Pensamiento Crítico

Argentina: guerra de malos contra peores

Por Ximena Pascutti | La Nación Domingo, Chile. | 22 Junio 2008
A los cortes de ruta se sumaron la semana pasada los cacerolazos de la clase alta, alzas del 50% en el precio de los alimentos básicos y hasta un muerto durante un acto oficialista. Pero a tres meses de iniciada la puja, los argentinos siguen enojados y nadie parece dispuesto a ceder. Si algo aprendieron los argentinos en los últimos años, es que las cacerolas sirven para hacer ruido además de sopas. Y para abollar la paciencia de los gobiernos. La ya emblemática protesta de la clase media trasandina rechinó una vez más, la semana pasada, en los barrios acomodados de Buenos Aires en apoyo al paro rural que mantuvo paralizado al país con más de 30 cortes de rutas. El objetivo: seguir quejándose de las retenciones móviles impuestas a fines de marzo por el Gobierno de Cristina Fernández a la exportación de granos. Y también quejarse de Cristina Fernández, a secas. Es que el enojo crece como mancha venenosa en los noticiarios y en los diarios, en las plazas y en los bares, donde el tema ya tiene ribetes de debate histórico. Los argentinos están peleados y el consenso no llega. "Con los piquetes de la abundancia quieren un golpe de Estado, derribar al Gobierno como en 1930, 1955 y 1976", arguyen de un lado. "En una democracia real los temas se debaten en el Congreso, están arruinando a los que producen la comida de todos los argentinos", replican del otro. Lo cierto es que el conflicto que hace tres meses mantiene jaqueado al país, no escatima en dramas reales ni golpes de efecto: a los cacerolazos top en las grandes ciudades, las góndolas de supermercados vacías y los aumentos del 50% en el precio de los productos básicos, como las harinas y los aceites de cocina, se sumaron en estos días las impactantes imágenes televisadas de litros de leche desechada en las rutas y el desabastecimiento de combustible en gran parte del territorio. "El país está en hibernación, en coma", diagnosticó el jefe de Gobierno porteño, el opositor Mauricio Macri. La puja tuvo uno de sus picos máximos de tensión el miércoles, cuando las noticias anunciaron la muerte de un militante kirchnerista de 21 años durante los preparativos del acto en apoyo a Cristina Fernández en la histórica Plaza de Mayo, por una farola floja que se desplomó sobre él. Pero en la lucha de malos contra peores, ni eso pareció conmover. Egos cruzados "Va creciendo la percepción de un enfrentamiento interior-Buenos Aires, a medida que se desarrolla el conflicto del campo. Si bien los dirigentes de las entidades han sido acusados por el Gobierno de violar la ley de abastecimiento y algunos de ellos han sido denunciados por el supuesto delito de sedición, parecen decididos a mantener la protesta, más allá de las diferencias sobre cómo continuarla", expresa el analista y sociólogo Rosendo Fraga. Los sondeos del Centro Nueva Mayoría, que él dirige, muestran que si bien gran parte de los argentinos quiere que el conflicto se solucione, hay cinco personas que apoyan la protesta del campo por cada tres que están a favor del Gobierno. Una paradoja en un país donde las heladeras se están quedando vacías. "Vamos por todo", "Les vamos a enseñar a legislar", eran algunas de las frases que se repetían con orgullo patriótico entre los dirigentes rurales emblemáticos apostados en las rutas, como Alfredo de Angelis, de la localidad entrerriana de Gualeguaychú, que se despachó incluso con un insólito "hay que disolver el Congreso". A la Jefa de Estado, tal envalentonamiento no le gustó nada. El miércoles 18 contestó con un acto multitudinario frente a la Casa Rosada, con repartición de choripanes para los punteros políticos fieles y denuncias de clientelismo incluidos. "Nadie los votó", gritó ella desde el palco, dirigiéndose a los cuatro líderes del campo, a los que acusó de "atentar contra la democracia". Aunque habló menos de 40 minutos, los dichos de Fernández ante una Plaza de Mayo atestada por 50 mil personas movilizadas, en su mayoría, por el PJ del conurbano bonaerense, la Confederación General de Trabajadores y grupos piqueteros oficialistas , alcanzaron para mantener en guardia a sus adversarios. "Si quieren cambiar el modelo económico del país, tienen que organizar un partido político, presentarse a elecciones y ganarlas", desafió. "Tenemos que aprender a procesar democráticamente nuestras diferencias también dijo la Presidenta . Tal vez con tanto golpe de Estado, con tanta interrupción institucional que hemos vivido, creemos que todo se arregla con intolerancia, con golpes, con bocina, cacerola o corte de ruta". Retenciones sí o no Un día antes, el Gobierno había anunciado oficialmente lo que muchos interpretaron como un gesto de buena voluntad: el envío al Congreso argentino del paquete de medidas sobre las retenciones una exigencia de los líderes del campo , para que los senadores y diputados decidan si lo vetan o lo aprueban. Pero, eso sí, voto a "libro cerrado", es decir, sin posibilidad de hacer modificaciones en el proyecto. Del lado del campo replegaron las armas, pero no las guardaron: anunciaron que los piquetes comenzarían a levantarse a partir de ayer, paulatinamente, pero que las energías, en cambio, iban a estar puestas en hablar con diputados y senadores sobre el proyecto presentado por el oficialismo, con la esperanza de sumarlos a sus filas. El "ejército K" no dio tregua en la batalla mediática. "Es un espanto, eso lo hacían los nazis. ¿Cuál es la democracia en la que quieren vivir?", opinó ante las cámaras el jefe de gabinete, Alberto Fernández. "Quiero pedir a la gente del campo que no presione a los diputados, que no vaya a su casa a ‘escrachar’, déjenlos trabajar en libertad", apeló el funcionario, uno de los principales negociadores en el tema del campo. Y apretó un poco más los tornillos: "Acá hay un aprovechamiento con vocación golpista. Algunos sectores presentan el tema como una disyuntiva de continuidad del Gobierno". Eduardo Buzzi, titular de la Federación Agraria, se defendió: "No somos desestabilizadores, ni golpistas, ni desabastecedores", dijo, aunque en las rutas los productores que responden a él seguían bloqueando el paso a camiones y autocares de pasajeros. Otros prefieren el ring de boxeo. El ultrakirchnerista Luis D’Elía, líder de uno de los grupos de choque oficialistas que el 25 de marzo desalojaron violentamente a miles de manifestantes concentrados en la Plaza de Mayo, prefirió llamar "a las armas" a los ciudadanos para defender al Gobierno de Cristina Fernández. "La guerra es abierta y total", aseguró. "Nosotros vamos a responder en cada lugar del país. Ahí donde estén vamos a ir a buscarlos para proteger al Gobierno nacional y popular. Acá no hay otra salida que la rendición incondicional de los golpistas, de los sediciosos", sentenció D’Elía, con su estilo de matón de barrio. LND Espejito, espejito La imagen positiva de la Presidenta argentina, Cristina Fernández, cayó casi 30% en apenas seis meses de su Gobierno, al pasar de 51% al inicio de su gestión a 24,4% en junio, según una encuesta de la Universidad Abierta Interamericana. Un 7,7% de los encuestados dice tener una muy buena imagen de la Mandataria, otro 16,7% considera que es buena, 27,9% la califica de regular y 21,4% dice que es mala. El 82,7% de los encuestados opina que el conflicto con los productores agropecuarios no se resolverá a partir del anuncio de las obras realizadas por Fernández con el dinero extraído por el incremento de los impuestos a la exportación de granos. El 32,6% señaló que no es probable que los recursos obtenidos del campo se destinen a la construcción de escuelas y hospitales, como lo anunció la gobernanta. En medio del fuego cruzado, los precios de la carne, la harina, el aceite y las verduras quedaron entre un 25% y un 50% más caros que hace dos semanas. Y el desabastecimiento se hizo sentir sobre todo en las provincias, donde los productores rurales mantuvieron cortes parciales y totales, aunque las agrupaciones negociadoras aseguraban haber desaconsejado los cortes. El presidente de la Cámara de Autoservicios y Distribuidores Mayoristas (Cadam), Alberto Guida, indicó el viernes que, con suerte, "el proceso de distribución de mercaderías tardará una semana en recomponerse". Pero advirtió que algunos productos tardarán más en volver a las mesas familiares, "porque en algunos casos lo que se rompió también fue la cadena productiva". Las alzas de precios, en tanto, se registraron en comercios minoristas y autoservicios, más que en supermercados. En el caso de la carne y la harina, los incrementos se debieron a la escasez de productos por los bloqueos de ruta. Pero las verduras tuvieron aumentos a pesar de que mantuvieron la oferta en buenas cantidades. Los minoristas denuncian haber perdido ventas por unos 600 millones de dólares en el último mes.