Pensamiento Crítico

El choque de las dos Españas

Por Marc H. Moradell (Barcelona) | La Nación Domingo, de Chile. | 02 Marzo 2008
Una derecha resentida y agresiva, y un gobierno sumamente torpe a la hora de explicar su gestión, han dado forma a una de las legislaturas más rudas desde el retorno de la democracia. Pese a ello, ni José Luis Rodríguez Zapatero, el Presidente, ni Mariano Rajoy, el aspirante, han logrado entusiasmar a los españoles con miras a las elecciones del próximo domingo. No se puede repetir otra legislatura tan dura y tan ruda. Me niego a aceptar que consenso y sentido del límite son dos palabras viejas. Hemos de intentar el entendimiento otra vez sobre los temas básicos de nuestra democracia". Este diagnóstico tan descarnado de la realidad política española corresponde al presidente del Congreso de los Diputados, el socialista Manuel Marín, el día del XXIX aniversario de la Constitución, el pasado diciembre. Todo el mundo lo dio por bueno. La política española vive en estado de crispación permanente desde hace cuatro años, cuando Mariano Rajoy, el "heredero" apodado así por su forma de elección de José María Aznar al frente del Partido Popular (PP), vio como se le escapaba el triunfo que todos daban por hecho en las elecciones del 14 de marzo de 2004. ¿La razón? El atentado islamista del 11-M, el más brutal ocurrido jamás en la Unión Europea. El PP decidió la misma noche electoral no dar tregua al socialista PSOE, acusándole permanentemente de los peores males para mantener a la militancia popular movilizada, aun a costa del riesgo de fractura social. Fue la pésima y malévola gestión de la información por parte del gobierno del PP lo que terminó de provocar que el voto de izquierdas, anestesiado desde la salida del poder en 1996 de Felipe González, en plena acumulación de escándalos de corrupción, se movilizara como nunca (hubo un 76% de participación frente al 69% de las anteriores elecciones generales de 2000, en que el PP obtuvo la mayoría absoluta) y que miles y miles de españoles se decidieran a ir a votar en masa ante las flagrantes mentiras del entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, insistiendo en que los autores de la matanza eran los separatistas vascos de ETA y no islamistas. Los fantasmas del PP El resultado es conocido: José Luis Rodríguez Zapatero, con su ademán tranquilo, transparente y firme en la defensa de los valores del "republicanismo cívico", según la definición del politólogo irlandés y gurú de Zapatero, Philip Pettit. La receta: retirada de las tropas españolas de Irak, ley de matrimonios homosexuales, impulso de una ley de memoria histórica que repare las décadas de olvido y silencio sobre los crímenes del franquismo son contadas las fosas comunes localizadas y los restos de los asesinados entregados a sus familiares , fomento del laicismo, reconocimiento de la pluralidad española, reorientación de la política exterior hacia Europa y América Latina y abandono del seguidismo de Bush, junto al intento de terminar con ETA, último bastión del terrorismo revolucionario en Europa. La gestión de Zapatero es bien valorada por la mayoría de los españoles, aunque en las encuestas el PSOE no ha podido despegarse en estos cuatro años del PP más allá del 4%, esto es, el umbral de error demoscópico. ¿Por qué? El PP ha agitado y sigue agitando los fantasmas que más movilizan a su electorado. El drama es que son los mismos, adaptados a los tiempos que corren, que llevaron hace 70 años a la Guerra Civil. Zapatero negoció con ETA su disolución y el PP le acusó de "hacer genuflexiones" ante los terroristas. El Presidente impulsó la reforma de los estatutos de autonomía, en especial el catalán, para actualizar la cuota de autonomía de las nacionalidades históricas y regiones. Todo esto fue calificado por los dirigentes del Partido Popular como "el principio del desmembramiento de España", y seguido de la convocatoria de múltiples manifestaciones en todo el país a favor de la unidad del Estado y contra la "subasta" nacionalista. Pues bien, frente a ETA, Zapatero sólo hizo lo que antes hicieron todos los presidentes en democracia (Suárez, González y el mismo Aznar, que llegó a calificar al entorno etarra como movimiento vasco de liberación, terminología sólo usada por los propios terroristas). Todas las negociaciones fracasaron, incluida la última impulsada por ZP, pero sólo en este caso el Presidente fue acusado de traición por el principal partido de la oposición. Respecto a las reformas estatutarias, el PP ha impugnado ante el Tribunal Constitucional artículos del Estatuto catalán, mientras votaba a favor de un articulado idéntico en el caso del Estatuto andaluz. ¿Incoherencia? Quizás un poco de desfachatez política hábilmente calificada de solidez y firmeza por la amplia panoplia de medios de comunicación afines a la derecha, lo que se ha llamado "la Brunete mediática", en referencia a la división acorazada más poderosa del Ejército español. Una muela enferma Carles Castro, analista electoral del diario "La Vanguardia" y autor del libro "Relato electoral de España (1977-2007)", comenta a LND que la negociación con ETA "sin duda ha producido desgaste, pero más por una explicación deficiente que por la existencia de alternativas mejores. Los electores sabían que había que intentarlo y que eso siempre será doloroso. El terrorismo es como tener una muela enferma. Nadie se muestra encantado de acudir al dentista, pero todos saben que la única solución es arrancarla y que eso no se produce sin dolor". Efectivamente, Aznar logró la mayoría absoluta el año 2000 tras una negociación fracasada con ETA, que retomó su actividad con varios asesinatos. Quizás aquella vez el gobierno explicó mejor su posición. Y es que el propio Zapatero admite a Philip Pettit en el libro "Examen a Zapatero", que recoge una amplia conversación entre ambos, que quizás el mayor error de su gobierno ha sido que "no siempre hayamos estado acertados a la hora de explicar el sentido de nuestras medidas". El déficit explicativo no se limita a la cuestión territorial o a la negociación con ETA; también a las relaciones con la Iglesia Católica. A pesar de que Zapatero ha respetado el statu quo de la Iglesia en España, lo que permite, entre otras cosas, una financiación muy ventajosa en gran parte a costa del Estado, los obispos más influyentes y más radicales han tomado partido abiertamente en la carrera electoral a favor del PP. Sin embargo, la imagen que ha calado en gran parte de la opinión pública no es la de que la Iglesia se entromete en asuntos políticos, sino que responde a la agresión del gobierno al introducir una asignatura en el currículo escolar que promueve los valores cívicos y constitucionales, entre ellos la separación entre Iglesia y Estado y la igualdad entre las diferentes confesiones religiosas. Algunos obispos españoles no sólo pretenden derogar la ley que regula el matrimonio homosexual, sino que condenan la negociación con ETA obviando el papel de mediador en la sombra que a menudo ha desarrollado la curia en los distintos procesos de tregua y siembran la alarma ante la supuesta "balcanización" de España. Los 15 días de campaña electoral la precampaña empezó hace cuatro años y la única diferencia entre uno y otro proceso es que hasta hace una semana no se podía pedir directamente el voto están siendo aburridos y no han arrancado grandes pasiones. La principal novedad estriba en el descarado bipartidismo que se ha instalado en la arena política. PP y PSOE han ido comiendo terreno a las otras fuerzas políticas del tablero. De hecho, mientras a la izquierda del PSOE aún resisten los ecosocialistas y ex comunistas de Izquierda Unida víctimas de la ley electoral diseñada por franquistas y que prima el voto rural , a la derecha del PP no hay nada, o mejor dicho, está el propio PP. Este partido, según Castro, "agrupa desde el voto de centro-derecha hasta la derecha extrema, y atrae a electores que en otros países votarían a partidos ultras. Para cubrir tan amplio espectro utiliza un discurso poliédrico y ambiguo, echando mano de un tema transversal como el nacionalismo español. Sólo que disfraza ese españolismo de constitucionalismo liberal y de jacobinismo igualitario. De ese modo atrae al votante de derecha radical, pero también puede resultar atractivo para el de centro españolista". Los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos resisten en sus circunscripciones, pero la tendencia bipolarizadora es muy fuerte. También han destacado en la campaña los "patinazos" de los candidatos, que han dado aire a sus adversarios. Primero fue Zapatero cuando, tras una entrevista con el popular presentador Iñaki Gabilondo, creyendo que los micrófonos ya no estaban conectados, comentó que a los socialistas "les conviene que haya tensión". Mientras por el PSOE fue interpretado como un deseo de que sus votantes estén movilizados, por parte del PP se acusó al Presidente de buscar la crispación. Luego llegó la asombrosa declaración a favor de la abstención del secretario de comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, al "Financial Times": "Si podemos sembrar suficientes dudas sobre economía, inmigración, etc., entonces quizá [los votantes socialistas] se quedarán en casa". Y finalmente fue el turno del candidato de los nacionalistas catalanes (CiU, coalición que respaldó en su momento a González y luego a Aznar), Raúl Font, al que, ante la pregunta de si prefieren a Zapatero o Rajoy, no se le ocurrió responder nada mejor que "CiU es una chica dispuesta a irse a la cama con cualquiera". Respecto al duelo programático: nulo. El PSOE ofrece profundizar en las reformas sociales, mantener la paz social fomentando la igualdad hombre-mujer y gestionando la presencia de millones de inmigrantes llegados de todo el mundo, y propiciar una política de vivienda con facilidades para que los jóvenes puedan emanciparse. Frente a eso, el PP pide más policía y reformas al Código Penal (en tiempos del gobierno de Aznarse suprimieron miles de puestos de trabajo en los distintos cuerpos policiales), una rebaja de impuestos y reforzar el papel del Estado frente a las autonomías. Ambos han renunciado de forma explícita a negociar con ETA, mientras la organización armada ha pedido ya la abstención en los comicios al no poder concurrir ninguna de sus marcas blancas electorales. Ante este panorama de calma chicha en el discurso, parece fácil que el deseo del PP se pueda cumplir y no se repita la altísima participación de 2004, con lo que las posibilidades de Zapatero se reducen mucho. Pero a medida que se acerca el 9-M crece el temor entre los sectores progresistas a una victoria del PP, lo que puede favorecer no sólo la participación, sino el voto útil de izquierdas, que recogería el PSOE. Como dice uno de sus eslóganes: "Si tú no vas, ellos vuelven". Lástima de país y de política en el que los partidos piden el voto no a favor de sus ideas y programas, sino contra el adversario. Las dos Españas aún perviven y definen otra vez el horizonte político.