Pensamiento Crítico

Un estremecedor momento en la caída

Por John Gray | Diario La Nación, Chile. | 02 Octubre 2008
La crisis financiera global verá vacilar a EEUU de la misma manera en que lo hizo la Unión Soviética cuando cayó el muro de Berlín. El colapso es el desenlace previsible. Como la caída soviética, tendrá grandes repercusiones. Nuestra mirada puede estar puesta sobre los mercados que se derriten, pero los trastornos que estamos experimentando son más que una crisis financiera, por muy grande que sea. He aquí un histórico vuelco geopolítico, en que el equilibrio del poder del mundo está siendo alterado de manera irrevocable. La era del liderazgo global estadounidense, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial, ha terminado. Se puede ver por la manera en que el dominio de Estados Unidos se ha diluido en su propio patio trasero, donde el Presidente venezolano Hugo Chávez ridiculiza a la superpotencia con impunidad. Sin embargo, el retroceso de la posición de EEUU como el factor de poder mundial es aún más asombroso. Con la nacionalización de partes cruciales del sistema financiero, el credo norteamericano en el libre mercado se ha autodestruido, mientras países que conservaron un control de los mercados se ha vindicado. En un cambio de tan largo alcance en sus implicancias como la caída de la Unión Soviética, un modelo entero de Gobierno y economía ha colapsado. Desde el fin de la guerra fría, sucesivas administraciones estadounidenses han dado lecciones a otros sobre la necesidad de finanzas en orden. Indonesia, Tailandia, Argentina y varios estados africanos sufrieron severos cortes en el gasto y profundas recesiones como precio de la ayuda del FMI, que aplicó la ortodoxia norteamericana. China fue acosada sin cesar por la debilidad de su sistema bancario. Pero el éxito chino se ha basado en su desprecio por los consejos occidentales, y no son los bancos chinos los que están hoy arruinados. Qué simbólico resulta que astronautas chinos hayan dado recién una caminata espacial mientras el secretario del Tesoro de EEUU estaba de rodillas. Pese a haber instado incesantemente a otros para que adoptaran su manera de hacer negocios, EEUU siempre ha tenido una política económica para sí y otra para el resto. A través de los años en que estuvo presionando a los países que se apartaban de la prudencia fiscal, pedía prestado a una escala colosal para financiar rebajas de impuestos y financiar sus extendidos compromisos militares. Ahora, cuando las finanzas federales dependen de la continuidad de grandes influjos de capital foráneo, serán los países que desdeñan el modelo estadounidense los que configurarán el futuro de EEUU. La versión que tome el rescate de las instituciones financieras estadounidenses impulsado por el secretario del Tesoro Hank Paulson y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, es menos importante que lo que significa este rescate para la posición de EEUU en el mundo. La cantinela populista sobre los bancos codiciosos que se ventila a alta voz en el Congreso es una distracción respecto de las verdaderas causas de la crisis. La difícil situación de los mercados financieros estadounidenses es resultado de que los bancos de este país operan en un entorno de "chipe libre" creado por estos mismos legisladores. Es la clase política de EEUU la que, al asumir la peligrosamente simplista ideología de la desregulación, tiene la responsabilidad por el lío actual. En estas circunstancias, una expansión sin precedentes del Gobierno es el único medio para evitar una catástrofe. La consecuencia será que EEUU va a ser todavía más fuertemente dependiente de las nuevas potencias emergentes. El Gobierno federal está debiéndoles cada vez más dinero a acreedores que podrían temer con razón que nunca se les pague. Podría verse tentado a inflar estas deudas en un incremento de inflación que dejaría a los inversionistas extranjeros con pesadas pérdidas. En estas circunstancias, ¿estarán dispuestos los gobiernos de países que compran grandes cantidades de bonos estadounidenses, China, los estados del Golfo y Rusia por ejemplo, a seguir respaldando al papel del dólar como la divisa mundial de reserva? ¿O verán esto esos países como una oportunidad para inclinar la balanza del poder económico a su favor? Como sea, el control de los acontecimientos ya no está más en manos norteamericanas. La suerte de los imperios queda a menudo sellada por la interacción de guerra y deuda. Eso fue cierto para el imperio británico, cuyas finanzas se deterioraron desde la Primera Guerra Mundial en adelante, y para la Unión Soviética. La derrota en Afganistán y la carga económica de intentar responder al fracasado, pero políticamente muy efectivo, programa de la guerra de las galaxias fueron vitales para desatar el colapso soviético. Pese a su insistente excepcionalismo, EEUU no es diferente. La guerra de Irak y la increíble burbuja han socavado la primacía económica de Norteamérica. EEUU seguirá siendo la economía más grande del mundo por un tiempo más, pero serán las nuevas potencias emergentes las que, una vez que termine la crisis, comprarán lo que quede intacto entre las ruinas del sistema financiero estadounidense. Se ha hablado mucho sobre un inminente armaggedón económico. Esto está lejos de ser el final del capitalismo. El frenético ajetreo que se está dando en Washington marca la defunción de sólo un tipo de capitalismo: la peculiar y altamente inestable variedad que ha existido en EEUU durante los últimos 20 años. Este experimento en el laissez-faire de mercado que resistió a la desregulación al estilo estadounidense capeará mejor la tormenta. Gran Bretaña, un gigantesco fondo de riesgo pero de un tipo que carece de la habilidad para sacar ganancias de una contracción, es probable que sea golpeada. La ironía del período de post guerra fría es que a la caída del comunismo siguió el auge de otra ideología utópica. En EEUU y Gran Bretaña y, en menor medida, en otros países occidentales, un tipo de fundamentalismo de mercado se convirtió en la filosofía guía. El colapso de la potencia norteamericana es el desenlace previsible. Como el colapso soviético, tendrá grandes repercusiones geopolíticas. Una economía debilitada no puede respaldar por mucho más tiempo los sobre extendidos compromisos militares de EEUU. Un repliegue es inevitable e improbable que sea gradual o planificado. Declinaciones a la escala de la que estamos viendo no son acontecimientos en cámara lenta. Son rápidos y caóticos, con efectos colaterales que se expanden velozmente. Tome en cuenta a Irak. El éxito del incremento militar, logrado sobornando a los sunnitas mientras se toleraba una sostenida limpieza étnica, ha producido una condición de relativa paz en partes del país. ¿Cuánto durará, dado que el actual nivel de gastos de guerra de EEUU ya no puede seguir siendo sustentado? Una retirada estadounidense de Irak dejará a Irán como el triunfador regional. ¿Cómo responderá Arabia Saudita? ¿Será más o menos probable una acción militar para impedir que Irán adquiera armas nucleares? Los gobernantes de China han permanecido en silencio durante el desarrollo de esta crisis. ¿Los alentará la debilidad de EEUU para afirmar el poder chino, o proseguirá China su cautelosa política de "auge pacífico"? Por el momento, ninguna de estas preguntas pueden ser respondidas con seguridad. Lo que es evidente es que el poder se está escurriendo de EEUU a un ritmo acelerado. Georgia mostró a Rusia rediseñando el mapa geopolítico con EEUU como espectador impotente. Fuera de EEUU, la mayoría ha aceptado hace mucho tiempo que el desarrollo de nuevas economías, que va con la globalización, socavará la posición central de EEUU en el mundo. Se imaginaban que esto podía ser un cambio en la posición comparativa de Norteamérica que ocurriría de manera incremental en varias décadas. Hoy, eso parece una presunción irrealista. Tras haber creado las condiciones que produjeron la burbuja más grande de la historia, los líderes políticos estadounidenses parecen incapaces de captar la magnitud de los peligros que ahora enfrenta el país. Inmersos en sus enconadas guerras culturales y riñendo entre ellos, parecen ajenos al hecho de que el liderazgo global norteamericano se está disipando rápidamente. Un nuevo mundo está empezando a nacer, casi inadvertido, en donde EEUU es sólo una de varias grandes potencias, enfrentando un futuro incierto que ya no puede más configurar. (***)El autor escribió "Misa Negra: Religión Apocalíptica y la Muerte de la Utopía".