Pensamiento Crítico

El verdadero problema de Hilary con Martin Luther King

Por Barbara Ehrenreich | Revista SinPermiso. Traducción: Daniel Escribano | 09 Febrero 2008
Al principio lo tomé por otro timo blanco sobre la cultura negra y la creatividad: los Rolling Stones apropiándose del Bo Diddley beat, Bo Derek haciendo deporte con el pelo trenzado y ahora Hillary acreditando a Lyndon Baines Johnson para votar la ley de derechos de 1965. Si han concedido este honor a un blanco, LBJ era una curiosa opción desde que se pasó la convención demócrata de 1964 maniobrando para evitar que el Partido Demócrata por la Libertad de Mississippi ocupara ni un solo escaño de los dixiecrats. Según los criterios de Clinton, en 1972 debería haberse confiado en que Richard Nixon legalizara el aborto. Pero el comentario de Clinton sobre LBJ revela algo más preocupante que sordera racial: una teoría del cambio social que es tan elitista como incorrecta. Los derechos civiles de los negros no los conquistaron hombres (o mujeres) en despachos. Los ganó un movimiento de masas de millones de personas que realizaron marchas, sentadas, soportaron cárcel, balas y palizas por el derecho al voto y a moverse libremente. Algunos eran estudiantes y pastores, muchos eran granjeros pobres y trabajadores urbanos. Nadie ha intentado siquiera hacer una lista de sus nombres. Es también problemática, por supuesto, la reducción del movimiento por los derechos civiles a dos nombres: Martin Luther King Jr. y Rosa Parks. ¿Qué hay de Fannie Lou Hammer, que dirigió la delegación del Partido Demócrata por la Libertad de Mississippi en la convención 1964? ¿Y de Ella Baker, Fred Hampton, Stokely Carmichael y centenares de otros líderes? La teoría de la historia de las grandes personalidades puede simplificar la redacción de libros de texto, pero no arroja luz sobre cómo sucede realmente el cambio. Los derechos de las mujeres, por ejemplo, no fueron obtenidos por Betty Friedan y Gloria Steinem mientras tomaban té. Tal y como Steinem sería la primera en reconocer, el movimiento feminista de los setenta hincó sus raíces alrededor de mesas de cocina y de café, impulsado por centenares de miles de mujeres anónimas hartas de que las llamaran cariño en el trabajo y excluidas de los trabajos "de hombres". Las estrellas mediáticas como Friedan y Steinem realizaron una brillante tarea de proselitismo, pero necesitaron un ejército de heroínas no reconocidas para escenificar las protestas, organizar conferencias, repartir pasquines y difundir el mensaje al vecindario y colegas del trabajo. Cambio es este año un grito de guerra demócrata, pero si no saben cómo acaece el cambio, no están preparados para realizarlo por sí mismos. Un caso ilustrativo es el plan de "reforma sanitaria" de Clinton de 1993. No hizo ninguna gira para escuchar lo que la gente tenía que decir al respecto, ni tuvo reuniones televisadas con desgarradores testimonios locales. En lugar de eso, reunió durante meses a un zaguante de tertulianos y expertos en reuniones a puerta cerrada, algunas rodeadas de tanto secreto, que hasta se prohibió a los propios participantes que el uso de lápices o bolígrafos. Según David Corn, de The Nation, cuando se informó a Clinton de que el 70% de los americanos encuestados eran entonces favorables a un sistema de pago individual, respondió sarcásticamente: "dígame ahora algo interesante". Podría haber hecho las cosas de forma diferente, de una forma que no hubiera dejado a actualmente 47 millones de americanos sin cobertura sanitaria. Podría haber comenzado percatándose de que no habrá ningún cambio real sin la movilización de la gente común que lo quiere. En lugar de secuestrarse a sí misma con economistas y consultores de negocios, podría haberse reunido con organizaciones de enfermería, grupos de médicos, sindicatos de trabajadores de Sanidad y abogados de pacientes. Después podría haber acudido a la población y decir: estoy trabajando por un cambio serio en la forma de hacer las cosas y habrá que vencer duras resistencias, de manera que necesitaré todas las formas posibles de apoyo. Pero lo hizo a su manera y acabó con un plan de 1300 páginas que, en uno y otro lado, a nadie gusta y ni siquiera comprende, lo que demuestra que el cambio histórico no lo hace ni la chica más elegante, aun si comparte lecho con el presidente. Igualmente, ignoró al movimiento antiguerra de esta década y se enajenó a un incalculable número de votantes demócratas, feministas incluidas. Me gustaría pensar que Obama, con su experiencia en la organización de su comunidad y su insistencia en estimular a la gente, lo entiende un poco mejor. Pero, quienquiera que sea el presidente electo este año, no habrá ningún cambio real de tipo progresista sin un movimiento social de masas que lo traiga, ya pidiendo cuentas al presidente o a la presidenta, ya sometiéndol(o)a a una verdadera prueba de fuego. Y un movimiento social no empieza en la cúpula. Empieza justo ahora, con ustedes. (**) Barbara Ehrenreich es una periodista norteamericana que goza de gran reputación como investigadora de las clases sociales en EEUU. Esta actividad investigadora le ha ocupado toda su vida desde que se infiltró disfrazada de sí misma en la clase obrera que recibe salarios de miseria en su ya clásico Nickel and Dimed [Por cuatro chavos], un informe exhaustivo de las enormes dificultades por las que pasan muchos estadounidenses que tienen que trabajar muy duro para salir adelante. Luego, años más tarde, repitió la operación centrándose en la clase media, pero esta vez, para su sorpresa, no acabó trabajando de incógnito entre trabajadores, sino que básicamente tuvo que tratar con desempleados sumidos en la desesperación de haberse visto apeados del mundo empresarial. El resultado de esta reciente incursión es otro libro, más reciente, Bait and Switch. The (Futile) Pursuit of the American Dream. [Gato por liebre. La (fútil) búsqueda del sueño americano]. Actualmente dedica mucho tiempo a viajar por todo el país con el propósito de contar sus experiencias a distintos públicos que comparten sus mismas vivencias. Escribe a menudo en su blog (http://Ehrenreich.blogs.com/barbaras_blog/), está muy implicada en poner en marcha una nueva organización dedicada a articular a los desempleados de clase media.