Pensamiento Crítico

Una faceta poco conocida del Che

Por Hugo Guzmán | Diario La Nación, Temas del Domingo, Chile. | 08 Octubre 2007
Ocupó una jefatura en el Ministerio de Industria, estudió matemáticas con él en La Habana, pero no conserva ningún recuerdo material del argentino muerto en la sierra boliviana. Después de 40 años de su muerte, el ingeniero civil eléctrico de la UTEM rememora parte de lo que fueron sus tres años al lado del comandante. Un día de 1961, Ciro Oyarzún decidió escribirle una nota personal al comandante Ernesto Guevara de la Serna. Su objetivo fue ofrecerle sus servicios profesionales como ingeniero civil eléctrico graduado en la Universidad Técnica del Estado. Metió la carta en un sobre y la mandó por correo a La Habana. Era una locura. Pronto llegó respuesta desde la oficina de Guevara: tenía trabajo y debía pasar por la embajada cubana a buscar su pasaje. Trabajaría con el comandante en el Ministerio de Industria. Hoy, Oyarzún es un exonerado político y aunque no guarda ni fotos ni recuerdos materiales de su vínculo con Guevara "nunca me preocupé de esas cosas" , tiene impregnada su experiencia junto al argentino-cubano que murió hace 40 años en Bolivia. Este ingeniero es el único chileno que pasó cientos de días y miles de horas junto a Ernesto Guevara en un vínculo laboral y político, pero también cercano y cotidiano. ¿Cómo fue su primer encuentro con Guevara? La verdad no recuerdo. Yo empecé a trabajar y lo veía. Luego me asignó una jefatura en el Ministerio de Industria y pasé al Consejo de Dirección que se reunía todos los lunes con el "Che" y lo empecé a ver más seguido. ¿Siempre usaba uniforme? Siempre. Él usaba el uniforme de una manera especial, siempre la camisa afuera del pantalón y el cinturón por arriba, se veía desordenado, esa era su manera de usarlo. ¿Con el puro en los labios? Fumaba puros, pero no mucho. ¿Era pesado? No era pesado. Era tranquilo, pero no seriote. A veces no hablaba, más bien se dedicaba a escuchar. Aunque cuando tenía que defender sus ideas lo hacía con fuerza. Es recurrente decir que Guevara era muy exigente. Muy exigente pero muy humano. Incluso cuando le llamaba la atención a alguien tenía una manera muy suave, muy blanda, él no era de bravuconadas, ni de gritos, ni de meter miedo; lo hacía de una manera muy suave, clara. ¿A usted le llamó la atención alguna vez? Sí, una vez. El "Che" me había dado una instrucción, de enviar a un ingeniero a Santiago de Cuba, pero me llegó de otra persona muy importante de la revolución una indicación de hacer otras consultas, y demoré la orden del "Che". A la semana nos reunimos a revisar tareas y él me preguntó "¿enviaste al hombre donde te dije?", y le respondí: "No, comandante, no lo he enviado". Entonces, el "Che" me miró fijo, y muy quedito pero firme me dijo: "Mira, Ciro, ¿tú no sabes que cuando uno da una orden es para cumplirla?". No fue necesario nada más. Terminamos la reunión, salí, llamé al ingeniero y le dije: "Toma ahora mismo el avión para Santiago de Cuba". ¿Y usted se atrevía a hacerle cuestionamientos? Una noche me llamó y me preguntó: "Ciro, ¿ya comiste?". Le dije que no y me invitó a comer con él, solos, en su oficina. Estuvimos varias horas conversando, fue extraordinario. Uno era medio irreverente, era joven. Y esa noche estuve haciéndole críticas sobre varias cosas. ¿Y cómo reaccionó el "Che"? Recibió las críticas, me escuchó y me dijo: "Tú sabes que yo no soy muy disciplinado". Hubo un momento que usted y Guevara comenzaron a tomar clases de matemáticas. Habría que resaltar que el "Che" era un hombre muy estudioso, y es una faceta de él muy poco conocida. Leía muchísimo. Poesía, ciencia, literatura. Estudió profundamente "El Capital", de Carlos Marx. Tenía un profesor cubano de matemáticas que comenzó a repasarle álgebra y otras cosas. Se organizó un curso de matemáticas superior en la Universidad de La Habana y el "Che" invitó a un grupo de personas, éramos cinco o seis, todos profesionales universitarios con conocimientos en la materia. El único que no tenía formación en alta matemática era el Che, por su profesión de médico. Pero ahí descubrimos que él había adquirido conocimientos de cálculo integral y diferencial. Era increíble. Lo vimos poner mucho esfuerzo en eso, salía a la pizarra a hacer ejercicios, estudiaba mucho. Hizo un esfuerzo personal grande. ¿Usted fue a varios trabajos voluntarios con él? A muchos. Íbamos al corte de caña cerca de La Habana, salíamos temprano los domingos, nos íbamos en camión y muchas veces el "Che" dejaba el auto y sus escoltas y se iba con nosotros hablando o mirando el camino. Otras veces hacíamos trabajo voluntario en industrias textiles, reemplazábamos el turno de noche, era una experiencia muy linda que él y nosotros disfrutábamos, porque además entendíamos mejor nuestro trabajo en el ministerio. Antes de salir nos juntábamos en la entrada del ministerio, ahí llegaba gente a sacarse fotos con él. ¿No le molestaba sacarse fotos? Lo tomaba como algo accesorio de su cargo, que no tenía más remedio. ¿Algunas vez usted y él hablaron de Chile? Nunca. Yo tuve la oportunidad muchas veces de hablar largamente con él, pero hablábamos de cosas de trabajo, de problemas de la revolución. Usted lo vio de ministro, en la dirección política de Cuba, asentado. ¿No se imaginó que Ernesto Guevara volvería a ser guerrillero? Él no era un burócrata, no pintaba para eso. La historia que vino después él la tenía siempre en su cabeza. Siempre pensó que en algún instante continuaría la lucha revolucionaria en otros países de América. El "Che" nunca pensó en anquilosarse como ministro o burócrata, eso no estaba en sus planes ni en su proyecto de vida. El asma es una de las imágenes de Guevara. Yo lo vi muchas veces con ataque de asma. Lo vi transportando caña con ataque de asma. Detenerse porque no podía más, descansar un rato y seguir después. Eso demuestra cómo era. Para él, lo razonable era que pasara la crisis y continuar trabajando. ¿Alguna debilidad que percibiera en él? Yo sé que nadie es perfecto. Pero en el ejercicio de su trabajo como ministro, donde más lo conocí, yo no sería capaz de señalar una falla notable. Él era un ser humano como todos y es posible que su estatura como dirigente y su trayectoria haga que uno siempre vea lo mejor, lo bueno. Eso influye en las apreciaciones que uno tiene. Pero al margen de eso, yo no podría señalar algo así como una debilidad evidente. ¿Cuándo dejó de verlo? Él hizo un largo viaje al exterior y se interrumpió el curso aquel de matemáticas. Yo iba a los trabajos voluntarios del Ministerio de Industria y nos encontramos cortando caña y le pregunté cuándo se iban a reanudar las clases y me dijo que quizá la próxima semana, que él nos avisaría. Nunca lo hizo. Su partida estaba preparada. Esa fue la última vez que lo vi.

Los chilenos del Che

No pocos chilenos tuvieron algo que ver en la intensa historia del doctor Ernesto "Che" Guevara. Los primeros en trazar un vínculo cercano fueron aquellos que trabajaron con él en los primeros años de la Revolución Cubana: el economista Jaime Barrios (apresado en La Moneda y ejecutado por los militares), Alban Lataste y Alberto Martínez. A inicios de los ’60, Guevara tuvo contactos con chilenos y chilenas que llegaron a trabajar a Cuba o de visita, entre ellos Salvador Allende. Se cuenta que el encuentro fue breve y ahí el comandante le obsequió al entonces senador socialista su libro "Guerra de guerrillas" con la dedicatoria "A Salvador Allende que, por otros medios, busca el mismo objetivo". Años más tarde, la gestión y voluntad de Allende serían decisivas para que tres sobrevivientes cubanos de la guerrilla y amigos de Guevara pudieran llegar sanos y salvos a La Habana. Cuando Ernesto Guevara planeó la instalación de un grupo guerrillero en Argentina (al mando del periodista Ricardo Masetti) e inició la experiencia en Bolivia, no estaba incluido ningún chileno. El vínculo con Chile llegaría cuando el "Che" ya estaba muerto. Fueron militantes del Partido Socialista quienes asumieron ese desafío, vinculándose al Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia, lo que les valió el bautizo de los "elenos". El periodista Elmo Catalán (que murió trágicamente en La Paz), el dirigente Arnaldo Calmú (muerto en un enfrentamiento en Santiago después del golpe de Estado) y Beatriz "Tati" Allende, la hija del Presidente, lideraron aquella "misión". Es larga la lista de los "elenos" chilenos que estuvieron en los llanos y montañas de Bolivia. Destaca el caso de seis de ellos cuyos restos aún no han sido ubicados. Habrían muerto en la zona de Teoponte. El ex teniente de Carabineros Tirso Montiel, el economista Julio Zambrano (que vivió en Cuba), Guillermo Véliz, Hernán Ampuero, Julio Olivares y Carlos Brain (cadete de la Escuela Militar). Otro episodio que vinculó a los chilenos en la historia de Ernesto Guevara tuvo que ver con su famoso "Diario de Bolivia". Un grupo de periodistas de la revista "Punto Final" fue el receptor de los microfilms que llegaron clandestinamente desde La Paz. Manuel Cabieses y Hernán Uribe tuvieron a cargo las gestiones y Mario Díaz viajó a La Habana con el diario del "Che" escondido en un disco de Violeta Parra. Allá lo entregó al comandante Manuel Piñeiro, quien lo traspasó a Fidel Castro.