Pensamiento Crítico

El Che, la economía y el socialismo del siglo XXI

Por Amaury E. del Valle | Diario Juventud Rebelde, Cuba. | 21 Octubre 2007
El Che es en gran parte, todavía hoy, un misterio por estudiar. Su vida está indisolublemente ligada a una obra intelectual, que, como él mismo confesara en una carta en febrero de 1964, a veces puede parecer algo «oscuro», precisamente porque en la mayoría de las ocasiones se hacía cuando «ya pasa la medianoche en mi reloj». Sin embargo, leerla detenidamente es encontrar un sinfín de reflexiones, algunas signadas por el momento histórico que le tocó vivir, otras que guardan una vigencia pasmosamente real. Incluso no son pocas las que se adelantaron a acontecimientos que han marcado los últimos años, como el derrumbe de lo que llamó el «modelo soviético de socialismo». Es el campo de la economía, después de la política nacional e internacional, o sus consideraciones sobre la lucha de liberación, uno de los más abordados por el Comandante Guevara.Pilares necesariosEl pensamiento económico del Che no es un acertijo indescifrable o un minotauro teórico imposible de vencer. Aún con su carácter inacabado, podría sintetizarse, como lo hizo él en su famoso ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, en apenas una frase admonitoria que sigue siendo un desafío hoy: «Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo». Y es que uno de los pilares de la concepción económica del Che fue precisamente la imbricación de una estructura donde primara más allá de la satisfacción de las necesidades de los seres humanos, la educación, para hacerlos sentir verdaderamente propietarios de los medios de producción y a su vez beneficiarios de estos. Uno de los momentos fundamentales en este sentido fue la conocida polémica suscitada sobre la dirección de la naciente economía socialista en Cuba, entre 1963 y 1964. Esta, que empezó siendo sobre cuestiones meramente nacionales, se convirtió en determinado momento en un debate cuestionador del propio modelo económico instaurado en los entonces países socialistas. Al respecto, el propio Che al alertar contra la «apologética ciega», criticaba a quienes pretendían transplantar experiencias ajenas a la realidad cubana al afirmar que «... la llamada ley del tránsito del socialismo al comunismo es mecánica y mojigata, es un intento de acomodar la realidad soviética a la teoría, desechando el análisis y los broncos problemas que se crearían si se tomara una vía realmente revolucionaria». En ese sentido, el investigador Michael Löwy, en su trabajo «Ni calco ni copia: Che Guevara en búsqueda de un nuevo socialismo», asegura que, en contracorriente de la tendencia de su época de copiar el modelo soviético, las ideas del comandante guerrillero sobre la construcción del socialismo eran «una tentativa de "creación heroica" de algo nuevo, la búsqueda —interrumpida e inacabada— de un paradigma de socialismo distinto, y en muchos aspectos radicalmente opuesto a la caricatura burocrática "realmente existente"». Algo similar opinan otros estudiosos del Che, y en especial del debate sobre la economía en Cuba entre 1963-64, quienes reconocen que en esta época existían evidentes tensiones y contradicciones entre los ideales preconizados por la Revolución Cubana, y los que en ese momento primaban en los altos dirigentes de la Unión Soviética. Se oponían entre sí los ideales internacionalistas de la Revolución Cubana socialista de liberación nacional, al sistema soviético y su ideología ya teorizada, que a pesar del esquematismo y la subordinación a los intereses de «el socialismo en un solo país», era sin embargo la fuerza mayor que en el mundo actuaba y hablaba en nombre del marxismo». No por gusto el propio Che significó la «gran osadía» de cuestionarse no solo el modelo de socialismo existente, sino incluso el propio papel de la URSS en la arena internacional, criticado por él al considerar que muchas veces actuaba de manera similar a una potencia imperialista. Al respecto, en un discurso fundacional pronunciado en Argelia, en febrero de 1965, en clara alusión a la URSS sostenía que «... no puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad que se construye o está construido el socialismo, como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la opresión imperialista». Como asegura el economista cubano Osvaldo Martínez, esto era entonces como dijera el Che una «"herejía" y "osadía" para referirse a su plan tentativo de escribir una verdadera economía política marxista no apologética y que fuera como "un grito dado desde el subdesarrollo"». Y es que no hay dudas de que el objetivo del Che, como el de Fidel y otros revolucionarios, era fundar un pensamiento propio de la Revolución Cubana, alejado de lo que entonces se entendía como «marxismo-leninismo», ya que lo que se consumía en Cuba y en el resto del mundo con ese nombre no eran más que «verdades» que se tenían por eternas, cuando en realidad respondían más a realidades concretas de la URSS e incluso a distorsiones de la teoría marxista, que a un verdadero pensamiento creador y ecuménico sobre el socialismo, al cual llamó el Che en sus reflexiones.

Hacer el siglo XXI

Uno de los aspectos que más preocupó al Che en sus reflexiones fue la búsqueda de la eficiencia económica, la aplicación de la ciencia y la técnica como vía de aumentar la producción, pero en especial la utilización del estímulo moral como complemento e incluso sostén necesario de la actitud ante el trabajo. En El Socialismo y el Hombre en Cuba se refirió directamente a esta idea cuando afirmó que «persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía tomada como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida... Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo». Igualmente, en carta que le enviara a Fidel en abril de 1965, antes de su partida al Congo, sostenía que «el comunismo es un fenómeno de conciencia, no se llega a él mediante un salto en el vacío, un cambio de la calidad productiva, o el choque simple entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. El comunismo es un fenómeno de conciencia y hay que desarrollar esa conciencia en el hombre, de donde la educación individual y colectiva para el comunismo es una parte consustancial a él... No podemos medir en término de ingreso per cápita la posibilidad de entrar al comunismo...» Sin embargo, el Che ni estaba de espaldas a la realidad ni era un idealista incurable, como algunos han querido pintarlo tratando de mitificar su figura para minimizar su pensamiento. Profundo observador, estudioso constante y viajero incansable, rápidamente supo aquilatar que el socialismo iba por un camino erróneo si perseguía competir con la superproducción del capitalismo, precisamente la base en la que se asienta todo su sistema de explotación. «Un modelo comunista de producción presupone una abundancia considerable de bienes materiales pero no necesariamente una comparación estricta con el capitalismo», sostenía, al aseverar que más allá de la producción desmesurada se imponía la «planificación y la eficiencia económica», pilares de su teoría en el campo de la economía. «Nosotros tenemos una gran laguna en nuestro sistema; cómo integrar al hombre a su trabajo de tal manera que no sea necesario utilizar eso que nosotros llamamos el desestímulo material, cómo hacer que cada obrero sienta la necesidad vital de apoyar a su revolución y al mismo tiempo que el trabajo es un placer...», reconocía el Che en la mencionada carta a Fidel. Él mismo se cuestionaba esta situación de la cual aseguró que era necesario «estudiar a fondo», al proponer en una reunión de balance efectuada en el Ministerio de Industrias «luchar con toda nuestra fuerza para que el estímulo moral supla al estímulo material dentro de lo posible durante el mayor tiempo posible, es decir, estamos fijando un proceso relativo, no estamos fijando la exclusión del estímulo material, simplemente estamos fijando que debemos luchar porque el estímulo moral en el mayor tiempo posible sea el factor determinante en la actuación de los obreros». Sin embargo, no descartaba utópicamente el necesario reconocimiento material a quien trabajara mejor que los demás, ya que sostenía que «ese obrero será premiado y será premiado no con tanto dinero en efectivo por tanto por ciento que haya sobrepasado la norma, sino por su capacidad para adquirir mayor capacidad. Por ejemplo, yendo a una escuela donde se le paga su salario y de donde sale con una nueva calificación. Esa nueva calificación al volver a la fábrica automáticamente se convierte en aumento de salario, es decir, en estímulo material...». Impulsor del trabajo voluntario, al que en determinado momento calificó como verdaderamente revolucionario, el pensamiento económico del Che fue a detalles tan específicos, dada su función como ministro, que llegó a intervenir teóricamente y en la práctica en la determinación de cómo se formarían los salarios en la sociedad socialista entonces en ciernes. «¿Cuánto trabajo invierte un mariscal y cuánto un maestro?, ¿cuánto un ministro y cuánto un obrero? Lenin en El Estado y la Revolución tenían una idea (marxista) que luego desechó de la equiparación de sueldos de funcionarios y obreros pero no estoy convencido de que su marcha atrás sea correcta», se cuestionaba el Che al criticar el Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, entonces tomado casi como una «Biblia» para la construcción socialista. Y él mismo se respondía analizando la realidad vista en la URSS y en Cuba que «la esencia real de todas las dificultades que existen hoy es una falsa concepción del hombre comunista, basada en una larga práctica económica que tenderá y tiende a hacer del hombre un elemento numérico de producción a través de la palanca del interés material». Acotando también que «pretender aumentar la productividad por el estímulo individual es caer más bajo que los capitalistas». Educar al hombre nuevo en una forma nueva de producir, fue la tesis esencial defendida por el Che, aunque no siempre fue bien comprendida, y mucho menos aplicada, incluso en Cuba, como tampoco sucedió en la URSS.

Visión del derrumbe

Quizá hasta el momento no se haya aquilatado suficientemente la importancia del pensamiento económico del Che a la luz de los acontecimientos actuales, y de los desafíos que enfrenta Cuba. En parte se debe a que muchos de sus escritos sobre el tema no fueron en ocasiones divulgados hasta años recientes, y por otro lado a que la mitificación solo como comandante guerrillero y hombre de acción opacó en no pocas ocasiones su arista de filósofo y economista marxista, de formación autodidacta, pero profunda. Encontrándose en Praga, luego de salir del Congo, el Che escribe a Orlando Borrego, uno de sus más cercanos colaboradores, que pensaba «iniciar un trabajito sobre el manual de Economía de la Academia», en referencia al ya citado material de la Academia de Ciencias de la URSS. Estos apuntes, inéditos hasta hace muy poco, como otros que hiciera en las selvas bolivianas sobre filosofía, constituyen una de las más preclaras visiones del Che sobre el socialismo y específicamente sobre la Unión Soviética. Su inquietud venía desde su visita a este país, más de un año y medio antes, donde al intercambiar con dirigentes y académicos apreció «argumentos peligrosamente capitalistas». Alimentada por la polémica sobre la economía cubana en la construcción socialista, de la cual fue actor fundamental en sus primeros años, la idea de que fuera la sed de ganancias y la competencia productiva con el capitalismo el motor impulsor del desarrollo le preocupaba enormemente. Como afirma el académico argentino Néstor Kohan, «Guevara opinaba que en la transición al socialismo la supervivencia de la ley del valor o tendía a ser superada por la planificación socialista o... se volvía al capitalismo». Igualmente criticó en el Manual de Economía Política soviético los cantos de sirenas preconizados desde la URSS sobre la «crisis general del capitalismo», frase de la cual sostuvo que había que «tener cuidado con afirmaciones como esta. "Agonizante" tiene un significado claro en el idioma; un hombre maduro ya no puede sufrir más cambios fisiológicos, pero no está agonizante. El sistema capitalista llega a su madurez total con el imperialismo, pero ni siquiera este ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento actual y tiene una gran vitalidad. Es más preciso decir "maduro" o expresar que llega al límite de sus posibilidades de desarrollo». Pero a su vez, tampoco estaba nada convencido de que el comunismo estuviera a las puertas de la casa, como preconizaban los teóricos soviéticos, ni que situarse metas económicas para competir con el capitalismo era la vía idónea para alcanzarlo, ya que como él mismo aseguró ««nadie puede poner metas de "pan y cebolla" para llegar al comunismo». Esa doble característica de criticar al capitalismo pero tampoco aceptar modelos «santificados» fue el mayor aporte de su obra económica, inacabada y sustentada en apuntes, un esfuerzo «destinado a invitar a pensar, a abordar el marxismo con la seriedad que esta gigantesca doctrina merece». Por eso el Che pudo, a la distancia de treinta años antes, formular su advertencia: «La Unión Soviética está regresando al capitalismo»; y a su vez dejar sentado el camino hacia un modelo de socialismo como el que se pretende construir en el siglo XXI, que deberá romper con cualquier simplificación estrecha de la economía política, pues como dijera en entrevista concedida en 1965 al diario argelino La Vanguardia, «esta nueva sociedad es el producto de la conciencia».

Che: creatividad y audacia

Por Carlos Delgado, Diario Juventud Rebelde, Cuba.

El siglo XX concluyó de manera singular y paradójica, cuando ninguna de las alternativas antagónicas en que se debatió —el socialismo y el capitalismo—, fue capaz de resolver los graves problemas de la humanidad. A los que se habían acumulado se añadieron otros nuevos, que han modificado la sociedad en su totalidad, y muy especialmente las relaciones de explotación y dominación, los modos de vida social, las luchas emancipadoras y las fuerzas sociales capaces de impulsarlas. A los impactos políticos y sociales nacionales y globales se añaden los profundos cambios científico-tecnológicos, productivos, ambientales y sociales que han subvertido material y espiritualmente las bases culturales de la civilización. Nos debatimos todavía entre la globalización de la dominación y la globalización de la solidaridad. Como parte de esta última, el socialismo del siglo XXI es un esfuerzo fundamental para superar las formas políticas, económicas, sociales e ideológicas agotadas que nos legaran el capitalismo y el socialismo del siglo XX. El momento actual reclama creatividad y audacia políticas, por lo que es prácticamente inevitable volver la mirada hacia personalidades como el Che, quien fue creativo, audaz, no tuvo miedo a pensar y actuó decididamente a favor del cambio social revolucionario. Su intensa actividad y su legado se entrelazan con las circunstancias que nos toca vivir; acompaña y comparte nuestras interpretaciones, búsquedas, necesidades de reflexión y actuación. Los aportes teóricos y prácticos del Che son numerosos y sustantivos. Sería imposible enumerarlos si nos remitimos a las ideas y problemáticas concretas que tienen todavía vigencia. Ese acervo incluye análisis y reflexiones, aportaciones teóricas generalizadoras a la teoría de la revolución social, a la transformación económica y política de la sociedad cubana, a la comprensión de la revolución latinoamericana y las problemáticas revolucionarias tercermundistas. Su invaluable aporte hace mucho se viene estudiando en Cuba y en el resto del mundo. Sin embargo, quisiera referirme a una consideración más global de la contribución del Che a pensar nuestras realidades nacionales como parte del socialismo del siglo XXI. Además de sus múltiples ideas, Che nos aporta una proyección general, un modo peculiar de afrontar los problemas y asumir la construcción socialista. Hay en esa proyección propia un legado imprescindible para emprender el camino al socialismo del siglo XXI. Para atender los enormes retos de la humanidad contemporánea el socialismo ha de ser multicolor, diverso, ajustado a los problemas nacionales y mundiales. Che aporta a ese torrente de ideas un pensamiento comprometido política e ideológicamente con el marxismo revolucionario; su capacidad reflexiva y audacia para asumir los riesgos al emprender caminos nuevos, no detenerse ante compromisos dogmáticos con el pasado, y mantenerse abierto al diálogo con las nuevas circunstancias históricas, con lo inesperado y con lo improbable. Habría que considerar como parte de su imprescindible legado tres cuestiones básicas indisolublemente entrelazadas: el marxismo, el socialismo y el compromiso personal. Cuando en 1960 Che definió su postura con respecto al marxismo delimitó un programa vital que había seguido hasta entonces y que mantuvo a lo largo de toda su obra: «Nuestra posición cuando se nos pregunta si somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es "newtoniano", o un biólogo si es "pasteuriano"». «Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que ya es inútil discutirlas. Se debe ser "marxista" con la misma naturalidad con que se es "newtoniano" en física, o "pasteuriano" en biología, considerando que si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado». Esta mirada crítica y antidogmática ha de ser incorporada a nuestro quehacer teórico y político para aceptar el reto del presente y el futuro, despojarnos de los dogmas heredados, y recuperar la esencia revolucionaria del ideal socialista. Para Marx y para el Che, el socialismo no es una sociedad ideal, sino un movimiento práctico que busca «la superación del estado de cosas actual». Su legado no es neutral, ni podría serlo. Está preñado del compromiso político, teórico y práctico con una interpretación del marxismo que hunde sus raíces en lo más fecundo del pensamiento de Marx sin pretender que en él se encuentren respuestas preelaboradas a los problemas actuales. Che comprendió que la transformación socialista no es el resultado de un determinismo histórico absoluto que obliga; puede ocurrir porque la oportunidad histórica del cambio incluye la actividad de las personas, de los ciudadanos revolucionarios. Nada ocurre en la sociedad sin involucrar las voluntades, el pensamiento y los quehaceres humanos, individuales y de las grandes masas. El compromiso y el riesgo personal son parte de la transformación posible y necesaria, por eso al buscar soluciones a los problemas que tuvo ante sí no dudó en arriesgarse a pensar y aguzar el filo crítico. Che nos lega entonces el compromiso socialista honesto, audaz y responsable, y esa capacidad de pensar por cabeza propia que tanto necesitamos en Cuba y en el mundo para hacer posible un futuro mejor. (**) Carlos Delgado es filósofo cubano, autor del Diccionario Temático Ernesto Che Guevara.