Pensamiento Crítico

Centroamérica y la crisis del petróleo: entre lo necesario y lo posible

Por Ernesto Montero Acuña | Agencia Prensa Latina, de Cuba. | 24 Septiembre 2007
Con el petróleo próximo a los 80 dólares el barril, la capacidad de Centroamérica para adquirir hidrocarburos se reduce, los costos de sus productos y servicios se elevan y las soluciones propias, a partir de los combustibles agrícolas, se tornan menos posibles y a muy largo plazo. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revela condiciones poco prometedoras para la solución energética en el istmo, a la vez que la revista Oil World y otras publicaciones auguran una perspectiva sombría para la oferta global de oleaginosas y la situación centroamericana. El consultor Waldyr Luiz Ribeiro Gallo, autor del documento de la CEPAL, considera que para sustituir el mercado energético de los hidrocarburos tradicionales "los precios de las materias primas deben ser los más bajos" y las producciones las más altas, algo no garantizado en la zona en una perspectiva próxima. En los países comprendidos en el análisis –"El Salvador, Costa Rica, Honduras y Guatemala, ya que Nicaragua no está incluida– las materias primas deben ser importadas, cultivadas a muy largo plazo u obtenidas a partir de plantas y residuos no comestibles, cuyos resultados se revelan incipientes e inciertos. Sin embargo, en el mercado mundial de las oleaginosas, rubro exportable en parte de Centroamérica y de consumo humano generalizado, la factura se torna creciente y en perspectiva limitará su uso como alternativa energética en la región y el resto del mundo, sin considerar subsiguientes elevaciones de precios. La revista especializada alemana Oil World considera que un fuerte aumento en la demanda de oleaginosas y aceites vegetales para la elaboración de los llamados biocombustibles podría, por esta razón, generar una crisis mundial de alimentos. Para la publicación, "es hora de darse cuenta de que la comunidad global se acerca a una crisis alimentaria en el 2008", salvo que la utilización de los renglones agrícolas en agrocombustibles "sea reducida o haya condiciones climáticas ideales" que eleven los rendimientos "con mucha fuerza". La disminución de las disponibilidades no sólo tendrá efecto alimentario, sino también "y de manera creciente" en los energéticos artificiales y, principalmente, en países menos desarrollados y con inferiores posibilidades tecnológicas y baja capacidad de financiamiento, como los centroamericanos. Citada por la agencia británica Reuters, la revista expone que las reservas globales de cereales y aceites vegetales se encuentran ya en niveles históricamente bajos y que productores de todo el mundo cambian oleaginosas por cereales, debido a que el precio de estos últimos se encuentra en un nivel récord. No sólo se reduce la disponibilidad en el mercado de las grasas para la producción del "biodiésel", sino también la de otros productos alimenticios agrícolas que comienzan a competir con aquéllas en una contradictoria relación mercantil. La revista editada en Hamburgo ha difundido que el balance de la oferta y la demanda mundiales de las principales siete oleaginosas se volverá, en este lapso, más estrecho de lo que se espera. Ello se debe a que el déficit de producción, estimado entre 17 y 18 millones de toneladas respecto al consumo previsto, reforzará una caída sin precedentes en las reservas" para el período 2007-2008. Ilustra lo anterior con que las existencias de las oleaginosas más importantes serían de 384,2 millones de toneladas, muy por debajo del consumo, estimado en 401,8 millones e, incluso, inferior a los 387,3 millones de toneladas utilizadas durante 2006-2007. La fuerte subida del consumo en perspectiva, provocada también por la producción de agrocombustibles, reducirá las reservas mundiales de las principales siete oleaginosas a 64,3 millones de toneladas, desde los 81,9 millones disponibles en la etapa anterior, lo que aún contribuiría a satisfacer la demanda en el 2007-2008. No obstante, Oil World estima que se necesitaría un fuerte aumento en la producción para el 2008-2009. En cuanto al contexto centroamericano, Ribeiro Gallo precisa que "el biodiésel no puede ser visto como la solución final para la sustitución de todo el diésel, porque las áreas de siembra necesarias son muy elevadas y la competencia por tierra podría causar daños a la producción de alimentos". Máxime si se tiene en cuenta que en Costa Rica, Guatemala y Honduras la única oleaginosa explotada "en grandes cantidades" es la palma africana. El Salvador no produce este tipo de planta en cifras significativas y Nicaragua trabaja en otra dirección, más en correspondencia con los objetivos del ALBA. El autor aclara que "la producción de biodiésel en esta región, en grandes cantidades" y con una perspectiva temporalmente más próxima, sólo puede lograrse con el aceite de la referida planta, cuyo producto se utiliza hoy en el consumo humano. Emplearlo con propósitos energéticos, cuando los precios de los renglones oleaginosos son altos y la disponibilidad tiende a disminuir, elevaría el costo de éstos y reduciría, a la vez, su oferta en el mercado alimenticio, con lo que también limitaría la viabilidad económica de los agrocombustibles. Al menos, las consecuencias humanas previsibles, por tales razones, resultan preocupantes, sin que pueda asegurarse que este comercio energético pueda resultar exitoso, al extremo de compensar los quebrantos La CEPAL expone en su estudio que algunas alternativas podrían ser el empleo de aceites reciclados u otras materias primas --como desperdicios de tilapia utilizados incipientemente en Honduras-- y el cultivo de plantas no alimenticias y fomentadas en terrenos no agrícolas. De acuerdo con el análisis, la producción obtenida estaría destinada exclusivamente al mercado de cada uno de estos países centroamericanos. En los Estados Unidos el consumo del llamado biodiésel no es grande, las empresas que lo producen tienen capacidad ociosa y los incentivos fiscales no se aplican al producto importado. Se explica, por otra parte, que en la Unión Europea, hasta el momento, "la producción del biodiésel tiene una característica de apoyo" a los agricultores locales. Mas, en Centroamérica existe el riesgo de desplazar tierras dedicadas a los alimentos hacia la producción de materias primas para combustibles. Ribeiro Gallo recomienda, en este caso, tener cuidado de que no ocurra una concentración en la propiedad de las parcelas o que la producción de alimentos resulte desplazada a regiones más distantes de los centros de consumo, pues ello encarecería los productos. El estudio concuerda, asimismo, con que el maíz necesario para abastecer a un vehículo con 25 galones de alcohol es suficiente para alimentar a una persona por un año y el empleado en llenar el tanque cada dos semanas nutriría a 26 en aquel mismo período. En países importadores netos de aceites vegetales, como El Salvador, es más importante emplear las materias primas en obtener aceites comestibles que utilizarlas en el "biodiésel", a menos que éstas no sean consumibles por los humanos como el higüerillo o tempate, común también a otros países de Centroamérica. "La diversificación de fuentes de energía es importante para reducir la dependencia de (las) importaciones", especialmente para los países de esta área, con "balanzas comerciales deficitarias y deudas externas elevadas". Pero ello requiere promover el desarrollo rural de "forma sostenible, sin impactar la seguridad alimentaria o el ambiente". Esto equivale a decir "sin uso masivo de irrigación, de abonos químicos o de fertilizantes agrícolas". La promoción del "biodiésel" puede resultar costosa y debe ser evaluada con cuidado, pues "envuelve exenciones de tasas o subsidios que reducen la capacidad de recaudación del país". Ello atentaría contra los beneficios sociales requeridos por sus habitantes más pobres. Este combustible debe poseer "viabilidad económica con pocos incentivos", a partir de materias primas locales y de bajo costo, subproductos que contribuyan a la reducción de gastos y de una "cadena de producción "eficiente y sostenible desde el punto de vista energético y ambiental". Adquirirlas mediante la importación reduciría la factibilidad de esta producción debido al costo del aceite crudo o refinado. De ahí que se recomiende desarrollar la utilización, a un plazo medio o largo, del piñón o tempate, sin un manejo agrícola desarrollado todavía. En el caso centroamericano se refleja como un obstáculo importante, adicionalmente, la posible credibilidad del nuevo producto, cuya calidad debe ser mantenida para "no causar daño a los vehículos y no poner a los consumidores en contra del biodiésel". Se añaden "obstáculos de naturaleza política" y se recomienda un ambiente transparente, tributación definida explícitamente y que los proyectos agrícolas cuenten con mecanismos de crédito, apoyo a inversiones y asistencia técnica. ¿Es rentable la producción del "biodiésel" en Centroamérica?, se pregunta Green Bubble, publicación para la que, "por encima de debates ideológicos sobre el uso de tierras y el destino alimenticio o energético que se otorgue a los cultivos que lo originan", este combustible "representa un dilema". En "el istmo se ha identificado a la palma africana como la materia prima principal", debido a que Costa Rica, Guatemala y Honduras son países experimentados en su cultivo y procesamiento. Pero utilizarla implicaría dejar de producir aceite alimenticio. Asimismo, "la sustitución del diésel derivado del petróleo por el biodiésel generado con componentes alternativos como grasas y aceites vegetales y animales no es inmediata, pues la siembra y cosecha de los ingredientes lleva años" como en el caso, incluso, de la palma africana. Por las razones anteriores, Ribeiro Gallo recomienda "iniciar la comercialización de biodiésel mezclado con diésel tradicional, en una proporción conocida como B5 (5% de biodiésel y 95% del hidrocarburo derivado del petróleo), de modo de ir introduciéndolo limitadamente" en virtud de las circunstancias. De esta forma, en los próximos 10 años el consumo de este agrocombustible en los cuatro países del istmo estudiados sería de 241 millones de litros, lo cual requeriría que para el 2017 se cultiven 377 mil 700 hectáreas de palma y otras oleaginosas, incluidos el piñón o tempete y la higuerilla. En Costa Rica y Guatemala el precio del combustible alternativo sería más alto que el tradicional, ya que la propuesta a partir del tempate, para no afectar el consumo actual del aceite de palma, requeriría buscar terrenos y capacitar a los agricultores. En El Salvador, el gasto sería aún más alto por la importación del aceite de palma, y en Honduras la factibilidad estaría relacionada con que en su producción participan siete grupos fabricantes más una larga cadena de distribuidores, industrializadores y vendedores. El Periódico, de Guatemala, publica al respecto que "un asunto que se ha mostrado como central en el debate sobre los biocombustibles es la prioridad que se daría a la producción de cultivos destinados a este uso" en detrimento de la de alimentos. "Ha comenzado", añade, "a manifestarse la sustitución de pequeños cultivos y bosques por extensos monocultivos de oleaginosas". Otro asunto preocupante es que "muchos de estos cultivos podrían ser transgénicos, como es el caso de la soya RR en Argentina y Brasil". Debido a ello "los biocombustibles pueden acentuar los problemas generados por los monocultivos de soya, palma africana y caña", en el caso del etanol. Lo anterior se debe, opina, a "la voracidad energética que existe en el mundo, sin que se resuelvan los problemas ecológicos y sociales de fondo". El Tiempo, de Colombia, se refería el 3 de agosto pasado, por otra parte, a la gran desigualdad social que hoy afronta esa región, cuando Nicaragua, Guatemala, Honduras y el Salvador parecen haber superado diferencias políticas internas que dejaron 325 mil muertos. A dos décadas de la firma de los Acuerdos de Esquipulas II, el 7 de agosto de 1987, "los desafíos económicos y sociales han sustituido a las diferencias políticas en la región" y "falta congeniar el desarrollo material con el respeto a libertades fundamentales". Aunque "se superó la violencia formal de la guerra, hoy prosperan nuevas formas de agresión originadas por las desigualdades sociales y económicas persistentes y representadas por las "maras" --pandillas conformadas por jóvenes entre los 15 y los 30 años", con unos 70 mil miembros en toda la región. Estas "se han convertido en apéndices del crimen organizado y forman parte fundamental del ambiente de inseguridad que acosa a Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica", con una población total estimada en 31,18 millones de habitantes. De acuerdo con fuentes oficiales, en el año 2006 se cometieron cinco mil 885 asesinatos en Guatemala (12,7 millones de pobladores), tres mil 018 en Honduras (7,3 millones), tres mil 928 en El Salvador (6,88 millones) y 318 en Costa Rica (4,3 millones), sin incluir a Nicaragua. Esto ha llevado al sacerdote jesuita Xavier Gorostiaga a clamar por un Esquipulas de los pueblos en el área, consistente en una revisión de los compromisos originales, que "indique los aspectos que se han cumplido con éxito y los que se han alcanzado de manera parcial". Pedía asimismo "poner sobre la mesa cómo atacar el problema de la extrema pobreza en que viven unos 17 millones de centroamericanos", lo que requiere una solución de largo aliento. Pero no parece que pudiera provenir de los agrocombustibles, bajo la concepción actual. Gerardo Cerdas Vega, en la página web Bilaterals.com, considera que "es fundamental€¦ comprender la urgencia y agresividad con que los Estados Unidos están alentando la producción masiva de agrocombustibles en América Latina". Para él, obedece a "las necesidades de consumo energético de toda su estructura industrial y de una población cuyos patrones de consumo desbordado necesita un suministro constante y creciente de energía". Centroamérica se enfrenta --como consecuencia-- a la perspectiva de afrontar cada vez menos su demanda petrolera por la elevación de los precios, a la vez que sus soluciones agroenergéticas resultan más ilusorias que reales. Al menos, por ahora, lo necesario no será posible. (**) El autor es especialista en temas globales y de integración latinoamericana.