Pensamiento Crítico

Ex vocero de la Casa Blanca desnuda a Bush

Por E. S. | La Nación Domingo, de Chile (Washington). | 01 Junio 2008
Scott McClellan, ex secretario de Prensa y amigo de la familia del Presidente, publicó un libro donde desnuda las mentiras y la incompetencia de su antiguo jefe. Sus revelaciones causaron ira en la administración, que salió a responderle como una mafia defendiéndose de un soplón. Ser secretario de Prensa, especialmente en la Casa Blanca, es un trabajo duro e ingrato. No se trata sólo de decir lo que el jefe quiere que se diga. Hay que ser un equilibrista, tener cara de palo y saber dejar contenta a la prensa, que quiere saber lo que pasa, y al Presidente, que no quiere que se sepa. Pero además se requiere de mucho valor para hacerle ver al Presidente dónde está mal; que tal cosa no se puede decir porque no es cierta, por ejemplo, o porque no corresponde en ese momento. Nada de esto pudo hacer Scott McClellan, ex secretario de Prensa de George W. Bush y autor de un explosivo libro que saldrá a la venta esta semana: "What Happened: Inside the Bush White House and Washington’s Culture of Deception". El libro, que tiene enfermos de los nervios a Bush y a sus colaboradores Dick Cheney, Karl Rove, Donald Rumsfeld y el resto , es una terrible confesión de sus propias culpas. De cómo se dedicó a engañar a la prensa durante los tres años (2003-2006) en que se paró, casi a diario, en el podio frente a los periodistas de la Casa Blanca. Nadie ha olvidado la cara sonrosada y amable de McClellan tratando de ser lo menos agresivo posible; una sonrisa amistosa, un hombre joven que caía bien. Nadie ha olvidado, tampoco, su voz educada garantizando que había armas de destrucción masiva en Irak; que la guerra era impostergable; que la información sobre los terroristas y las armas era de primera calidad; que los consejeros políticos de Bush y del vicepresidente eran todos personas rectas, que jamás le mentirían al país, y que ni Bush ni Cheney ni Lewis "Scooter" Lobby jefe de gabinete del anterior tuvieron parte en la filtración a la prensa del nombre de Valerie Plame, la ex agente de la CIA y esposa del embajador Joe Wilson. También engañado El libro es una verdadera vuelta en el aire. McClellan, por su propia boca, dice ahora, justamente lo contrario. Uno a uno va desenmascarando las mentiras, engaños e informaciones falsas que la Casa Blanca entregó, a través suyo, durante su gestión. Por ejemplo: "Uno de los desastres más grandes en la historia de nuestra nación se convirtió en el desastre más grande de la Presidencia de Bush. Katrina y la pésima respuesta federal definirían el segundo período de la administración. La percepción de esta catástrofe fue empeorada por decisiones anteriores del Presidente, incluyendo, sobre todo, no haber sido abierto y verdadero en el asunto de Irak, declarando una guerra y yendo a la misma con la preparación inadecuada". En otra parte, McClellan advierte que se debió haber ido a la guerra con Irak "sólo en caso de que ello fuera necesario, pero no lo era". Y sobre la manera con que Bush lidiaba con la guerra, dice: "No hacía más que probar su incompetencia". Recuerda que cuando el periodista Tim Russert, del programa "Meet the press", le preguntó si ésta era una guerra de "opción" o de "necesidad", el Presidente no supo qué contestar. Y cuando McClellan volvió a la Casa Blanca, dos días más tarde, le preguntó a su jefe: "¿Qué cree usted que Russert quiso decir con esa pregunta?". Entonces, el Presidente se quedó mirándolo, atónito, y sólo logró balbucear algunas palabras. Ahí se dio cuenta de que Bush tampoco sabía, y que ni siquiera fue capaz de entender la pregunta. "Era obvio que no le había dado ni un minuto de reflexión al asunto". El ex vocero afirma que algunas de sus propias mentiras a la prensa, desde ese podio, las dijo porque él mismo fue engañado. Cuando se filtró el nombre de la agente de la CIA a la prensa, le preguntó personalmente a Rove y Lobby si tenían algo que ver con el asunto, y ambos le dijeron categóricamente que no. Después se dio cuenta de que le habían mentido. En los casi ocho años de este gobierno, varias personas han contado intimidades de la administración luego de trabajar en la Casa Blanca y renunciar o ser despedidos. Pero este libro tiene una relevancia distinta. McClellan es amigo de Bush desde que éste era gobernador de Texas, y sus familias también son amigas. Él llegó a la Casa Blanca en cuanto Bush asumió, formó parte de su círculo más cercano y siempre fue uno de sus más leales colaboradores. El día en que dejó su puesto, hace dos años, Bush lo despidió en el jardín de la Casa Blanca y dijo, frente a las cámaras: "Estoy seguro de que dentro de unos años, mi amigo Scott y yo estaremos sentados en nuestras sillas de balanza recordando los viejos tiempos". Lo que es seguro, hoy, es que eso no va a pasar. Perplejidad en Pennsylvania Avenue La reacción de la Casa Blanca fue inmediata y feroz. Como si se hubieran puesto todos de acuerdo para decir lo mismo, con las mismas palabras. Como una verdadera mafia defendiéndose de un soplón. En cuanto se supo del libro, Dan Bartlett, consejero de Bush; Karl Rove, arquitecto del régimen; Ari Fleicher, ex portavoz, y Dana Perino, la secretaria de Prensa actual, aparecieron casi al mismo tiempo, en distintos canales de televisión, usando exactamente las mismas palabras: "Crap" [porquería], "esto es muy triste", "parece una experiencia fuera del cuerpo", "este no es el Scott que conocíamos", o "estamos perplejos". Y Bush dijo que tenía cosas más importantes que hacer que hablar de un libro, pero estaba "perplejo, triste y desilusionado". Rove, en tanto, agregó que McClellan no podía saber nada de lo que afirma porque "no formaba parte del círculo íntimo del Presidente". Los comentaristas políticos echaron el grito al cielo: ¿acaso el Presidente había nombrado a una persona fuera de su círculo para que informara al pueblo de lo que ocurría dentro de ese círculo? ¿Qué clase de transparencia era esa? Entrevistado en el programa "Today", el propio McClellan explicó que su única intención había sido ayudar a un cambio en la política en Washington D.C.: "Para mí es importante sacar una lección de lo que fueron esos años en la Casa Blanca, entender lo que pasó. En 1999, cuando empecé a trabajar con Bush, lo hice con el firme propósito de hacer un aporte al cambio, a la transparencia, a la unión, y luego me encuentro con que yo mismo fui engañado y me hicieron engañar al pueblo norteamericano. Yo me culpo de haber ido a ese podio a decir cosas que no eran ciertas. Soy leal a Bush, siempre lo seré, pero antes que a él soy leal a mis principios".