Pensamiento Crítico

La leche, el nuevo petróleo blanco

Por Wayne Arnold | International Herald Tribune | 10 Septiembre 2007
Después de ahorrar por años, Geoff Irwin logró finalmente juntar suficiente dinero para comprar, en 2003, la granja lechera de sus padres en Hamilton, Nueva Zelanda. Ahora Irwin, a los 45 años de edad, administra la tierra y sus 300 vacas. Es un trabajo duro, de 12 horas diarias, pero al parecer ha valido la pena: sólo cuatro años más tarde, la granja vale más del doble de lo que pagó por ella. Los precios de los productos lácteos en Nueva Zelanda se están disparando, a la par de los ingresos que genera, gracias a un boom mundial de la leche. Impulsados por una combinación de cambio climático, políticas comerciales y competencia por parte de ganado alimentado por los productores de bio-combustibles, los precios globales de la leche se han duplicado durante los últimos dos años. En sectores de Estados Unidos la leche es más cara que la gasolina. Hay informes sobre el robo de vacas en granjas lecheras de Wisconsin. "Existe una escasez mundial de leche", dijo Philip Goode, director de política internacional de Dairy Australia, un organismo del sector lácteo en ese país. Pero la fuerza principal que impulsa al alza a los precios de la leche es la misma que ha incentivado los precios de commodities convencionales como el hierro y el cobre: una economía global en expansión. Los crecientes ingresos, desde China e India hasta América Latina y el Medio Oriente, están sacando a millones de personas de la pobreza e insertándolas en las clases medias. Junto a los automóviles con estilo y los televisores de pantalla plana, la leche es el sello del nuevo dinero, una fuente significativa de proteína que interviene fuertemente en la dieta de cualquier persona acomodada. La leche está en las fórmulas alimenticias infantiles, en los chocolates, los helados y el queso. La mayor parte de los productos horneados contienen mantequilla y cadenas como Starbucks venden más leche que café. Según Alex Duncan, economista de la compañía neozelandesa Fonterra, la mayor exportadora de lácteos del mundo (en Chile es controlador de Soprole), sólo satisfacer la demanda requerirá agregar cada año el equivalente a toda la producción lechera anual neozelandesa. Eso significa mucha leche: Nueva Zelanda es el principal exportador de productos lácteos del planeta. Algunos economistas dudan que el mundo esté en condiciones de cumplir esa tarea y dicen que es posible que la escasez de leche se expanda por el planeta. Otros señalan que hay muchos lugares donde se puede producir más leche si el precio es bueno. Pero todos coinciden es que los precios de la leche tenderán a permanecer altos y a subir todavía más. Las pizzerías y los vendedores de helados están subiendo sus precios. Starbuck elevó el precio de sus bebidas. Y subir el precio del chocolate no impidió que los precios de la leche significaran una baja en las utilidades de Hershey s, de 96% en su último año. La leche está pesando fuerte en las utilidades de Cadbury Schweppes y la unidad de quesos de Kraft Foods.

La cuestión logística

Lo inusual del boom de la leche, comparada con otros commodities, es que ésta no es como el petróleo. No se la puede envasar en barriles y acopiarla. Se pone ácida. Incluso en polvo, la versión más commoditizada, la leche tiene una vida de estantería. Como resultado, sólo un 7% de toda la leche producida se comercializa a través de las fronteras. El resto se consume en los mercados domésticos, protegidos por la geografía o por tarifas o subsidios. Los grandes consumidores, como los fabricantes de chocolate y las tiendas de comestibles, compran con contratos de largo plazo y así pueden tolerar alzas y caídas bruscas de los precios. Así, el impacto por la escasez global varía de país en país y no todos los consumidores están todavía sufriéndolo en la misma magnitud. Pero, debido a la naturaleza local del mercado, hay muy poca capacidad ociosa disponible. En el pasado, el mundo siempre pudo contar con Estados Unidos y Europa para cubrir la escasez, exportando parte de sus stocks subsidiados. Pero Estados Unidos fue sonsacando su montaña de mantequilla y queso, lo mismo que la Unión Europea (UE), que empezó a cortar los subsidios lácteos en 1993. La creciente demanda en Estados Unidos y los nuevos miembros de la UE, además, está vaciando las provisiones. Australia, un gran exportador, está sufriendo una larga sequía que ha devastado su producción de leche, al matar al pasto que comen las vacas. Muchos creen que, lejos de ser un problema temporal, la sequía sea el resultado del calentamiento global y que la producción láctea nunca vuelva a ser la misma. Al mismo tiempo la creciente demanda por biocombustibles está empujando al alza al precio del maíz y otros granos con los que los granjeros en Estados Unidos, Europa, Canadá y Japón alimentan a sus vacas en lugar de pasto. Los mayores costos, por lo tanto, están contribuyendo aún más hacia arriba los precios de la leche. La producción aumenta en mercados emergentes como China, pero la demanda está creciendo allí incluso más rápido. Una persona promedio en China consume ahora más de 25 litros de leche al año, contra 9 litros el año 2000. De manera que, así como China es ahora uno de los principales productores de leche del mundo, es también el mayor importador mundial. En otros mercados emergentes, los precios en alza han llevado a los gobiernos a establecer control de precios. En Argentina, por ejemplo, el gobierno impuso un impuesto a las exportaciones lácteas. E India, el mayor productor mundial de leche, prohibió este año la exportación de leche en polvo.

Inflación a la vista

Los crecientes precios de la leche están ayudando a acelerar la inflación en el mundo, desde Brasil a Australia, y levantando sospechas respecto de que hay algo más que oferta y demanda. Las autoridades de Sudáfrica han acusado fijación de precios en el mercado lechero del país; en Alemania están analizando el alza de precios de la leche y de la mantequilla; y el Congreso de Estados Unidos comenzó una investigación sobre una supuesta fijación de precios del queso. Pero los crecientes precios de la leche no han sido una bonanza sin nubes para los productores, ni siquiera en Nueva Zelanda. Cada granjero ha ganado en promedio unos 76 mil dólares extra, pero las exportaciones en aumento han contribuido a que en Nueva Zelanda suba la inflación, y el auge exportador ha elevado también el costo de la mano de obra en el campo y de los nuevos pastizales. Como resultado, expertos dicen que la creciente demanda tendrá que ser satisfecha por países como China, Argentina o India. Algunos ven a Estados Unidos como otra posibilidad. Como los precios internacionales han subido por sobre el precio interno subsidiado, hacen rentable para los estadounidenses exportar su leche. También se estima que tanto el Medio Oeste de Estados Unidos como Europa podrían multiplicar su producción de leche, pero eso tomaría uno o dos años y requiere utilizar más granos costosos. De modo que, aunque los abastecimientos de leche satisfagan la demanda, el precio seguirá alto, incluso más que ahora.