Pensamiento Crítico

Un repaso por la situación mundial: Inmanuel Wallerstein

Por Fabián Bosoer | Diario Clarín, de Argentina. | 24 Septiembre 2007
Immanuel Wallerstein es uno de los más destacados intelectuales de la política internacional, sus libros son estudiados y discutidos en las universidades de Occidente y Oriente, del Norte y del Sur; sus artículos son traducidos y publicados a más de veinte idiomas en diarios de todo el mundo. Es profesor emérito de la Universidad de Yale y presidió la Comisión Gulbenkian, un grupo de científicos que trabajó sobre los nuevos paradigmas, y el Centro Fernand Braudel. A los 77 años, se da tiempo para estar al día con las noticias de lo que ocurre en cada rincón del planeta y volcar sus opiniones y análisis. Sus posiciones críticas lo proyectaron como uno de los principales referentes del movimiento antiglobalización. Nació en Nueva York, en 1930, en medio de la gran crisis. Y se llama como Kant, el filósofo de la razón práctica y la "paz perpetua" entre las naciones. Cuando se le pregunta a Immanuel Wallerstein cuánto marcaron esa cuna de origen y su nombre su vocación y trayectoria, cuenta: "Mis padres nacieron en el Imperio Austro-húngaro, pero el nombre en sí mismo proviene de una pequeña aldea de Bavaria que se llama Wallerstein. Suponemos que en el siglo XII o XIII, algunos de mis antepasados vivieron en Wallerstein y tomaron el nombre. ¿Y su primer nombre? Immanuel es porque mi madre admiraba el nombre. Ella, en verdad, no se interesaba mucho por las ideas de Kant, pero eligió el nombre utilizando la ortografía del de Kant, Immanuel con I. Es sólo una casualidad. Activo participante del Foro Social Mundial, fundador y creador de la perspectiva crítica del "análisis del sistema-mundo", sociólogo e historiador, Wallerstein retoma las tradiciones del pensamiento social crítico de los últimos 150 años, juntando las ideas de Carlos Marx y Fernand Braudel y agregando algunos de los desarrollos más recientes de las ciencias naturales y la física, en especial de la teoría del caos del Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine. Dice que "las ideas de los grandes pensadores muchas veces son rechazadas por la puerta, pero vuelven a entrar por la ventana". Se entusiasma con los grandes desafíos: presidió la Comisión Gulbenkian, un núcleo de científicos de distintas partes del mundo reunidos con el propósito de reformular los modos del conocimiento en las ciencias sociales, y participa del Foro Social Mundial, donde encuentra la alternativa de "un mundo más igualitario y democrático". Su obra más importante es "EL moderno sistema mundial" (Siglo XXI). Sus obras publicadas en español incluyen "Un mundo incierto" (Libros del Zorzal), "Análisis de sistemas-mundo" y "Conocer el mundo, saber el mundo. El fin de lo aprendido" (Siglo XXI). Tenemos a Immanuel Wallerstein en exclusividad para Clarín durante una hora, en un mano a mano, compartiendo esta charla en un alto de su agotadora agenda en su paso por Buenos Aires. Vino invitado por la Carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en el marco de las actividades por su 50º aniversario, con el auspicio de Clacso y la Fundación OSDE. Usted viene anunciando hace años la declinación de la hegemonía de los Estados Unidos en el mundo. ¿Cómo coloca en ese trasfondo las consecuencias de la guerra en Irak? Recordemos en primer lugar que fueron los llamados "neoconservadores" los que venían anunciando la declinación de los EEUU en los años 90. Claro, para ellos eso constituía una amenaza y por lo tanto, proyectaron una estrategia de expansión imperial que denominaron "Proyecto para el nuevo siglo americano". Osama bin Laden y el 11 de septiembre de 2001 les dieron la oportunidad de llevar adelante lo que ya tenían pensado que debía hacerse años antes; es decir, ocupar Irak y utilizar la operación para restaurar esa supremacía. La decisión de invadir Irak fue estimulada y a mi juicio era lo que esperaba Bin Laden, que quería provocar una movilización militar de los EEUU porque a su juicio sería la manera en la cual podría hacer avanzar sus objetivos en Oriente Medio. ¿La actual situación en Irak es un triunfo de Bin Laden? Lo que digo es que la guerra que se hizo para restaurar la hegemonía norteamericana terminó acelerando la crisis de esta hegemonía. La consecuencia fue que EEUU se precipitó en una política que fue un desastre para los EEUU No es cierto que fue una victoria para Bin Laden mismo, pero en todo caso no fue bueno para los EEUU Ni para los iraquíes, por supuesto, ni para el mundo. EEUU está empeñado en una guerra sin fin, sin posibilidad de victoria y que ha mostrado los límites del poder militar norteamericano, ha cam biado la apreciación del mundo entero sobre la potencia política de los EE.UU., lo que va a limitarlo seriamente en la década que viene. ¿Su análisis de los sistemas-mundo no replica de alguna forma las teorías de la globalización y de la nueva guerra global? Lo que planteo es que es necesario entender fenómenos como la globalización y el terrorismo como parte de un mismo proceso histórico, que es el de la crisis del sistema-mundo moderno, que es a la vez el de la economía-mundo capitalista y el del sistema internacional entendido como un sistema ordenado por una o dos potencias hegemónicas. Entiendo al sistema-mundo como un sistema social histórico que está unido por la tensión entre sus fuerzas conflictivas y contradictorias. Esas fuerzas, hoy, están llevando al fin de un sistema mundial. ¿Afirma usted que el fundamentalismo islámico forma parte de ese mismo sistema? Hay todavía una cierta colusión entre los enemigos, en este sistema-mundo capitalista. Y la cooperación, por ejemplo, de las grandes instituciones de inteligencia militar y política de los Estados es conocida desde hace mucho tiempo. Es una mezcla de oposición y de colusión y en el caso específico de Bin Laden. No olvidemos que fue un aliado de los EEUU en los años 80; que EEUU ayudó a juntar alimentos y entrenamiento a lo que hoy es Al Qaeda; así como ayudó a Saddam Hussein porque llevaba adelante la guerra contra Irán. Eso fue durante la Guerra Fría... ¡La Guerra Fría fue también una gran colusión desde los inicios! Era la esperanza de EEUU y de la Unión Soviética como poder subimperial, de congelar la situación Norte-Sur, mantener un equilibrio global sobre la base de una carrera armamentista, una lucha ideológica fenomenal y un desplazamiento de la confrontación global a guerras periféricas en distintas partes del mundo, que no afectaran ese equilibrio global. Está describiendo algunas de las características de lo que fue la geopolítica del siglo XX. ¿Cuánto de esos juegos de poder tiene vigencia en el mundo actual? El problema actual es que la hegemonía de los EEUU está en una crisis creo yo que irreversible e ingresamos en una situación que es y será ultraconfusa, caótica, con grandes cambios en una dirección y en otra, con múltiples polos de poder geopolítico, con una situación económica completamente incierta y vacilante y con cierto grado de violencia en todo el mundo. No suena muy tranquilizador y menos esperanzador, ni para los realistas ni para las utopías de cambio... Es que así son las transiciones entre un sistema y otro. Estamos entrando en una situación de crisis estructural hacia la construcción de un nuevo sistema mundial, todavía incierto. Es lo que los físicos de la complejidad denominan "bifurcaciones": bruscas oscilaciones de todas las estructuras y procesos que hemos conocido, inestabilidades que eventualmente se inclinarán en una dirección u otra, y donde no podemos prever qué lado de la bifurcación será el lado definitivo del nuevo sistema. Será un siglo de transición y de incertidumbre. No creo que vaya a existir una potencia dominante o hegemónica. ¿Cómo será ese mundo multipolar sin hegemonías que describe? Bueno, hay múltiples potencias aparte de EEUU: Europa occidental, Rusia, China, Japón, India, Sudáfrica, Irán, Brasil y el Cono Sur, tal vez Sudamérica como bloque regional... El sistema interestatal hacia el que vamos estará compuesto por unidades grandes, nacionales o regionales que podrían jugar un mayor papel. Podrán hacer entre ellos alianzas temporarias para avanzar en sus posiciones sin que haya una entre ellos que pueda dominar definitivamente la situación. Un mundo multipolar, sin potencias ordenadoras, ¿no supone más conflictos y guerras? Hay guerras y guerras. En todo momento hubo y hay pequeñas guerras. Pero las grandes guerras que llamamos las guerras de 30 años, de esas grandes guerras, únicamente tres veces fueron guerras que implicaron a todos los poderes del mundo y que señalaron el último momento de la contestación entre dos grandes poderes que querían ser poder hegemónico. Si continuara como hasta ahora, la crisis del sistema-mundo capitalista se podría prever, por ejemplo, una guerra en 2060 y 2070, por ejemplo en Asia oriental, o en Europa occidental. Pero no se dará, porque como le decía, al mismo tiempo nos hallamos en un período de transición que lleva a inevitables cambios en el sistema actual. ¿La proliferación nuclear sin equilibrio de poder es un factor que favorece o que disuade las guerras? La no proliferación es un mito. Desde los inicios hubo proliferación. Primeramente los EEUU y Gran Bretaña, unos años después la Unión Soviética, diez o quince años después de esto Francia, después China, después India, después Pakistán, después Israel y ahora Corea del Norte, etc., etc. Y preveo que en quince años habrá por lo menos 20 o 25 poderes con armamento nuclear. La no proliferación es un esfuerzo de poderes que tienen ya armamentos nucleares de limitar la proliferación a otros. Pero el momento de éxito relativo de esta presión ya pasó. ¿Qué lugar le cabe a América latina y a países como la Argentina en este panorama? Depende un poco de ellos. A mi juicio, si los países del Mercosur pudieran superar sus tensiones internas, si pudieran ampliar el Mercosur para recuperar a los países andinos, creo que esta parte del continente americano puede tener un papel más relevante en la nueva geopolítica mundial. Pero deben tener una política consistente conjunta sobre las grandes cuestiones, no solamente a nivel político sino también económico. Tienen ahora gobiernos de izquierda; es cierto, son distintas maneras de entender la izquierda, pero tienen un elemento común y es que entienden la importancia de la autonomía geopolítica.