Pensamiento Crítico

La nueva multipolaridad

Por Oscar Raúl Cardoso | Diario Clarín, Argentina. | 18 Octubre 2008
Hace unos días en Nueva York, el canciller chino Li Zhaoxing sentenció que la presente crisis económica "será profunda y prolongada" para beneficio de su interlocutor y colega argentino Jorge Taiana. Convengamos que la frase es casi un resumen de lo que se puede leer o escuchar de boca de los más variados analistas. Pero cuando proviene de alguien que habla en nombre de una de las grandes economías del planeta, el diagnóstico sombrío adquiere una dimensión diferente, que introduce al menos una pizca de hielo en la sangre. El jefe de la diplomacia del gobierno que encabeza Hu-Jintao pareció a su contertulio como un hombre que estaba cómodo con lo que podía prever del futuro para su país. Menos incentivadas sus arrugas por la presión del temor, como es fácil descubrir hoy en las fotos de muchos líderes occidentales. Es como si Beijing viese lo que sucede como la turbulencia inevitable en el inicio de un cambio. En el curso de los últimos días Taiana pudo, por las circunstancias, completar una visión diferente de los efectos posibles de la presente situación. Ya en Buenos Aires recibió a Nikolai Patrushev, el hoy titular del Consejo de Seguridad Nacional ruso, un hombre que proviene -al igual que el primer ministro Vladimir Putin- del aparato de inteligencia ya que estuvo al frente del organismo que sucedió al antiguo KGB soviético, el Servicio Federal de Seguridad (FSB). La del ruso es una presencia que pasó inmerecidamente subvalorada en la información, porque la misión de Patrushev es parte de la ofensiva político-militar de Moscú sobre América latina, uno de cuyos puntos centrales es defender la "inocencia" en las reciente crisis en Georgia. En términos generales el mensaje que trajo Patrushev puede traducirse en "estamos de vuelta" en el mapa de poder internacional. Este viaje parece parte de la misma trama que llevó a Venezuela dos bombarderos estratégicos rusos, la venta de armas en la región y que avanzará en los próximos meses con ejercicios militares venezolano-rusos y que llevó a Moscú a sondear la posibilidad de tener una participación en el futuro Consejo de Seguridad de América del Sur, un organismo que está promoviendo Brasil y en el que no participaría Estados Unidos. Si uno se dejara atravesar por la urgencia de los símbolos, podría verse tentado a inferir de estos y otros hechos que parece haber en marcha el desafío más importante a la "Doctrina Monroe" de 1823 -ninguna potencia extracontinental se mezclará en los asuntos de las repúblicas americanas, consideradas zona de influencia exclusiva de Washington- desde los días del giro pro soviético de la revolución de Cuba en los años 60. Hay una medida del orden internacional -Estados Unidos como la hiperpotencia planetaria- que surgió con fuerza después del colapso soviético que está crujiendo bajo el peso de los presentes y elefantiásicos problemas económicos. El unilateralismo que venía como privilegio del liderazgo global se está volviendo disfuncional o, por lo menos, sale más caro de lo que los estadounidenses pueden y están dispuestos a pagar. Veamos un solo ejemplo. Estados Unidos tiene una deuda nacional de 10 billones de dólares -sí, diez millones de millones- y crece a razón de un promedio de 3.450 millones por día (esto es antes de comenzar a computar el costo del rescate financiero). Un solo país tiene en sus cofres los "pagarés" de ese endeudamiento estadounidense: China. Es interesante notar aquí que la burbuja especulativa inmobiliaria que nos acercó a todos al precipicio económico se financió con créditos chinos. ¿Qué pasaría si Beijing quisiera pasar a otras posiciones? ¿O si decidiera que el dólar no vale lo que pretende el país emisor? Es improbable que algo así ocurra al menos en el futuro inmediato, pero la posibilidad habla claramente de una vulnerabilidad en el liderazgo global de Washington que las guerras del presente y las épicas retóricas de George W. Bush contra el terrorismo ya no pueden disimular. Por lo demás, una cierta visión del futuro se hace más notoria en las presentes circunstancias, la de la emergencia de China, Rusia e India como potencias cuanto menos regionales que desean marcar la cancha global y quizá un inevitable distanciamiento en la sociedad atlántica (Estados Unidos-Europa). No es una visión nueva; economistas y expertos en relaciones internacionales, Henry Kissinger entre éstos, hace tiempo que vienen anticipando un mundo mucho más multipolar. La mayor diferencia en estos pronósticos está dada por los que ven en el futuro una declinación del poder estadounidense y los que no admiten esta última posibilidad. Pero la realidad hace que esta diferencia sea apenas teórica. Moscú, Beijing y Nueva Delhi han sufrido ya los primeros golpes de la crisis financiera, pero la mayoría de los diagnósticos coinciden en que están en mejores condiciones de soportar el vendaval conservando niveles aceptables -si no óptimos- de sus economías. No es éste el momento más propicio para reflexionar sobre los posibles cambios en la estructura de poder mundial, preocupadas como están las sociedades por la evaporación de la riqueza, el ahogo del crédito, la amenaza del desempleo masivo y por la incierta duración de todo el fenómeno. Pero tampoco conviene hacer completamente a un lado aquella cuestión, porque sí, efectivamente, avanzamos hacia un mundo diferente cuya estructura va a sorprender. Y no siempre de modo grato.

Rusia regresa a la región y es «para siempre»

Por Hinde Pomeraniec En la sede diplomática rusa de la calle Rodríguez Peña todavía recuerdan cuando fatigaban pasillos para ser recibidos por el gobierno argentino. Esto sucedía unos 3 ó 4 años atrás, cuando Moscú buscaba participar de proyectos regionales como la construcción del Gasoducto del Norte entre Argentina y Bolivia, una materia en la que los rusos dan cátedra. Luego de la caída de la URSS y con la pérdida de protagonismo internacional, Rusia parecía no encontrar cabida. Lejos de los tiempos en que el ex presidente Kirchner dejaba plantado a su par Vladimir Putin en un aeropuerto ruso, la visita de la presidenta Cristina Fernández a Moscú ya tiene fecha para diciembre y son varios los países que responden a la búsqueda rusa de aceitar relaciones. "No hay un cambio, sino una activación de las relaciones, y una mayor disponibilidad de recursos", asegura una fuente de la embajada, que aclara que el acercamiento a Latinoamérica no está vinculado a una disputa de esferas con EE.UU., el viejo enemigo de la Guerra Fría. "Para nosotros, la región tiene peso propio", asegura. En esta semana, Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad ruso y hombre de la entraña del Kremlin, pasó por Argentina iniciando contactos para la venta de varios helicópteros. Luego siguió viaje a Ecuador, donde fue recibido por el presidente Rafael Correa y terminó su gira en Caracas, donde la venta de armas sigue generando miles de rublos al estado ruso y en donde a fines de noviembre el presidente Chávez espera a su colega Dmitri Medvedev. Esto será cerca de la fecha en que concluirán los ejercicios militares conjuntos que incluyen al crucero con capacidad nuclear Pedro el Grande y que Washington tiene entre ceja y ceja. Tal vez ven este despliegue como una devolución de gentilezas por el paseo que, por los mares regionales, viene teniendo la IV Flota estadounidense. La exportación de armamento ruso se duplicó entre 2000 y 2007 de 3.700 millones a 7.500 millones de dólares, pero los rusos no sólo quieren vender armas: van por más. Ultimamente, empresas como el coloso energético Gazprom visitaron varios países, entre ellos Bolivia. Allí firmaron acuerdos de exploración por US$ 4.500 millones con la petrolera estatal y la francesa Total. Los negocios rusos vienen con todo: entre el 1° y el 8 de noviembre habrá un foro para inversores rusos en Chile y Argentina, donde se discutirán rubros como energía, minería, electricidad, transporte, sector bancario o vinicultura. La política no falta en este desembarco que trajo también un nuevo acercamiento a Cuba y el anuncio de la apertura de una embajada en Paraguay. El título de esta arremetida llegó desde Moscú, hace dos días. "Regresamos a América Latina y regresamos para siempre", advirtió Alexei Sazonov, vocero de la Cancillería rusa.

Los chinos avanzan en su comercio con América latina y quieren más

Por Marcelo Cantelmi, enviado especial a Beijing Una noticia importante escuchada y confirmada en Asia. El secretario adjunto de la cancillería norteamericana para América Latina Tomas Shannon está punto de llegar a China para discutir con su contraparte local sobre América latina. La cita será en Beijing. Desentrañar las dudas sobre el motivo de esas reuniones sería apenas un detalle comparado con conocer lo que en ellas realmente se discute. Yang Wanming, el director del departamento de América latina y el Caribe de la cancillería china, en diálogo con Clarín y otros periodistas, elude precisamente describir la agenda. Y revela que en realidad es ésta la tercera reunión formal que su despacho sostiene con su colega del norte. El funcionario chino, justamente, acaba de regresar de Washington, adonde viajó invitado por el mismo Shannon para concordar puntos en común sobre América latina. Dicho eso, la curiosidad enciende a los periodistas, todos de la región, que lo entrevistamos en sus oficinas de un blanco y elegante edificio de Beijing. "China y Estados Unidos tienen un mecanismo de diálogo estratégico. Hemos realizado dos consultas sobre América latina y hemos tenido francos intercambios de opiniones", dice el funcionario. Yang Wanming intenta aliviar las dudas sosteniendo que su país considera útil ese mecanismo de consulta y, aunque sin aclarar qué es lo que se consulta, agrega una cuota adicional de sorpresa al sostener que "Estados Unidos ve con buenos ojos la relación que sostiene China con la región". "El diálogo se realiza en base al respeto mutuo. Este diálogo no supone una intervención de Estados Unidos en la relación de China con América latina. Contribuye en cambio a un mutuo conocimiento", sostiene el funcionario. Y abunda en que su país también hace consultas de diferente tenor con países como Rusia y España. Un par de cifras pueden ayudar quizás a comprender un poco más de qué se trata esta relación. El comercio entre el gigante asiático y América latina trepó el año pasado a 100 mil millones de dólares, el doble del intercambio medido en el año 2005. De esta manera, China se ha convertido en el tercer socio comercial de la región con una inversión acumulada de 20 mil millones de dólares. "En lo que va del año, el comercio llegó a 80.700 millones de dólares, un 54,4 por ciento más que en igual período de 2007. Las importaciones de China han subido drásticamente y desde 2002 tenemos déficit", enumera el ministro. Hay otros datos más inocentes pero importantes. La cultura latinoamericana se ha puesto de moda en este enorme país. El ministro afirma que estudiar inglés no llama la atención a nadie porque ya es generalizado, pero un joven que habla español puede llegar a generar envidia entre los otros estudiantes. Y existe además un aluvión de chinos que está haciendo turismo por el mundo. En ese sector, como cuarta opción están eligiendo a América latina como destino, es decir después de Europa y Estados Unidos, lo que técnicamente asegura, dependiendo del alcance de la crisis económica mundial, que en pocos años habrá un flujo creciente de chinos viajando por la región. Pero seguramente no será sobre eso que discutan los dos países cuando colocan a la región sobre la mesa.