Pensamiento Crítico

Todo Irak quedó bañado en sangre

None | 24 Febrero 2006

En la localidad de Nahraua, al norte de Bagdad, un grupo de hombres armados detuvo en un falso control policial a tres autocares en los que viajaban 47 personas que había participado antes en una marcha de protesta en la ciudad de Kenaan contra la destrucción del santuario chiíta de Samarra. Fueron arrancados de sus automóviles y asesinados. Sus cuerpos quedaron en una zanja al lado del camino. Los asaltantes los asesinaron a todos, tras obligarlos a descender de los vehículos. Según la policía, entre las víctimas había sunís y shiís.

La escalada y la intensidad de la violencia se parecen cada vez más al Líbano al comienzo de su sangrienta guerra civil hace 30 años. En Baquba, la explosión de un carro bomba al paso de una patrulla iraquí mató a 16 personas, entre militares y civiles. El peligro fue subrayado cuando el influyente clérigo chiíta Muqtada al Sadr, que en el pasado incitara a actos violentos, llamara ayer a la paz a las dos partes.

El número de muertos en el círculo de violencia desatada por la voladura de la Mezquita Dorada en Samarra fue creciendo, ayer, minuto a minuto. Se sabe que más de 130 personas murieron en asesinatos en represalias a manos de los chiítas y los sunnitas, pero las cifras verdaderas seguramente son mucho más altas. La Asociación Clerical Sunnita de Académicos Musulmanes militantes dijo que 160 mezquitas habían sido atacadas, 10 imanes muertos y 15 secuestrados. Mientras la violencia alcanzaba un nuevo crescendo, entre los que murieron se encontraba una corresponsal de la televisión al Arabiya y dos miembros de su equipo fueron apresados por hombres armados cuando estaban entrevistando a gente en la multitud en Samarra. Durante la noche, 12 prisioneros fueron sacados de una prisión en Basora y once de ellos muertos. En total, se sabe que 25 personas murieron en esta ciudad principalmente chiíta. En Baba, al norte de Bagdad, una bomba dirigida a una patrulla del ejército mató a 16 personas, incluyendo ocho soldados y ocho civiles.

Un factor preocupante en la actual ola de violencia es que los asesinos sectarios frecuentemente están vestidos o bien con uniformes de policía o del ejército o realmente son soldados o policías. Esto significa que tanto los chiítas como los sunnitas se verán obligados a confiar la seguridad a sus propias poderosas milicias. Esto marca una nueva etapa en la desintegración del gobierno iraquí.

El gobierno está buscando restaurar el orden extendiendo el toque de queda en Bagdad –donde por lo menos 53 personas murieron– y en Salahudin, al norte de Bagdad. Clausuró el camino afuera de Abu Hanifa, la mezquita sunnita más importante de Bagdad. La Asociación de Clérigos Musulmanes Sunnitas no sonaba arrepentida ayer sobre el ataque en Samarra diciendo que señalaba "el dedo de la culpa a ciertas autoridades religiosas por llamar a manifestarse". Esto enojará a los chiítas, que dicen que los sunnitas nunca aceptaron que hay tres árabes chiítas en Irak por cada árabe sunnita y que, después de Saddam, son los chiítas los que gobiernan.

El secuestro y la ejecución, cuidadosamente planificados, de 47 personas que regresaban de una manifestación contra la explosión de Samarra es un mal augurio para el futuro. Los hombres armados, que seguramente son insurgentes salafitas –fundamentalistas sunnitas que consideran a los chiítas como herejes que merecen la muerte–, habían establecido un puesto de control a la salida de Kenaan para atrapar a los manifestantes que volvían a sus casas. Los cuerpos, en su mayoría de hombres jóvenes, fueron encontrados cerca del pueblo de Nahrawan, donde ya existe una historia de hostilidad entre chiítas y sunnitas. También es un mal presagio el hecho de que los asesinatos sectarios tengan lugar en todo el país, aunque se conocen sólo las cifras de los que murieron en las ciudades principales.

Una medida del grado de violencia en Irak es que siete soldados estadounidenses hayan muerto por bombas al lado del camino, el miércoles, en una lucha separada entre la resistencia y la ocupación de Estados Unidos. Aunque la presencia de 130.000 tropas estadounidenses a veces es justificada diciendo que están evitando una guerra civil, no resulta claro qué pueden hacer para evitarla. Los líderes políticos sunnitas se han retirado de las conversaciones para formar un gobierno de unidad nacional, acusando a los líderes chiítas de apoyar los ataques a las mezquitas sunnitas. También hicieron una extraordinaria crítica pública al Gran Ayatolá Ali al Sistani, diciendo que había alimentado la violencia al llamar a manifestarse después de la explosión de Samarra.

El Frente del Consenso iraquí, la mayor alianza sunnita, dijo que quería una disculpa de los líderes chiítas. Es improbable que la reciban y puede ser que los líderes religiosos chiítas, que han evitado las represalias después de previas atrocidades contra su gente, no querrán o no podrán frenarlos. "Estamos suspendiendo nuestra participación en las negociaciones sobre el gobierno con la Alianza chiíta", dijo Tareq al Hashemi, un alto miembro de Frente del Consenso. Estados Unidos y los kurdos han estado tratando de crear un gobierno de unidad nacional, pero los chiítas sospechan, con buenas razones, que su objetivo es simplemente evitar que los chiítas ganen el control total del gobierno, incluyendo los ministerios de Interior y Defensa.

No hay motivo para creer que un gobierno de "unidad nacional" tendrá algún impacto en la resistencia armada sunnita. La influencia de los partidos políticos sunnitas sobre los insurgentes, algunos de los cuales condenaron la participación en las últimas elecciones del 15 de diciembre, es, en todo caso, pequeña. La sangría de los últimos dos días también es probable que fortalezca las milicias y debilite al ejército y a la policía.

Alcances de un término

Por Claudio Uriarte, diario Página/12, Buenos Aires

¿Guerra civil en Irak? Para que haya alguna en cualquier país, se sabe, hace falta una fractura del ejército. Eso es porque solamente el ejército dispone de la cantidad de armas suficientes para que un enfrentamiento entre civiles adquiera el estatuto de guerra. En Irak, la excepción se aplica. Primero, porque el ejército y las fuerzas policiales, aunque crecientes, son patéticamente débiles frente al desafío planteado por los distintos grupos armados. Segundo, eso es en gran parte debido a que Estados Unidos se ocupó involuntariamente de armar a estos grupos mediante el desaguisado de disolver el viejo ejército iraquí de Saddam Hussein, por lo tanto empujando a las calles y cayendo en disfavor con cientos de miles de hombres armados y con experiencia militar, que formarían el primer núcleo de la resistencia, cuando, a fines de una purificación política, hubiera bastado con remover del mando a cualquiera por encima del rango de coronel, ganándose por lo pronto el eterno reconocimiento de los coroneles (rápidamente promovidos a generales) y de sus subalternos (también promovidos a rangos más altos). El resultado es que Irak es un país donde prácticamente todo el mundo está armado y donde las festividades se celebran con la imprudente práctica de disparar tiros al aire.

Pero, ¿guerra civil en Irak? El atentado de anteayer contra la Mezquita Dorada de Samarra, es cierto, tiene todas las características de una incitación en esa perspectiva. También tiene todas las huellas digitales de los grupos afiliados o cercanos a Al Qaida, en el sentido de promover el odio interreligioso e intersectario y tratar de afirmar su propia posición en el caos emergente. Recuérdese, por ejemplo, un sacrilegio muy similar, cuando los talibanes del Afganistán ocupado por Al Qaida destruyeron por medios militares, para consternación de todo el mundo civilizado, las gigantescas estatuas de dos budas (en hornacinas) que databan del siglo XV. Pero para la guerra, como para el tango, se necesitan dos, y en este sentido sería raro que los líderes de la mayoría chiíta se dejen arrastrar a un baño de sangre sin sentido cuando tienen todas las de ganar (es decir, el poder sobre la mayoría de Irak) cuando los norteamericanos se vayan. En esta línea hay que interpretar el llamado de ayer del clérigo chiíta radicalizado Moqtada al Sadr para que ambos lados cesen la violencia y prevalezca la calma. Pero, también es cierto, la paciencia tiene un límite y, desde hace al menos un año, los atentados terroristas son tanto contra los ocupantes norteamericanos como contra las mayorías que heredarán el país.

Violencia mata sueño de unidad

Por Mohammed A. Salih

Arbil, Iraq, (IPS) – El atentado contra una mezquita chiita en Iraq y la consecuente ola de asesinatos y ataques contra lugares sagrados sunitas terminaron por derrumbar los sueños de reconciliación nacional bajo un gobierno que represente a todos los sectores.

La ola de violencia terminó de socavar las negociaciones entre los diferentes sectores para la formación de un gobierno de coalición, estancadas desde hace tres meses. En las elecciones celebradas el 15 de diciembre pasado, la chiita Alianza Iraquí Unida (AIU) obtuvo 129 bancas, los partidos kurdos se quedaron con 53, el Frente para el Acuerdo Iraquí (FAI), conformado por los principales partidos sunitas, con 44, y la lista secular del ex primer ministro Ayad Allawi con 25.

Los resultados hacían imposible que cualquier partido por sí sola formara un gobierno, por lo que se hizo imperiosa la búsqueda de acuerdos para obtener una mayoría de dos tercios en el parlamento.

La mayoría de los 26 millones de iraquíes son chiitas (62 por ciento), la población hegemónica en el sur, mientras en el centro predominan los sunitas (35 por ciento), rama islámica dominante en el mundo árabe, y que constituyó la elite del régimen de Saddam Hussein (1979-2003).

En cuanto a la composición étnica de la población, los árabes constituyen las tres cuartas partes, mientras los kurdos, la mayoría de los cuales profesan el Islam sunita, suman 20 por ciento. La comunidad kurda es mayoritaria en el norte, pese a la campaña de limpieza étnica implementada allí por Saddam Hussein

La semana pasada, la AIU oficialmente postuló al primer ministro Ibrahim Al Jafari para un segundo período, una noticia que impactó en todo el espectro político. Al Jafari ha sido acusado de ineficiencia en más de una ocasión por otros partidos y por observadores internacionales.

"En el último año, Al Jafari no respetó mucho la constitución interina y no tuvo un buen desempeño. Por eso, los chiitas debieron haber elegido a alguien más popular", sostuvo el analista Sarhang Hamid Barzinji, profesor en el Colegio de Derecho y Ciencia Política de la septentrional ciudad de Arbil.

A comienzos de este mes, el embajador de Estados Unidos en Iraq, Zalmay Khalilzad, advirtió al bloque chiita que si elegía a un líder demasiado cercano a Irán, Washington podía suspender su ayuda. Al Jafari es conocido por sus estrechos vínculos con clérigos de Teherán.

La nominación de Al Jafari fue sorpresiva, ya que muchos tenían esperanzas de que fuera postulado su rival en la coalición chiita, el moderado Adel Abdul Mahdi. Incluso circularon rumores de una posible alianza entre kurdos, árabes sunitas y la lista de Allawi para oponerse a Mahdi. Pero Azad Jundiyani, jefe de la oficina de prensa de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), partido del saliente presidente iraquí Jalal Talabani, rechazó estas versiones.

"No hay tal plan para crear una coalición contra la AIU. Estamos tratando de unir a todas las listas en un programa político unificado y adoptar mecanismos para crear el nuevo gobierno", dijo Jundiyani a IPS.

Pero aún hay grandes obstáculos en el camino. Los chiitas quieren que el futuro parlamento introduzca un artículo en la constitución que les permita crear regiones con mayor autonomía en el sur. Por su parte, los sunitas acusan al Ministerio del Interior, dominado por chiitas, de realizar redadas contra la población por motivos religiosos y políticos y de haber matado a cientos de los suyos. Por eso piden que los ministerios de Defensa e Interior sean administrados por políticos que no integren la AIU.

Mientras, los líderes kurdos exigen como principal condición para participar del gobierno la devolución de la ciudad de Kirkuk, rica en petróleo, a la región autónoma kurda en el norte del país. Pocos días después del anuncio de los resultados electorales, los partidos sunitas unieron fuerzas con Allawi para crear el segundo bloque parlamentario más grande, con 80 escaños. Pero observadores señalan que esto no afectará la posición kurda en el nuevo gobierno. "De hecho, kurdos y chiitas han mantenido contactos antes, y parecen querer saltar sobre las demás listas para crear el nuevo gobierno", dijo Barzinji.

Los políticos de línea dura en la AIU, leales al clérigo radical chiita Muqtada al Sadr, expresaron su rechazo a participar de cualquier gobierno con Allawi en el futuro.

La actual tensión, agravada por la violencia, podría hacer que las negociaciones se extiendan por meses. Muchos temen graves consecuencias políticas y sociales si el nuevo gobierno no representa a todos los sectores del país. "Si el futuro gobierno no es inclusivo y de base amplia, que cumpla con la constitución, entonces estallará una guerra civil", alertó Barzinji.