Pensamiento Crítico

McCain necesita una guerra para ganar las elecciones

Por Manuel E. Yepe | La Jiribilla, Cuba. | 04 Julio 2008
Ya ningún especialista duda de la posibilidad de que Barak Obama gane las elecciones presidenciales de noviembre y son muchos los que consideran su victoria segura y probablemente amplia, en un escenario nacional y global idéntico al actual. Pero todos temen que los neoconservadores en la cúpula del poder puedan acudir, como recurso para que siga un representante suyo ejerciendo el cargo presidencial como ha sido desde la investidura de Ronald Reagan en 1981, a crear una nueva crisis bélica que incline la balanza en la intención de voto a favor del "comandante" John McCain, por su experiencia militar. Los escenarios probables para el "surgimiento" de una crisis que ponga en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos podrían derivar de actos terroristas como los de septiembre 11 de 2001 en Nueva York y Washington, o de enfrentamientos con uno o más países de la lista de siete que Washington tenía en cartera cuando atacó a Irak y se abstuvo de seguirla ejecutando a causa de la inesperada resistencia popular que encontró en la nación persa. Según revelara el ex General de cuatro estrellas Wesley Clark en sus memorias publicadas a fines del 2007, la lista de los países susceptibles de ser atacados para forzarles a la reorientación de sus políticas, según la largamente acariciada estrategia para el Medio Oriente del Departamento estadounidense de Defensa incluía, tras Irak, a Irán, Siria, Líbano, Libia, Somalia y Sudán. Una crisis en la frontera colombiana con Venezuela y Ecuador, o en el Estrecho de la Florida, que separa a la isla de Cuba de las costas de los Estados Unidos, pudiera también crear condiciones favorables para la ambición neoconservadora de retener el poder. Las alternativas que hoy parecen contar con mayores opciones son un ataque a Irán o una nueva incursión de Israel en el Líbano, para vengar su humillante repliegue frente a Hezbola en su anterior intento. Pero la situación interna en Israel, donde el gobierno de Ehud Olmert parece bastante debilitado, pudiera alejar esta opción y propiciar la de un ataque directo estadounidense contra Teherán. Así pudieran anunciarlo las presiones de la Casa Blanca sobre la Unión Europea para el reforzamiento de las sanciones contra Irán anunciado el 23 de junio y el hecho de que, en Washington, el Congreso se disponga a considerar un proyecto de ley que permita un bloqueo contra la nación persa. El reciente simulacro de ataque aéreo masivo por más de cien aviones de combate estadounidenses de avanzada tecnología ha sido calificado por los medios de prensa como "ensayo general" de un ataque contra instalaciones nucleares iraníes. Así lo ve la coalición pacifista norteamericana "Stop the War on Iran" (Evitar la guerra contra Irán) que está convocando a realizar protestas en un elevado número de poblaciones del país durante el fin de semana de agosto 2 y 3. En su llamamiento, los organizadores denuncian que, en vez de proyectar la retirada de Irak y Afganistán, el gobierno de George W. Bush lo que se propone es desatar una nueva guerra, esta vez contra Irán". La amenaza nuclear iraní es una farsa tan colosal como lo fue la acusación de Bush contra Irak de poseer "armas de destrucción masiva" para justificar la guerra contra Bagdad. La Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés), que inspecciona las instalaciones nucleares de Irán, asegura que el país no tiene un programa para la producción de armas nucleares y que el desarrollo de su capacidad nuclear está orientado a servir de fuente energética para cuando el país carezca de las grandes reservas de petróleo que hoy explota. Incluso las 16 principales agencias de espionaje de los Estados Unidos emitieron una declaración conjunta en la que dicen que Irán carece de tecnología para producir armas nucleares. La nueva guerra que necesita McCain con fines electorales no pretendería una victoria en el terreno de las armas (la experiencia de Irak la hace impensable) sino apenas crear una crisis que mueva al voto defensivo de una ciudadanía deliberadamente aterrorizada por su gobierno. Sería un conflicto como todos aquellos que la superpotencia norteamericana ha impuesto tras el fin de la guerra fría para validar su dominación exclusiva, con un alto costo en vidas humanas y la destrucción del entorno. Pero los beneficios para las corporaciones petroleras y el complejo militar-industrial bien que lo justifican. La Casa Blanca, cabeza visible del imperio, continuaría bajo la custodia y el control de un representante del sector más retrógrado de las fuerzas que ejercen el poder real en los Estados Unidos, que no son, por cierto, aquellas que prestan sus nombres, dan la cara y debaten en la escena electoral.