Pensamiento Crítico

Terroristas entre nosotros (los estadounidenses)

Por Sarah Stephens y Peter Kornbluh | The Huffington Post. Traducido por Juana Florinda Vera García, Cubadebate. | 21 Octubre 2007
¿Se imagina lo molestos que estaríamos los norteamericanos si el gobierno de Pakistán permitiera a Osama bin Laden salir de la cueva donde se refugia y fijar su residencia en Islamabad? Una situación similar a esta se produce aquí en los Estados Unidos donde Luis Posada Carriles, --que se cuenta entre los diez terroristas más prolíficos del mundo— vive libremente en la Florida, a pesar de su conocida participación en la voladura de un avión civil y en otros ataques con bombas e intentos de asesinato durante más de cuarenta años. Desde mayo, cuando un juez federal echó a la basura los cargos menores de fraude migratorio presentados por el Departamento de Justicia de Alberto Gonzalez, Posada se encuentra disfrutando de la vida entre la comunidad de exiliados cubanos de línea dura de Miami. Los medios de difusión de los Estados Unidos se han olvidado de él mientras sus víctimas sufren por la increíble injusticia, como también debiéramos sufrir nosotros. Después de todo, hoy se cumple un aniversario más de la destrucción en el aire del vuelo 455 de Cubana de Aviación, que costó la vida a 73 pasajeros y a su tripulación, incluido el equipo cubano de esgrima, campeón olímpico, y un grupo de jóvenes guyaneses que viajaban a Cuba para estudiar medicina. Sus familiares conmemorarán este día de luto, como lo han hecho durante 31 años, preguntándose si Posada Carriles y su colega conspirador Orlando Bosch --que también vive libremente en Miami—serán llevados alguna vez ante la justicia. Pero para algunos de nosotros en los Estados Unidos, en el caso de Luis Posada Carriles no se trata únicamente de hacerle justicia, largo tiempo preterida, a las víctimas del terrorismo, sino de la hipocresía del supuesto líder de la lucha global contra el terrorismo internacional que ahora acoge a un portador de la violencia terrorista. "Los Estados Unidos no pueden tolerar la falta de humanismo inherente al terrorismo como forma de dirimir disputas," expresaba en 1989 el veredicto del Departamento de Justicia al decretar que Orlando Bosch debía permanecer detenido o ser deportado luego de haber regresado ilegalmente a este país procedente de Venezuela. "Debemos ver el terrorismo como un mal universal, aún cuando esté dirigido a aquellos a quienes no les tenemos simpatía política". Ese principio fue ignorado por el gobierno de George H.W.Bush quien, a instancias de la poderosa derecha política del exilio cubano en la Florida, liberó a Bosch en 1990. Luego, siguiendo los pasos de su padre, el gobierno de George W. también politizó el caso de Posada al permitirle salir libre con lo cual lacera la credibilidad de los EE.UU. en su guerra contra el terrorismo. Nadie se llame a engaño, pues este ex agente de la CIA e instructor de demolición es un decidido e impenitente defensor del terror. En etapa tan temprana como 1965, informes de inteligencia desclasificados por la CIA citan las operaciones de Posada para hacer estallar barcos y otros objetivos, financiado por sus benefactores de Miami. Documentos encontrados en su oficina en Caracas vinculan a Posada a una cadena de sabotajes contra consulados y agencias de viaje que tenían negocios con Cuba en el verano de 1976. Esos mismos documentos contenían información sobre la ruta del vuelo 455 de Cubana. En realidad, el role de Posada en la primera atrocidad de terrorismo contra aviones en el Hemisferio Occidental está especialmente bien corroborado. Según un informe secreto de inteligencia de la CIA, un informante de alto nivel escuchó a Posada cuando dijo, "Vamos a golpear a un avión cubano y Orlando tiene los detalles," solo unos días antes de que el avión explotara frente a las costas de Barbados. En las confesiones de los dos venezolanos que llevaron la bomba a bordo de la nave --explosivos plásticos embutidos en un tubo de pasta Colgate— y que trabajaban para Posada, se observa que sus primeras llamadas luego de que el avión se precipitara al océano fueron hechas a la oficina de Posada. "El ómnibus cayó por el precipicio y los perros están muertos," fue su informe. Tanto Posada como Bosch fueron detenidos en Caracas. Posada permaneció detenido nueve años en Venezuela por la explosión del avión, pero escapó de prisión en 1985. (De allí fue a El Salvador para trabajar en la operación ilegal del gobierno de Reagan para reabastecer a la contra). En la primavera y el verano de 1997, organizó una serie de atentados con bombas en hoteles y discotecas de la Habana que causaron la muerte de un empresario italiano. "Ese italiano estaba sentado en el lugar equivocado, en el momento equivocado," dijo Posada durante una entrevista con el diario The New York Times un año después cuando públicamente asumió la responsabilidad por los ataques. "Yo duermo como un bebé," afirmó. Tres años más tarde, a la edad de 73 años, fue capturado en Panamá con 34 libras de explosivo C-4 que planeaba utilizar para volar el paraninfo donde Fidel Castro debía dar un discurso. Luego de cumplir solo cuatro años de prisión, Posada y otros tres conspiradores fueron inexplicablemente perdonados y liberados, pero como aún se le buscaba en Caracas por el estallido del vuelo 455, una vez más Posada se convirtió en un prófugo de la justicia. Sin embargo, en marzo del 2005 entró ilegalmente en los Estados Unidos y reapareció en Miami, perfectamente cómodo en la cuna del anti-Castrismo en la comunidad de exiliados para anunciar su presencia a los medios y solicitar asilo político. ¿Si Orlando Bosch podía vivir libremente en Miami, por qué no Posada Carriles? Durante dos meses, el gobierno de Bush esencialmente fingió que no estaba en el país, pero ya se había producido el 11 de septiembre de manera que la publicidad masiva y embarazosa obligó a Bush a actuar. El 17 de mayo de 2005, agentes del Departamento de Seguridad Interior detuvieron a Posada bajo cargos de entrada ilegal y luego lo encauzaron por mentir a las autoridades de Inmigración acerca de cómo llegó a los Estados Unidos. Sí, usted leyó bien: uno de los terroristas más infames del mundo fue acusado de ser un inmigrante ilegal. Apelando a las disposiciones sobre contraterrorismo contenidas en la Ley Patriota, el gobierno pudo haber certificado que Posada es un terrorista peligroso y encerrarlo indefinidamente. Pero, aparentemente el Departamento de Justicia consideró su variante de violencia política diferente de la de los demás sospechosos de terrorismo con nombres del Medio Oriente. El gobierno pudo también haber aceptado la petición formal de Venezuela para la extradición de Posada. Después de todo Posada es ciudadano venezolano por naturalización, el crimen se planeó en Caracas y Posada es prófugo de la justicia de Venezuela. Pero Bush tiene sus prioridades: es más importante aplacar a los votantes republicanos de la derecha cubano-americana en la Florida que verían la extradición de Posada como traición y como una victoria de Chavez y Castro, que entregar a un terrorista al país que legítimamente lo reclama por su responsabilidad en el primer acto de terrorismo contra un avión en vuelo en el hemisferio, un crimen devastador. La farsa de detener a Posada acusándolo de violaciones migratorias no pasó inadvertida para los tribunales estadounidenses. De hecho, en mayo pasado, un juez federal desestimó todo el caso de entrada ilegal contra Posada sobre la base de incompetencia y mala conducta de la fiscalía, de manera que regresó a Miami como un hombre libre, sin siquiera un regaño, solo limitado en sus movimientos por la ridícula decisión del Dpto. de Seguridad Interior de inscribir su nombre en la lista de lo que tienen prohibido "volar". Hasta la fecha, Bush se ha burlado de su consigna de que ninguna nación debe acoger a terroristas y que todas las naciones deben tomar medidas para llevar ante la justicia a todos los que cometan actos de terrorismo. Si este gobierno no quiere certificar a Posada como el criminal internacional que es y detenerlo, si este gobierno no va a extraditar a Posada a Venezuela porque a Bush no le gusta Chávez, el gobierno tiene aún una opción para redimirse, y es que el Departamento de Justicia puede abrirle juicio a Posada por las bombas que hizo colocar en hoteles de la Habana hace diez años, acción de la que se reconoció autor públicamente. Existe una gran cantidad de evidencia reconocida en este caso; el FBI tiene un informante que presenció las reuniones de Posada en Guatemala donde se organizaron las acciones y vio una bolsa con 33 tubos de explosivos plásticos en las oficinas que ocupaba Posada. Quienes llevaron las bombas han relatado cómo fueron reclutados por socios de Posada para transportar los explosivos en pomos de shampoo Prell y en sus zapatos. Asimismo, las autoridades federales disponen de un Fax de agosto de 1997, escrito de puño y letra por Posada y firmado por "Solo" –uno de sus seudónimos— donde dice que "si no hay publicidad, la acción es inútil" y donde coordina para que los fondos sean "enviados por la Western Union desde New Jersey". Además, el FBI obtuvo más evidencias durante un extraño viaje a la Habana a finales del pasado año, evidencias que presumiblemente entregó a un gran jurado federal creado en Newark para escuchar el caso. En vista de que pronto el nuevo fiscal general designado deberá pasar el proceso de confirmación, el Comité Judicial del Senado tendrá ocasión de expresar sus preocupaciones acerca de cómo el Departamento de Justicia permitió que un terrorista saliera en libertad. Debe dársele la oportunidad al juez retirado Michael Mukasey, conocido por su férrea posición contra el terrorismo, de que se desasocie de la contaminación política de este caso y al Departamento de Justicia que finalmente exija cuentas a Posada por sus actos de violencia internacional. Es importante enjuiciar a Posada, pues ello colocaría a nuestro país del lado de la justicia respecto a un crimen que ocurrió en Cuba inspirado políticamente en el afán de hacer daño al régimen de Castro. Por otro lado, se estaría enviando una señal a Cuba y al mundo de que Washington está seriamente decidido a impedir que los terroristas realicen sus acciones utilizando el territorio de los Estados Unidos como base de operaciones. De esta manera se pondría fin a la dramática e hipócrita incongruencia de nuestra política hacia el terrorismo. Además, las familias de las muchas víctimas de Posada merecen tener su día en la corte. Y, quién sabe; si nosotros sacamos de la calle al Osama bin Laden de América Latina, alguien podría ayudarnos a sacar a bin Laden de otros lugares.