Pensamiento Crítico

Dos 11 de septiembre: Allende y el otro

None | 10 Septiembre 2005

Allende, demócrata y revolucionario

Por Juan Andrés Lagos, periodista, académico, miembro de la Comisión Política del Partido Comunista de Chile y miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.

En el impactante y conmovedor documental de Patricio Guzmán, el realizador se pregunta respecto de cómo,Salvador Allende, pudo ser un revolucionario y un demócrata a la vez.

Cómo, este luchador social y líder popular encarnó un proyecto histórico estrechamente vinculado al ideario legado por la Revolución Francesa: ell ideario republicano. Y cómo, desde las ideas socialistas, vinculó el proyecto emancipador chileno, a un recorrido democrático que llena varias décadas de luchas sociales y políticas en nuestro país.

De hecho, Allende es el mejor y más avanzado exponente de un proceso histórico en el que se entronca la Democracia y la República; la Independencia y el Estado Nacional Soberano; el Socialismo y la lucha antimperialista; todos conceptos que en la mecanicista y principista izquierda chilena, del período de la Unidad Popular, con expresiones de izquierda y de derecha, no alcanzaron a ser asimilados como formas políticas concretas para el período revolucionario que le tocó protagonizar.

Sin embargo, esta riqueza del pensamiento y la acción de Salvador Allende, continúan siendo un vacío en buena medida intencional. Porque parece ser que, en la reconstrucción de la historia, más importa quedar "bien parados" a quienes fueron principales gestores de una derrota histórica.

Entonces viene las caricaturas de Allende: el demócrata ingenuo; el que murió con un fusil en las manos y punto, sin contexto alguno; el que no supo tomar por asalto el poder, al estilo clásico; el que no pudo evitar la polarización y fue superado por ella; en fin, hay varias más, depende del lugar, la postura y la ubicación que se tenía en ese clave período del proceso chileno.

La hipótesis que aquí se expone, busca señalar que ese recorrido y ese proyecto de Allende tienen continuidad hoy y hacia el futuro.

Dicho de otra forma, el proyecto emancipador que encabezó Allende, es un proyecto inconcluso, pero no derrotado.

Por tanto, vigente como proyecto político, y no necesariamente como programa de gobierno, el cual corresponde realizar a las nuevas fuerzas que están por las transformaciones y la profundización de la Democracia, hasta su realización plena, en el Socialismo.

En este estricto sentido, la agudeza de la política de la Revolución Democrática contiene el legado allendista, en la medida que es continuidad.

Sin embargo, si a esa política de Revolución Democrática se le mira como una construcción estática, de "saltos", se comete el mismo error de quienes en el período de la Unidad Popular no alcanzaron a captar y realizar un proceso inédito, único, singular, como lo son en verdad todas las revoluciones populares verdaderas.

¿Se puede defender un proceso de tal naturaleza con formas de lucha incluso violentas?. No solo se puede, se debe defender.

La legitimidad de tal acción radica en varios aspectos:

1) La defensa del estado de derecho y de una constitución política vigente, cuya base era el Soberano. En tal sentido, quien rompe ese estado constitucional en Chile, son las fuerzas civiles y militares golpistas.

La cúpula de la Democracia Cristiana, con el apoyo de la CIA y El Vaticano, creyó que podía dirigir el proceso político emanado del golpe, y restituir el estado de derecho democrático algunos meses después, considerando que su máximo líder, Eduardo Frei Montalva, al momento de la mayor violencia ejercida en Chile, era el Presidente del Senado. Pero eso no ocurrió, y vino el ejercicio del terrorismo de estado sin límites.

Washington operó sin problemas en toda esa etapa de la vida de Chile. Su intervención fue directa, explícita y sin trabas.

2) Tal como se denunció, por Allende en la ONU, la agresión en contra de Chile y del gobierno de la Unidad Popular vino desde una potencia extranjera, y desde corporaciones transnacionales que inauguraban, así, el período de saqueo a los pueblos y naciones en que hasta hoy están involucradas.

La defensa era a la nación, no a un sector, a su independencia, y eso fue lo que violentaron quienes conspiraron asociados con poderes extranjeros.

Lo que tenían al frente era una República, tal vez una de las más avanzadas, como tal, de todo el continente, y del tercer mundo.

No era un estado mágico, era el producto de decenas y decenas de luchas obreras, populares, democráticas, desde el mismo inicio del estado nacional independiente, con O'Higgins, pasando por Recabarren, Balmaceda, Aguirre Cerda, Grove.

En Allende, resultaba absolutamente armónico y coherente (como resulta en Chávez y Fidel, en estos días) sentirse depositario de ese gran legado histórico de emancipación, asunto que le complicaba tanto a esas izquierdas locales que no veían en la historia nacional nada rescatable, o muy poco, que era casi lo mismo; y se aferraban a los manuales y a los diferentes proyectos revolucionarios en voga en esos tiempos, de los cuales hoy se mantienen Cuba, China, Vietnam, Corea del Norte. Y trataban de interpretar lo propio, a partir de esos modelos.

3) El proyecto de Salvador Allende, como acumulación de fuerzas, iba en ascenso. Eso es lo que provocó el golpe, y también la unidad de mando y de acción de las fuerzas políticas que tensaron toda su influencia económica, militar y de masas para provocar desestabilización, incertidumbre y clima de angustia. Incluso, en el terreno de las elecciones formales, Allende seguía avanzando.

No es cierto que todas las fuerzas armadas, en bloque, estaban en contra del gobierno. Si eso hubiese sido así, no se explicaría que Mendoza, para asumir el mando de Carabineros, el mismo once de septiembre, debió desplazar por la fuerza a más de seis generales con mayor antigüedad; tampoco se explicaría el caso del General Bachelet y otros altos jefes de la Fuerza Aérea, constitucionalistas de principios; y también ocurría algo así en el Ejército. En la Armada había un proceso que, sin ningún sentido político real, Altamirano develó como una especie de demostración de fuerza y de audacia sin destino alguno.

Las Fuerzas Armadas de Chile fueron totalmente alineadas después del golpe, y también hubo al interior de ellas una intensa represión. Esto no niega su rol institucional, pero es relevante dejar en claro que también en sus filas ese proyecto emancipador algo había calado. Su democratización, en el marco del estado de derecho republicano, al comenzar el gobierno de la UP, como lo propuso Rodrigo Ambrosio, parecía un camino viable para romper en su interior el germen golpista y reaccionario que ya se venía fraguando. Pero eso debió ocurrir al comienzo.

Allende había pensado en un proyecto de nueva constitución política, que era continuidad y cambio, y que buscaba reformar la institucionalidad política de un estado constitucional que debía adecuarse al nuevo país que emergía. Ese proyecto no alcanzó vigencia política.

Sin embargo, en verdad, a quienes les quedó muy grande ese momento histórico, fue a las orgánicas políticas de la izquierda, adentro y afuera de la Unidad Popular. La soledad de Allende en La Moneda, el once de septiembre, en este sentido, es más que una metáfora o un símbolo histórico.

La ausencia de un desplazamiento audaz del poder político a las organizaciones de masas y populares; la transversalización de las coordinaciones en la defensa del programa popular (que era revolucionario y no reformista, como sostenían algunos, adentro y afuera de la UP), parece ser una de las claves para comprender la indefensión de un proyecto republicano y democrático avanzado.

El General Carlos Prats fue partidario de un plan de defensa del estado constitucional y de su gobierno. Se lo expuso a Salvador Allende, el Presidente lo presentó al comité político de la Unidad Popular y a otras fuerzas de izquierda, y no hubo aceptación de ese camino. Unos estaban en el "asalto al poder", y otros en la búsqueda de un diálogo y un entendimiento con la Democracia Cristiana. La dirección política se había trizado, y por cierto la unidad de dirección y acción estaba rota en la izquierda chilena.

Ninguno de los dos caminos tuvo algún efecto real en la defensa del proceso: ambos fueron virtualmente barridos.

En el sentido histórico, es increíble cómo el proceso revolucionario de Venezuela, democrático y republicano, hacia el Socialismo, con elecciones y construcción de poder popular mediante, se abre camino en condiciones históricas mucho más adversas que las que vivió el proyecto de la Unidad Popular. Por cierto, no es igual, nada es igual, pero hay claves históricas que es importante considerar. Por eso, en ese país, hay tantas referencias a la experiencia chilena.

Las actuales izquierdas chilenas, las históricas y las nuevas expresiones, pueden rescatar este pedazo de historia para mirar el futuro.

No para copiarlo, pero sí para dar continuidad a un camino inconcluso, que está por hacerse.

En eso, Allende y su proyecto nos acompañan propositivamente, para construir el futuro.

El misterio del 11 de septiembre

Por Roberto Castellanos, Argenpress

A cuatro años de los atentados del 11 de septiembre, un manto de misterio ronda esos ataques, para muchos planificados o al menos permitidos por el gobierno del presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

El último en apoyar esa hipótesis fue Morgan Reynolds, ex economista jefe del Departamento del Trabajo durante el primer mandato de Bush.

Según Reynolds, la versión oficial sobre el colapso de las Torres Gemelas es falsa porque fue una demolición controlada.

"La teoría del derrumbe del gobierno es altamente vulnerable de por sí. Sólo una demolición profesional parece explicar toda la gama de factores asociados con el derrumbe de los edificios", destaca.

Ese criterio es respaldado por Andreas von Bulow, ex ministro de Defensa y de la inteligencia alemana, para quien los atentados fueron obra de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Fue una operación encubierta para lavar el cerebro al pueblo norteamericano, y de ésa forma influir, en un largo conflicto, señaló en una reciente entrevista.

Los críticos señalan varios puntos que cuestionan la veracidad de la versión oficial como la estricta orden de silencio ordenada a los bomberos de Nueva York y a la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés).

Además, los edificios cinco y seis del World Trade Center (WTC) sufrieron incendios de consideración, no se derrumbaron, a pesar de que tenían vigas de acero mucho más finas que las Torres, pero no ocurrió lo mismo con el número siete, que fue afectado por un fuego relativamente pequeño.

Tras el siniestro, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencia sacó la estructura de acero de los edificios antes de que pudiera ser analizada, pese a que las leyes establecen que la evidencia de la escena de un crimen sea guardada para un estudio forense.

"Ningún rascacielos con armazón de acero, ni siquiera si está envuelto en llamas durante horas y horas, jamás se había derrumbado anteriormente. De repente ocurren tres sorprendentes derrumbes en unas pocas manzanas urbanas durante un solo día, dos de ellos supuestamente alcanzados por aviones, el tercero no", dijo Reynolds.

Destaca que la Administración nunca mostró "restos de importancia de ninguno de los cuatro presuntos aviones de ese aciago día".

Otra prueba más que esgrimen los escépticos de la versión oficial es por qué no se encausó al arquitecto Aaron Swirski y al ingeniero Lee Robertson, que formaron parte del equipo constructor de las Torres, y quienes declararon tras los ataques que esos edificios eran a prueba de Boeing.

Aunque existen numerosos puntos débiles, Washington insiste en presentar los ataques como obra de un grupo de 19 terroristas, miembros de la red Al Qaeda, dirigida por el saudita Osama bin Laden.

Ante la sospechas y la incertidumbre sobre cómo ocurrieron los atentado, 100 personalidades políticas, sociales, científicos, empresarios y artistas, así como 40 familiares de las víctimas rechazaron la versión oficial y exigieron una nueva investigación.

La lista de los firmantes de esa Declaración incluye al ex candidato independiente a la Casa Blanca Ralph Nader, y Daniel Ellsberg, ex alto funcionario del Pentágono que reveló documentos secretos del gobierno sobre las mentiras que condujeron a la guerra de Vietnam.

En la carta, los signatarios llaman la atención sobre varias irregularidades y piden explicación sobre numerosos puntos aún no esclarecidos.

¿Por qué las baterías coheteriles y la defensa antiaérea oficialmente desplegada alrededor del Pentágono no fueron activadas durante el ataque?

¿Por qué los servicios secretos autorizaron a Bush a proseguir su visita a la escuela primaria sin preocuparse manifiestamente por su seguridad ni por la de los escolares?

¿Cómo es posible que absolutamente nadie haya sido licenciado, sancionado o condenado por la total incompetencia manifestada aquel día?

Esas son algunas de las interrogantes que se hacen esas personalidades.

En su libro la Gran Impostura, el periodista francés Thierry Meyssan asegura que ningún avión se estrelló contra el Pentágono ese día.

Para justificar su afirmación, Meyssan resalta que la FAA y el ejército, pese a sus potentes radales, no lograron detectar el Boeing 757-200 del vuelo 77 de American Airlines.

Tampoco reaccionó el dispositivo antiaéreo del Pentágono, que comprende cinco baterías antimisiles y cazas estacionados en la base presidencial Andrews, aunque el avión recorrió más de 500 kilómetros durante 40 minutos que duró el secuestro, según datos oficiales.

El periodista resalta en su libro que la aeronave se estrelló contra una fachada de la sede del Departamento de Defensa (que estaba siendo reparada), aunque era más fácil y causaba mayor daño hacerlo contra el techo.

"El avión se acercó repentinamente al suelo, como para aterrizar. Manteniéndose en posición horizontal, descendió casi a la vertical, sin dañar las farolas de la autopista que bordea el aparcamiento del Pentágono, ni siquiera rozándolas", agrega.

Al ser interrogado un día después del trágico incidente, el capitán de bomberos del condado de Arlington, Ed Plaugher, afirmó que no vio ni un solo trozo del avión durante las labores de remoción de escombros.

Para el estudioso, fue un misil del ejército norteamericano fue lo que impactó contra el Pentágono.

"El artefacto penetró en el edificio sin causar daños importantes en la fachada. Atravesó varios anillos del Pentágono, abriendo un agujero cada vez más ancho", lo cual es imposible de hacer con un avión señala.

Otras de las cuestiones que quedan si aclarar es cómo fueron identificados los terroristas.

Lo más impresionante, subraya, es que en las listas de víctimas publicadas por las compañías aéreas no aparecen los nombres de los supuestos perpetradores.

Stanley Milton, abogado de los familiares de las víctimas que entablaron juicio contra George W. Bush por el 11/9, fue más allá al afirmar que el mandatario dio la orden de ejecutar la acción.

A cuatro años de esos atentados, muchos intentan desenredar la madeja que cubren los hechos: interrogantes sin contestar, conclusiones falsas o en el mejor de los casos erróneas, documentos clasificados y declaraciones que difieren de la realidad.

Juéguele al 11

Por José Steinsleger, La Jornada

A cuatro años de la caída de las twin towers de Nueva York, La Jornada fue el único periódico del mundo que a plana entera y primera se preguntó acerca de las causas del suceso mediático más impactante de todos los tiempos. Aquel diáfano y terrible QUIÉN.

Una semana después, el presidente Bush dijo: "O están con nosotros, o están con los terroristas". La Jornada optó por el beneficio de la duda. Y los hechos le dieron la razón porque cualquier estudiante de periodismo sabe que la información veraz requiere el ejercicio de un derecho compuesto de varios verbos: dudar, investigar, analizar, consultar, preguntar, demostrar, exponer.

Tras la explícita amenaza del Capitán América, los "adictos al unilateralismo del oligopolio mediático" (Alfredo Jalife Rahme) empezaron a calificar de "terroristas" o "terrorismo" a los medios y periodistas que se atrevían a rasgar los velos de un flagelo político mundial. Tal fue lo que hicieron Letras Libres (marzo de 2004) y el brulote "La Jornada pierde el rumbo", publicado en la última edición de la revista Etcétera.

¿Rumbo de qué? ¿Acusaron esos medios (tan respetables como cualquier otro) recibo de que en febrero de 2002 el Pentágono cerró la Oficina de Influencia Estratégica, encargada de la propaganda sobre la guerra contra el terrorismo y de la difusión de noticias falsas en el exterior? ¿Sabían de la renuncia de David Frum, escritor de los discursos de Bush en la Casa Negra, e inventor de la frase eje del mal (Irán-Irak-Corea del Norte)?

Todo lo que hemos oído y leído acerca del terrorismo en versión Washington-Londres-Tel Aviv ha sido propaganda y mentira. ¿Alguien conoce la verdad verdadera? Por esto La Jornada destacó en su momento el solitario y digno voto en contra de la congresista Barbara Lee (Oakland, California) cuando el Senado aprobó por unanimidad la resolución que autorizó al presidente a emplear la fuerza contra los terroristas. Barbara tampoco conocía la verdad. Pero el senador Robert C. Byrd ("virginiano occidental del siglo XX" y decano del Congreso) escribió un texto formidable: "La verdad saldrá a flote" (La Jornada, 21/5/03). Cuatro meses después, Bush confesó que no había pruebas de que Saddam Hussein estuviera vinculado a los atentados del 11 de septiembre de 2001. A propósito... ¿Usted volvió a saber de Barbara Lee o del senador Byrd? Los medios "pluralistas" y "tolerantes" no los mencionan, así como tampoco dedican espacio a la ecologista keniata Wangari Maathai, premio Nobel de la Paz 2004, que se atrevió a decir que el sida fue creado deliberadamente contra los negros.

¿Quién o quiénes fueron responsables de los atentados del 11-S? Es como preguntar por enésima vez cómo murió Kennedy, o quiénes dinamitaron el acorazado Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898, hecho que Estados Unidos usó de pretexto para entrar en guerra contra España y apoderarse de Cuba. Los historiadores hablan de un militar sospechoso: el teniente John J. Blandin, quien fue detenido. La versión oficial dijo que enloqueció y murió cinco años después en un manicomio. En 1938 los archivos y el historial clínico y de inteligencia del teniente Blandin ardieron con el fuego que destruyó el hospital siquiátrico de Sheppard, Virginia.

Cuando en Estados Unidos la lucha por el poder va en serio, ocurren cosas muy raras. Mucho se ha hablado de las extrañas coincidencias que rodearon el asesinato de Kennedy. En todo caso, después del 11-S alguien se encargó de observar que Nostradamus, New York City, Ariel Sharon, el Pentágono y George W. Bush tienen 11 letras. Quizá también resulte interesante saber que en la centuria número 11 de sus versos Nostradamus profetizó la destrucción de Nueva York; que las Torres Gemelas tenían forma de gigantesco 11, que a partir del 11 de septiembre restan 111 días para que finalice el año, y que Nueva York es el estado número 11 de la Unión.

Si va al casino, ya sabe. ¿Que usted no cree en "estas cosas"? Mire... a un discípulo que le preguntó acerca de una herradura colgada en su casa, el matemático y físico nuclear Niels Bohr contestó: "Yo no creo, pero dicen que trae suerte". A Bohr le hubiese encantado saber que en el vuelo número 11 (primer avión que se estrelló contra las torres) viajaban 92 personas (dígitos que sumados dan 11), que en el segundo avión viajaban 65 personas (ídem, 11) y que 11 es la suma numérica del día 254 del año, la independencia de Estados Unidos (4/7) y el teléfono de emergencia estadounidense (911).

Al César lo que es del César: en 1962, bajo la dirección del general Lemnitzer, la Agencia Nacional de Seguridad y el estado mayor estadounidense planificaron la Operación Northwoods, que se proponía secuestrar aviones para estrellarlos en ciudades del país matando civiles, así como el cohete que llevaba el astronauta John Glenn.

De Michel Chossudovsky, investigador canadiense: "La criminalización del Estado tiene lugar cuando criminales de guerra ocupan legítimamente posiciones de autoridad, que les permiten decidir quiénes son los criminales, cuando en realidad los criminales son ellos".