Pensamiento Crítico

Un jesuita defiende los asesinatos de guerrilleros a manos de Uribe

Varios autores | Diario Tiempo y Revista Semana, Colombia. | 23 Marzo 2008
Los recientes escritos de un jesuita, Alfonso Llano Escobar, han escandalizado Colombia. Reivindica el asesinato de Raúl Reyes. Se alegra que haya ocurrido. Dice que no es pecado matar comunistas. Llano escobar no es un cura cualquiera. Exhibe un exuberante currículo: Doctor en Ética Filosófica, Doctor en Moral Médica, Director del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana, Colombia, entre otras perlas. Pero quizás lo más llamativo es que durante muchos años fue denostado por la jerarquía católica colombiana, acusado de izquierdista. Y hoy es el más furioso defensor de la derecha fascista en Colombia, encabezada por Álvaro Uribe. Sobre este tema: «El error fue desestimar el criterio criminal de Uribe» Colombia tiene uno de los mayores ejércitos del mundo El póker de Bogotá «Hoy es posible la reconciliación en Colombia» Los internacionalistas no piden permiso Mexicanos en el campamento de las FARC: nada de qué avergonzarse La vergüenza de Colombia en la OEA «Soy una asesina profesional» Publicamos íntegras las opiniones del jesuita Llano Escobar. El lector puede sacar sus propias conclusiones Tenemos derecho a alegrarnos con la muerte de «Reyes» Por Alfonso Llano Escobar SJ Diario El Tiempo, 10 de marzo de 2008 Abrigo sentimientos encontrados de dolor y satisfacción. Son seres humanos, hijos de la Patria, hijos de Dios, pero siento tener que alegrarme porque los dejen tendidos en medio de la selva. Cuando considero todo el mal que han hecho durante 44 años, no puedo menos de sentir profunda satisfacción con la justicia que los encierra de por vida en las 4 paredes de un calabozo, o los acorrala y rinde en la oscuras tinieblas de la selva, que ellos mismos mancharon con sangre inocente. Tenemos derecho a vivir en paz y, por lo mismo, a eliminar a los enemigos de la paz. No es justo que se pavoneen, como tantas veces lo hizo 'Raúl Reyes' por el territorio nacional y por las embajadas extranjeras, como señores de vida y muerte, del presente y del futuro de niños llorosos y madres desoladas, privadas de sus esposos y sus hijos. Es cierto que son seres humanos, pero su conducta ha sido mil veces inhumana. Es cierto que son hijos de la Patria, pero su conducta ha sido centenares de veces apátrida y vil. Es cierto que son sensibles, pero han sometido a miles de colombianos al dolor absurdo, a la tortura maldita, a la humillación inmerecida. Es cierto que son libres y que recorren el mundo vestidos de saco y corbata, pero han privado de libertad y sometido a vejaciones sin cuento a millares de colombianos libres, honrados y dignos. Es cierto que tienen derecho a la vida, pero han privado de ese precioso derecho a miles de colombianos dignos de vivir en paz que hoy yacen en las tumbas que ellos merecían estar ocupando. Entonces, a pesar de tratarse de seres humanos libres y sensibles, hijos de Dios y de la Patria, con derecho a la vida y a la libertad, y a pesar de sentir dolor por verlos confinados a una prisión ojalá perpetua, o destinados a una muerte segura, todo colombiano por cuyas arterias corra sangre noble no puede menos de alegrarse de que se haga justicia puesto que llevan 44 años haciendo el mal y conculcando todos los derechos humanos y divinos de seres colombianos. Y para allá van, asustados, todos los altos mandos del secretariado de la guerrilla si, enceguecidos, se empecinan en seguir haciendo el mal y desangrando el corazón de la Patria. Cuarenta y cuatro años haciendo el mal conmueven a cielos y tierra, arrancan lágrimas a las mismas piedras, menos a los corazones insensibles de los jefes guerrilleros que les roban las horas el sueño para dedicarse a tramar los males del día siguiente en cómodos campamentos instalados en traidores países vecinos, refugio de terroristas. Por Mal moral entendemos una acción inhumana que causa daño grave a otro ser humano. Y la guerrilla viene causando daños sin cuento a millones de colombianos, más exactamente a todos, ya que nadie se libra de sus tentáculos mortíferos. Piense en tres casos de grave daño moral: el asesinato, el secuestro y la corrupción de menores. Veamos. Privar de la vida, con frecuencia, previas la tortura y la humillación, a un ser humano es delito grave que, en justicia del Talión, merecería ser privado igualmente del derecho a la vida. Piense en la cadena de lágrimas y desgracias vinculadas a la privación de la vida de un ser humano. El secuestro se encuentra entre los delitos múltiples más graves de la humanidad: privar de la libertad a un ser humano libre e inocente, por días, meses y años -que se hacen siglos-, cobrar ingentes e injustas sumas de dinero, someter a trotes, pésimas condiciones de dormida y alimentación, vejaciones sin cuento y, la peor de todas, estar continuamente expuesto a una muerte sangrienta y desprevenida. Finalmente, a mi juicio el mayor de todos los males, la corrupción de una conciencia inocente: iniciar en el mal a un adolescente para que siga haciendo el mal por toda la vida. Por todo ello, no podemos menos de sufrir, pero de alegrarnos a la vez, de que se haga justicia, al menos con unos cuantos de sus jefes. «Matar comunistas no es pecado» Por Alfonso Llano Escobar, S. J. Diario El Tiempo, 17 de marzo. "Intelligenti, pauca", adagio latino que suele traducirse por "A buen entendedor, pocas palabras". Fui explícito en mi artículo de marras que, ante la muerte de ‘Raúl Reyes’, experimentaba un doble sentimiento: como cristiano, sentía profundo dolor, pero, como todo colombiano bien nacido [elitismo], no podía menos de complacerme con la justicia que se había practicado. De sobra que unos cuantos desteñidos habrían corregido al Maestro cuando comentó, a propósito del suicidio de Judas: "Más le valiera no haber nacido". ¡Qué falta de consideración con el pobre Judas! Por qué ese prurito de exagerar un lapsus linguae involuntario para hacerle decir a uno más de lo que quiso decir, y no prestar atención al dolor que expresé por la muerte de ‘Reyes’. Pero no. Tenían que saltar al ruedo algunos defensores del asesino [defensores de la vida padre Llano, opositores de la Iglesia y su pobre filosofía de miedo, tortura y muerte] para rasgarse las vestiduras clamando por que el padre Llano se alegraba ("¿al máximo?", mayúsculo error de lectura) con la muerte de un cristiano. Y nada les dice que sentí profundo dolor. Tienen que hacerme decir lo que no quise decir, para justificar su farisaico reclamo. Como si no se hubieran alegrado, también ellos, con la noticia de la muerte de un enemigo de la Patria. Seamos sinceros o, de lo contrario, no vamos a ninguna parte. Aquí lo que nos falta es sinceridad y no andar con tantas aguas tibias que no van a la mar. Al pan, pan, y al asesino el castigo. De la impunidad no se sigue la paz sino el incremento del crimen. Ya con motivo de la condena de Jesús, sentenció Caifás: "Conviene que uno muera por todo el pueblo y no que toda la nación sea destruida". Juan 11,50. Ya san Ignacio de Loyola, mi santo fundador, dio un consejo muy sabio: cuando hay duda sobre la frase de un amigo, hay que hacer todo lo posible por salvar el sentido correcto que quiso decir y no agravar su sentido para echar a perder a ambos: la frase y el amigo. Pero no, quién dijo miedo. Aquí tienen que callarse el sentido profundo de mi frase, sentir dolor por la muerte del asesino y meter el dedo en la llaga de la frase imprecisa (el lapsus linguae), alegrarme de que se haya hecho justicia, para decir que me alegro al máximo de ver correr sangre asesina. No estoy exacerbando los ánimos; todo lo contrario. Quien me ha leído durante cuarenta años sabe que no busco otra cosa que creer en Jesucristo y tratar de servirle amando a todos, aun a mis enemigos. Hay que buscar la paz por todos los medios lícitos. Vivo invitando a la paz y al diálogo, pero cuando el enemigo rechaza tercamente el diálogo y se empecina en matar y destruir, el gobernante (con un 84 por ciento de favoritismo) tiene que recurrir a las armas para eliminar a quien se empecina en acabar impávidamente con el país. O, si no, ¿qué está diciendo este respaldo del 84 por ciento sino que ante un ataque aleve y mortal hay que recurrir a la legítima defensa? Quede pues claro: no quiero la guerra. Pero si el enemigo recurre a las armas, se puede predecir que caerá bajo el peso de las armas. Fue el Maestro quien le recordó a Pedro, que sacaba el arma para defenderlo: "El que a hierro mata, a hierro muere". Que conste: no quiero la guerra, no me alegro con la muerte de ‘Reyes’. Siento profundo dolor por él y por todos los que caen de ambos lados. Pero soy franco y sincero: no puedo menos de alegrarme por la Patria, que no es una idea bonita, sino que somos todos los colombianos, de carne y hueso, sobre los que cae la espada de Damocles. Y que no salten al ruedo más defensores de ‘Reyes’. ¡Da lástima oírlos llorar por un asesino que cayó justamente herido de muerte por la justicia y ver que no derraman una lágrima por el millar de inocentes víctimas que ultimó alevemente y otros tantos que se aprestaba a eliminar! ¿Usted de verdad se alegró con la muerte de Raúl Reyes? Por María Isabel Rueda Revista Semana Entrevista al jesuita Alfonso Llano Escobar RUEDA: ¿A qué horas estos días de meditación de Semana Santa se nos convirtieron en un rumbeadero? LLANO: Desde hace unos 30 ó 40 años con un fenómeno que se llama la secularización, que en Europa y otros países sucedió hace mucho tiempo, pero que a Colombia entró tardíamente. Por secularización debe entenderse un proceso en el que el Estado y la persona se desprenden de la religión y de la metafísica y desarrollan su propia autonomía. Eso puesto en la práctica ha abierto la libertad de cultos, la libertad de pensamiento. Estas son posiciones positivas, pero con aspectos negativos como descuidar un poco la religión, la Semana Santa, los sacramentos… RUEDA: ¿No han influido mucho en la disminución de la devoción católica los escándalos de pederastia en la Iglesia? LLANO: No lo dude. La Iglesia sufre tremendamente de ver a sus hijos metidos en esas desviaciones. Pero esa debilidad o fragilidad existe en todos los seres humanos y los sacerdotes, que también lo somos, pues tenemos las mismas fragilidades, cuando deberíamos obrar mucho mejor que otras personas. RUEDA: ¿Actitudes de este Papa como la de volver a oficiar la misa de espaldas a los fieles, no conlleva un mensaje de retroceso? LLANO: Ahí hay una desfiguración, no suya sino de la prensa, que acentuó algo que es absolutamente secundario y marginal. Lo hizo como un gesto de benevolencia con un grupo minoritario, los seguidores del obispo famoso Lefevre, que son muy fundamentalistas. El Papa, por darles gusto, y evitar que esos 700.000 cristianos se retiren, pues en una parte muy pequeñita de la misa se puso de espaldas. Eso no quiere decir que vamos a volver a esa práctica. RUEDA: ¿Está de acuerdo con los nuevos pecados mortales? LLANO: Ellos obedecen a nuevas situaciones, nuevos contextos. Al cambiar los hechos y el contexto surgen nuevas situaciones, pero en el fondo yo diría que el pecado es el mismo: una actuación relativamente libre contra el medio ambiente, la persona, la sociedad o contra uno mismo. Pero cuando la materia sobre la que se aplican va variando, pues aumentan los pecados. RUEDA: ¿Usted también dejó de creer en el infierno? LLANO: Eso responde a algo muy de fondo que existe en todo ser humano, católico o no católico. Una conducta en la vida es ambivalente: es buena o es mala. Hay éxito o hay fracaso. Cuando se aplica ya a la realización definitiva, al final de la existencia, se puede decir que uno o triunfa y tiene éxito, o fracasa. Lo dijo bellamente Shakespeare: "To be or not to be, that is the question". Ser o no ser: la existencia es ese dilema. Y ese dilema en la Iglesia católica se ha concretado en dos verdades que son el cielo, que es realizarse uno y triunfar, o condenarse, que es frustrarse. Lo que Juan Pablo II determinó, y eso es bien importante, es que ni el cielo ni el infierno ocupan un lugar. No se les puede ubicar ni arriba ni abajo. Pero no dijo en ningún momento, y no podía decirlo, que no existe la felicidad eterna o la frustración eterna. RUEDA: Hablemos de su libro, que está a punto de salir a circulación, a finales de abril, en la feria del libro. ¿Ya le levantaron el veto que le habían impuesto las jerarquías de la Iglesia? LLANO: Sí. Ya me lo levantaron. Como ya estoy terminando mi vida, tengo 83 años, se me ocurrió darle gracias a Dios por todo lo que he recibido, que ha sido muchísimo. He venido escribiendo hace siete años ese libro que es una confesión de fe. El título del libro es Confesión de fe crítica. Se le añadió la palabra "crítica" porque la fe suele ser sencilla o ingenua como la fe del carbonero o la fe elaborada, más trabajada, más cuestionadora, que es la crítica. Por eso mi libro tiene dos partes: la primera, mi fe sencilla durante 40 años, y luego con los viajes, las lecturas, los estudios, se volvió una fe más prudente, aplicando los consejos del apóstol San Pedro que dice que debemos estar preparados para dar respuestas sensatas y fundadas acerca de la fe, cuando nos pregunten. Eso es lo que pretende el libro. RUEDA: ¿Le tocó corregir cositas? LLANO: El superior señaló a dos lectores, ambos teólogos y profesores de la Universidad Javeriana. Con ellos dos durante seis meses fuimos leyendo, puntualizando, porque en un libro tan denso y que se ocupa de todas las verdades de la fe no es raro que haya puntos oscuros que necesiten precisión, aclaración o corrección. Ellos dicen que el libro no tiene errores en la fe, lo cual es una afirmación para mí importantísima. Hay frases que desconciertan o asustan porque son formulaciones nuevas. RUEDA: Para terminar, tengo que preguntarle sobre las críticas de las que ha sido objeto por haber escrito en su columna de 'El Tiempo' que se alegraba por la muerte de Raúl Reyes. Le confieso que a mí también me golpeó su lectura. Le han caído durísimo columnistas como Daniel Samper, Ramiro Bejarano y D'artagnan… LLANO: A mí me malinterpretaron. El hecho es complejo y se presta a diversos matices. La muerte de un hombre de estos como la de cualquier ser humano debe causar dolor. Pero si esa persona causaba mucho daño obviamente que los sentimientos son encontrados, y ambos pueden darse: un dolor profundo por la muerte de un ser humano, y a la vez una satisfacción por vernos libres del peligro. RUEDA: Alguno de esos columnistas incluso dijo que usted tenía un "talante vengativo". ¿Lo tiene, padre Llano? LLANO: Mire lo curioso. No entendieron lo que es la ley del Talión. Falta un poquito de erudición. Talión no es un rey sino una ley que pretende que la pena sea proporcional al daño causado. Incluso ella constituye una mitigación de la ley anterior que era muy cruel. La ley se le debe a Amurabi, rey de Babilonia, en el siglo XVIII a. de C. Póngase a pensar. Hace ya como 38 siglos. Ese señor mitigó la crueldad y la venganza que se venía practicando con personas culpables. La ley del Talión lo que quiere decir es apartar la venganza y aceptar la justicia. RUEDA: ¿O sea que la muerte de Raúl Reyes, según usted, fue proporcional al daño que venía infligiendo? LLANO: Mucho más suave. Ni siquiera se cumplió la ley del Talión. Fue una sanción muy suave en relación con lo que él había hecho, matar a centenares de personas y solamente se le eliminó la vida. Ahora le aclaro: no soy ni amigo de la guerra ni de la venganza, en absoluto. Ni partidario de la pena de muerte. Lo que no han entendido es que si en un primer momento uno está a favor del diálogo, del amor, del perdón, esa posición se puede modificar en un momento dado porque si esa persona está atentando contra mi vida, tengo el derecho de defenderme con la muerte de mi adversario. Eso siempre lo ha dicho la Iglesia en 20 siglos y no ha cambiado. Es lo que se conoce como "legítima defensa". Ahora, si el Estado, que lleva la vocería del pueblo, ve que los guerrilleros están atacando a los particulares o al país entero, debe defender a los ciudadanos atacando al otro, ejerciendo la legítima defensa. RUEDA: Uno ve la posibilidad de que un ciudadano cualquiera se alegre por la muerte de Raúl Reyes. Pero sí llama la atención que lo haga un sacerdote… LLANO: Sí, claro. El uso de las palabras es importantísimo, sobre todo si da pie para una frase escandalosa. El Tiempo me cambió el título, que era '44 años haciendo el mal' a 'tenemos derecho a alegrarnos con la muerte de Reyes'. Esa frase es muy dura. Si la dije fue un lapsus linguae. No quiero alegrarme con la muerte de él sino con la consecuencia de su muerte, que es verme libre de un enemigo, y eso lo estamos sintiendo todos los colombianos sensatos. RUEDA: El lunes pasado usted volvió sobre el tema, reiterando en su columna que "tenemos derecho a eliminar a los enemigos de la paz". ¿Eliminar es matar? LLANO: Yo pregunto: ¿hay derecho a la guerra? RUEDA: Pues el Estado está obligado a hacer uso de su fuerza legítima para defender a los ciudadanos. LLANO: Yo primero recurro a los medios de la paz. Al diálogo. Pero si eso no funciona, y si el otro lleva 44 años empeñado en acabar con el Estado, ¿no será que éste tiene derecho a defenderse? Esa es mi tesis. Lo curioso es que en este momento personas un poquito alejadas de Dios -y lo digo con mucho cariño, porque aprecio enormemente a Samper, a Julio Sánchez, a D'artagnan- se volvieron ahora tan católicos…Lo curioso es que no es para practicar en Semana Santa el catolicismo, que ojalá lo hicieran, sino para exigirle al padre Llano que lo practique. ¿Ve lo curioso? Se puede ejercer la legítima defensa, como lo acabamos de hablar tan claramente, pero ellos quieren que no. Que el Estado en todo momento agache la cabeza. Que perdone. Eso ni Jesucristo. Jesús dijo que había que poner la otra mejilla. Pero cuando a él lo abofeteó su verdugo se defendió diciendo: "Si he hablado mal, dime en qué. Y si he hecho el bien, por qué me hieres?". Esa frase es violenta, pero violencia espiritual de la más bella que puede existir. RUEDA: ¿Sus jerarquías le jalaron las orejas por la polémica columna? LLANO: Tengo excelentes relaciones con el arzobispo y con el presidente de la Conferencia Episcopal. Ninguno de los dos me ha dicho nada. Ambos hicieron la semana pasada unas entrevistas maravillosas que leí cuidadosamente y respondieron con mucha prudencia y sensatez.