Pensamiento Crítico

«Y el neoliberalismo habrá sido sólo un paréntesis de locura»

Por Benedetto Vecchi | Il Manifesto. Traducción para SinPermiso: Anna Garriga | 10 Febrero 2008
Benedetto Vecchi entrevistó para Il Manifesto a Giovanni Arrigí, docente en la John Hopkins University y director del Fernand Braudel Centre, a propósito de su último libro Adam Smith en Pekín. Giovanni Arrighi no cree verdaderamente en la existencia del gran casino de la economía mundial. Es un estudioso que siempre ha creído en la dimensión histórica, "procesual", de los fenómenos sociales y económicos. En su último libro, que va a publicar Feltrinelli con el título de Adam Smith en Pequín (en las librerías, a partir del 21 de febrero), el estudioso italiano, docente en la John Hopkins University y director del Fernand Braudel Centre, propone un análisis del capitalismo histórico tan fascinante como discutible. Su tesis es que el centro de la economía mundial se ha desplazado a Pequín, mientras que los Estados Unidos continúan su lento, pero inexorable declive. Una tesis "partidista", que discute críticamente a distancia con quienes, como el geógrafo marxista David Harvey o la publicista Naomi Klein, consideran fundamental sistematizar teóricamente el ciclón neoliberalista, considerado por Arrighi solo un paréntesis, a diferencia de quienes lo han considerado como un modelo social cuya comprensión ayudaría a entender las tendencias del desarrollo económico capitalista. La entrevista se ha celebrado en Roma, donde Arrighi ha venido para participar en un seminario organizado por el Centro de reforma del estado, sobre el que ha escrito en este periódico Angela Pascucci, il manifesto del 22 de enero, y que ha sido testigo activa de la reunión y de la discusión que se ha producido durante la misma. "Adam Smith en Pequín" comienza con la fascinante sugestión sobre el retorno del baricentro de la economía mundial a China, una sociedad de mercado no capitalista. Una imagen que contradice las estadísticas, así como los análisis procedentes de su realidad, que describen a un país que ha tomado decisivamente la senda del capitalismo. Al final del libro, la sociedad de mercado no capitalista se convierte más en una esperanza que una realidad. ¿En que punto estamos? No hablaría de un carácter cíclico del desarrollo histórico. Para empezar se recuerda que Europa ha conocido un desarrollo capitalista con características únicas, cuyo inicio coincide con el arranque de la "gran divergencia" entre Oriente y Occidente. La apuesta teórica en la que basarse es entender por que el desarrollo capitalista muestra límites evidentes y por que Asia y la China en particular, se han convertido en el centro del mercado mundial, tal como lo eran al principio de la gran divergencia. China tiene una larga tradición de una economía de mercado donde han estado presentes elementos capitalistas muy innovadores. Al mismo tiempo, la existencia de una diáspora china ha permitido siempre a este país tener una estrecha relación con el resto de Asia y, a partir del siglo XIX, también con los Estado Unidos. Sin embargo, a partir del siglo XV ningún capitalista chino ha tratado de controlar el estado, factor indispensable para ejercer una hegemonía sobre la sociedad, como han sostenido, si bien desde prospectivas no siempre coincidentes, Karl Marx y Fernand Braudel. Por lo tanto no expreso una esperanza, sino que examino la posibilidad de que en dicho país esté tomando forma una sociedad de mercado no capitalista. Lo que no excluye la posibilidad de que, por el contrario, se desarrolle un sistema capitalista. André Gunder Frank, a quien he dedicado mi libro, me repetía, antes de morir, que se abandonara la categoría capitalismo. No estaba de acuerdo, pero su provocación puede acogerse como una invitación a considerar al capitalismo como una realidad que, como ha escrito Fernand Braudel, debe cambiar continuamente para sobrevivir. De hecho, el capitalismo se ha caracterizado por la esclavitud y la expansión territorial. Y por eso hemos tenido el colonialismo y formas agresivas de imperialismo. Después ha habido el welfare state en los países centrales y diversas formas de subordinación política y económica de gran parte de la población mundial. Ahora estamos asistiendo al agotamiento del impulso propulsivo constituido por el militarismo y el imperialismo. Por lo tanto es evidente la pérdida de la capacidad heurística de los paradigmas utilizados hasta ahora para comprender hacia donde se encamina la economía mundial. En el Manifiesto del partido comunista, Marx y Engels prospectan una homologación capitalista del mundo. Esto les conduce a un énfasis, muy discutible, en el carácter progresivo del capital. Su profecía no está muy lejos del "mundo plano" de un analista liberal como Thomas Friedman. El mundo actual, sin embargo, es todo menos plano, tal como evidencian los acontecimientos chinos. No sé si China es capitalista o un socialismo de mercado, pero su irrupción en la escena mundial provoca un cambio de las relaciones en el sistema interestatal y que el Sur se presenta ahora con una posición de fuerza con respecto al Norte del mundo. Últimamente he hablado con frecuencia de la posibilidad de una "nueva Bandung". Es decir, de un entendimiento entre los países del Sur del mundo, basado en su aumento de peso en el mercado mundial. La utilización que haces de Adam Smith es fascinante. Mientras que la ensayística dominante lo describe como el teórico del capitalismo, tú lo consideras como un estudioso a favor del mercado, pero no del capitalismo. El autor de la "Riqueza de las naciones" tiene, sin embargo, como objetivo, elaborar categorías útiles para comprender el funcionamiento del capitalismo. Nosotros nos limitamos a percibir un gran cambio, pero tenemos dificultades para innovar las categorías útiles para entender las transformaciones en curso. Te propongo una provocación: el análisis del tan maltratado Lenin sobre el capitalismo de estado gestionado por el partido podría ayudar a entender el dinamismo económico en Asia oriental o en el Sur-Este asiático. ¿No crees? Podemos sostener que existen diversas formas a través de las cuales las élites nacionales ejercen el poder de gobierno en la sociedad. Una tesis ya avanzada precisamente por Adam Smith. En China, las reformas de Deng Xsiao Ping fueron lanzadas para salvar la revolución popular de la revolución cultural y se centraban en el campo. Fue después que llegaron los capitales extranjeros. En los años noventa la situación se les fue de las manos al grupo dirigente, que ahora intenta retomar el control. Me dejan muy perplejo algunas lecturas sobre el carácter totalitario de la sociedad china, marcada históricamente por las revueltas contra el poder central o local. Actualmente, el número de huelgas, manifestaciones, revueltas, es impresionante. Y son revoluciones que implican a centenares de millones de hombres y mujeres. El partido comunista chino tiene por lo tanto el problema de contener esta tendencia a la revuelta. Hay también otro aspecto sobre el que pocos se detienen. En el último decenio ha ocurrido, por ejemplo, que la mayor parte de los cuadros intermedios se han vuelto hacia los negocios. Por lo tanto, el vértice del partido y del estado no disponen de la cámara de compensación necesaria para ejercer un gobierno sobre la sociedad. En tu libro escribes que las crisis de las bolsas no son una tragedia... La crisis de las bolsas provoca empobrecimiento. Esto es indudable. Pero si razonamos en temas de sistema es benéfica, porque pone fin a la locura de los años ochenta y noventa caracterizada por la carrera espasmódica para conseguir superbeneficios. Un veinteno durante el cual ha ocurrido de todo. Crecimiento del crédito al consumo, adquisición por parte del Sur del mundo de los bonos del tesoro americano, que han arrojado una masa de capital monetario en los Estados Unidos que ha alimentado la financiariación de la economía. Si no ha habido un hundimiento, debemos darle la gracias al Sur del mundo que ha alimentado la demanda mundial, ha producido mercancías a bajo coste para los consumidores estadounidenses y, en menor medida, europeos; la China como el Japón en los años ochenta, adquiere bonos del tesoro americano a través de los cuales los Estados Unidos financian su dominio en el mundo. La crisis de las bolsas pone fin a esta locura. También marca el fin de la hegemonía americana en la economía mundial. Ahora la locomotiva está representada por la China y, en menor medida, por la India, que sostienen la demanda. Otra cosa es el problema de cómo hacer frente a las consecuencias sociales de las crisis de las bolsas. Respecto a ello me parece que las propuestas existentes son, como poco, deprimentes. Como escribes en un cierto punto, citando una conocida frase de Marx, para comprender al capitalismo hace falta develar el secreto de los laboratorios de la producción... Una indicación metodológica de Marx que los marxistas pronto han quitado. Fue Mario Tronti con "Obreros y capital" quien nuevamente la sacó a relucir. Sin embargo dudo mucho que la indicación de descender a los laboratorios de la producción ayude a comprender algún secreto. Para comprender el funcionamiento del capitalismo debemos tomar en cuenta la proliferación de formas económicas de mercado, aunque no necesariamente capitalistas. Y también de la simultaneidad de diversos modelos de capitalismo. El "mundo no será plano", pero entonces ¿por qué no pensar que existe también, simultáneamente, diversos modelos productivos interdependientes entre sí? Silicon Valley, por ejemplo, no puede existir sin el "lager" donde se producen microchips con una fuerza de trabajo casi reducida a la esclavitud o a una condición carcelaria. En otras palabras, la high-tech o las biotecnologías tienen un doble ligamen con la militarización del trabajo, presente tanto en el norte como en el sur del mundo... Habría que escribir otro libro para responder a esta pregunta. Por el momento, lo que me interesa es comprender el papel jugado por el militarismo. Muchas innovaciones productivas han sido consecuencia, por ejemplo, de la producción de armas. Por otra parte, soy polémico con quienes hacen coincidir al capitalismo con su fase industrial. Silicon Valley no es industrialismo... Cierto. Estoy convencido de la crisis del fordismo. Si hay que hablar de un modelo productivo emergente, éste es Wal Mart. Repito: si se quiere entender cómo el capitalismo ha ejercido su hegemonía sobre gran parte de la población mundial, hay que tratar de comprender la relación entre militarismo e imperialismo. Lo cual significa expansión y conquista territorial. Por ejemplo, el capitalismo se ha desarrollado a través de la esclavitud... Pero en los Estados Unidos la esclavitud convivía con la industria del acero que innova profundamente la producción... Si, pero el elemento fundamental para comprender la difusión del capitalismo y la hegemonía que ejerce en el mundo debe comprender el papel del militarismo, de la potencia militar. He dicho hace un momento que existe una actitud hacia la insubordinación en la sociedad china. Pero no se comprende cual es la relación entre esta conflictualidad difusa y el poder político. ¿Como se resuelve entonces la relación entre movimientos e instituciones? La revolución ha constituido una vertiente en la historia china. Desde entonces el arbitrio del estado puede ser contestado. Y cuando ocurre, las formas de la crítica van desde la huelga hasta la verdadera revuelta. Durante una visita a China he hablado con un cuadro del partido que había constituido una joint- venture con una empresa francesa para la producción de champagne en China. Llegados a un cierto punto, la sección local del partido propuso la expropiación de la tierra. Los campesinos secuestraron a los dirigentes de haciendas, los funcionarios estatales y los del partido, poniendo una condición: "los liberamos solo si firman un acuerdo de que la tierra continuaremos cultivándola nosotros". El partido firmó el acuerdo rápidamente. Me gusta recordar este episodio porque indica claramente que el partido puede decidir esto o aquello, pero si los hombres y mujeres objeto de las decisiones no están de acuerdo no se andan con sutilezas, porque se sienten legitimados por algunos principios de base de la revolución. Por lo que dice no está precisamente en sintonía con quienes sostienen que el neoliberalismo es el modelo hegemónico del capitalismo... El neoliberalismo ha sido un paréntesis de locura con el que los Estados Unidos y su fiel aliada, Inglaterra, han tratado de imponer, por las buenas o por las malas, su modelo. Pero ambos han fracasado, como testimonian la caída de las bolsas y la derrota estadounidense en Iraq. Estamos en una fase turbulenta cuyas salidas son todavía difíciles de prever. Por el momento, grande es el desorden bajo el cielo, pero no sé si la situación es excelente. (**) Giovanni Arrighi, investigador de origen italiano, es docente en la John Hopkins University y director en esa misma universidad del Fernand Braudel Centre. El dólar o la conversión dios en monaguillo Por José Miguel García http://jomigarcia.blogcindario.com/ La caída del dólar y la recesión de la economía más poderosa del Mundo, vistos como un signo inequívoco que preanuncia la decadencia del imperio americano. Sin embargo, seguramente, su poderío militar no se verá afectado. El gendarme universal, que no sabe de límites, y que estará dispuesto a todo por no perder su predominio, ¿a cuántos "nuevos Irak" nos llevará? ¿Hasta dónde lo dejaremos llegar? El fantasma de la recesión golpea fuerte en las entrañas del imperio y nada parece detenerlo. La Reserva Federal –por cuarta vez en los últimos cuatro meses-- debió bajar la tasa de interés en una magnitud sin precedentes para incentivar una mayor actividad. Seguramente el éxito de la medida no fue el esperado, ya que una quinta rebaja debió comunicarse apenas comenzado febrero. Bush, por su parte, anunció medidas fiscales que alentarán el consumo directo con bombos y platillos, en un claro intento de mejorar de inmediato las alicaídas expectativas de los agentes. Pero así y todo, estos esfuerzos han resultado vanos: Wall Street sigue cayendo, y las perspectivas generales que hacen los propios analistas norteamericanos, para el corto y mediano plazo, auguran los vaticinios más negros que se le pueden hacer al sistema: caída del consumo, desaceleración, estancamiento, acciones a la baja, quiebras, aumento del desempleo, etc. Ni el más optimista defensor a ultranza del modelo puede decir otra cosa: en la primera y más "sólida" economía del Planeta, paradigma inexpugnable del funcionamiento capitalista, algo anda mal. Eso ya nadie lo puede negar. Aunque, seguramente, todos estos pronósticos hablarán de crisis coyuntural, o a lo sumo, dirán que la economía estadounidense está atravesando un ciclo de depresión que no se ha sabido sortear, u otras cosas por estilo. No dejarán de destacar la transitoriedad del fenómeno, ni tampoco de precisar que muy pronto se revertirá. Ahora, en nuestra modesta opinión, creemos que no es así, sino todo lo contrario: esta crisis responde a factores estructurales y a políticas "antieconómicas" permanentes. Esto determina, inexorablemente, que en el largo plazo la economía norteamericana seguirá padeciendo estos "males" a extremos sin precedentes. Del boom inmobiliario a la caída de las bolsas. Sin entrar a analizar las causas de fondo, la difícil situación que atraviesa la economía norteamericana de hoy, tiene su antecedente más inmediato en la debacle en el circuito de los préstamos hipotecarios que se precipitó a mitad del año pasado. Esto ya había obligado, tanto a la Reserva Federal como al Banco Central Europeo, a inyectar en sus plazas cientos y cientos de millones de dólares y de euros, para evitar la crisis generalizada en los mercados financieros de los países centrales. La excesiva liquidez de la economía norteamericana de los últimos años, el desmedido afán de lucro de los operadores inmobiliarios y sus socios banqueros, la falta de controles y transparencia que posibilitaba que se otorgaran préstamos sin las suficientes garantías, y hasta que los fondos de los mismos se desviaran para el consumo de bienes no durables, el creciente endeudamiento interno de millones de norteamericanos que están "en rojo" (que han rebasado sus posibilidades de crédito y también de pago) infló tanto el globo de la financiación hipotecaria que terminó por explotar. El creciente incumplimiento por parte de los deudores hipotecarios se transmitió de inmediato a toda la cadena financiera, que en épocas de bonanza se había sumado al boom inmobiliario norteamericano prestando a empresas constructoras o, "descontando" créditos con garantía hipotecaria de particulares. Las consecuencias son por todos conocidas, la caída estrepitosa en los niveles de actividad de la construcción, y un incontable número de entidades financieras con pérdidas millonarias o al borde de la quiebra. Clara muestra de cómo el afán de lucro desmedido (aun cuando éste se nutra de la especulación y de la falta de transparencia) pilar básico del sistema, puede ser también el motor de su derrumbe. El dólar: de Dios a monaguillo Pero todo esto tiene un punto de partida: la excesiva liquidez de los últimos años de la economía norteamericana. La única economía en todo el Mundo que todavía puede darse el lujo de solventar, tan solo imprimiendo billetes de color verde o emitiendo bonos de la Reserva Federal, todos sus descalabros. Ya sea el que hizo posible un boom inmobiliario que ya sucumbió, o el que sustenta las sombrías pretensiones de ser el gendarme universal que Estados Unidos ha asumido a partir de las guerras de Afganistán y de Irak. Guerras que ya le han costado al gran país del norte cifras tan descomunales que superarían ampliamente el billón de dólares (o sea que ya se habrían gastado en ellas más de un millón de veces un millón de dólares). O ahora mismo, financiando los 157 mil millones que tiene de costo el paquete fiscal de devolución de impuestos que entregará a cada contribuyente individual un cheque por U$S 600, o a cada familia norteamericana uno por U$S 1.200, para que éstos lo vuelquen de inmediato al consumo interno que se viene desplomando. Que, dicho sea de paso, fomentar el consumo, es la mejor medida para salir de esta situación. Nadie lo duda, a pesar que desde siempre, tanto Estado Unidos como los organismos internacionales de crédito (el FMI, el Banco Mundial o el BID), hayan impuesto a nuestras economías pobres y subdesarrolladas, ante circunstancias similares, la receta opuesta: ajustes fiscales con aumento de impuestos y la baja del gasto social, que siempre perjudica a los más pobres que son los que terminan pagando mayoritariamente todas las crisis. Pero aquí el problema primordial es que, ni aún siendo la primera economía del mundo, se puede resistir este ritmo de gasto indefinidamente. La estrepitosa caída del dólar de los últimos tiempos lo está demostrando. El déficit fiscal norteamericano ha sido una constante en todas las administraciones desde Bush padre para acá, y ha crecido enormemente tanto en términos relativos como en términos absolutos. Por su parte, el déficit comercial norteamericano trepó de 84 mil millones en 1992 a 800 mil millones en 2007 multiplicándose casi por diez. Sólo China mantuvo un superávit comercial con Estados Unidos de U$S 250 mil millones el año pasado. Los gastos en defensa han alcanzado al 20% del PBI norteamericano en promedio en la última década. Las guerras antiterroristas contra el "eje de mal" se estima que insumirán otros 2 y medio billones de dólares en los próximos diez años. ¿Cuánto tiempo más se puede sostener esto? En los años 50 Norteamérica acaparaba la mitad de toda la riqueza que se producía en el Mundo. En el 2007 apenas llega al 25% del total, y con una manifiesta tendencia a la baja. Esa enorme porción de la torta la ha perdido a mano de las potencias emergentes. Por ahora China es el principal socio comercial de Estados Unidos pero, ¿qué pasaría si algún día el Banco de China decidiera desprenderse de los 900 mil millones de dólares que mantiene en bonos de la Reserva Federal en sus arcas? O si, por ejemplo, la OPEP decidiera dejar de utilizar como moneda para sus transacciones el dólar, o que algunos países con grandes reservas fueran cambiando la posición de las mismas a otra moneda que no fuera el dólar, ¿qué pasaría? Obviamente que la baja que viene sufriendo la divisa norteamericana de estos últimos tiempos se quedaría en pañales. y el dólar se desplomaría en caída libre marcando el principio del fin. Por algo ya ni Don Juan ni Doña María, previsores al máximo, guardan más dólares debajo del colchón, ahora prefieren al euro. El dólar, símbolo todopoderoso de la riqueza y del poder de Norteamérica, que presidía omnipotente todos los altares del capitalismo, ha pasado a hacer de monaguillo. La manifiesta debilidad de hoy de la "moneda del mundo", marca el inicio de un camino que ya no tiene retorno. El sueño americano y la realidad Lógicamente que estas consideraciones se quedarían rengas si no nos detuviéramos un poco en los hombres y las mujeres que constituyen esta sociedad. Y de inmediato nos viene a la mente las imágenes de riqueza y opulencia que desde siempre nos ha mostrado la televisión norteamericana y el cine de Hollywood, donde el sueño americano se hace realidad para cada uno de los protagonistas. Pero en la vida real no hay protagonistas, sino gente común y corriente, gente de carne y hueso, para la cual la realidad es muy otra. Aunque traten de ocultarlo, la estadounidense es una sociedad que, para citar cifras oficiales (1) de 2006, condena a 37 millones de norteamericanos a vivir en la pobreza, de los cuales 13 millones son niños. Una sociedad que alberga en su seno a 47 millones de sus ciudadanos sin ningún tipo de cobertura médica, en un sistema de asistencia que tiene por principio básico que quien no paga no se atiende. No hablemos de otros tantos ciudadanos, o más, que sólo cuentan con seguros parciales de atención médica que excluyen muchos tratamientos "costosos", a los que sólo acceden quienes tienen muy altos ingresos. Un sistema de salud que privilegia exclusivamente el lucro de las corporaciones médicas y hospitalarias, y que ha sido considerado el más costoso e ineficiente del Mundo (si tomamos en cuenta la cantidad de personas cubiertas y la calidad y cantidad de actos médicos que éstas reciben en relación al total pagado por los seguros). Un sistema de salud del que, insistentemente, se viene anunciando que en los próximos 25 años irá a la banca rota porque, de seguir en estas condiciones, los seguros ni siquiera podrán cubrir el costo de las limitadas prestaciones que se brindan. Hablamos de una sociedad donde muchos analistas locales, para no ser menos, auguran, también, la quiebra de los fondos de retiro en un futuro no muy lejano (malos manejos de los fondos de inversión, menores aportes, prestaciones por más tiempo a cada uno de los beneficiarios, por citar algunas de las razones). Reafirmando la desconfianza que está generando este sistema, se está constatando que los norteamericanos de ingresos más bajos se están jubilando mucho más tarde de lo que lo hacían antaño, y no es precisamente porque se tenga ganas de trabajar hasta morir. Y dejamos fuera de estas observaciones, para no extendernos más, a los casi 20 millones de inmigrantes indocumentados que están padeciendo las penurias que todos conocemos. Indocumentados que, además de todo, se encuentran varios escalones por debajo de los norteamericanos más pobres. Por supuesto que toda esta gente conoce el sueño americano, pero como nosotros, por haberlo visto en alguna película. La decadencia y la guerra Ahora, no podemos ser ingenuos. Este anunciado declive de Estados Unidos, que inevitablemente lo llevará a dejar de ser la primera potencia económica del planeta, no significa, necesariamente, que lo mismo le vaya a ocurrir como potencia militar. Es más, nos atrevemos a afirmar que seguramente le suceda justamente lo opuesto. Mal que nos pese, en los años por venir seguramente veamos nuevas "guerras de Irak" en otros lugares, por petróleo o por cualquier otro recurso natural vital a los intereses norteamericanos. Ojalá que nos equivoquemos. Es lo que más desearíamos. Esperemos, entonces, por el futuro de nuestros hijos y nietos, que la vocación belicista que ha caracterizado a este nuevo Imperio de Occidente, gran gendarme que no sabe de límites y que está dispuesto a todo por no perder su predominio, --lo que también en este sentido lo hace parecerse tanto a la Roma decadente que presagió el fin--, en algún momento deberá ser puesto en su lugar por el resto del mundo, o, lamentablemente, el Mundo todo dejará de ser tal, por lo menos, para la vida humana. Nota: (1) Informe de 2006 del Census Bureau de Estados Unidos.