Pensamiento Crítico

La generación de la Sierra Maestra

Diario La Nación, Chile. | Diario La Nación, Chile. | 02 Marzo 2008
Son una leyenda viva. Asaltaron el Cuartel Moncada en 1953, desembarcaron con Fidel desde el Granma y después siguieron luchando, primero contra Batista y después en África y en medio mundo. Medio siglo más tarde muchos siguen vivos, pese a tanta guerra y aventura. Los diarios y revistas de todo el mundo han informado de manera más o menos unánime, en los últimos días, de la instauración de la nueva jerarquía cubana luego de la abdicación de Fidel Castro. En los conceptos, relativa decepción. No sube Carlos Lage. No asume la "generación intermedia". Raúl, nuevo Presidente titular, ubica en su entorno, el secretariado del Consejo de Estado, a la vieja guardia. Aquellos a los que se les llama "los duros" y de los que se dicen son sus incondicionales, entre ellos José Ramón Machado Ventura, "Machadito", como le decía Fidel cuando era el médico de su columna en la Sierra Maestra, hace medio siglo. En general, la mayoría de los hombres de la jerarquía superior son "raulistas" y esto tiene todo tipo de explicaciones. La principal es que todos combatieron bajo su mando en la Sierra Maestra, en el Segundo Frente Frank País, y se han mantenido siempre junto a él, como los muy poderosos Abelardo Colomé Ibarra y Julio Casas Regueiro, generales de división ambos y los dos Héroes de la República de Cuba, de los que hay pocos. Esos generales y otros duros, que las generaciones actuales ni siquiera conocían de nombre son leyendas vivas. Aparecen en las fotos, viejos, pero gallardos, con sus gorritos de jinete y el pecho tapado de medallas. Sus manos viejas habituadas al fusil, a la granada, al misil, agitan una ingenua banderita cubana de papel. Primer detalle. Esas medallas se las ganaron todas en combate: en la Sierra Maestra, en la invasión a los Llanos, en la toma de Santa Clara, en la entrada a La Habana y a Santiago de Cuba y luego en Angola, en Mozambique, en Etiopía, en Zaire, en Sudán, en Argelia y hasta en Siria, durante la guerra del Yom Kippur, cañoneando a los israelíes en las alturas de Golán. Y eso es lo que se sabe, porque hay bastante más. Cuando Fidel se preguntó alguna vez, respecto de las condecoraciones de algunos generales del Cono Sur, "¿en qué batallas se ganaron esas medallas?, seguramente pensaba en los dos tipos de generales. Los de por acá, muchos de los cuales combatieron con enemigos desarmados y hasta amarrados , y estos viejos casi octogenarios que rellenan portadas junto a Raúl, que no ganó menos medallas peleando. Ésta no es una crónica de lo incapaces que han sido estos viejos generales incluidos Fidel y Raúl de dar condiciones de vida menos miserables al heroico pueblo cubano, de soltar a los presos políticos y de abrir el sistema a elecciones pluralistas. Es la crónica estrictamente del coraje y de la voluntad de lucha casi increíble de hombres que anduvieron echando tiros por el mundo desde hace 50 años y allí siguen, vivos de milagro, protagonistas de una leyenda que ya estaría extinguida si no fuera porque el fin cercano de Fidel los ha puesto en primera plana, seguramente por última vez. Ésa es la explicación de todo. Almeida, el general negro Quizás el general más entrañable de los jerarcas cubanos sea el de aspecto más pintoresco, muy moreno y de gran bigotón blanco: Juan Almeida Bosque, uno de los primeros capitanes de la Sierra Maestra junto con Che Guevara. Obrero habanero y el primer general negro de Cuba que tiene una inmensa mayoría de población blanca , Almeida asaltó el Cuartel Moncada junto con Fidel y Raúl ya en 1953, fue encarcelado en Isla de Pinos luego de la derrota y, después de amnistiado, dos años más tarde, se exilió en México para preparar la nueva incursión, de nuevo con Fidel y Raúl, en el yate Granma. Fue también uno de los 20 sobrevivientes de los 82 expedicionarios del Granma, y a él se le atribuye el grito de "¡aquí no se rinde nadie, coño!", cuando alguien se planteó esa posibilidad, mientras resistían la metralla que disparaban los aviones de Batista. Ya había sido uno de los más valientes atacantes del Moncada, dicen los sobrevivientes. Luego del desastroso desembarco subió a la sierra, se transformó en uno de los mejores combatientes y fue jefe de columna, como Fidel, Raúl y Che Guevara. Reemplazó a Camilo Cienfuegos, a su muerte, como jefe del Ejército Rebelde. Ha estado en todas las luchas al interior de la isla como alto jefe del aparato militar cubano, y sin aparentes ambiciones políticas ha dedicado parte de su vida a escribir canciones populares, algunas de ellas de éxito, poemas y novelas. Se dice que fue la pareja de Fara María no se sabe ahora, los cubanos cambian mucho de pareja , una belleza y estrella de la canción cubana en los setenta. Colomé Ibarra, el misterioso Furry Un uniformado de mediana estatura, de tez blanca, a menudo sonriente, también lleno de medallas y no demasiado conocido fuera de Cuba, es el número tres de la jerarquía. Se trata del general de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra, ministro del Interior, también capitán en la sierra junto a Raúl y, durante los últimos 20 años, el más poderoso jefe de la inteligencia y contrainteligencia cubana. Revoltoso y agitador desde la infancia, y de extracción muy humilde, participó en cuanta acción de protesta y sabotaje se hizo en Santiago de Cuba antes de la revolución. Nunca fue detenido, por su habilidad y destreza, pero ya antes de los 18 años "se alzó" y acudió a sumarse a las fuerzas de Fidel con una ametralladora que cargaban entre tres. Asciende rápidamente al participar en más de diez combates y llega al asalto del pueblo de Cueto como capitán. Allí ocurre un hecho que lo marca: carga con bala real, en lugar de bala de salva, un fusil lanzagranadas, y el proyectil le estalla hiriéndolo gravemente en la cabeza. Se recupera, pero al año comienza a sufrir desmayos, pérdidas de conciencia y, se ha dicho, epilepsia. La granada, sin que los médicos se dieran cuenta, le había fracturado el cráneo y dejó una astilla rozándole el cerebro. Pese a ello, Colomé Ibarra, al triunfo de la revolución, apenas al filo de los 30 años, fue jefe de la policía motorizada de La Habana, en las viejas Harley Davidson de la antigua policía de Batista. Se graduó en altos estudios militares y de inteligencia en la famosa academia Frunze, de la ex Unión Soviética, y llegó a ser, ahora ratificado, el número tres del establishment. No poca importancia en su carrera ha tenido el hecho de ser el jefe supremo de las míticas Fuerzas Especiales (la DOE) del Ministerio del Interior, y general en jefe de las fuerzas expedicionarias cubanas que liberaron Angola y derrotaron al Ejército sudafricano. Cuando el primer barco cubano salía para África, Raúl Castro despidió al contingente y les dijo: "Van al mando de uno de los mejores soldados de Cuba, si no el mejor". Un hecho nunca explicado suficientemente dada su trayectoria jerárquica, siempre bajo la protección y amistad de Raúl Castro es su participación en las guerrillas en Salta (Argentina) junto al periodista Jorge Ricardo Masetti, que desapareció sin dejar huellas en la selva trasandina , y en Bolivia, junto a Che Guevara. Actual general de Cuerpo de Ejército y ministro del Interior, Colomé Ibarra "El desmayao", como le dicen con sorna e impotencia los cubanos exiliados, fue, a fines de los sesenta, el misterioso y ubicuo Furry, que durante más de un año entró y salió de Salta y Tarija con armas, provisiones, dinero y el legendario jeep Toyota en el que circulaba Tania, la guerrillera, en apoyo a los hombres del Che. Solo tres cubanos Pombo, hoy general; Urbano y Benigno, que vive en Francia desde hace unos años con grado de coronel salieron con vida de Ñancahuazú tras la muerte de Guevara, luego de caminar por semanas, hambrientos y zarrapastrosos, hasta la frontera con Chile. Luego de hacer todo lo que debía, Furry lo consigna el periodista argentino Ciro Bustos, capturado junto a Regis Debray y que estuvo varios años en prisión en Camiri, en su libro "El Che quiere verte" salió tranquilamente en avión, limpio y afeitado, cuando todo estaba perdido, al parecer con un pasaporte argelino. ¿Por qué Colomé Ibarra cumplió tareas tan audaces, secretas e irregulares en una iniciativa abandonada aparentemente por la Revolución Cubana y objetivamente por los partidos comunistas del Cono Sur? Nunca se sabrá, menos ahora que Furry ya es una estatua viviente. Ramiro Valdés, el eterno Ramiro Valdés Menéndez es otro de los infaltables en las fotos actuales. Es el más alto, blanco y usa una cuidada barbita de chivo. No quedó entre los cinco principales al asumir Raúl, porque fue siempre más cercano a Fidel. De hecho, aunque comenzó a guerrear a su lado, después fue segundo al mando en la columna Ciro Redondo, del Che Guevara, en la Sierra Maestra, y participó en la invasión a Occidente. Asaltó también el Moncada en 1953, a los 21 años; desembarcó desde el Granma en la playa Las Coloradas y se enmontañó de los primeros. Ha sido como hermano de los Castro, pero principalmente de Fidel. Ramirito, como se le conoce, ha sido siempre, aparte de audaz, cerebral y reservado. Ya en 1961 organizó el Ministerio del Interior, del que fue titular, y más tarde el temido G2, la inteligencia cubana, del que fue jefe, asesorado por la Stasi alemana oriental. Alternativamente, Valdés ha sido también ministro del Interior y viceministro de las Fuerzas Armadas, y es también ministro de Telecomunicaciones. Es, obviamente, Héroe de la República, y de los primeros que, como Almeida, fueron designados comandantes de la revolución, título que ya no se da a los generales de academia. Se dice que tiene un poder secreto, que lo desempolva cuando hay problemas y que su ascendiente entre los militares y la población, especialmente entre los mayores, es inmenso. Los disidentes lo temen como al demonio, pero en general los cubanos lo quieren. Él y Almeida reestrenaron los uniformes, el mosaico de insignias en el pecho y las banderitas cubanas de papel cuando Fidel los relanzó al primer plano, poco antes de enfermar. Fue una potente señal de unidad y de que, mientras estén vivos, los hombres de la primera hora seguirán pesando.