Pensamiento Crítico

Los Luos y los Kikuyus de Kenia

Por Nicholas D. Kristof | El Espectador, Colombia. | 02 Marzo 2008
Hasta que fue circuncidado con un machete frente a una turba vociferante y después arrastrado para ser decapitado, Robert Ochieng había sido un símbolo de armonía moderna y postribal en Kenia. Integrante del grupo de los luos, Robert, de 16 años de edad, había jugado y estudiado con integrantes de otra etnia, los kikuyus. Eran amigos. Y después, Kenia estalló en disturbios tras unas elecciones manipuladas, y repentinamente los luos estaban persiguiendo y matando a kikuyus, al tiempo que una turba de kikuyus perseguía y sometía a Robert. Él alegó que también era kikuyu, pero la recelosa turba lo desnudó y notó que no estaba circuncidado, lo cual significaba que él no podía ser un kikuyu. Fue en ese momento que sus atacantes lo sometieron —aplastándole el brazo cuando intentaba protegerse— y llevaron a cabo la grotesca cirugía en la calle, ante estridentes vivas de una turbamulta. La turba emitía gritos de guerra y se estaba preparando para decapitar a Robert con un machete cuando llegó la policía, que pudo rescatarlo. Los médicos lograron coserlo en su mayor parte y aseguran que él se recuperará físicamente, pero mientras estaba sentado en el interior del refugio de una iglesia destinado a los desplazados en el oeste de Kenia, rezumaba una hostilidad que quizás nunca sane. "Cuando veo tiendas kikuyus que han sido quemadas totalmente", me dijo, "me siento bien por dentro". Robert nunca más trabará amistad con los kikuyus ni se relacionará con ellos; ahora es el símbolo de las antiguas tensiones tribales que amenazan el futuro de Kenia. El principal villano es el presidente Mwai Kibaki, quien habría sido acogido como un héroe de haber obedecido la voluntad popular en las elecciones de diciembre. En vez de hacerlo, junto con una serie de maleantes al parecer se robaron la elección, dando comienzo a una espiral de violencia tribal que ha dejado más de 1.000 personas muertas y desplazado a 300.000. La intransigencia de Kibaki genera el riesgo de un colapso en su país, posiblemente incluso una guerra civil. El hombre al que probablemente le robaron la elección, Raila Odinga, pertenece a los luos, al igual que el padre keniano de Barack Obama. Muchos kenianos notan amargamente que es más probable ver a un luo convirtiéndose en el presidente de Estados Unidos que en el presidente de Kenia. Muchos kenianos también dicen que Estados Unidos ha formado parte del problema. En nuestro deseo de estabilidad, los estadounidenses mostramos aquiescencia con irregularidades en las elecciones celebradas en países como Etiopía y Nigeria, indicando inadvertidamente que Kibaki podría salirse con la suya en lo tocante a robarse la reelección. Estados Unidos mostró calidez hacia Kibaki y al principio lo felicitó por su "victoria", sin hacer énfasis suficiente en que la manipulación de las elecciones es intolerable. Desde esos días, Estados Unidos ha recapacitado y desempeñó una útil participación para que Kibaki haga concesiones, a la vez que la visita de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, a Kenia este lunes, agregó incluso más presión. En términos más generales, Estados Unidos ha emprendido estrategias en África similares a nuestras políticas en Pakistán, y Kibaki es uno de nuestros Musharrafs africanos. En el interés de la estabilidad en el corto plazo, los estadounidenses consentimos conductas despóticas que, con el tiempo, crean inestabilidad. Cierto, resulta muy difícil guardar un equilibrio en estos casos. Pero, si miran a Kenia o Pakistán hoy día, es claro que nuestro balance está mal. Al volar sobre el norte de Kenia con rumbo a Eldoret, se ve el humo que aún sube desde algunas de las incontables granjas kikuyus que han sido quemadas totalmente, en áreas donde muchos kikuyus fueron asesinados. Además, en Kisumu, los luos que van llegando cuentan historias horrendas. "Mi esposa fue quemada viva, con nuestros dos hijos, de cinco años y de un año y medio", contó Nicholas Ochieng, hablando como en una nube. "Ahora no tengo esposa, ni hijos, ni casa, ni empleo. No tengo nada". Mary Odhiambo, trabajadora de ayuda humanitaria que atiende a los recién llegados, dijo que una mujer en estado de choque llegó en un autobús tras una explosión, aun aferrando la cabeza de su marido, la cual iba envuelta en periódicos, luego que una turba se la hubiera cortado y entregado burlonamente. Un hombre llegó con su propio pene cercenado dentro de un calcetín. "Estamos viendo personas que llegan de áreas kikuyus, y juran que antes de morir, tienen que matar un kikuyu", refirió Odhiambo. Si Kibaki efectivamente no da marcha atrás, Kenia estallará por completo. El ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, está trabajando heroicamente para negociar un acuerdo para compartir el poder en el cual Kibaki siga siendo el Presidente durante un par de años, mientras Odinga sirve como el Primer Ministro. Pero, hasta ahora, Kibaki no ha estado dispuesto a hacer las concesiones que hacen falta. "Si las conversaciones se vienen abajo, se producirá una explosión en todo el país", aseguró Odinga en una entrevista. y agregó: "Será más sangrienta que antes". (**) El autor ganó el Premio Pulitzer en 2006 por sus columnas de opinión.