Pensamiento Crítico

Mahoma, las caricaturas e Irán como objetivo

None | 12 Febrero 2006

El isótopo más codiciado

Por Antonio Madridejos, El Periódico de Barcelona

La extracción del uranio, su tratamiento y enriquecimiento es un proceso complejo, controlado internacionalmente y muy caro, pero no varía esencialmente si el objetivo es pacífico --para centrales nucleares-- o militar. Se trata de repetir los mismos pasos hasta lograr "la proporción necesaria para uno u otro caso", resume Javier Dies, profesor del Departamento de Ingeniería Nuclear de la Universitat Politècnica de Catalunya.

En la naturaleza, el uranio es un elemento escaso que se presenta en forma de óxidos sólidos y estables, como la uraninita. Sea cuál sea su origen, el uranio siempre está compuesto por una mezcla de tres isótopos, todos radiactivos, pero la variante más útil industrial y militarmente, el llamado uranio 235 o U235, apenas representa el 0,7% del total. La mayoría, el 99,2%, es U238.

Para que se produzca la fisión nuclear es necesario aumentar la proporción de U235 hasta alcanzar entre un 3% o 5% (concentración necesaria para los reactores civiles) y un 90% (lo que requieren las bombas). El porcentaje aumenta repitiendo el proceso tantas veces como sea preciso. "Cuanto más U-235 tiene el combustible de una central, más energía genera y más tiempo dura", dice Dies. "Se pueden construir plantas que funcionen con uranio natural, pero las más rentables son las de uranio enriquecido", prosigue Miguel Embid, profesor de Tecnología Nuclear de la UNED, en Madrid. Técnicamente podría ser competitivo superar el 5%, pero la ley internacional lo impide para evitar tentaciones. "Para armas, uno tiene que ir al 90%", subraya Dies.

El enriquecimiento puede realizarse de varias maneras, pero lo habitual es calentar los óxidos sólidos hasta convertirlos en un gas, el hexafluoruro de uranio, y luego separar el U-235 del U-238. Como tienen masas similares, no es nada sencillo.

El primer sistema o difusión consiste en pasar el hexafluoruro por una malla con millones de poros microscópicos. "El U-235 pasa más fácilmente por la malla --precisa Dies--, pero la fracción de separación es pequeña y obliga a colocar miles de membranas". El método alternativo y más común es centrifugar a gran velocidad el hexafluoruro en una cámara cilíndrica, lo que separa el U238 del más liviano U235. Este sistema gasta menos energía y es más barato.

En cualquier caso, el enriquecimiento sólo resulta económico en grandes volúmenes, por lo que sólo lo realizan las potencias nucleares. "Para enriquecer uranio en la planta Eurodif, en Francia, se necesita la energía de dos centrales nucleares", explica Embid (España obtiene su combustible justamente de Eurodif, de la que es propietaria en un 11%). Una central de 1.000 megavatios necesita 24 toneladas anuales de uranio enriquecido al 3%-5%. "Un par de camiones --dice Dies--. Prácticamente nada si se compara con los dos millones de toneladas de carbón que precisa una central térmica".

Para tener centrales no es necesario poder enriquecer (Suiza, Holanda, España y otros países compran el uranio fuera), "pero quienes disponen de la tecnología tienen centrales... y además armas nucleares", concluye Embid.

El caldero de Mahoma

El desaire del primer ministro danés a once embajadores árabes indignó a esta comunidad
Una delegación viajó a Oriente Próximo para dar a conocer las viñetas

Por Mauricio Bernal, Enviado Especial a Copenhague, de El Periódico, Barcelona

Kare Bluitgen tiene un problema. Acaba de escribir un libro para explicar el islam a los niños daneses y no encuentra un ilustrador dispuesto a dibujar a Mahoma. Todos saben que el Corán condena explícitamente la idolatría y que eso significa que para la mayor parte de los musulmanes está prohibido dibujar al profeta. Bluitgen, de 46 años, es uno de los escritores de literatura infantil más populares de Dinamarca y sus dificultades terminan pronto en boca de los círculos intelectuales de Copenhague.

El redactor jefe de cultura del diario Jyllands-Posten, Flemming Rose, se interesa más que nadie en el caso y decide comprobar hasta dónde llega la autocensura de los artistas daneses. Es el verano del 2005. Unos meses después, el experimento convertirá a la tranquila y liberal Dinamarca en la primera trinchera de los que predican la guerra de las civilizaciones.

Rose se pone en contacto con 40 caricaturistas y les propone que dibujen a Mahoma. Doce aceptan el encargo: las caricaturas salen el 30 de septiembre. "Yo les pedí que dibujaran al profeta según su propia percepción, no que se burlaran", diría Rose meses más tarde, cuando varias embajadas danesas en Oriente Próximo ya habían sido incendiadas y en la zona se imponía un boicot sobre los productos fabricados en Dinamarca. La viñeta que más enardece a los musulmanes es una en la que Mahoma aparece con una bomba entre el turbante.

La mecha de la ira tarda varios días en encenderse y algunas semanas en consumirse. Cualquiera de los 200.000 musulmanes que viven en este país dirá ahora que la indignación fue instantánea, pero tienen que pasar un par de semanas tras la publicación de las viñetas para que alguien advierta que el sentimiento es generalizado y se proponga crear un frente común. ¿De quién se trata? La mayoría de los dedos apuntan a la figura de Ahmed Abú Labán, el clérigo musulmán más influyente de Dinamarca, aunque la opinión pública de este país no le concede más mérito que el haber hecho gala del olfato astuto de los oportunistas.

El imán de la mezquita de Wakf y presidente de la Sociedad de la Fe Islámica hace valer su influencia para convocar una manifestación en Copenhague, el 14 de octubre; asisten unas 3.000 personas. Pocos días después, el clérigo recibe un espaldarazo cuando los embajadores de los 11 países musulmanes acreditados en Copenhague protestan ante el Gobierno danés por la publicación de las caricaturas. La oposición danesa cree que si el primer ministro, Anders Fogh Rasmussen, hubiera accedido a recibir entonces al grupo de diplomáticos, la situación no habría degenerado.

"Ahora sabemos que fue un error", afirma el diputado socialdemócrata de origen turco Huseyin Arac. El Gobierno argumenta que no tiene por qué meter las narices en la libertad de la prensa.

Abú Labán no se queda cruzado de brazos: bien sea por fanatismo, por afán de propaganda o por el sincero deseo de hacer respetar la figura santa del profeta, a principios de diciembre emprende el viaje que ha de convertir un conflicto local en un problema de alcance planetario. A la cabeza de una delegación que asegura representar a 27 asociaciones musulmanas de Dinamarca, se desplaza a Oriente Próximo y pone el caso en conocimiento de "los responsables adecuados" a la espera de que "adopten las decisiones apropiadas".

El libanés Ahmed Akkari, de 28 años, salta a la palestra como portavoz y rostro visible del Comité Europeo para la Defensa de la Dignidad del Profeta, rimbombante paraguas que cobija a las 27 asociaciones turcas, paquistanís, bosnias, somalís y árabes de Dinamarca. "Queremos una disculpa", dice.

El triunfo de Bluitgen. El tour por Oriente Próximo es un éxito y los delegados del Comité consiguen reunirse con el secretario general de la Liga Árabe, Amr Musa, con responsables del Ministerio de Exteriores egipcio y muy especialmente con el jeque Mohamed Sayed Tantaui, imán de la más prestigiosa institución del islam suní: la mezquita de Al Azhar. Nadie duda de que existe una relación directa entre estos encuentros y los pronunciamientos que a finales de diciembre hacen tanto la Liga Árabe como la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), ambos en el sentido de condenar las caricaturas. A partir de ese instante los acontecimientos se suceden a velocidad de vértigo: el boicot, la decisión de Libia y Arabia Saudí de retirar a sus embajadores en Dinamarca, la quema de embajadas, las protestas violentas... los muertos.

Enero: El Corán y la vida del profeta Mahoma se vende en las librerías danesas. Bluitgen ha hallado a un dibujante que ilustre su libro, pero sólo guardando el anonimato.

Caricaturas de Mahoma: la provocación

Por Antonio Rondón, Prensa Latina, agencia cubana de noticias

La polémica sobre la publicación de las caricaturas del profeta Mahoma en Europa semeja hoy cada vez más a una provocación con segundos fines, quizás relacionados con el diferendo de Occidente con Irán. Señales en ese sentido se aprecian en los últimos días desde Washington, donde la secretaria de Estado Condoleezza Rice acusó a Teherán de la supuesta intención de utilizar la crisis de las caricaturas para azuzar la violencia en el mundo árabe. El vicepresidente iraní, Rahim Mashaee, rechazó de inmediato esas acusaciones, que más bien buscan situar a su país en el centro de una polémica surgida de una provocadora reimpresión de 12 dibujos del Profeta, aparecidos en el diario danés Jyllands-Posten.

Lejos de reconocer la falta de responsabilidad de la prensa, en especial, la europea, la cual siguió los pasos del rotativo danés, las potencias occidentales demandan calma y el fin de la airada reacción de millones de musulmanes en el mundo.

Otro signo que denota una maniobra de provocación está relacionado con una denuncia aparecida en la versión germana del periódico Financial Times, el cual estimó que el boicot anunciado por Irán contra Dinamarca va mucho más allá de un asunto comercial. Este problema más bien atañe a la estrategia política europea frente a Irán, apunta el rotativo, aunque las reacciones, incluidas las violentas, contra los 12 dibujos ofensivos de Mahoma, se registraron en otros países islámicos.

Pero el foco de atención de las potencias europeas está relacionado con la necesidad de ejercer presión sobre la República Islámica en torno al diferendo sobre su programa nuclear, creado artificialmente por Estados Unidos. La Casa Blanca acusó a Teherán del intento de crear condiciones para el desarrollo del armamento nuclear, argumento rechazado por las autoridades del país persa que defiende su derecho al uso pacífico de esa energía.

Gran parte de la comunidad musulmana se muestra decidida a apoyar a Irán en su defensa legítima de desarrollar la tecnología atómica con fines civiles. La reimpresión de las viñetas del Profeta en Noruega, España, Italia, Alemania, Francia y Croacia, podría buscar la exacerbación de la reacción por las burlas a esa figura del Islam, en un intento por destacar el supuesto carácter violento de los musulmanes.

Occidente enarbola en todo momento la necesidad de ejercer la llamada libertad de prensa al publicar las caricaturas, un argumento que ya resulta poco creíble, cuando en ese conflicto afloran segundas intenciones.

El objetivo en el fondo de esa crisis parece ser Irán, sobre todo cuando Austria, al frente de la presidencia de la Unión Europea (UE), demanda de Teherán poner fin al supuesto respaldo del terrorismo, para introducir un nuevo elemento en el diferendo.

Para quienes se equivocan en interpretar la manera occidental de ver la libertad de expresión pueden ser separados de sus responsabilidades, como en el caso de Flamming Rose, el editor cultural del Jyllands-Posten. Rose, quien fue el responsable de la primera aparición de las caricaturas de Mahoma, el 30 de enero pasado, fue enviado a su casa al considerar posible la reproducción de dibujos del Holocausto que pueda publicar la prensa iraní. Teherán anunció que organizaría un concurso en ese sentido para probar la tolerancia en Occidente del ejercicio de la llamada libertad de expresión que tanto defendió en el caso de Mahoma.

Llama la atención que pese a la furia provocada por los dibujos del Profeta, cuya imagen prohíbe reproducir el Islam, Europa apenas hizo un llamado a la responsabilidad de los medios de difusión. Sin embargo, la UE criticó fuertemente la violenta reacción de los musulmanes, después que las sedes diplomáticas de Dinamarca ardieron en Damasco y Beirut.

Público hastiado de Iraq, pero dispuesto a atacar Irán

Por Jim Lobe, agencia International Press Service (IPS), desde Washington

La escalada de la crisis por el programa de desarrollo nuclear de Irán parece haber convencido al público de Estados Unidos de que Teherán es la mayor amenaza que hoy afronta Washington, más aun que la red terrorista Al Qaeda.

Los últimos estudios de opinión pública dejan en evidencia que los estadounidenses encuestados rechazan cada vez con más vehemencia la ocupación de Iraq, al tiempo que, paradójicamente, comienzan a pensar en eventuales acciones militares contra Irán. "Los estadounidenses nos dicen que preferirían empacar y abandonar Iraq ahora, y ya parecen preparados para infligirle algún daño a Irán si mantiene su programa nuclear", dijo John Zogby, presidente de la encuestadora Zogby International.

Un sondeo publicado por Zogby la semana pasada indica que casi la mitad de los entrevistados (47%) estaban en favor de una acción militar, preferiblemente junto con aliados europeos, para detener el programa nuclear iraní. A pesar de la elevada preocupación, las encuestas no muestran mayor disposición del público a tomar acciones militares inmediatas o unilaterales. La preferencia marcada es por allanar el conflicto a través de la diplomacia, en lo posible en el marco de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La mayoría de los encuestados preferirían que, en caso de un fracaso diplomático, una eventual intervención militar se emprendiera en conjunto con otro países y de ninguna manera tener la caída del régimen iraní como objetivo, como fue el caso de Iraq.

"¿Hay gente que pide acción militar ya? Definitivamente, no", dijo Steven Kull, director del Programa de Actitudes Políticas Internacionales (PIPA) de la Universidad de Maryland. "Entre este momento y cualquier acción militar, el público esperará más negociaciones. Y, entonces, querrá que se haga algo multilateralmente. Deberán superar una cantidad de vallas antes de llegar a la acción militar", explicó.

De todos modos, la última encuesta del Centro Pew de Investigaciones para el Público y la Prensa, concluyó que Irán representaba la mayor amenaza nacional para 27% de los entrevistados estadounidenses, proporción que triplica la de cuatro meses atrás. Casi tres de cada cuatro de los 1,500 adultos encuestados (72%) también consideraron probable que Irán utilizara armas atómicas en contra de Israel en caso de desarrollarlas. Y 82% dijeron creer que el gobierno iraquí podría transferir armas nucleares a terroristas.

Estos últimos estudios de opinión pública sugieren que la República Islámica de Irán se ha trasladado al centro del debate estadounidense sobre política internacional, a raíz de las declaraciones belicosas del presidente Mahmoud Ahmadinejad y la reanudación en el país de las actividades de enriquecimiento de uranio. El cambio es un eco, en cierto sentido, de los mecanismos que los elementos más derechistas del gobierno de Estados Unidos usaron desde 2001 para concentrar el temor del público al terrorismo en la figura del depuesto presidente iraquí Saddam Hussein, con el fin de promover la invasión de Iraq.

"Cuán peligroso es Irán", rezaba la portada de la revista Newsweek, con una gran foto de Ahmadinejad, flanqueada por las frases "La próxima amenaza nuclear" y "radicalismo islámico en el poder". Muchos halcones de Washington aplaudieron la llegada de Ahmadinejad a la presidencia iraní el año pasado y sus declaraciones en que exhortaba a "borrar del mapa" a Israel, pues servían de confirmación a sus propuestas de ataque. "Una amenaza intolerable", fue el título del editorial del neoconservador diario The Wall Street Journal. Mientras, el semanario Weekly Standard, de igual tendencia, afirmaba que Irán se había convertido en "la prueba definitiva" y "la crisis central de la presidencia de (George W.) Bush".

El vicepresidente Dick Cheney, entrevistado por la red de televisión pública PBS, afirmó que el gobierno manejaba todas las opciones, incluida la militar. Al mismo tiempo, la secretaria de Estado (canciller) Condoleezza Rice acusó a Irán de incitar las protestas violentas en Medio Oriente contra la publicación de ilustraciones de Mahoma en la prensa europea.

En los últimos 15 años, apenas 6% de los encuestados por Pew, en promedio, ubicaban a Irán como el "mayor peligro" para Estados Unidos. En octubre pasado, cuando Ahmadinejad amenazó a Israel por primera vez, la proporción se elevó a nueve%, aún por debajo de Iraq (18%), China (16%) y Corea del Norte (13%). Pero en solo cuatro meses el porcentaje se triplicó a 27, y supera al de los que contestaron que la mayor amenaza era China (20), Iraq (17), Corea del Norte (11) y Al Qaeda (cuatro). Y dos tercios de los entrevistados calificaron el programa nuclear iraní de "gran amenaza", aun a pesar de que las propias agencias de inteligencia de Estados Unidos consideran que aún resta un decenio para que Teherán pueda desarrollar un arma atómica.

Libertad de expresión, Islam y uranio enriquecido

Por Rubén Martínez Dalmau, profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de València y subdirector del Instituto Mediterráneo de Estudios Europeos. martinezdalmau@gmail.com Publicado en Las Provincias.

Es una lástima que Dinamarca, un país más bien discreto, con un notable en derechos humanos, que recuerda a Groenlandia y al frío, a islas y a vikingos, y del que muchos no sabrían decir si se paga o no en euros, sea ahora conocida por aumentar la temperatura política en la ya de por sí complicada situación del oriente medio y su entorno de influencia. Pero no nos engañemos, el incidente podría haber ocurrido en cualquier otro momento y lugar. Lo que quizás hace algunos años hubiera pasado desapercibido es en estos momentos más leña para un fuego que toma dimensiones preocupantes, entre otras cosas por la falta de responsabilidad de quienes lo avivan. Unas simples disculpas de los editores, incluso una reacción menos airada del Primer ministro danés Rasmussen, muy posiblemente hubieran sido suficientes para desarmar de razones a los sectores violentos que han impulsado las protestas en el mundo musulmán, y que ahora están en la cresta de la ola sorprendidos por su propio éxito. Pero era mucho pedir para las dos posiciones extremas, en oriente y en occidente, que están acelerando ante al cambio de rasante, esperando encontrarse con el enemigo y dirimir sus diferencias en abierto en ese choque de civilizaciones que, y no existen las casualidades, está en boca de ambos extremos.

En la universidad, cualquier clase de libertades públicas empieza concienciando a los alumnos de que los derechos no son absolutos. No lo puede ser, por cuando los derechos conviven en relación unos con otros, y esa relación provoca conflictos. En algunos casos puede dudarse de que haya límites (derecho a no ser torturado, a no recibir malos tratos), pero en otros casos su ejercicio está claramente limitado por otros derechos. En el caso de la libertad de expresión nadie duda de sus límites. Su conflicto con el derecho al honor, a la intimidad o la propia imagen provocan sentencias con cierta habitualidad, en las que los tribunales dejan claro que la libertad de expresión tiene sus límites jurídicos. No se trata de un derecho absoluto, ni en el plano del Derecho ni en el de la ética. Desde luego, si algunas acciones amparadas en la libertad de expresión son delito, con mucha más razón pueden ser poco éticas.

Pero, además, hay que tener en cuenta que una cosa es que la ley nos otorgue seguridad jurídica y otra bien diferente es que sea justa. Hermann Heller, una de las mentes más brillantes de principios del siglo XX y que, por cierto se vio obligado a exiliarse a España desde la Alemania de principios de los treinta justamente por sus ideas, lo explicó de forma clara al tratar sobre la legalidad y la legitimidad del ordenamiento jurídico. En su crítica al positivismo, Heller afirma que la justicia no se obtiene sólo por la legalidad, olvidando su elemento ético; esto es, legalidad y legitimidad no van obligatoriamente de la mano. La legalidad se refiere al componente jurídico-formal de la norma, y la legitimidad a su adecuación ético-social. Ejemplos duros nos ha dado la historia sobre este aspecto. El Tercer Reich decía sostenerse sobre la base de la legalidad, y en efecto tanto los mecanismos formales por los que Hitler obtuvo el poder como la caracterización del Estado totalitario fueron jurídicamente irreprochables. Las dictaduras europeas durante el siglo XX siguieron el ejemplo. De la misma manera que las monarquías limitadas, durante el siglo anterior, habían asumido el Estado de Derecho en su más estricto significado, esto es, como fiel cumplimiento de la Ley. El problema no era de legalidad, sino de legitimidad: la ley no se originaba en cauces democráticos, ni buscaba una relación entre legalidad y justicia.

Pero tanto el concepto de libertad de expresión, con sus límites, como la indudable legalidad de la publicación de las viñetas sobre Mahoma en Dinamarca, aunque sea ilegítima, no son desde luego razones que justifiquen la violencia y la muerte que han desencadenado algunas protestas radicales en el mundo musulmán. Algunos han querido ver una acción concertada de un supuesto complot panárabe, que incluiría a un gobierno sirio resentido por su salida del Líbano, a los coletazos del talibanismo afgano, a la euforia de Hamás en Palestina tras su inesperada victoria y, cómo no, la decisión iraniana de reanudar la producción de uranio enriquecido, para lo que está esperando la llegada a Teherán de los expertos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Como si los objetivos de todos estos grupos fuera el mismo: atentar contra los valores de occidente conviviendo entre ellos en un saludable clima de paz y entendimiento. Como si el gobierno sirio no hubiera luchado encarnizadamente contra el radicalismo islámico, tanto en Siria como en Líbano, no por convicción democrática sino por mantener el status quo de las cosas; como si el objetivo fundamental de Hamás fuera la creación de un Estado islámico, y no la consolidación de la independencia de Palestina; o como si los afganos o los iraníes pudieran entrar alguna vez en una componenda con los árabes, olvidando los siglos de discordia y luchas. ¿Por qué nos llaman árabes si somos persas?, se pregunta la asombrada protagonista de Crash cuando observa las pintadas y los destrozos en la tienda de su familia, iraní.

Quizás hay que escarbar por otro lado para encontrar una respuesta más acertada a las acciones de unos y otros. Usando el método holmesiano cabría preguntarse quién sale beneficiado de los disturbios violentos en el mundo árabe. Y la respuesta es clara: los fundamentalistas de ambos lados. Los radicales musulmanes, que ven cómo les han puesto en bandeja de oro la oportunidad de proseguir con los ataques a occidente y, con ello, buscar los cambios políticos en sus países que impulsen que una nueva clase política tome las riendas de Estados que han sembrado vientos para recoger tempestades. Pero no sólo ellos. También se benefician los radicales occidentales, que buscan la provocación sólo para llenarse de razones que justifiquen ese supuesto choque de civilizaciones que, de tanto hablar de él, al final –como cualquier mentira mil veces repetida- parecerá real.

La solución, una vez más, es redimensionar el fenómeno y abogar por el diálogo y el respeto, abandonando el campo jurídico y las teorías del complot y entrando en el campo de la ética y de las relaciones pacíficas entre los pueblos. La publicación de las viñetas de Mahoma puede ser legal, como lo es en Estados Unidos la aplicación de la pena de muerte, incluido a niños o a discapacitados. Ese no es el problema; se trata de una cuestión de ética, de respeto, de acercamiento pacífico, de diálogo y de entendimiento de las verdaderas razones que subyacen en la reacción violenta de algunos sectores musulmanes minoritarios y en la falta de acción de la mayoría de la población musulmana, confundida en su silencio. Por otro lado, la ofensa del mundo musulmán es entendible, pero no justifica ningún tipo de vandalismo, menos todavía cuando hay vidas por medio. En este episodio, una vez más, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Lo de Mahoma

Por Juan Gelman, diario Página/12, Buenos Aires

Las caricaturas de Mahoma –en particular la que lo muestra con una mecha de bomba encendida en el turbante– siguen provocando indignación, manifestaciones y muertes en el mundo musulmán. Esa ira no descansa. En Occidente se suele defender la publicación de esos dibujos con un acérrimo hincapié en la libertad de expresión, aunque algunos lo entibian con los paños del respeto a la creencia ajena. En efecto, para el Islam es sacrilegio tomar en solfa la imagen del Profeta y, encima, representarlo como un amenazante terrorista.

El tema de la libertad de expresión tiene un tratamiento bastante maleable en el Jyllands-Posten, el diario de Dinamarca que publicó los 12 dibujos el 31 de septiembre del 2005. En abril del 2003, el ilustrador danés Christopher Zieler presentó al periódico una serie de caricaturas sobre la resurrección de Cristo y recibió de Jens Kaiser, director de los números dominicales, el siguiente e-mail: "No creo que esos dibujos gusten a los lectores de Jyllands-Posten. En realidad, creo que provocarán muchas protestas. En consecuencia, no los utilizaré" (The Guardian, 6-2-06). Kaiser no aplicó el mismo criterio a las caricaturas de Mahoma y véase por qué: "En el caso de los dibujos de Mahoma, pedimos que los hicieran. Yo no pedí los otros. Esa es la diferencia". Una mera diferencia editorial, apenas técnica, vaya.

Es imposible desgajar la actitud de Kaiser del racismo occidental y europeo en general, y del danés en particular, que se agravaron de manera creciente desde el 11/9, la invención del "eje del mal", la ocupación de Irak, la construcción del muro en Israel, el terrorismo suicida. El gobierno derechista instalado en Copenhague desde 2001 y reelecto el año pasado mutiló conquistas sociales y laborales, participó en la ocupación de Irak y endureció las medidas antiinmigratorias. Una nueva ley promulgada en septiembre de 2004 limita específicamente el ingreso de inmigrantes musulmanes. El mismo mes, Pia Kjaersgaard –dirigente del Partido del Pueblo Danés, oficialista y de extrema derecha– llamaba a la guerra contra el islamismo, al que comparó con el nazismo y el marxismo (www.globalresearch.ca, 2-6-06). Una encuesta de principios de 2005 mostró que uno de cada cuatro daneses teme que algún día haya más musulmanes que no musulmanes en el país. Es un temor curioso: los 200.000 habitantes de Dinamarca que profesan el Islam son menos del 2% de la población total, pero esa creencia refleja el clima antiárabe imperante.

El debate libertad de expresión versus respeto a los credos religiosos que las caricaturas desataron en Occidente no carece de rasgos hipócritas. Medios norteamericanos y europeos que nunca se cansaron de repetir y difundir las mentiras de la Casa Blanca sobre Irak, o que callaron o autocensuraron barbaridades como el espionaje interno en EE.UU., hoy lustran esmeradamente el concepto de la libertad de expresión. No mencionan, claro, que la suya propia está acotada por las corporaciones a las que pertenecen y los intereses políticos, no exactamente populares, que defienden. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Afloran también reflexiones autoritarias como la de Roger Koeppel, director del periódico alemán Die Welt: "Debe quedar claro que gobierna la cultura mayoritaria y que la cultura minoritaria tiene que acatar sus reglas. Si éstas no son aceptables, nadie está obligado a vivir bajo ellas" (The Christian Science Monitor, 8-2-06). Sépanlo los millones de árabes que la miseria ha empujado a emigrar a Europa. Políticos y gobiernos del Viejo Continente, salvo alguna excepción, se han lavado las manos: la cuestión es de los medios, dicen, que tienen derecho a ejercer la libertad de prensa.

El Consejo Francés de Culto Musulmán y diferentes organismos presentaron en los tribunales varias denuncias contra el parisino France-Soir y otros periódicos que reprodujeron las caricaturas del diario danés. La Iglesia Católica francesa logró el año pasado que la Justicia prohibiera la difusión de un aviso de modas basado en La última cena. "Es un acto gratuito de intrusión en las creencias más íntimas de las personas", dictaminó el juez de la causa. No estimó lo mismo el magistrado francés que rechazó el recurso del Consejo fundamentando la medida en una ley de prensa que data del año 1881. "Los musulmanes quieren ser tratados como los fieles de otras religiones", explicó Olivier Roy, un especialista eminente en asuntos islámicos del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de París. Finalmente, en Alemania, Francia y Austria, negar que la Shoa se haya producido es un delito penado por la ley.

El boicot a los productos de Dinamarca en el Medio Oriente pareciera más eficaz que las manifestaciones violentas que son violentamente reprimidas. La alimentaria Arla, de capital sueco-danés y una de las más importantes empresas de productos lácteos de Europa, ha multiplicado sus avisos en los medios deslindándose de las caricaturas de Mahoma. Se explica: sus exportaciones a la región ascienden a 480 millones de dólares anuales y en cinco días sus ventas se redujeron a cero (BBC News, 31-1-06). Las agencias de viajes de Dubai informaron que no hay habitante del Emirato que viaje a Dinamarca en estos días.

La Casa Blanca echa la culpa de las manifestaciones y desmanes a Irán y Siria, desde luego. Para la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, las caricaturas de Mahoma nada tienen que ver. "No sé por qué nos odian tanto", se preguntó W. Bush al comenzar su cruzada por el dominio del mundo.

Dos ganadores de premios Nóbel opinan sobre las caricaturas de la discordia

Los premios Nobel José Saramago y Günter Grass, portugués y alemán, expresan sus opiniones acerca del debate generado tras la publicación en Dinamarca de las caricaturas de Mahoma que han desatado una ola de violencia y otras reacciones en el mundo islámico. Saramago fue atacado en su país y en otros países católicos cuando publicó, en 1991, El Evangelio según Jesucristo, acusado de ser blasfemo con los dogmas católicos. Grass es visitante asiduo de Dinamarca, donde además vivió una época crucial de su vida.

Por Juan Cruz, diario El País, España.

José Saramago (Azinhaga, 1922) ganó el Premio Nobel de Literatura en 1998; reside en Lanzarote, desde donde viaja por todo el mundo. Su novela El Evangelio según Jesucristo causó una enorme polémica en su país y en otros países católicos, e indirectamente originó entonces su marcha de Portugal. Su última novela es Las intermitencias de la muerte.

1. ¿Le sorprendió que la aparición de los dibujos desatara esta polémica?

Los dibujos se publicaron en septiembre, y estamos en febrero. Ahora surgen de súbito, como si hubieran aparecido ayer. El conflicto lleva mucho tiempo calentándose. Lo que me sorprendió es que algo tan viejo estallara como una bomba ahora por algo que apareció en septiembre. Por otra parte, la reacción tampoco es novedosa. Lo hemos vivido en los siglos XV o XVI, fuimos igual de intolerantes, quemamos a los que pensaban distinto, no hemos sido tan diferentes.

2. ¿Le sorprendieron las reacciones violentas?

En algunos momentos he temido lo peor. Vivimos en Estados laicos, en los que el margen de libertad es amplísimo, y a veces pensamos que todo el mundo se alimenta de lo mismo, y no es así. Pero conociendo lo que es el Islam, y sobre todo la situación internacional, las reacciones no me han sorprendido. Que algunas manifestaciones hayan sido organizadas no tiene por qué maravillarnos, porque ya se sabe lo fácil que es. Y tampoco me ha sorprendido la violencia con que se han producido. Lo que sí me pilló desprevenido es la irresponsabilidad del autor o de los autores de esos dibujos. Algunos opinan que la libertad de expresión es un derecho absoluto, el único derecho absoluto que existe, mientras que todos los demás son relativos. La cruda realidad impone límites. Imaginemos que el dibujante danés en lugar de hacer una viñeta ridiculizando a Mahoma, dibuja una diciendo que el director del periódico es un imbécil. Sería muy valiente, pero al día siguiente probablemente estaría en la calle.

3. ¿Qué hacer? ¿Autocensurarse?

No se trataría de autocensurarse, sino de usar el sentido común. En una situación como la que vivimos, y conociendo la susceptibilidad que hay en torno de estos temas, el sentido común nos dictaría qué hacer. Alguien verdaderamente responsable que tuviera constancia de que una viñeta puede ser como echar gasolina al fuego la guardaría para mejor ocasión.

4. ¿Es ésta una expresión del choque de civilizaciones?

El choque está ahí, y siempre ocurre cuando la Verdad se encuentra condensada en un libro. Ocurrió con la Biblia, que ha sido usada como un arma, pasó no hace mucho con el Libro Rojo de Mao, pasó con Mein Kampf de Hitler, pasa con el Corán..., y los uso como ejemplo de lo que ocurre cuando se limitan las verdades plurales, cuando se expresa que hay un dios y que todo lo contrario niega la existencia de ese dios... Matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino... ¿Habrá conciliación? Presupone una enseñanza que eduque en el respeto de las creencias del otro; y aunque esto se hiciera sería obra de una generación, y no tenemos mucho tiempo. Si no se inventa un modo de llegar a un pacto de no agresión entre las religiones, tampoco se podrá llegar a esa alianza de civilizaciones de la que se habla. ¿Quién firmará el pacto? No veo al Papa y a otros representantes de otras confesiones cristianas teniendo delante de la mesa a representantes del Islam.

5. ¿El futuro será igual de explosivo?

Ambas civilizaciones han vivido pocos momentos de paz; no veo cómo se remediará ahora la lucha que está latente; acaso cuando la tolerancia se instale como algo casi natural. Ahora sabemos que en Irak los profesores más abiertos han sido expulsados de la Universidad o están en la cárcel... Es urgente educar para la tolerancia. Tenemos un problema ahora.

6. ¿El futuro será igual de explosivo?

En mi caso, mi choque con la intolerancia [el rechazo católico a El Evangelio según Jesucristo] no puso nunca mi vida en riesgo. Fue una decisión estúpida del ministro de Cultura de mi país. Luego ocurrió algo mucho más serio, que fue lo que pasó con Rushdie. Con la distancia que nos da el tiempo podemos decir que aquélla fue una señal.

Günter Grass (Gdansk, 1927), que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1999, conoció muy pronto el poder de la intolerancia, cuando apareció El tambor de hojalata, que pronto cumplirá el medio siglo. Entre sus últimos libros, Un largo cuento y Mi siglo.

1. ¿Le sorprendió que la aparición de los dibujos desatara esta polémica?

Sí y no. Todos sabemos que hay una ley, escrita y no escrita, en virtud de la cual no se puede representar en el mundo islámico ni a Alá ni a su profeta Mahoma. Se trata de una provocación consciente y planificada de un periódico danés de derechas. Convocaron un concurso de caricaturistas; algunos se negaron a participar alegando que la representación gráfica de Mahoma es tabú. Consultaron a un especialista danés en islamismo y éste los puso en guardia. Siguieron porque son radicales de la derecha y xenófobos.

2. ¿Le sorprendieron las reacciones violentas?

Vivimos en una época en la que una reacción violenta sigue a la otra. La primera ha sido una acción de Occidente, que ha invadido Irak. Hoy sabemos que esa invasión violó el derecho internacional; la guerra se alimentó con argumentos fundamentalistas por parte de Bush, que ha dicho que en esta contienda luchaban el Mal y el Bien. De lo que se trata es de una respuesta fundamentalista a una acción fundamentalista. Y no se trata aquí de una controversia entre dos culturas, sino de una controversia entre una no cultura contra una no cultura.

3. ¿Qué hacer? ¿Autocensurarse?

Occidente lleva esta discusión con autocomplacencia sobre la base de que gozamos de libertad de prensa. Pero el que no se engaña sabe que los periódicos viven de los anuncios, y que para hacerlos se toman en consideración lo que mandan ciertos poderes económicos. La prensa forma parte de enormes grupos que monopolizan la opinión pública. Hemos perdido el derecho de escudarnos en el derecho de libertad de opinión: no ha pasado mucho tiempo desde que hubo el delito de lesa majestad y no debemos olvidar que hay sitios donde aún no hay separación entre Iglesia y Estado. ¿De dónde saca Occidente esa arrogancia para imponer lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer? Recomiendo a todo el mundo que eche un vistazo a los dibujos: recuerdan los de un famoso periódico alemán de los tiempos nazis, Der Strümer. Publicó caricaturas antisemitas del mismo estilo... No se puede invocar la libertad de expresión sin analizar cómo está ésta en Occidente.

4. ¿Es ésta una expresión del choque de civilizaciones?

Eso es lo que quieren los fundamentalistas de ambos lados. Deberíamos empezar a matizar. Hemos tenido la suerte de pasar el Renacimiento, el Siglo de las Luces, atravesando un proceso doloroso que nos ha dado una serie de libertades, que siguen estando amenazadas. El mundo islámico no ha pasado ese proceso, se encuentra en una etapa diferente de desarrollo. Y hay que respetarlo.

5. ¿El futuro será igual de explosivo?

Me temo que sí. Las heridas son muy profundas ya, y no me refiero sólo a los países árabes, sino a los países pobres en general. Occidente no parece capaz de encontrar un camino para aceptar como socios en igualdad a esos países. Ha sido imposible crear para ellos las mismas condiciones que nos arrogamos para nosotros. En los setenta, Willy Brandt redactó, por encargo de la ONU, un informe sobre los problemas Norte-Sur y pronosticó los problemas que tenemos hoy. Este informe sigue teniendo validez.

6. ¿El futuro será igual de explosivo?

Yo he vivido cierta intolerancia como autor. Cuando publiqué El tambor de hojalata se iniciaron procesos contra el libro, acusado de blasfemia y pornografía, tanto en los países comunistas como en España y Portugal, donde estuvo prohibido. En Yemen, hace dos años, nos juntamos escritores occidentales y árabes para hablar de temas literarios, el erotismo entre ellos. Para los árabes era inusual, pero al fin se consiguió que debatiéramos. Se puede hablar de todo, incluso de temas muy conflictivos, siempre que uno aporte la tolerancia que espera del otro, a pesar de que el otro tenga una noción de la cultura dictada por sus propios tabúes.

El avance del odio

Por Osvaldo Bayer, diario Página/12, Buenos Aires

El odio avanza a paso redoblado. La estupidez triunfa. O es el método de los poderosos para mantenerse. Porque un periodiquito de cuarta de la derecha danesa hizo una caricatura en la que se burla de Mahoma, salieron miles a la calle a quemar embajadas, a prender fuego banderas danesas y de otros países. Era justo lo que Bush esperaba. Todo esto lo ayuda a que Occidente le vaya dando la razón. La derecha musulmana, enemiga a muerte de la derecha imperial, le da de comer con la mano. Todo preparado. De pronto aparecieron en los países árabes centenares de banderas danesas. Banderas que en esos países nunca se habían visto. Era desconocida. Claro, en septiembre se publicó la caricatura y la reacción vino recién en febrero. Cinco meses para preparar el espectáculo maligno e irracional.

Sí, los problemas existen, pero sólo se podrán solucionar en el diálogo y en el respeto. Ni Bush ni los dueños de la verdad islámica pueden solucionarlos. Sólo nos van a dejar más muertes, más destrucción, más dolor, infinito dolor. Por supuesto, para las madres, los niños, los trabajadores, los soldados obligados a "cumplir con Dios y con la Patria".

El problema de la caricatura no tenía importancia ninguna. Tan es así que a nadie le llamó la atención. Algo superfluo, de todos los días. Si los musulmanes se sintieron heridos tenían en Dinamarca –donde poseen una representación importante en la sociedad por el número de inmigrantes– la posibilidad de acceder a la Justicia e iniciar un juicio por insulto a los principios culturales de una minoría. No, se prefirió el fuego, la piedra, la violencia contra las representaciones nacionales que nada tenían que ver con la publicación.

Y aquí tiene que venir el gran debate mundial sobre las religiones. En cuánto han ayudado las religiones en el racismo, el odio entre los pueblos, las denominadas "guerras santas" y el colonialismo cuando se decía oficialmente que se llevaba el verdadero Dios "a los salvajes, a los bárbaros" y sirvió para "colonizar" continentes enteros y llevarse el oro y la plata. El Río de la Plata. Los esclavos africanos. Pero, además, las religiones enseñaron la desigualdad de la mujer.

Qué vienen ahora a quemar banderas si ellos marcan una discriminación inaceptable hacia la mujer, que no significa otra cosa que una degradación del ser humano todo. Si bien para Alá, la mujer vale igual que los hombres, en la Tierra ellas deben obedecer siempre al hombre y éste puede castigarla corporalmente. De acuerdo con el Corán, el testimonio de una mujer ante el juez tiene la mitad del valor de un hombre. En una herencia, la mujer sólo puede heredar la mitad de lo que recibe el hombre. El Corán ordena a la mujer cubrirse la cabeza y esconder el escote. En muchas regiones musulmanas, las mujeres sólo pueden dejar ver su rostro y sus manos. El Islam permite al hombre tener cuatro mujeres. En cambio, las mujeres sólo pueden tener un hombre. El divorcio para el hombre es cosa simple. Para la mujer, en cambio, posible, sí, pero con desventajas económicas.

Esto para empezar; entonces, antes de protestar por una o doce caricaturas de dudosa calidad e influencia, que empiecen a terminar con principios antiéticos que ya Occidente, gracias a sus pensadores racionalistas, como Voltaire, y de mujeres con un coraje a toda prueba, hicieron caer para siempre. Además de esto, los críticos fanáticos de tales caricaturas deberían tener la valentía de dejar desnudos a los regímenes medievales que rigen gran parte de los ricas naciones árabes. (Pero los occidentales y cristianos no damos ejemplo. Lo acaban de decir los estudios de Amnesty International, sección Francia: "Cada cuatro días muere una mujer en Francia como víctima de actos de violencia de su cónyuge o pareja, según estadísticas policiales. En 2002 se registraron 5568 sentencias por actos violentos contra mujeres; en 2003 ascendieron a 7922". Todo esto en la tierra de Voltaire; a más de dos siglos de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.)

La crítica a la quema de banderas no significa de ninguna manera salvar a Occidente de sus pecados. La agresión de Bush a Irak es mucho más, infinitamente más, que la protesta islamita por las caricaturas. Ese criminal ataque, con todos sus bombardeos a civiles, justificaría cualquier reacción de las poblaciones atacadas. Es un pecado mortal contra toda la humanidad. Es sentirse dueño de la vida y la muerte de otros pueblos y justo en el curioso caso de un país con gran riqueza de petróleo. Tampoco criticar los excesos islámicos justifica la política de Israel con Palestina. No sólo son injustificables los bombardeos y ataques indiscriminados "por sospecha", sino también la construcción de un muro entre los dos pueblos. La pregunta que cabría sería: ¿por qué se criticó con tanto fervor el Muro de Berlín y nada se dice sobre el muro entre esos dos pueblos? Denunciar esto no implica desconocer el derecho de la existencia de Israel en su territorio histórico.

Aprender de la historia. Aprender del dolor. Aprender de los grandes pensadores que vieron como único valor de futuro la paz eterna.

Es cierto que, para eso, la historia nos tendría que servir para aprender y no para odiar. No hay otra posibilidad. Como decíamos: odio significa destrucción, el no a la vida. Porque si no el futuro va a ser sólo sospecha, miedo, guerra preventiva, terrorismo de Estado. Hay sacerdotes mahometanos que prometen el paraíso –en el que por otra parte hay "vírgenes de ojos grandes"– para todo aquel que se sacrifique por Alá. En esto último están involucrados aquellos –y ahora también hay mujeres– que llevan la bomba en el cuerpo y la hacen explotar muriendo en el intento. Esto, la propia población que cree en Alá y Mahoma, debe impedirlo para siempre. Sólo podrán gozar del paraíso, con sus arroyos poéticos, sus frutos deliciosos y sus vírgenes, aquellos que en toda su vida se han preocupado por salvar la vida en la Tierra.

Muy buena ha sido la reacción de los países nórdicos. En otras épocas, la quema de la embajada y de sus banderas hubiera provocado, de inmediato, la declaración de guerra o por lo menos el rompimiento de relaciones. Todo lo contrario, esos gobiernos nórdicos hicieron llegar mensajes de notable tono pacifista. Es la reacción más sabia. A la violencia contestar con la palabra pacífica y amplia.

Muchos intelectuales europeos se dejaron llevar por la reacción religiosa de los mahometanos. No estoy de acuerdo con Günter Grass cuando censura a las publicaciones de Occidente que no criticaron a las caricaturas, por "la defensa de la libertad de prensa". Si bien el Nobel alemán tiene razón cuando dice que "los diarios viven de los anuncios y tienen que tomar en cuenta a determinados poderes económicos porque la prensa es parte de grandes grupos dominantes que monopolizan la opinión pública. Occidente no puede atrincherarse más detrás del derecho a la libre expresión de opiniones", en este caso, es sólo una parte de lo sucedido. Porque autocensurarse tampoco es la solución. Los mahometanos en Dinamarca, como dijimos, tenían otra forma de reaccionar, y no quemando banderas que simbolizan a mucha gente que nada tuvo que ver con las caricaturas del diariucho de derecha.

Por ejemplo, el siempre vivaz y crítico Vázquez Montalbán escribió la siguiente frase en su libro postrero, Milenio Carvalho: "Antes de treinta o cuarenta años, ¿quién sería el gobernador de cualquier lugar del sur de España que dejará la puerta abierta a la invasión islámica y qué procedimientos de defensa utilizaría una Europa que dependía de la inmigración musulmana para mantener limpias sus calles y sus cloacas y dependiente en buena medida de policías y militares surgidos de la tropa inmigrante? Lo que le jodía a Carvalho era el coste religioso de una operación de mestizaje, el sustituir la pelagra institucional mesiánica cristiana en todas sus formas por la pelagra institucional mesiánica islámica".

Bien, a nadie se le ocurrió por lo de Vázquez Montalbán quemar las embajadas de España. Es una opinión. Por cierto válida de cierta perspicacia para hacer pensar. ¿O es que debemos comportarnos todos vírgenes como la virgen María?

Pero, para terminar esta nota, una increíble fantasía de la realidad. Mientras escribía esto llegó el correo con un sobre grande de la Documenta Vaticana. La editorial Archiv va a publicar las actas del Archivo Secreto Vaticano. La presentación la hace el cardenal Jean Louis Taurán, bibliotecario del Vaticano; el padre don Raffaele Farina, prefecto de la Biblioteca Vaticana, y el padre Sergio Pagano, prefecto del Archivo Secreto Vaticano. Ofrecen –contra el pago de una cuota mensual– la remisión de las publicaciones secretas. Y se comienza nada menos que con el proceso a Galileo Galilei. El científico que fue condenado por el Papa por sus descubrimientos y juzgado por la Santa Inquisición. En 1633, bajo amenaza de la tortura, fue obligado a abjurar de todas sus enseñanzas y guardar silencio. Fue condenado a detención. La leyenda señala que tuvo que desmentir su descubrimiento de que la Tierra se mueve, pero que al retirarse murmuró: "Eppur si muove" ("y sin embargo se mueve").

Bien, este ejemplo de lo que fue el pasado católico con su brutal inquisición hoy se aprovecha, y la Iglesia oficial lo edita en varios tomos, a 19,90 euros el tomo. Increíble. Si se enterara Galileo ahora es posible que dijese: "Cómo se mueven estos". Claro, en la globalización todo se puede negociar. El condenado sabio ahora, después de 450 años, le va a dar de ganar al papa Ratzinger unas buenas divisas. Ironías del destino.

Por estas enseñanzas la historia nos lleva a decir que sólo puede haber salida en la construcción de la paz y el estudio de la ciencia. Ese debe ser el camino y no el oscurantismo y la violencia del sistema.

Una bomba danesa con turbante

Por Viacheslav Titiokin, Sovietskaya Rossia. Traducido del ruso para Rebelión por Andrés Urruti

En el mundo islámico se ha encendido una campaña de protestas contra la ofensa a lo más sagrado para los musulmanes. En la base del conflicto están las caricaturas del profeta Mahoma, aparecidas en uno de los periódicos daneses. El profeta Mahoma, en uno de los dibujos, lleva un turbante en forma de bomba con la mecha encendida; en otro dibujo está representado como un beduino armado con un cuchillo. El mensaje de las viñetas está absolutamente claro: la religión islámica llevaría implícita, dentro de sí, la carga del terrorismo. De modo que el "humor" danés ha resultado extremadamente malintencionado y ofensivo para los sentimientos de los creyentes, a la vez que se aprovechaba para asociar Islam y terrorismo (una vez más).

Se podrían haber evitado mayores trastornos. Al periódico se le demandó tan sólo que se disculpara por la "desafortunada broma". Sin embargo, la publicación se mantuvo obstinada: libertad de expresión, dice. Lo que nos da la gana, eso publicamos. La libertad de expresión está por encima de los sentimientos religiosos. Cuando, en el mundo islámico, empezó la indignación, un grupo de periódicos europeos (en Noruega, Alemania, Bélgica y Francia), en signo de solidaridad con los daneses "defensores de la libertad de expresión", reeditó la maliciosa caricatura. El gobierno danés, que podría haber ayudado a rebajar la tensión, si hubiera reprobado el despropósito del periódico, se limitó a declarar también que la libertad de expresión está por encima de todo.

El mundo islámico respondió con vigorosas acciones de protesta en Egipto, Arabia Saudita, Tailandia, Pakistán, Palestina, Libia y otros países. En Indonesia, los manifestantes se precipitaron al asalto de la embajada de Dinamarca. Las embajadas danesas fueron destruidas en Siria y Líbano. A la vez, en Damasco era destruida la embajada de Noruega. En Líbano, una iglesia católica de Beirut sufrió un ataque, y en Turquía resultó muerto un misionero católico. Irán retiró su embajador en Dinamarca. Se inició una campaña de boicot de productos daneses. Las pérdidas de las empresas danesas se estiman en millones de dólares. En Copenhague también hubo manifestaciones de protesta. Los dibujantes, autores de las "obras de arte" en cuestión, se encuentran bajo protección policial y dicen estar "muy asustados".

¿Qué hay, en realidad, tras la publicación de estas caricaturas? ¿Es todo una casualidad, una broma desafortunada? ¡Más que dudoso!

El conflicto entre el neocolonialismo de Occidente y los pueblos a los que Occidente intenta someter, ha adquirido un verdadero carácter global. No se trata ya de territorios concretos o de países. El máximo proyecto colonial de USA y sus coaligados se llama ahora "Democratización del Gran Oriente Próximo". Y las fronteras de ese "Gran Oriente Próximo" son inmensamente amplias. Empiezan en Marruecos al oeste y se pierden en algún lugar del mapa cerca de China. Pero esto es un espacio donde vive más de la mitad de la población del planeta. Una mayoría de esa población profesa el Islam.

Y aquí surge la alianza entre los proyectos estratégicos de los nuevos colonizadores y la salvaguarda ideológica de sus políticas. El correspondiente golpe al Islam era perfectamente previsible. En los últimos años, en el firmamento de Washington brilla la estrella del nuevo profeta de los "valores occidentales", Charles Krauthammer1. Es precisamente él, (y no el viejo caballo de combate de la guerra fría, Zbignew Brzezinski2) el principal ideólogo de la actual administración USA.

¿Y que es lo que predica este "caballero"? Pues la idea de que, después de la destrucción de la URSS, el enemigo fundamental de los USA y de todo el mundo occidental es, justamente, el Islam. La idea de la lucha con el Islam está en la base de la política de Bush. De ahí vienen las ocupaciones de Afganistán e Irak, las amenazas hacia Irán y Siria, los atentados en Arabia Saudita y Egipto, la prolongación del inacabable conflicto árabe-israelí, las crueldades de los fundamentalistas en Argelia, la creación de bases USA en Asia Central.

Tampoco Europa se queda al margen. Los aliados de los EEUU en este continente se implican, aunque de mala gana, en las aventuras de USA en el "Gran Oriente Próximo": se niegan a enviar sus ejércitos a Irak, intentan escaquearse como pueden de participar en la ocupación de Afganistán, tienen una posición diferenciada, distinta de la yanqui en el conflicto árabe-israelí, son partidarios del diálogo con Irán. Resumiendo, no están ansiosos por llevar a la práctica las ideas de los sres. Krauthammer y Bush. !Bueno!, ¿y qué? ¡Entonces, que no se quejen!

De repente, en Francia, de forma absolutamente inesperada para todos comenzaron a enfurecerse los suburbios, habitados por emigrantes del norte de África. Apenas se había calmado la situación, cuando aparecen en el periódico danés las caricaturas, que provocan un estallido de indignación en el mundo islámico, precisamente en relación con Europa. Los yanquis ahora se lavan las manos. El Departamento de Estado incluso condenó las publicaciones antiislámicas. Sabían bien lo que se hacían. Ellos ya llevaron a cabo el experimento, cuando la profanación del Corán en la prisión de Guantánamo (como medio de tortura moral a los prisioneros) provocó una ola de protestas en el mundo musulmán.

Esta vez el estallido iba dirigido hacia Europa. El objetivo está claro: suscitar una reacción de respuesta antiislámica en la Unión Europea, y de este modo, atar más corto a los europeos al carro de guerra de los EEUU en el "Gran Oriente Próximo". Especialmente ahora, en las condiciones de agudización del conflicto con Irán. Estropear las relaciones de Europa con el mundo islámico sería muy útil, teniendo también en cuenta la caída del dólar ante el fortalecimiento del euro.

Por decirlo de forma más sencilla, habría que hundir a Europa en la crisis...

Sería, sin embargo, un error, pensar que todo esto afecta únicamente a las relaciones de los mundos islámico y occidental. La misma estrategia de "golpear lo sagrado" se verifica también con respecto a Rusia. Aquí encajan las periódicas peticiones de la "opinión pública" pseudo patriótica y pseudo cristiano ortodoxa para la liquidación del Mausoleo (de Lenin, en la Plaza Roja). El significado provocador de estas iniciativas es indudable. Pero los "listillos" del tipo del omnipresente Mijalkóv3, que aportan su renombre para estas provocaciones, no comprenden que les están utilizando para preparar los siguientes golpes – contra la religión ortodoxa.

¿Sería casual la programación, hace ya unos años, en uno de los canales de TV del escandaloso film "La última tentación de Cristo"? La opinión pública ortodoxa y el patriarcado de Moscú se expresaron con dureza contra este film. Pero se mostró igualmente. Y además en la principal fiesta ortodoxa, la Pascua. ¿Por qué? ¿También es una casualidad, una broma desafortunada a la danesa? ¿O es parte de una estrategia de agresiones a lo sagrado en Rusia? Por cierto, en la argumentación a favor del pase de este escandaloso film, también gritaron acerca de la "libertad de creación". Dinamarca está en la lista de los satélites de mayor confianza de los EEUU. Lo mismo que los que dirigen la televisión rusa. Así que todo encaja...

Estas provocaciones confirman que el Islam y Rusia tienen un enemigo común , el mundo de los "1000 millones dorados"4, que, bajo la bandera de la globalización intenta convertir al resto de la humanidad en sus esclavos, para continuar conservando su bienestar, desde antaño basado en la explotación y el saqueo de Asia, África y América Latina. Ahora en la lista de objetos de saqueo también se incluye Rusia. Lo cual convierte inevitablemente a nuestro país en aliado natural del mundo islámico.

Pero volvamos a la provocación danesa. Si alguien quería testar la reacción del mundo islámico, entonces ya la ha recibido enterita. Los musulmanes han mostrado que saben defender lo que para ellos es sagrado con dureza y dignidad. Tendríamos que aprender...

Notas

1 Se pueden encontrar datos biográficos y opiniones de este personaje, auténtico "gurú" neoconservador en Wikipedia, en inglés ( ver http://en.wikipedia.org/wiki/Charles_Krauthammer )
2 Consejero de Seguridad Nacional en la época del presidente USA Jimmy Carter, de 1977 a 1981, uno de los principales estrategas e ideólogos de las campañas antisoviéticas y anticomunistas de aquella época ( fue, por ejemplo, impulsor del apoyo al fundamentalismo en Afganistán contra la URSS)
3 Nikita Mijalkov, conocido director y actor ruso.
4 El concepto de "1.000 millones dorados", expresión muy conocida en el mundo de lengua rusa, pero poco habitual en "Occidente" hace referencia al número aproximado de habitantes de lo que aquí llamaríamos "países capitalistas desarrollados" (más vulgarmente, "Primer Mundo"), es decir, USA, Canadá, Japón, países de la Unión Europea, y algunos otros (Australia, Nueva Zelanda, Israel, ...).

Opinión y expresión

Por José Blanco, diario La Jornada, México

"¿Publicaría ese periódico danés en la Europa secular una viñeta de Jesús fornicando con San Juan?, ¿cuál hubiera sido la reacción?", se pregunta George Jaleafa, director de una televisión educativa y miembro del Instituto de Prensa Moderna de la Universidad Al Quds. El no la publicaría, pero tampoco representaría a Mahoma ni a Jesús ni a Yavé, cuyo nombre los judíos religiosos ni pronuncian. Esta es la respuesta que el director del instituto referido ha hecho a Naiara Larrañaga en un reportaje realizado en Jerusalén, aparecido en El País, en relación con las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca.

El mismo reportaje recoge la opinión del dibujante Baha Bujari que publica en el diario palestino Al Ayyam, de Ramalá. Dice Bujari: "Mahoma y la religión no son asunto de la prensa"; defiende la libertad de expresión, y sostiene que la caricatura sirve para "tocar todos los temas con una sonrisa", pero no la religión, que "es algo entre uno mismo y Dios". Sigue a pie juntillas la sharia, ley que prohíbe cualquier icono del profeta. Los periodistas palestinos han criticado las caricaturas, pero consideran desmesurada la ira desatada por los islamitas. A Bujari, sin embargo, le irrita que líderes radicales movilicen "como borregos a ignorantes que ni han visto las viñetas".

La irritación amenaza con volverse una revuelta de pueblos iracundos que ya han incendiado las embajadas de Suecia, Dinamarca y Chile, y el asunto no tiene visos de detenerse, sino de crecer. Se ha lanzado gasolina al fuego del fundamentalismo islámico y las relaciones de Occidente con el mundo islamita empeorarán aún más, sobre todo si los designios imperialistas sobre Irán continúan avanzando. Es claro que la furia no tiene sólo como fuente las estúpidas caricaturas del dibujante Plantu, publicadas el pasado septiembre en el diario danés Jyllands-Posten.

Ya Rabat prohibió la entrada a Marruecos, el pasado viernes 3 de febrero, de El País y muchos otros periódicos, como el francés France Soir, el alemán Die Welt, el italiano Corriere Della Sera o el español ABC, por reproducir alguna de las viñetas de Plantu. Las viñetas se volverán nuevos incendios.

Walid Wattrabi, columnista también de Al Ayyam, es uno de los muchos musulmanes -seculares- que al ver a Mahoma con una bomba como turbante se sintió insultado. Afirmándose contrario a la censura, cree sin embargo que los periodistas deben tener un código ético: "De la misma manera que no debes generalizar, ni difamar, hay que ser respetuosos con la fe de millones de personas incluso si a veces afecta la libertad de expresión".

Las respuestas europeas a la furia desatada en el mundo islámico han sido de escándalo, porque los excesos de las masas enardecidas van mucho más allá del valor de pura opinión que los europeos atribuyen a las viñetas danesas. Pero no es ése el sentimiento del Islam. Y es éste el que los medios europeos simplemente desprecian.

Los europeos que frente a este inaudito hecho mínimo que ha desatado tempestades se han dedicado a defender a rajatabla la libertad de expresión están, por supuesto, en un error. La libertad de pensamiento y de opinión no puede tener límites: es, tiene que ser, un derecho absoluto; pero esa libertad no puede expresarse sin límites: su expresión no puede ser un derecho absoluto. Esta tesis no es ninguna novedad. Los límites a la libertad de expresión son los derechos de los demás a ser respetados en su honor, en su intimidad y fama, así como también deben ser límites los derechos de la sociedad en su conjunto a que no se divulguen opiniones o pensamientos atentatorios contra el orden público o el orden de convivencia establecido.

La religión islámica es fundamentalismo puro, pero no lo es menos la religión que profesa Bush. Nadie debiera olvidar que el fundamentalismo es un movimiento conservador cristiano nacido en Estados Unidos entre los protestantes, a fines del siglo XIX. Sus creencias son para ellos verdades absolutas incuestionables: la Biblia es infalible, el de Jesucristo fue un nacimiento virginal y divino, su sacrificio en la cruz fue una expiación de los pecados de la humanidad, veremos un día la resurrección física y una segunda venida de Cristo, y también habrá una resurrección física de los creyentes. Los no creyentes no volverán.

Estas creencias irracionales eran -y son aún para millones en Estados Unidos- verdades absolutas. Cualquier musulmán que haga mofa de ella en sus medios de comunicación será para estos fundamentalistas un insulto.

El derecho que regula la libertad de expresión no puede permitir la expresión vejatoria de nadie, y para los islamitas el diario danés que irresponsablemente publicó las caricaturas de Mahoma sin duda vejó las creencias de millones.

Llegará el día -mi creencia- en que la educación y el cultivo del conocimiento permitan a los hombres eliminar de sus mentes los seres fantásticos que inventaron hace milenios. Ese día no habrá más ofendidos por causa de los dioses inventados por los hombres.

Detrás de las 12 malditas caricaturas danesas

Por Alfredo Jalife Rahme, diario La Jornada, México

¿A QUIEN LE CONVINO explotar las malditas 12 caricaturas blasfematorias del profeta Mahoma cuatro meses más tarde de su publicación, el 30 de septiembre en el Jyllands-Posten, lo cual ha desembocado en un oleaje de violentas protestas islámicas, unas comprensivamente espontáneas, otras vilmente manipuladas?

LAS PROTESTAS SE exacerban en el caldo de cultivo del "choque de las civilizaciones" del racista y fundamentalista anglosajón Samuel Huntington, del recrudecimiento de las guerras en Irak y Afganistán, de la desestabilización de Siria, Líbano, Jordania y Egipto, de la escalada de la "guerra diplomática" contra Irán, y en sincronía con el documento sobre la Larga guerra del Pentágono.

COMO DIRIA EL filósofo francés René Girard, tal sería el holograma de la "ruta antigua de los hombres perversos", que revela a "quién" le convino desencadenar la muy previsible orgía de violencia literaria y callejera.

DINAMARCA, QUE HA rechazado al euro (como Gran Bretaña), parecería el país menos apto para emprender una nueva cruzada de corte vikingo, con su exigua población de más de 5 millones de habitantes (frente al océano demográfico islámico de mil 500 millones), de los cuales 95% pertenecen al credo luterano y un 3% al Islam doméstico.

EL PAIS ESCANDINAVO, patria del incomensurable filósofo humanista Soren Kierkegaard, posee uno de los niveles más altos de vida del mundo, pero ha sido arrastrado al "choque de las civilizaciones" tanto por la "mano invisible" del quebrado neoliberalismo global como por la ultrajante actitud de su fanático primer ministro triplemente neoliberal, ultraconservador y archibélico Anders Fogh Rasmussen, quien apoyó la invasión ilegal anglosajona a Irak (donde envió un ridículo número de soldados a Basora, junto a los británicos, para no variar) y preside un gobierno de corte thatcheriano-bushiano en coalición con el xenófobo y neofascista Partido del Progreso (sic). ¡Vaya beldad!

LA OPOSICION DANESA de la Social-Democracia, infinitamente más civilizada, ha criticado severamente la conducta de Fogh Rasmussen, al haber dañado la posición política y diplomática del país cuando rechazó reunirse con 11 diplomáticos islámicos 20 días más tarde de concretada la blasfemia.

PERO, ¿QUIEN ES Flemming Rose, "editor cultural" del periódico danés Jyllands-Posten, que desató la publicación caricatural? El investigador Christopher Bollyn, de American Free Press ("La prensa europea provoca a los islámicos para inflamar el choque de las civilizaciones", 3/2/06), afirma que el israelí-danés Fogh Rasmussen mantenía fuertes vínculos con Ariel Sharon y el fundamentalista israelí-estadounidense Daniel Pipes. Cita una declaración a la BBC del profesor Mikael Rothstein, de la Universidad de Copenhague, quien fustigó que "agentes de cierta persuasión" (sic) se encontraban "detrás de la afrenta egregia al Islam con el fin de provocar". Bollyn asevera que el "agente clave" es Flemming Rose, el "editor cultural" del diario danés. Comenta que The International Herald Tribune (propiedad de The New York Times), que reportó las caricaturas injuriosas el primero de enero, hizo notar que aún el "libre expresionismo" de Rosen "tenía sus límites cuando se trataba de criticar a los líderes sionistas y sus crímenes", al confesar que "nunca publicaría una caricatura de Ariel Sharon estrangulando (sic) a un bebé palestino, porque pudiera ser tomado como racismo". Sin comentarios.

FLEMMING ROSE HABIA viajado a Filadelfia en octubre de 2004 a visitar a Daniel Pipes, uno de los más feroces neoconservadores del unilateralismo bushiano, de quien luego hizo un panegírico ditirámbico. Pipes, furibundo islamófobo, profesa la teoría peregrina de que la paz en Medio Oriente solamente será instaurada con una "victoria total de Israel", y fue nombrado en abril de 2003 al consejo del Instituto de la Paz (sic) de EU, centro apadrinado por el Congreso para la "resolución pacífica de los conflictos internacionales". ¡Qué buena broma de Baby Bush!

EL MISMO JYLLANDS-POSTEN había rechazado hace tres años publicar caricaturas que desacralizaban a Cristo porque "no eran divertidas (sic) y podían ser ofensivas (sic) para los lectores" (The Guardian, 6/2/06). Las caricaturas de Mahoma no son nada "divertidas", sino explosivas. No hay que perder de vista que, en términos teológicos, la Iglesia luterana de Dinamarca es tan iconoclasta como el Islam.

EXACTAMENTE CUATRO MESES después de la publicación sacrílega del Jyllands-Posten, las caricaturas que describen a Mahoma como lanzador de bombas y pedófilo (sic) fueron publicadas el mismo día con evidente motivo inflamatorio a lo largo y ancho de Europa, a lo que comenta Christopher Bollyn: "el timing sugiere que la respuesta fue coordinada por una mano oculta". Pero, ¿qué tiene de "oculta", por favor?

ES MAS EXPLICITO el feroz portal Wayne Madsen Report (WMR, 5/2/06): "los neoconservadores usan a Dinamarca como su más reciente instrumento para impulsar el choque de las civilizaciones", con el fin de "llevar a una sangrienta confrontación militar entre Occidente y el Islam". Cita el concierto de los multimedia neoconservadores que se deleitó con las orgías de violencia que culminaron en deplorables incendios y actos vandálicos en las sedes diplomáticas de Dinamarca (y otros países europeos) con el fin de exhibir el lado oscuro del Islam y su publicitado salvajismo intrínseco: Fox News (que, por cierto, ya se convirtió en el mayor centro mexicanófobo de EU), The New York Sun, y los periódicos anglosajones propiedad del Grupo Fairfax de Australia, "vinculado financieramente con el criminal convicto lord Conrad Black, de la corporación Hollinger", propietaria a su vez de The Jerusalem Post y del británico The Daily Telegraph, cuyo directivo es el súper halcón israelí-estadounidense Richard Perle.

WMR REMEMORA QUE los televangelistas fundamentalistas cristianos Pat Robertson y Jerry Falwell ya habían blasfemado al profeta Mahoma. Concluye que los neoconservadores son tan peligrosos como los terroristas islámicos, por lo que "deben ser detenidos como un peligro para la seguridad pública". Absolutely!

¿NO HUBIERA SIDO mejor para la imagen global del Islam, deteriorada por sus peores enemigos, haber realizado manifestaciones pacíficas de legítimo repudio? Lo que ganaron por un lado como víctimas lo perdieron por el otro como piromaniacos vandálicos.

NO PODIA FALTAR la vil explotación por la satrapía alawita siria en Líbano, donde las hordas jihadistas profanaron dos iglesias católico-maronitas de Beirut (An-Nahar, 6/2/06). ¿Qué tuvieron que ver los católicos-maronitas libaneses con la blasfemia a Mahoma por los luteranos e israelíes daneses? Nada. Pero lo que Siria busca es impedir la recuperación de Líbano y socavar la nueva influencia occidental. En eso desemboca justamente el choque de civilizaciones: en el paroxismo de la irracionalidad y la bestialización humana.

LOS EUROPEOS ILUSTRADOS han escudriñado la dimensión mimética y mediática de la violencia vinculada a la religión desfigurada. René Girard demuestra cómo opera el "mimetismo" en la vinculación de la "violencia y lo sagrado" y Hermann Broch, en su excelsa "teoría del deliro de las masas", exhibe las epidemias de opinión expandidas por poderosos estímulos externos, que en la actualidad son magnificadas por los multimedia propiedad del Moloch bélico y sus veneradores, los neomoabitas, es decir, los necrófilos neoconservadores straussianos.

QUEDA CLARO QUE la "libertad de expresión" se encuentra más en la propiedad catastral de los medios que en su difusión selectiva.

TODAS LAS CIVILIZACIONES plurales del mundo corren grave peligro. Si no se desea recorrer de nuevo la "ruta antigua de los hombres perversos", se debe abolir cualquier tipo de fundamentalismo como fenómeno antropofágico, para así trascender al justo medio armónico del más creativo y humanista "Diálogo de las Civilizaciones", que evoca el respeto a la alteridad compartida y el derecho a ser ecuménicamente diferentes en la biosfera común, como sublime expresión natural de la diversidad de todas las especies de la creación. El pecado capital ontológico del necrófilo fundamentalismo es que atenta contra la biodiversidad que resguarda los genes de la humanidad del futuro.

La razón y la fe

Por Jorge Camil, diario La Jornada, México

"No debo dibujar a Mahoma", escribió Plantu, el genial caricaturista de Le Monde, para resumir el grave conflicto que amenaza la paz europea tras la publicación en un diario danés de dibujos y caricaturas que muestran al profeta con un turbante en forma de bomba a punto de estallar, o como formidable señor de horca y cuchillo (o cimitarra) rodeado de pizpiretas doncellas de ojos morunos. Sólo que Plantu, con esa ingeniosa habilidad que tienen caricaturistas y moneros para burlarse de la vida, y en ocasiones, también, de la muerte, repitió la frase como si fuese un castigo escolar: decenas de veces, obsesivamente, en forma vertical, horizontal y circular, hasta construir con ella una estupenda viñeta de Mahoma con barba y turbante.

Algunos diarios europeos, ofendidos por las amenazas de muerte contra los periodistas daneses, se hermanaron con los escandinavos y pretendieron defender la libertad de expresión reproduciendo "las 12 caras de Mahoma", tal como aparecieron en Jyllands-Posten, contribuyendo con ello a atizar el fuego. Otros, como Le Monde y El País, pretendiendo ser más inteligentes, se limitaron a publicar la caricatura de Plantu en la primera plana, y sin decir nada lo dijeron todo. Porque una viñeta inofensiva no será una caricatura humorística, pero viola la prohibición islámica de reproducir la imagen del profeta.

De cualquier manera, el conflicto muestra que al final del día la cultura europea, racional, escéptica, alejada de la fe, pudiese ser irónicamente el factor que aglutine a las dispersas naciones y facciones del Islam para convertir en realidad el anunciado choque de civilizaciones. Porque de la Franja de Gaza a Indonesia, de Damasco a Beirut; de los bulliciosos bulevares parisinos a los tranquilos cantones suizos, y de Pakistán a la gran mezquita de Regent Street en Londres, muchedumbres musulmanas protestan, incendian embajadas y consulados euro-peos, y lanzan fatuas contra los diarios infractores. Los testarudos europeos se llaman sorprendidos, o actúan desafiantes. Como France Soir, que justificó la publicación de las caricaturas con un enorme titular en la uno: "¡Sí, uno tiene derecho a hacer caricaturas de Dios!", afirmaron con soberbia justo arriba de una gran caricatura a color en la que varios habitantes celestiales aconsejan al profeta: "Tranquilo, Mahoma, todos aquí hemos sido blanco de caricaturas".

¿Es válido burlarse de cualquier cosa?, preguntan ingenuos los diarios europeos invitando a la participación de los lectores, como si las encuestas de última hora justificaren la violencia. Y con esa maldita costumbre de sentarse a racionalizarlo todo, desde las musarañas kantianas hasta la bomba atómica, pretenden olvidar la fatua del ayatola Jomeini contra los Versos satánicos, de Salman Rushdie, y, peor aún, el asesinato en 2004 del cineasta holandés Théo Van Gogh -pariente del pintor- a manos de un joven fundamentalista que protestaba por el documental Sumisión, que describe con detalle las humillaciones de la mujer islámica. Vamos, señores agnósticos, racionalistas, herederos de Voltaire con 20 millones de musulmanes europeos ya deberían saber que estos señores no juegan con asuntos de la fe, y por tanto era de esperarse que reaccionaran como lo hicieron. Y cómo no, cuando dibujan al profeta rechazando kamikazes en las puertas del paraíso "porque se acabaron las vírgenes".

No obstante su cultura milenaria, los europeos olvidaron que el Islam cree en el supremo sacrificio como forma de salvación. Son, como dijo Juan José Millás refiriéndose a Mariano Rajoy, de los que se preguntan por qué estar bien pudiendo estar mal.

A pesar de todo, algunos de los principales diarios franceses, belgas, alemanes y suizos insisten en continuar la provocación "en aras de la libertad de expresión". Y lo único que han conseguido es atraer la atención de Mahmud Ahmadijenad, que con el dedo en el gatillo nuclear, retando a Naciones Unidas y burlándose del Organismo Internacional de Energía Atómica, aguarda impaciente para sumar al conflicto los 70 millones de chiítas de la República Islámica. "Las caricaturas son una provocación de Occidente" -advirtió-, y al buen entendedor pocas palabras.

Hoy, Le Monde y El País, que como todos sabemos van de la mano, discuten el problema haciendo disquisiciones sobre André Malraux y los fundamentos del principio democrático. Así que vamos de mal en peor. Las caricaturas pueden haber sido un error, reconoce El País, pero ésa es la esencia de la democracia, "donde la libertad incluye caer en el error".

Por su parte, Le Monde recuerda la frase de Malraux que dice: "el siglo XXI será religioso o no será", pero el autor del editorial le da la vuelta asegurando que el autor de La condición humana quiso decir "místico" y no "religioso", así que tal vez no tengamos de qué preocuparnos, aunque hayan ocurrido las primeras muertes, Líbano acuse a Siria de politizar el conflicto, y continúen sumándose a la protesta más musulmanes, asegurando con ello que el siglo XXI no sea laico ni religioso ni místico. Simplemente, que no sea.

Los cruzados

Por Ilán Semo, diario La Jornada, México

Roberto Calderoli, actual ministro del gabinete italiano, pidió anteayer al papa Benedicto XVI retomar el espíritu de las Cruzadas -que dominaron la vida religiosa europea entre los siglos IX y XIII- para hacer frente al "odio que se ha desencadenado entre los pueblos musulmanes contra Occidente". Calderoli, una figura de por sí incendiaria en la escena romana, respondía así a una pregunta que la mayoría de los italianos -y no sólo ellos- se hacen hoy en día: ¿qué fuerzas enervantes y explosivas se han apoderado del mundo islámico para que a uno de sus creyentes le parezca "natural y necesario" ultimar, a cielo abierto, a un cura católico, como las que movieron al asesino de Andrea Santoro, sacerdote italiano, el domingo pasado en Turquía? Todo menos inocente, Calderoli sumó la indignación por la muerte de Santero a los saldos del estupor dejado por una semana de movilizaciones fundamentalistas en las capitales del mundo musulmán para vengar la afrentra de la publicación de unas caricaturas del profeta Mahoma en un periódico danés.

Al escuchar a Calderoli, político de la derecha italiana, y a su extremo equivalente, los imanes que instigaron -desde Ankara hasta Cabal- a los creyentes del Corán a incendiar las embajadas danesas, uno se pregunta si no había, para el infortunio general, un gramo de razón cuando se definió al mundo de la posguerra fría como la arena de un "choque entre civilizaciones".

Al menos, el "mundo" visto a través de los ojos (y de la manipulación) de esos extremos del espectro político.

El Papa respondió de una manera, en cierta medida, predecible. Lamentó el radicalismo islámico, pero convocó a ampliar el "diálogo interreligioso" para "buscar por la paz lo que la guerra ha hecho imposible". Sobre el tema de las caricaturas fue más que moderado: "El derecho a la libertad de prensa y de expresión -justificado argumento del gobierno danés para no aplicar sanciones al periódico en discordia- no puede implicar el derecho a ofender el sentimiento religioso de los creyentes". Nunca se sabe qué aguas terminan en qué molino. ¿No acaso la prensa occidental ha satirizado sin cesar a la religión y sus símbolos desde que la pluma de Voltaire nos enseñó cómo hacerlo en el siglo XVIII? El Parlamento Europeo y la Casa Blanca fueron igual de comedidos en el agravio a Mahoma. ¿Qué más dan unas caricaturas para mostrar magnanimidad pública y tolerancia religiosa?

En rigor, la cruzada occidental se inició en 1990, después de la caída del Muro de Berlín, cuando la antigua Unión Soviética mostró que era incapaz de sostener sus posiciones, de por sí ambiguas, en la región. Estados Unidos decidió entonces que había llegado el momento de ampliar su esfera de influencia en el Cercano Oriente. Todos los argumentos que se han vertido para justificar la guerra de Irak (las armas de destrucción masiva, la alianza entre Saddam Hussein y el terrorismo, etcétera) se han reducido finalmente a uno solo, que el propio George W. Bush ha defendido insistentemente: las tropas estadounidenses llegaron para cambiar el régimen iraquí, es decir, para implantar una sociedad distinta, un orden social, político y jurídico diferente, afín y equivalente al espíritu y las prácticas de Occidente.

¿Cuáles fueron -y siguen siendo- las razones de la presencia militar estadounidense en Irak y Afganistán? El argumento del petróleo se ha disecado gradualmente. Los grandes negocios petroleros comienzan hoy en día en los puertos de los países productores. Ninguna trasnacional energética es propietaria de pozos o de concesiones directas de explotación en los países que lo producen. Renunciaron a esto desde los años 60. La propiedad sobre los pozos se reveló -desde México en 1938 hasta Teherán en 1953- como un capital secuestrable por los movimientos nacionalistas. Además, se hicieron incosteables. En Irak, Estados Unidos, y en cierta manera Europa, buscan algo más que las divisas del oro negro. Si se atiende a los argumentos de los artífices de la invasión, se proponen algo que ninguna potencia logró a lo largo del siglo XX: aunque suene a un dejo de aporía propagandística, hay en esa enorme empresa de expansión un intento de occidentalización de ese mundo -hasta donde sea posible, se espera-. Y es una historia que apenas comienza, cuyo éxito no parece necesariamente garantizado.

Del otro lado, la situación no es mejor. Quien ha respondido al reto de la sombra del imperio son las fuerzas del fundamentalismo religioso islámico. En una combinación perversa de política y religión, ha logrado panislamizar el conflicto y borrar gradualmente del escenario político a los partidos civiles, las organizaciones seculares y las perspectivas de opciones democráticas. Si alguien creía que la tragedia palestina culminaba con los acuerdos de paz firmados en El Cairo el año pasado, en realidad apenas comienza. Ahora le aguarda la noche de una teocracia. El régimen iraní ha optado ya por la vía de una conflagración militar de mayor escala. Y el radicalismo islámico, cuya inspiración se origina en la revolución de los ayatolas en Teherán a finales de los años 70, festina su mejor momento desde la decadencia del Imperio Británico.

Y mientras los ciudadanos estadounidenses ondean sus banderitas nacionalistas para honrar a sus caídos, y los creyentes musulmanes rezan fervorosamente por sus dioses, el mundo observa con estupor cómo los extremos se devoran. Finalmente, ¿qué sería Bush sin Bin Laden? ¿O Bin Laden sin Bush?