, siendo la detención de su cónyuge parte de una operación de mayor entidad, lo que se demuestra con la detención coetánea del banquero judío Jacobo Stoulman junto a su cónyuge en Buenos Aires, según se infiere de la documentación incautada a Luis Arancibia Clavel, agente de la DINA en Buenos Aires, como consecuencia de su detención por el caso Prats.

"A fs. 858 complementa sus dichos indicando que Jaccard fue detenido probablemente con Ricardo Ramírez Herrera y Héctor Velásquez Mardones, hecho también acaecido en Buenos Aires el 16 de mayo de 1977".

De Manhattan al Ministerio de Hacienda …o cómo se tejen las redes del poder

El gabinete de la presidenta electa trasluce un nuevo entramado en el tejido de las redes de poder, a costa de un aparente desmedro de la fuerza de gravedad que suele atribuirse a los partidos políticos. Mientras los futuros ministros y ministras efectúan los contactos propios de la transición de un gobierno a otro, crece el interés por saber quién es quien en un entorno presidencial atravesado por la paridad del cuoteo de género y también por la influencia inédita de instancias privadas como las Fundaciones Chile 21 y Expansiva, entre otros factores de poder.

El arribo de Andrés Velasco Brañes al ministerio de Hacienda fortalece la influencia de la Fundación Expansiva, entidad de la que es presidente. La fundación, que celebra reuniones de su cúpula tanto en Chile como en EEUU, se perfila como un partido político, con tres miembros en el futuro gabinete. El nuevo administrador de la hacienda pública, a quien El Mercurio inscribe en "el sector más liberal del bacheletismo", pertenece a una vertiente de "independientes" integrados al comando de campaña por el socialista Ricardo Solari, ex ministro del Trabajo, quien curiosamente quedó fuera del juego.

La cartera de Hacienda no ofrece grandes misterios, porque su papel es uno de los más pre–definidos en el esquema de consolidación y solidificación del modelo económico, sin perjuicio de los cambios ––imposibles de soslayar–– que "amenazan" al sistema privado de pensiones (AFP) y a otros aspectos hiper criticados del paradigma. Hacienda, por lo demás, tiene a su favor la bonanza fiscal que genera el alto precio del cobre. Más bien se trata de administrar una bonanza relativa, sin necesidad de inventar nada.

Hacienda se convirtió en la cartera más importante después de Interior y RREE, asignados al partido Demócrata Cristiano (PDC), la tienda más favorecida en el gabinete. Velasco no tiene partido, ni parece necesitarlo, a diferencia de los demás ministros o ministras que exhiben algún vínculo real o simbólico. Por ser hijo de Eugenio Velasco Letelier, figura del PRSD ya fallecida, fue señalado proclive a esa tienda, pero los radicales aseguran que todavía conservan sus concepciones clásicas sobre un Estado docente, regulador y con responsabilidad social.

Las cúpulas de la Concertación de Partidos por la Democracia están dolidas porque la presidenta electa les bajó el perfil en el gabinete. El Partido por la Democracia (PPD) "perdió" a tres candidatos que se daban por ministros seguros, Sergio Bitar, Jorge Schaulson y Víctor Barrueto, quien hasta preparó una fiesta de hotel para celebrar una designación que no se produjo. El PRSD esperaba dos ministerios, incluso uno del área política, pero sólo recibió Justicia.

El PPD aclaró que sólo se siente representado por Romy Schmidt Crnosija, ministra de Bienes Nacionales y esposa del diputado Antonio Leal, del mismo partido, desconociendo explícitamente la militancia de los otros cuatro ministros PPD, Ricardo Lagos Weber (Secretaría General de Gobierno), Viviane Blanlot Soza (Defensa), Ingrid Antonijevic (Economía) y Eduardo Bitrán (Obras Públicas).

Para El Mercurio, emergió un "nuevo establisment" o "Concertación IV", un entorno que presenta como una mezcla heteróclita de izquierdistas, [neo] liberales, postgraduados de universidades tipo Harvard y algunas figuras carentes de estudios superiores que serían los futuros protagonistas de la televisión, que es donde más se hace hoy la política en Chile.

Perfil del "bacheletismo"

Según el ácido comentario de Ximena Pérez y Paula Coddou en la revista Sábado del diario de Agustín Edwards del 21 de enero, en el bacheletismo hay quienes "representan a la vieja izquierda, otros a los liberales de la Concertación. Son agnósticos, meritócratas y poco reverenciales frente al poder. Aspiran no sólo a ser la Concertación IV sino a marcar una diferencia. Son los hombres y mujeres de Michelle Bachelet, los que darán el espíritu al nuevo gobierno".

Pérez y Coddou ven peyorativamente, en el entorno de Bachelet, gente de "aspecto de tarotistas, tecnócratas sin corbata, actores de televisión y socialistas cincuentones de la generación más golpeada […] un grupo heterogéneo en cuanto a edades, estudios y origen social". Todavía no sabían que varios o varias de "aspecto de tarotistas" serían ministros o ministras.

Las cronistas mercuriales aludieron a "los más jóvenes como el cientista político Francisco Javier Díaz y Oscar Landerretche hijo ­–economista de la U. de Chile y doctor del MIT–­, que están entre los 30 y 35 años", sin dejar de añadir a "los viejos tercios, sobre los 50, [..] que, o no estudiaron o vieron interrumpidas sus carreras, porque después del golpe de 1973 pasaron a la clandestinidad", entre quienes mencionan a Camilo Escalona y Ricardo Solari, entre otros. La intención peyorativa de El Mercurio presenta el paso "a la clandestinidad" como una suerte de capricho personal, o un pretexto para no terminar los estudios, desconociendo que fue la única salida para no ingresar la legión de 3.000 asesinados o desaparecidos más 30.000 torturados, todo esto obviando el detalle del apoyo entusiasta del dueño del diario al sanguinario régimen militar, sin escatimar noticias falsas para encubrir desapariciones del tipo Operación Colombo.

Entre los emigrantes "integrados a la campaña" el diario citó al" experto en comunicaciones Pablo Halpern y el economista Andrés Velasco, ambos miembros de Expansiva, el grupo más liberal que se reúne hasta en Harvard, y que conocieron a Michelle cuando Solari los invitó a trabajar desde el comienzo en el comando" (Pérez y Coddou).

Expansiva expande… poder

El futuro ministro de Hacienda, de 45 años, casado con la conductora de televisión Consuelo Saavedra, tiene una trayectoria en organismos económico–financieros internacionales similar a la de Nicolás Eyzaguirre y de otros antecesores en la cartera. Por lo tanto reúne el requisito clásico de alguna pasantía por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM), entre otros grandes controladores de la economía global.

El ministerio de Hacienda adquirió una importancia política poco usual durante el gobierno de Ricardo Lagos, quizás por la personalidad de Eyzaguirre, quien abandonó el cargo de director ejecutivo del FMI para desempeñarse seis años la cartera. Incluso quedó encargado de la Presidencia en un hecho inédito acaecido a fines de 2004 con motivo de una triple ausencia presidencial y de sus reemplazantes tradicionales, los ministros del Interior y RREE.

Velasco preside la Fundación Expansiva, una suerte de centro académico creado ––en afinidad ideológica con la Concertación–– para influir en las políticas públicas. Expansiva tiene a otros dos de sus cuadros convertidos en ministros, Eduardo Bitrán Colodro (PPD) en Obras Públicas y Viviane Blanlot Soza (PPD), ministra de Defensa. Y hay quienes temen que se expanda como partido político bacheletiano. De momento posee más ministros que el PRSD, que al fin de cuentas tiene 7 diputados y 3 senadores.

La designación causó desazón en el partido Socialista, que daba por seguro ministro de Hacienda a Mario Marcel, director del Presupuesto durante los seis años de Eyzaguirre–Lagos. Incluso lo anunciaron por la prensa.

Un comentario del economista socialista Ricardo Salcedo afirmó que Velasco "ganó su nominación con el apoyo del círculo más íntimo de Bachelet, principalmente de Pablo Halpern, quien usó de toda su artillería comunicacional para aserrucharle el piso a Mario Marcel: aquí existió una confabulación (bien montada, tanto que dio resultado positivo) para nombrar a Velasco. Lo hecho por Halpern revela que Expansiva funciona como una organización política que posiciona a sus militantes, tal cual un partido más".

Velasco fue jefe de gabinete y coordinador de Finanzas Internacionales del ministro de Hacienda Alejandro Foxley (1990–1994), ahora designado canciller. Licenciado en economía y en filosofía en Yale, master en relaciones internacionales (también en Yale), ex asesor de los gobiernos de El Salvador, Ecuador y México (1995–2003), consultor del BID, BM, FMI, Cepal y Banco Central de Chile, fue profesor de las universidades de Columbia (1988–89) y Nueva York (1995–2000).

Revista "Time" lo designó en 1994 uno de los "Cien líderes mundiales para el próximo milenio", en tanto el vespertino La Segunda tituló esta semana "Un neoyorquino a La Moneda". Enseña en Harvard University, pero pidió año sabático para trabajar en la campaña, "donde pasó de ser un simple ayudante a casi brazo derecho de Bachelet", según fuentes del comando citadas por el vespertino. Ahora deberá pedir un permiso más largo en su empleo en EEUU.

"El modelo [neoliberal] ha funcionado muy bien, permitiendo crecimientos sostenidos y bajas en la pobreza", expresó en sus primeras declaraciones como ministro designado. "Es un modelo que concita el gran apoyo de la ciudadanía y por eso la Concertación ha sido reelecta", dijo. "El compromiso es profundizar esas políticas". Añadió que "la vara está alta y creemos que la mantendremos igual de alta".

Anunció que el superávit estructural presupuestario de 1% "se mantendrá si se conservan algunas condiciones como el déficit del Banco Central y la denominación en dólares de la deuda chilena". Se mostró contrario a la devaluación del peso en favor de los exportadores, que alegan haber perdido 2.100 millones de dólares en dos años a causa del deterioro del dólar, según un estudio de la Cámara de Comercio. Dijo que "es importante que Chile tenga un tipo de cambio competitivo y ésa es labor del Banco Central", postura distinta a la que sostiene en los medios el presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, su ex jefe y futuro canciller Foxley, quien abandona la Cámara Alta en marzo.

Glamour in New York

La Segunda describió a Velasco como amante de la literatura y en particular de Borges, "por lo cual no era extraño presenciar largas discusiones con Sebastián Edwards", otro notable chileno que reside en EEUU.

"Edwards forma parte del gran círculo de amigos que tiene, donde el centro está ocupado por su "partner de sangre", Pablo Halpern, encargado de las comunicaciones en el comando de Bachelet", añadió el diario. Halpern, otro "think tank" de Expansiva, también fue responsable de la imagen pública de Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994–2000), desde la Secretaría de Comunicación y Cultura, y decano de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad del Desarrollo, casa de estudios superiores muy cercana a la Unión Demócrata Independiente (UDI), formadora de cuadros para el capitalismo salvaje.

Para el El Mercurio, "los integrados a la campaña" ––Halpern y Velasco–– "son los más liberales económicamente hablando, los más pro mercado y, aunque algunos lo encuentren frívolo, los más glamorosos, y que viven entre Estados Unidos y Chile. Además, no militan en ningún partido". Pero hasta hoy no se sabe qué cargo ocupará Halpern.

El Mercurio describió a Velasco como seguidor de Engel, no de Federico Engels, el socio de Carlos Marx, sino del articulista Eduardo Engel, economista y profesor titular de Yale. Engel "es de los pocos, si no el único referente de este grupo que no reconoce gurúes ni mentores", afirmó el diario de Edwards. "Una de las cosas que les gusta de Engel es que habla de dónde puede intervenir el Estado de forma inteligente y de cómo el Estado puede generar más competencia", dijo el cientista político Patricio Navia, cercano a algunos bacheletistas.

Para El Mercurio, "Engel engloba el pensamiento del sector más liberal del bacheletismo, representado por Andrés Velasco, Pablo Halpern, Óscar Landerretche hijo, Francisco Javier Díaz, Ricardo Lagos Weber [hijo del presidente saliente y futuro ministro Secretario General de Gobierno], y los DC Alberto Etchegaray de la Cerda (abogado e hijo del ex ministro de Vivienda del mismo nombre) y Guillermo Larraín (actual superintendente de AFP's)".

El diario añadió que todos tienen postgrados en universidades extranjeras: Díaz, un abogado formado en la Universidad de Chile, tiene postgrado en ciencias políticas en la London School of Economics y es candidato a doctor en ciencias políticas en Pittsburg; Lagos Weber, en la Universidad de Cambridge; Landerretche, en el MIT; Halpern, un MBA en Kellogg School of Managment; Velasco, en Harvard, donde además es profesor titular; Etchegaray, un master en políticas públicas en Georgetown; y Larraín, un doctorado en Economía en el EHESS de París.

El poder, ¿es siempre masculino? Michelle: ¿Una madre para Chile?

Por Paul Walder, Revista Punto Final, de Chile. Publicado en el Nº 605, 25 de noviembre, 2005.

Cuando Michelle Bachelet asumió la cartera de Defensa, su primera reunión con los altos mandos se inició con la siguiente declaración: "Soy socialista, agnóstica, separada y mujer… pero trabajaremos juntos".

La anécdota, que ha aparecido en algunos medios de comunicación, revela no sólo una realidad cultural compleja y discriminadora –viva en Chile desde las élites hasta las poblaciones y el campo–, sino también revela que Bachelet sabía perfectamente que ingresaba, en cierto modo como una infiltrada, en el corazón de la masculinidad.

No podía haber más diferencias. Una aparente brecha insondable separa la formación militar con la de una mujer militante socialista: una disparidad ideológica, cultural y, por cierto, de género. Fue una mujer que no sólo ingresa en los núcleos más profundos de las Fuerzas Armadas, sino que entra para ser de cierta forma su superior –lo que es muy funcional, o en este caso disfuncional, a la lógica jerárquica militar–.

La evaluación de su desempeño pudo haberse medido de muy diversas maneras, pero en la política moderna, de cara al espectador, hay sólo una que vale: la opinión pública modelada por los medios. Desde la cartera de Defensa, Michelle Bachelet pudo haber realizado un trabajo eficiente, pero el mayor valor ha sido haberlo hecho bien pese a su condición de mujer. Y es precisamente desde esta cartera que emerge como figura política catapultada de forma meteórica al primer lugar en todas las encuestas. Ocurre, podemos decir, un verdadero fenómeno cultural y político: una mujer socialista, hija de un general de la Fuerza Aérea, Alberto Bachelet, que fue torturado por sus compañeros de armas y que murió en la cárcel, detenida junto con su madre en la Villa Grimaldi por los militares, separada, como ella misma lo ha recordado, muta en figura política desde el centro de una institución masculina por definición. Salta a la batalla política –por usar una metáfora militar– desde el mismo ejército que casi la hace desaparecer, hace más de 30 años.

Bachelet sale fortalecida como una guerrera. Pero su triunfo militar no lo ha logrado con armas –usamos otra figura castrense– propiamente masculinas, como puede ser la dureza en el trato, el apego a las jerarquías o el lenguaje golpeado. Su paso por Defensa lo hace sin dejar de lado su propia formación y estilo, tan alejado de la formalidad y disciplinas militares. El país y los medios se deleitaron durante largos meses al verla con un casco arriba de un tanque o pasando revista en un jeep militar. Lo hizo sin perder sus originales atributos. Nada más ajeno a la rígida norma militar que los gestos y la sonrisa de la entonces ministra.

Logra disciplinar al ejército

Lo que surge a partir de aquellos meses es una intensa empatía con los medios y la gente. Ocurre precisamente por aquella paradoja. ¿Cómo una mujer aparentemente clásica lograba ordenar –no digamos disciplinar, aunque también pudo haber sido así– al temible ejército chileno? ¿Por qué ella saltaba como favorita en las encuestas y no Soledad Alvear, que también había sido eficiente en las carteras de Justicia y Relaciones Exteriores? Tal vez precisamente porque la franqueza o sencillez de Bachelet lleva a percibirla como una figura femenina tradicional, hundida en nuestro imaginario como nación y sumergida también en nuestras conciencias o subconciencias. Bachelet con su espontaneidad y extroversión, y también por su misma biografía, es o parece ser una mujer chilena clásica, definición que intentaré explicar.

¿Cómo aparece Michelle Bachelet casi de la noche a la mañana en la cúspide de las encuestas de opinión? Pese a su militancia socialista, lo que en ella convoca es una fuerte empatía en torno a su condición de género, en una sociedad en pleno –o deseado– proceso de modernización en el sentido del fuerte cambio de hábitos que ha experimentado durante los últimos diez o quince años. Bachelet, o ella como fenómeno político, irrumpe hacia el centro de este cambio, en el que la condición de la mujer es un eje fundamental: los mayores cambios sociales y culturales del siglo XX –que para nosotros serán también y con más fuerza en el XXI– han estado impulsados por la transición de la mujer desde el ámbito exclusivamente privado al público. Este cambio, afirman sociólogos como Anthony Giddens, es probablemente la mayor transformación social de esta fase tardía de la modernidad, que altera no sólo las relaciones sociales y laborales sino también la institución de la familia tradicional. A partir de este cambio –la mujer en el trabajo, en la vida pública, la mujer jefa de hogar– ya nada será como antes.

Siguiendo a Giddens, podemos decir que en Chile vivimos este cambio, pero tensionado por fuertes atavismos que surgen desde la masculinidad. Se trata de una transformación transversal, que cruza clases sociales e ideologías políticas. La reivindicación de igualdad de género, como respecto a la equidad salarial, es un tema compartido y levantado con matices desde la UDI al PC. Y es aquí cuando Bachelet es elevada a niveles heroicos desde la derecha a la Izquierda. Simboliza la razón, el acceso a la modernidad, que es igualdad, la ruptura con el lastre de las tradiciones machistas.

Bachelet logra romper con profundas tradiciones sin elevar un discurso ideológico de género, aun cuando como candidata ha revelado una sólida formación feminista. Pero desde la cartera de Defensa logra corroer aquella institucionalidad del poder masculino con herramientas livianas y carentes de toda ideología: ella actúa tal cual es –mujer chilena, separada, socialista y agnóstica– y cautiva a la opinión pública. Ha logrado generar consciente o inconscientemente un vínculo entre su actuar, su ser, y las aspiraciones de cambio y modernidad de gran parte de la sociedad chilena. ¿Qué mujer no se sintió identificada con ella al observarla seducir sin mañas al ejército? Si ella pudo manejarlo, ¿por qué el resto de las mujeres trabajadoras no podrían controlar sus relaciones laborales o, por lo menos, a sus maridos? O también, si pudo domeñar al ejército, ¿por qué no a la clase política y dirigir desde La Moneda al país?

El mito de María

¿Por qué un pueblo ha apoyado a esta mujer, aparentemente sin los típicos atributos del político ni del tecnócrata? Existe una fuerte corriente cultural latinoamericana que arranca del mito mariano, de María, la virgen, que es simbólicamente, desde los orígenes de la Conquista, el modelo femenino discriminado y subordinado al poder masculino. Pero este mito pone a la mujer discriminada, sola, abandonada por el macho, como un referente poderoso: aquella fémina jefa de hogar desde su debilidad y no sin sufrimientos logra imponerse, educar a sus hijos, instalar su identidad, hacerse valer. La madre asume en estas duras circunstancias el papel del padre. Ella lo es todo.

Esta tesis –desarrollada por numerosos antropólogos latinoamericanos, y comentada por la chilena Sonia Montecino en su ensayo Madres y huachos– nos conduce al fenómeno Bachelet. Su condición de separada, a la que ella ha aludido en numerosas ocasiones, no la debilita, sino que la fortalece y la convierte en un nuevo referente público levantado por este profundo mito hasta ahora de índole privado. Podemos decir que la condición de mujer separada era hasta hace no muchos años una especie de trauma, de pecado, que se invierte si no necesariamente en icono del feminismo –aun cuando sucede en no pocas corrientes de mujeres– sí en un natural estado civil.

Si observamos las estadísticas de nacimientos en Chile, podemos detectar que prácticamente la mitad de los niños nace fuera del matrimonio, lo que implica a muchas madres solteras que estarían identificadas con el mito mariano. Son madres–padres, son el todo. Podemos decir que Chile como nación tiene una fuerte relación con la figura materna, lo que insinúa, a la vez, la figura del padre ausente. Casi la mitad de los chilenos tenemos como único referente a esta madre, que es también padre.

Esta totalidad de la madre surge de la ausencia del padre, lo que es también hablar de debilidad de los hijos. Nuestra cultura, en cierto modo, está construida por la idea del abandono: una lejana imagen del padre, idealizada pero abstracta; una madre objetivamente débil, pero estable y real.

Hasta ahora, esta imagen materna había estado presente en numerosos episodios de la política chilena y latinoamericana, desde las Madres de Plaza de Mayo, las ollas comunes, el uso de la cacerola como arma simbólica de protesta, las cuecas de mujeres solas, pero nunca había sido instalada en una figura con aspiraciones y posibilidades presidenciales. El caso de Eva Perón, que tiene también un fuerte contenido mítico, se encarnó al lado del poder masculino: eran la pareja perfecta. Era la mujer al lado del poder masculino.

Las nuevas relaciones de género

Tenemos el mito y tenemos también el proceso de modernización cultural, que surge de los cambios económicos y sociales. De una u otra forma la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral ha transformado las relaciones de género. Bachelet aparece –lo mismo que en aquellos días Soledad Alvear– en un escenario que reclama la igualdad de género como discurso propio de la modernidad. Las temporeras, las telefonistas, las cajeras, pero también las mujeres profesionales son cada vez más protagonistas de la fuerza laboral, exigen una igualdad de trato y salarial. Todas demandas que son transversales, con sus propias diferencias, a las inclinaciones políticas.

Si es así en las relaciones laborales, lo es también en la vida doméstica. La incorporación de la mujer al trabajo muchas veces está impulsada por el repliegue laboral masculino. En no pocos hogares pasa a ser el ingreso de la mujer la primera fuente de recursos familiares. Este fenómeno conlleva grandes cambios, que involucran no sólo a las mujeres sino también al poder masculino. Hay, objetivamente, una transformación en la vida familiar de pareja.

La idea de una mujer presidenta de Chile, que en poco más de un año se ha instalado en el imaginario nacional, representa, en una primera mirada, un quiebre con los tradicionales hábitos privados y públicos. En los privados porque es aceptada por los potenciales electores y electoras en un país en que la mujer tuvo derecho a voto hace poco más de cincuenta años; en los públicos, porque no sólo se le postula a un cargo tradicionalmente masculino, sino también porque en el resto de las instituciones persiste todavía una fuerte discriminación hacia la condición femenina. Son minoría en los ministerios, en los altos cargos de la administración pública, en el poder económico y político.

Bachelet repite, ahora con un discurso propio de las históricas reivindicaciones de género, que su ingreso a La Moneda será también un símbolo para reforzar y cristalizar el poder de las mujeres. Desde el primer lugar de lo público irradiará un discurso permanente para corroer la discriminación, que es también maltrato y abuso.

Pero es probable que este proceso hacia La Moneda sea un trance transformador y Michelle Bachelet sufra algunas mutaciones que se añadirían a las que hemos observado en estos meses. Como ocurre en no pocos casos de mujeres en la primera línea política –desde la Thatcher a Condoleezza Rice–, la condición femenina se mimetiza con el poder político, el que es y ha sido históricamente masculino. Se trata de mujeres muy eficientes en el manejo del actual estado de cosas, lo que es simplemente una mantención de las mismas estructuras de poder. Es la política del gatopardo operando a plena marcha.

Hay no pocas señales en esta dirección: desde su vestimenta formal, la contención de su sonrisa y su explosiva gestualidad, la modelación de su discurso. En todos estos casos lo que hay es una acomodación de actitudes propias de su feminidad a gestos propios del poder masculino en la política. El discurso tecnocrático que hoy exhibe Bachelet es una clara señal de integración al corazón del discurso del poder, el que, como decimos, ha sido y es masculino.

La soberbia del machismo

Michelle Bachelet no es una revolucionaria en el Partido Socialista. Y tampoco es una extrema militante feminista. Sí integra un imaginario socialdemócrata con un espíritu de mayor igualdad en las relaciones de género, lo que no es poco para un país tradicionalmente machista. Con un machismo que además de hundirse por varias y profundas capas culturales de la vida privada, ha estado y aún está muy presente en su vida pública. La clase política chilena puede darse hoy muchas libertades, pero no poner en duda el poder que brota de su masculinidad.

El presidente Lagos, que termina su mandato con un histórico apoyo según las encuestas, puede ser un arquetipo de esta relación entre el poder y la masculinidad: un padre protector, a veces un padre autoritario. Cuando en Monterrey le respondió con extrema dureza al entonces presidente de Bolivia, Carlos Mesa, prácticamente toda la clase política nacional irrumpió en aplausos. Eso es, se dijo, tener pantalones, lo que en otras palabras es identificar la extrema resolución, que es también cierta soberbia y agresividad, con una actitud propiamente masculina.

¿Ha sido éste el arquetipo de nuestros presidentes? Pregunta de difícil respuesta y de posibles y extensas tesis y argumentaciones que corresponden a los historiadores. ¿Cuál fue la impronta paterna de Salvador Allende? ¿Había en el sanguinario autoritarismo de Pinochet una oculta inseguridad y debilidad? Es una pregunta algo freudiana que aparece tras conocerse su relación con Lucía Hiriart y el papel no menor que ella habría jugado en los preparativos del golpe de Estado. Y, por último, ¿cómo integramos aquí la posterior figura de abuelo bonachón de Patricio Aylwin y de aparente vaguedad demostrada por Eduardo Frei Ruiz–Tagle? Pero de una u otra manera, en todos los casos existe paternalismo.

La fuerte tradición machista ya la sufre Bachelet en esta campaña, desde los familiares y tal vez poco adecuados apelativos para una eventual futura presidenta, como el funesto "la gordi" usado por Nicolás Eyzaguirre a "la Michelle" de Joaquín Lavín. Se trata de apodos que traslucen, sin mala intención, un implícito menosprecio a la condición de una mujer en la arena política. Hasta ahora no hemos oído que a Andrés Zaldívar le digan en el Senado "chico" a secas, o que a los numerosos calvos que se sientan en la Cámara les llamen simplemente "el pelao". Una cultura profundamente machista inhibe en el terreno público este trato, lo que no sucede con una mujer que no ha ocultado, en toda su sencillez, su condición de mujer.

Ante estas circunstancias, lo que tendremos es un proceso de impregnación con el poder masculino. Bachelet, si ingresa a La Moneda el próximo 11 de marzo, será investida con toda probabilidad con este poder.

Pocas, pero ilustres

Sólo 36 mujeres han sido presidentes de gobierno o jefas de Estado en el mundo desde el fin de la segunda guerra mundial. Entre las que destacan, figuran la premier de la India, Indira Gandhi, en sus dos períodos, de 1966 a 1977 y de 1980 a 1984; la primera ministra de Israel, Golda Meier, entre 1969 y 1974; la premier de Pakistán, Benazir Bhutto, entre 1988 y 1990 y 1993 y 1996; la primera ministra de Francia, Edith Cresson, entre 1991 y 1992 y, cómo no mencionarla, la primera ministra británica, Margaret Thatcher, que gobernó como Dama de Hierro, guerra contra Argentina mediante, entre 1979 y 1990.

En nuestras latitudes la conducción de la política ha estado en pocas ocasiones en manos de mujeres. Recordamos a Estela Martínez de Perón, que gobernó Argentina entre 1974 y 1976, a Violeta Barrios de Chamorro, de Nicaragua, a Mireya Moscoso, de Panamá, a Lidia Gueiler de Bolivia.

En Asia también podemos recordar figuras emblemáticas, como Corazón Aquino, de Filipinas, en el poder entre 1986 y 1992, así como a la actual presidenta Gloria Macapagal–Arroyo y a la actual líder de Indonesia, Megawati Sukarnoputri. Junto a estas líderes de Asia gobiernan mujeres en Nueva Zelandia, Helen Clarke; en Bangladesh, Khaleda Zia; en Finlandia, Tarja Halonen; Irlanda, Mary MacAleese; Latvia, Vaira Vike–Freiberga; Sri Lanka, Chandrika Kumaratunga, y a partir del 22 de noviembre pasado, Angela Merkel en Alemania.

Por cierto que de esta lista no todas terminaron sus mandatos, como tampoco accedieron al poder en forma clásicamente democrática. Y en no pocos casos terminaron su gobierno por golpes de Estado, revueltas o magnicidio, como fue el caso de Indira Gandhi, asesinada por sus escoltas.