Pensamiento Crítico

Por qué EEUU se juega el todo por el todo

Por Joseph Halevi | SinPermiso. Traducción: Leonor Març | 02 Febrero 2008
La expresión es «going for broke», jugarse el todo por el todo. Fuera reglas monetarias del Banco Central, fuera preocupaciones sobre una inflación que viaja a una velocidad cerca del doble de la programada. Tiradas a la papelera las anodinas explicaciones sobre la credibilidad de la política monetaria, la Reserva Federal (Fed) se ha lanzado al salvamento del sistema financiero, reduciendo por sorpresa el tipo de interés en un 0,75%. No sólo: de esa manera típicamente americana por la que los dogmas se dejan al punto de lado en cuanto está en juego el sistema mismo –y de eso se trata—, el gobernador de la Fed, Ben Bernanke, se ha transformado en el protagonista directo del relanzamiento expansivo en el plano fiscal. Sin embargo, la reacción del mercado de valores de Wall Street no parece muy halagüeña, si, tras el drástico recorte de los tipos realizado por la Fed, no logra estabilizar su curso. En este contexto, los mercados financieros, con su óptica de cortísimo plazo (obsérvese que, aun existiendo para hacer apuestas sobre el futuro, los mercados operan sobre lo inmediato: hoy apuestan por el valor de un título a diez años, dispuestísimos, empero, a cambiar radicalmente de valoración al día siguiente), se comportan de una manera ilustrativa de las contradicciones de la actual fase económica. Las sociedades financieras quieren tanto una política fiscal expansiva, como una política monetaria fundada en bajos intereses; un verdadero nirvana keynesiano, en suma. Pero, al mismo tiempo, no creen, y con razón, en sus propios deseos, haga lo que haga la Fed por satisfacérselos en ambos frentes. El pasado viernes 18 de enero publicaba el International Herald Tribune un largo artículo sobre los movimientos de Ber Bernanke, mostrando cómo las medidas auspiciadas y tomadas no habían logrado dar en el clavo. Pero eran medidas siempre en consonancia con las exigencias y las convicciones de los mercados. Por eso, si la Fed hubiera propuesto en septiembre, pongamos por caso, políticas fiscales y monetarias de las dimensiones de las presentes, los mercados habrían reaccionado negativamente, porque, creyendo todavía en la regla monetaria antiinflacionista, habrían responsabilizado a esas medidas de alimentar expectativas inflacionistas. Por lo tanto, Bernanke no podía hacerlo, marrando así el objetivo. En septiembre los mercados todavía creían en reglas inaplicables y caducas, porque no habían tomado plena consciencia de la naturaleza efímera de los títulos creados por ellos mismos. Son los hechos –la crisis crediticia de endeudamiento— los que les han revelado la situación, y el hecho de que la Fed haya errado el blanco ha sido un elemento decisivo a la hora de ajustar las creencias de los mercados a la realidad. Hoy tienen las sociedades financieras una visión más realista, esto es, negativa del cuadro económico. En particular, saben que el impacto positivo de ulteriores reducciones del tipo de interés es harto dudoso a la luz de las tendencias recesivas y del hecho de que el flujo, ya de pérdidas por parte de los institutos financieros, ya de créditos hipotecarios protestados, dista por mucho de haber llegado a su fin. Las tendencias recesivas generan capacidad inutilizada, reduciendo la demanda de inversiones aun en el caso de tasas de interés más bajas, y eso suponiendo que el tipo a largo plazo se reduzca rápidamente por las medidas de corto plazo del Banco Central. Como observaba el Financial Times del pasado lunes, los tipos a corto plazo, los fijados por la Fed, influyen en la demanda de créditos hipotecarios. Sin embargo, en la actual situación de caída de los pecios inmobiliarios, de ulteriores oleadas de quiebras y morosidades y de elevado endeudamiento de las familias, es improbable que logre invertirse la tendencia con una mera reducción de los tipos. Tal estado de cosas justificaría, pues, una política de relanzamiento a través de reembolsos fiscales. Sin embargo, las familias de ingresos bajos recibirían poco, y las de ingresos altos usarían los reembolsos para saldar deudas. Los ricos gastarían relativamente poco y utilizarían los reembolsos en actividades de ahorro. En cualquier caso, tienen que pasar muchos meses para que eso suceda, y entretanto, la recesión habrá tenido todo el tiempo para instalarse en la economía. Las medidas decisivas hoy, resultarían insuficientes mañana. Las sociedades financieras ya saben todo eso, por lo que no creen en las políticas auspiciadas por ellas mismas, lo que, por consecuencia, prolonga la crisis de las bolsas. Distintas serían las perspectivas, si los EEUU, mediante una política presupuestaria expansiva, proyectaran la construcción de 250 naves para la marina militar, producir 4.000 aviones de guerra, etc. Pero ya no están –¡se acabó!— ni Ho Chi Minh ni el sistema de Bretton Woods. Reitero, pues, que, para mitigar el impacto de la crisis y el contagio de la misma, se precisa de una vigorosa alza salarial. Sólo así se sostiene la demanda y la ocupación de los ciudadanos. (**) Joseph Halevi es profesor de Economía Política en la Universidad de Sydney y está asociado al Institut de Recherches Economiques sur la Production et le Développement (IREPD) de la Universidad Pierre Mendès France de Grenoble, France.