Pensamiento Crítico

En Panamá, ¿quiénes promueven la violencia?

Por Héctor Endara Hill | ALAI–Am Latina | 17 Febrero 2008
En tiempos de crisis todos los amos y perros del poder acusan a la población trabajadora de ser violenta. Todas las frases hechas y recicladas sobre la violencia son desempolvadas y agitadas por todos los medios masivos de comunicación. El propósito es claro: confundir y generar miedo en la población para que acepte continuar siendo víctima y poniendo los muertos. Los histriónicos periodistas del poder y los medios al servicio de la oligarquía agitan las banderas de un "diálogo" y una "paz" falsa ante el reclamo y grito de desesperación del pueblo que sale a las calles en defensa de la vida y sus derechos. Desde hace varios años, en Panamá, se vive una crisis nacional que hoy asoma levemente en el descontento de un pueblo harto del acoso y maltrato de las autoridades. La mentira internacional que nos canta y pinta como un país en "desarrollo" y pujante crecimiento no dice nada a los turistas que, tanto les preocupa a los medios de la oligarquía, sobre la abismal y pésima distribución de las riquezas que se da en Panamá. El empobrecimiento creciente de la población es causado por el acaparamiento, acumulación y concentración de las riquezas que practica la oligarquía panameña. Hoy, en el Panamá de la estafa de la ampliación del canal y de la cinta costera, los pobres son más pobres y los ricos son más ricos. Mientras crecen las fortunas producto de los edificios y condominios que impulsa la burbuja inmobiliaria, la gente de a píe, ocupa terrenos baldíos con la esperanza, muchas veces frustrada, de poder construir una vivienda. La inseguridad ciudadana se desborda en los barrios y las comunidades de la gente empobrecida cobrando la vida de adultos, jóvenes y niños inocentes, mientras que los señorones y señoronas del poder se rodean y regodean de guardaespaldas privados y públicos en mansiones y edificios amurallados. La paz y el diálogo solo pueden ser fruto de la justicia. El llamado hipócrita de los poderes y sus medios de comunicación a un falso diálogo y una falsa paz sólo intenta engañar y resignar a la población para que acepte y sufra calladamente la salvaje e inaceptable violencia institucional que arrebata nuestros derechos y nuestra propia vida. La "paz", el "diálogo", la "cordura" y la "tranquilidad" social que ahora, tanto reclaman los medios de comunicación y las periodistas del sistema a la población, es la misma paz, el diálogo, la cordura y la misma tranquilidad que los poderes autoritarios le han negado reiteradamente a la población. El sistema y sus poderes político, económico y religioso tratan de que la población no cuestione la violencia institucionalizada que ellos ejercen, de manera directa y sistemática, contra la población. La primera y gran violencia es la violencia institucionalizada. Esta es la misma violencia que niega el derecho al trabajo, a la comida, a la salud y el derecho a la seguridad. En el caso de los trabajadores de la construcción, la negación del derecho a la salud y la seguridad ha causado la muerte de varios trabajadores. La "muerte" -mejor dicho- el asesinato de trabajadores por la falta de seguridad representa una violencia institucionalizada que hace cómplices a las autoridades y los empresarios. ¿Como se puede llamar a la muerte de trabajadores, causadas por la evidente falta de seguridad laboral? ¿No constituyen estas muertes –previsibles- una forma de violencia brutal contra los trabajadores? ¿Deberían los trabajadores aceptar – mansamente- el asesinato de sus compañeros mientras los dueños de las compañías constructoras acrecientan sus ganancias? ¿Dónde queda el derecho a la vida de los trabajadores que murieron aplastados y asfixiados porque una losa o por que la tierra removida los sepultó? ¿Dónde está el derecho a la vida de los atropellados y calcinados por la mafia que controla los "diablos rojos o blancos"? ¿Es o no violencia el asesinato de cientos de panameños envenenados con por las autoridades de la Caja de Seguro Social con Dietilen Glicol? Cada vez que la policía sale con su fuerza bruta a reprimir, golpear, empujar, patear, gasear, abalear y matar trabajadores, para tratar de confundir a la población, ocupa los medios que siempre le favorecen para levantar el argumento de que "hará cumplir las leyes y el derecho a la libre circulación". Medios, empresarios y policías se unen para acusar a los trabajadores de generar la violencia con el cierre de calles y la tiradera de piedras. Las santas palomas de la policía aparecen ante los medios como los defensores del orden, la paz y la tranquilidad social que jamás les ha interesado a los mangoneadores de la población adueñados de las riquezas del país que pertenecen a todos los panameños. Nunca la policía menciona la primera y gran violencia, la institucionalizada. La violencia de los que envenenan y asesinan pacientes de la Caja de Seguro Social. La violencia de los maleantes conductores de buses que atropellan y asesinan con y sin licencia. La violencia de los empresarios mineros que envenenan las aguas y le arrebatan tierras a los campesinos. La violencia de los empresarios y negociantes de hidroeléctricas que acosan a comunidades indígenas y campesinas y destruyen el medio ambiente. La violencia de los que asesinan a mansalva. Nada dice la policía de la violencia y los violentos que desfalcan al pueblo con la corrupción que carcome todos los órganos de poder. Dónde y de qué lado está la policía cuando los criminales y narcotraficantes esparcen la muerte y la violencia sobre el país. Todas las habladurías de la policía y sus dueños de la oligarquía, los mismos dueños de los partidos políticos que nos desgobiernan, se hacen añicos ante la arbitrariedad y el autoritarismo que sistemáticamente nos imponen. Como señala Matilde Ávila, Representante de Corregimiento de Cristóbal: "...agentes de policía conocen a los capos de la droga de las comunidades y en muchas ocasiones son ellos los que se encargan de proteger a estos delincuentes ." (La Prensa, domingo 27 de enero de 2008, pág. 11 A). Así las cosas de la violencia institucionalizada y del autoritarismo que nos desgobierna, no nos queda otra que colocarnos del lado del pueblo y sus organizaciones. (**) Héctor Endara Hill, Colectivo Panamá Profundo