Pensamiento Crítico

El Partido Demócrata y el negocio de las primarias en EEUU

Por Anthony DiMaggio | Revista SinPermiso. Traducción Ángel Ferrero. | 24 Febrero 2008
Uno de los mayores errores que puede cometer un votante es el de proyectar sus propios valores en un candidato político. Las impresionantes generalidades de los candidatos, por desgracia, hacen que este tipo de proyecciones sean muy comunes. Los votantes escuchan a los candidatos hacer vagas promesas en apoyo de la clase media o de los trabajadores, y asumen que esos candidatos tienen un fuerte compromiso con la justicia redistributiva. Barack Obama es acaso quien mayor éxito ha tenido utilizando estas vagarosas generalidades, con su reiterado compromiso con la "audacia de la esperanza" y "el cambio creíble" como ejemplos más visibles. Podrán esas consignas quedar muy bien en los titulares, pero son de poco valor sustantivo a la hora de identificar la verdadera postura de Obama en los asuntos clave. Los intentos de Obama de atraerse a los trabajadores norteamericanos ofrecen más de la misma ambigüedad. En un discurso de este mes de febrero prometió que "nuestra economía se transforma: seamos, pues, la generación que asegura a los trabajadores de nuestra nación compartir nuestra prosperidad. Protejamos los beneficios obtenidos que, trabajando duro, las compañías les han prometido. Hagamos posible que los esforzados trabajadores norteamericanos puedan ahorrar el dinero suficiente para jubilarse. Y permitamos a nuestros sindicatos y a sus organizadores levantar de nuevo a la clase media de este país". Semejantes afirmaciones, aunque citadas a menudo por los expertos de los medios de comunicación conservadores como "prueba" del "socialismo" del Partido Demócrata, proporcionan una base muy pobre sobre la que evaluar cómo el partido pondrá en marcha este cambio progresivo. El respaldo retórico a los trabajadores norteamericanos y sus sindicatos es muy común entre los demócratas, pero ¿cómo refleja esa retórica la verdadera realidad de las campañas electorales de la América de hoy? Un resumen de las principales fuerzas económicas que se ocultan tras las elecciones estadounidenses es aleccionador, no por otra razón que la espectacular diferencia que deja ver entre la retórica de la campaña, por una parte, y la realidad, por la otra. Los investigadores sociales han descubierto el creciente poder que tiene el dinero en los procesos de campaña electoral. La de 2008 ha demostrado no ser ninguna excepción: los fondos conseguidos por todos los candidatos a las elecciones al Congreso, al Senado y a la Presidencia ascienden a la increíble suma de 1.100 millones de dólares, en cifras de enero del 2008 (347 millones para las elecciones al Congreso, 154 para las del Senado y 583 para las presidenciales). Los demócratas han demostrado ser más avispados que los republicanos a la hora de acumular enormes montañas de dinero para sus campañas, con Hillary Clinton y Barack Obama en el primer y segundo puesto en punto a recaudaciones (116 millones y 102 millones, respectivamente). Los fondos conseguidos por los republicanos son comparativamente menores: el favorito en los sondeos, John McCain, reúne un total de 41 millones; Mitt Romney, Rudy Giuliani y Mike Huckabee reunieron 88'5, 60'9 y 9 millones de dólares, respectivamente. Los demócratas defienden muy a menudo que ellos luchan por los intereses de los trabajadores norteamericanos y contra los de las corporaciones estadounidenses y sus élites de cuello blanco (white collar). Hillary Clinton se ha autoproclamado la campeona de los intereses de los trabajadores de cuello azul (blue collar), a pesar de que sus registros en la carrera electoral indican precisamente lo contrario. Como miembro de la junta directiva de Wal-Mart entre 1986 y 1992, fue una de las responsables de una compañía célebre por sus iniciativas antisindicales y contrarias a los trabajadores. Un reciente informe de la ABC News destacó el continuo rechazo de Clinton para hablar en favor de los intereses de los trabajadores en las reuniones de la junta directiva de Wal Mart; un antiguo miembro de la junta admite que no tiene "ningún recuerdo de que Clinton defendiera a los sindicatos durante más de 20 reuniones privadas de la junta directiva." Las afirmaciones de los demócratas de que ellos son el partido del trabajador de la calle resultarían más plausibles, si no fuera porque los demócratas dependen del patrocinio de las corporaciones empresariales. En enero, Clintion recibió el 56% de sus fondos de individuos y grupos empresariales, en contraposición a sólo un 11% procedente de los trabajadores, mientras que en el caso de Obama el 25% de sus fondos proviene del mundo de los negocios, y nada de los trabajadores. Las relaciones de Obama con el mundo laboral rivalizan con las de los republicanos: los fondos de McCain, Romney, Giuliani y Huckabee procedentes de miembros sindicales y organizaciones laborales representan entre un 0 y un 1% . De los siete principales candidatos en la carrera por la presidencia (Clinton, Obama, Edwards, McCain, Huckabee, Romney y Giuliani), sólo Edwards recibió más dinero de los trabajadores que de las empresas privadas (sus fondos provienen de las empresas y de los trabajadores en un 4% y un 52%, respectivamente). No parece ninguna coincidencia, considerando el origen de los fondos para su campaña, que Edwards fuera el candidato más crítico con la Norteamérica empresarial, y el más popular. Mientras Edwards promovía una plataforma para una política progresiva, los demás dirigentes demócratas estaban ocupados cortejando a las principales industrias norteamericanas. Hillary Clinton es una de las principales depositarias de dinero de una amplia variedad de industrias, figurando en la primera posición del ranking tanto de demócratas como de republicanos en fondos recibidos de compañías informáticas y de Internet; bancos; servicios, mutuas y aseguradoras sanitarias; hospitales y clínicas privados; bufetes de abogados y consultorías; fondos de inversión; intereses varios de la industria farmacéutica y sanitaria; grupos inmobiliarios; intereses del mercado de valores y del mercado de inversiones; y compañías de televisión, cine y música. Barak Obama es el segundo mayor depositario de las contribuciones de todas las industrias anteriormente citadas, con la excepción de los fondos de inversión, las inmobiliarias y las compañías telefónicas. Paralelas a los partidos, las empresas continúan dominando el proceso de contribuciones a la campaña electoral. En los últimos años, la separación entre las donaciones procedentes de los trabajadores y las procedentes de las empresas se ha mantenido estable, pero la asimetría entre ambas ha aumentado: las contribuciones procedentes de las empresas han alcanzado entre el 72 y el 75% de todas las contribuciones recibidas por los candidatos durante las elecciones habidas entre el 2000 y el 2008, mientras que las donaciones de los trabajadores han alcanzado sólo entre un 3 y un 7% del total. En un sistema electoral basado cada vez más en las grandes sumas de fondos, los intereses empresariales consiguen reforzar su ya de por sí privilegiada posición. Los dirigentes políticos más exitosos han aprendido que necesitan cortejar a los intereses empresariales si quieren alzarse con la victoria en la carrera electoral al Congreso, una carrera que pide unos precios cada vez más desorbitantes para participar en ella. Mientras el ganador habitual en unas elecciones al Senado invertía una media de 5'2 millones de dólares en 1998, esa cifra se elevó hasta los 9'6 millones en el 2006, lo que equivale a un aumento del 85%. Análogamente, mientras que el ganador habitual en unas elecciones al Congreso necesitaba una media de 650.000 dólares en 1998, en el 2006 necesitaba ya 1'2 millones (un incremento también del 85%). La imagen de los candidatos en los medios de comunicación, su personalidad y demás características más propias de una carrera de caballos que de una electoral, han sido identificadas por los investigadores sociales como el corazón de los electores que hay que conquistar, más que la exploración de los asuntos políticos más relevantes para el país. El Wall Street Journal reconoció este hecho, poco antes del "Supermartes", con el siguiente titular: "Los programas retroceden en las elecciones de 2008, los votantes se fijan en la personalidad" (Issues Recede in 2008 Contest As Voters Focus on Character). En su libro Covering Campaigns [Cobertura de las campañas electorales], Peter Clarke y Susan Evans destacan la falta de interés de los periodistas por los principales temas políticos en su cobertura de las elecciones al Congreso. De modo parecido, el politólogo Thomas Patterson sostiene que la "cobertura electoral está tratada como una competición deportiva, cuando debería preocuparse por los principales temas políticos." A medida que la cobertura mediática de las elecciones va degenerando hacia un concurso de popularidad entre personalidades, las cuestiones más relevantes acerca del papel que juega el dinero en las elecciones nacionales se mantienen inexploradas. NOTA: todas las estadísticas de este informe se encuentran disponibles al público en el Center for Responsive Politics: www.opensecrets.org. (**) Anthony DiMaggio fue profesor de Política del Oriente Medio y Política Estadounidense en la Universidad Estatal de Illinois. Su último libro es Mass Media, Mass Propaganda: Understanding the News in the "War of Terror" (en prensa).