Pensamiento Crítico

32 años del crimen de Barbados y el asesino sigue libre

Por Deisy Francis Mexidor | Diario Granma, Cuba. | 06 Octubre 2008
Los trofeos de los esgrimistas aún yacen en las profundidades del mar. Quienes perdieron a sus seres queridos aquel 6 de octubre de 1976 han vivido marcados por la tristeza. No hay consuelo. La palabra ausencia se traduce en una mezcla de dolor y rabia. Rabia, porque, 32 años después, el criminal "duerme como un bebé" y se pasea libremente por las calles de Miami, mientras los familiares de las víctimas aún claman justicia. Luis Posada Carriles es el asesino. Lo saben todos. Fue él, junto a Orlando Bosch, otro de los terroristas aupados por la Casa Blanca, quien organizó la voladura de un avión civil de Cubana en ruta de Caracas a La Habana. Había que matar a "un montón de negritas", dijo Bosch entonces con total desprecio a la vida humana. Inimaginable es "el drama que tiene que haber significado para los pasajeros y los tripulantes la explosión y el incendio encerrados en una nave aérea a una altura aproximada de 6 000 metros", expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro el 15 de octubre de 1976, en la despedida del duelo de los que perecieron en el brutal atentado. Alguna agencia imperialista de inmediato habló sobre un posible fallo mecánico, pero en cinta grabada quedaron registradas todas las palabras del piloto transmitidas al aeropuerto de Barbados. A esa evidencia se sumaron inmediatamente otras. El sabotaje había sido planificado con tiempo, con meticulosidad macabra. Ese 6 de octubre, a 73 personas, de ellas 57 cubanos, entre los que se hallaba el equipo juvenil de esgrima, les segaron sus sueños, alegrías y esperanzas. Lo ocurrido aquel día fue como la crónica de un crimen ya anunciado. En el mes de agosto de 1976 apareció publicado en un periódico contrarrevolucionario que se edita en Miami un supuesto parte de guerra, donde después de referir cómo volaron un automóvil frente a la Embajada cubana en Colombia y destruyeron las oficinas de Air Panamá, declaran al final textualmente: "Muy pronto atacaremos aeronaves en vuelo..".. Lo firmaban organizaciones terroristas radicadas en Estados Unidos, agrupadas en el llamado Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). Los caminos del terror En un libro que pretende ser autobiográfico, Los caminos del guerrero, Posada confesó —sin que le tiemblen las manos— muchos de sus crímenes y especialmente deja al descubierto su vinculación con el gobierno estadounidense cuando confiesa, entre otras cosas, que "en una época nuestros ‘amigos’ norteamericanos nos entrenaron y adiestraron en el uso y manejo de armas, explosivos y técnicas incendiarias" o "lo que ayer era considerado como un acto de valor y patriotismo llamado ‘acción y sabotaje’, hoy se llama ‘terrorismo’ y se nos persigue y encarcela por los mismos actos". Han transcurrido más de tres décadas del deplorable hecho en las costas de Barbados. Luis Posada Carriles no se arrepiente de nada. Lo ha confirmado. En el 2000, siguiendo esos "caminos", intentó asesinar a Fidel en Panamá. Lo arrestaron. Luego fue amnistiado en el 2004 junto a sus compinches por Mireya Moscoso, entonces presidenta panameña. Desde marzo del 2005 ingresó ilegalmente a Estados Unidos y a partir de ese momento hemos sido testigos de cómo la Casa Blanca ha hecho lo posible para perpetuar la impunidad. A Posada no se le ha acusado como terrorista. Es más, ahora, le buscan —artilugios legales por medio— el perdón presidencial, tal como le hiciera a Bosch George Bush padre. Entretanto, en Venezuela, torturados por Carriles, el Comisario Basilio, anunciaron que presentarán pruebas de todas sus fechorías para apoyar la desoída solicitud de extradición presentada por Caracas ante las autoridades de Washington. ¡Qué infamia!, una afrenta a la justicia que a 32 años del horrendo atentado el criminal siga en libertad, mientras Cinco cubanos, luchadores contra el terrorismo, que señalaron con su dedo las actividades asesinas de Posada y otros como él, permanecen injustamente hace una década en cárceles de máxima seguridad en el territorio de EE.UU., el país que se precia ser líder en la "guerra contra el terror" en cualquier distante y "oscuro" lugar del mundo.

La semilla se multiplicó

Por Agnerys Rodríguez Gavilán, enviada especial a Caracas del diario Granma. Luis Posada Carriles, entonces Comisario Basilio, mandó a matar a Ramón Antonio Álvarez y Luis Eduardo Cools, esposos de Brenda y Marlene, respectivamente, dos mujeres venezolanas que también fueron víctimas de los desmanes de este terrorista confeso. A Brenda no solo la dejó sin Ramón. Cuando fueron detenidas en 1972, ella tenía ocho meses de embarazo, y la sometieron a golpizas hasta la muerte de su hijo por nacer, en cumplimiento de una orden de Posada, quien, con total frialdad, le dijo a un subordinado: "acaba con esa semilla antes de que nazca". Tampoco bastó que acabara con la vida de Luis, el compañero de Marlene. Ella sufrió también hasta el último momento con la amenaza de muerte que pendía sobre su hijita Orlans, a quien quemaron en las piernas con un cigarro, mientras "Basilio" se burlaba del espanto de esta mujer, cuando lo vio apuntarle a su bebé con una pistola. Las hermanas Brenda y Marlene Esquivel son testigos y víctimas del terrorista Luis Posada Carriles, ese mismo que hoy acuna y protege el gobierno norteamericano, mientras niega todo derecho a los Cinco antiterroristas cubanos, presos injustamente en sus cárceles. Ellas están al tanto de la lucha de Cuba por la libertad de René, Gerardo, Antonio, Fernando y Ramón. Las conocimos en la Plaza La Candelaria. Desde la Parroquia San Juan, en Caracas, vinieron para solicitarle al Departamento de Estado norteamericano que le otorgue visas a Olga Salanueva y Adriana Pérez, para que puedan visitar a sus esposos René González y Gerardo Hernández. Brenda y Marlene encabezaron el primer envío de unas tarjetas-mensajes a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, gesto que se repetirá todos los jueves, en las sedes del Instituto Postal Telegráfico de Venezuela (IPOSTEL), en toda la nación. "Nos motiva, dice Brenda, toda esta lucha que protagonizan hoy los pueblos a favor de los Cinco héroes que tienen prisioneros en Estados Unidos. Ambas llegaron a la Plaza Candelaria acompañadas de dos niñas hermosas. Sus nombres son Angimar y Alexandra. La primera, una nieta "elegida". La segunda, una semilla que se multiplicó. Alexandra es hija de Orlans, la bebé de Marlene que, como su madre, sobrevivió a los desmanes del Comisario Basilio. Marlene mira fijamente a las niñas, les pasa la mano por la cabeza, respira profundo, y se decide a hablar... "A Posada Carriles lo conocemos muy bien, desde el año 1972. Mi hermana y yo somos dos de sus víctimas, aquí, en Venezuela. Y, a la vez, somos familiares de víctimas porque él asesinó a seis camaradas, entre los cuales se encontraban el compañero de Brenda y el esposo mío. Nosotras no sabíamos que ese asesino Basilio era Posada Carriles hasta que sucede la voladura del avión cubano en Barbados, confiesa Brenda. Desde entonces, eso nos unió al pueblo de Cuba en su lucha antiterrorista, contra del imperio.