Pensamiento Crítico

Remembranza de la Crisis de Octubre

Por Noel Manzanares Blanco | CubaSocialista | 27 Octubre 2008
De la larga lista de agresiones del Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) contra Cuba, reviste singular importancia el análisis de lo ocurrido entre el 22 de octubre y el 22 de noviembre de 1962, hace 46 años. En apretadas síntesis, aconteció lo que continúa: Apenas dieciocho meses atrás, luego de la derrota del ataque mercenario-yanqui el 19 de abril de 1961, lejos de aprender la lección de Playa Girón, el "Norte revuelto y brutal" arreció su hostilidad hacia la Revolución Cubana, de lo que sirve de ejemplo el apoyo irrestricto a la infiltración de grupos terroristas, la intensificación del bloqueo económico y la componenda con las oligarquías latinoamericanas para la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos, a principios de 1962 –por cierto, honrosa. En tal contexto, con sobradas razones la Dirección del Partido y el Gobierno Revolucionario aceptaron la propuesta de la Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS), en el sentido de instalar en suelo cubano armas nucleares, como método de disuasión para que la Administración de EE. UU. se abstuviera de una invasión directa a la mayor de las Antillas –sin descartar la pretensión soviética por lograr la paridad estratégica nuclear frente a Norteamérica. En aquel entonces, Cuba consideraba que dicha propuesta convenía a la consolidación del poder defensivo de todo el campo socialista, e hizo constar en un convenio bilateral que se trataba no sólo de la defensa del archipiélago nacional, sino también de la cooperación militar y la defensa mutua; y se pronunció por hacer público el acuerdo –contrario a la posición de la URSS. En rigor, "Cuba no pensó nunca en atacar a Estados Unidos con las armas emplazadas en la Isla por los soviéticos en 1962", reconoció la delegación cubana en la Conferencia sobre la Crisis de Octubre que sesiona en La Habana al calor del Aniversario 40 del acontecimiento, en presencia del entonces Presidente Fidel Castro. Sin embargo, el Águila Imperial ya había calentado los tambores de las armas. El 22 de octubre de 1962, a las 7 p.m., el presidente John F. Kennedy anunció la imposición de un bloqueo naval contra Cuba. Comenzaba la Crisis de Octubre, también llamada Crisis de los Misiles o Crisis del Caribe. Así, el mundo quedó merced al peligro de una guerra nuclear. Hoy se conoce que por esos días EE. UU. empleó 85 000 hombres y 183 buques de la marina, incluidos ocho portaviones; movilizó de la fuerza aérea alrededor de 146 000 efectivos y 2 142 aviones, y de ello trasladó hacia la Florida de 15 000 hombres y más de mil aviones. Además, unos 100 mil integrantes del ejército enviados a la costa Este destinados a la Operación en el escenario cubano. Entretanto, cubanas y cubanos una vez más se situaron a la altura de sus tradiciones de lucha, en medio de la furibunda propaganda anticubana, el bloqueo naval y los vuelos espías: las Milicias Nacionales Revolucionarias fueron activadas e incrementadas, sin perder la cordura; mientras que los Comités de Defensa de la Revolución elevaban la vigilancia en sus áreas de acción. Además, cientos de ciudadanos (as) se presentaron en los hospitales voluntariamente como donantes de sangre, y otros acudieron a los centros de trabajo para sustituir a los movilizados en la defensa del país. Tal fue la movilización popular en disposición combativa, que menos de 50 % de los efectivos pertenecían al servicio activo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Por su parte, la Dirección de la URSS se ocupaba de la Agrupación de Tropas Soviéticas emplazada en el archipiélago nacional, en correspondencia con el acuerdo suscrito por ambos países. La misma constaba con unos 48 mil hombres, de los cuales llegaron alrededor de 43 000. A territorio cubano sólo arribaron 36 portadores nucleares R-12 y siete submarinos con 21 cohetes R-13 –medios a los que jamás se les instalaron las ojivas nucleares. Por fortuna para la humanidad, el intercambio diplomático entre los jefes de Estado soviético y norteamericano conllevó al cese del conflicto. Pero unilateralmente y sin consulta con la parte cubana, la URSS decidió retirar las armas nucleares. A propósito, Fidel Castro, en su condición de Primer Ministro, firmó una Declaración del Gobierno Revolucionario cubano, el 28 de octubre de 1962, conocida por los CINCO PUNTOS, en la que se exigía como garantías contra la agresión a Cuba: 1.- Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica que ejercen los Estados Unidos en todas partes del mundo contra nuestro país; 2.- Cese de todas las actividades subversivas, lanzamiento y desembarco de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices; 3.- Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en los Estados Unidos y en Puerto Rico; 4.- Cese de todas las violaciones de nuestro espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos; y 5.- Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos. Ello recibió el respaldo de la inmensa mayoría del pueblo cubano. Es decir, la Dirección de la Revolución Cubana aceptó los acuerdos URSS-EE. UU. en el sentido de evitar la hecatombe mundial. Sin embargo, dejó en claro nuestra posición de principio, al tiempo que se evidenciaba que la salvaguarda de la Patria era una dependencia de cubanas y cubanos. Así, careció de casualidad que, acerca de este suceso, el Comandante Che Guevara sentenciara en su carta de despedida del Comandante en Jefe: "Poca veces brilló más alto un estadista que en esos días". Al recordar este acontecimiento, medito en las próximas elecciones presidenciales en el vecino del Norte, en las que –según múltiples medios de prensa– aparece como favorito para llegar a la Casa Blanca el Senador Barack Obama. Ante tal posibilidad, me pregunto si los proyectados cambios ─con y sin comillas─ que él promulga serían capaces de eliminar la influencia de la terrorista-mafia-gusano-yanqui de Miami. Simultáneamente, pienso que si él fuera capaz de coronar una política civilizada con este Verde Caimán, en ese escenario cobraría fuerza el denominado carril dos (el Lobo vestido de Caperucita Roja ─como se derrumbó el Socialismo en la ex Unión Soviética). Por tanto, se vislumbra la continuidad de tratar de desmontar nuestra Patria revolucionaria y socialista. Entonces, la remembranza de la Crisis de Octubre nos conduce a ratificar el compromiso de defender-enriquecer nuestro proyecto de dignificación de cubanas y cubanos, construyendo día a día nuestra invulnerabilidad militar, ideo-política y económico-social a través del sistemático perfeccionamiento en el quehacer a favor de la Revolución.

Dueños de nuestros propios destinos

(Tomado de una reciente entrevista concedida por Jorge Risquet Valdés a la cadena televisiva japonesa TBS sobre la Crisis de Octubre. Publicado por el diario Granma) ¿Qué ambiente se vivía en Cuba durante la Crisis de Octubre? ¿Qué experiencias nos puede narrar sobre los días de la Crisis de Octubre? Hay que tener en cuenta que en 1962, cuando surge la Crisis de Octubre, nuestro pueblo había pasado por situaciones de emergencia bélica nacional. En enero de 1961, mes del cambio de poderes en Estados Unidos entre el Presidente Dwight Eisenhower y el Presidente John F. Kennedy teníamos informaciones que nos hacían temer una invasión militar a Cuba. Aquel mes de enero, las fuerzas armadas regulares y las unidades de milicias, más de 200 mil hombres, se movilizaron y atrincheraron en todos los lugares de posible desembarco. La invasión no se dio en ese primer mes de 1961. Eisenhower se la dejó preparada a Kennedy, este aceptó la maldita herencia. Esta fue la invasión de Playa Girón. Los norteamericanos la llaman Bahía de Cochinos. En ese mes de abril de 1961, nuestro pueblo volvió nuevamente a las trincheras. Hacia octubre de 1962, nuestras fuerzas armadas revolucionarias, incluyendo sus unidades de milicias, eran mucho más numerosas y mejor equipadas. De tal manera que, cuando Kennedy anunció públicamente el bloqueo naval en torno a Cuba, horas antes ya nuestros combatientes habían ocupado sus puestos de combate. Al mediodía de aquel 22 de octubre, se anunció con especial espectacularidad la comparecencia excepcional de Kennedy ante todas las cadenas de radio y TV para las 19 horas, es decir las 7 de la noche. Ante ese hecho, dada la tensión que ya existía y por otras señales que captamos, el Comandante en Jefe Fidel Castro ordenó a las 15: 50 de la tarde, el Estado de Alerta y a las 17: 35 la Alarma de Combate. Al día siguiente, 23 de octubre, 279 000 hombres estaban movilizados bajo las armas. Sumados los milicianos a cargo del orden público, las brigadas femeninas sanitarias y otras fuerzas auxiliares, la cifra de movilizados ascendió a 400 000 cubanos. Puedo decirles que aunque yo trabajaba en la antigua provincia de Oriente, primero como Jefe de Operaciones del Ejército Oriental, luego como Segundo Secretario del Partido Comunista en aquella provincia, ese día 22 de octubre me encontraba en La Habana por cuestiones de trabajo. También se encontraba en La Habana el Comandante Raúl Castro, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En casos de crisis, como las movilizaciones de enero y de abril de 1961, que les referí, Raúl se hacía cargo de la región oriental, el Comandante Almeida de la Central, el Comandante Ernesto Che Guevara de la Occidental en Pinar del Río y Fidel quedaba en La Habana al frente de todo el país. Esa noche del 22 de octubre, después del discurso de Kennedy, Raúl y yo fuimos a entrevistarnos con el Comandante en Jefe. Estaba en ese momento en el antiguo Palacio Presidencial, hoy es un Museo. Nos recibió. Se le veía muy sereno, nos indicó que regresáramos a Santiago, la capital de la antigua provincia de Oriente pero no por avión, sino por carretera. Tuvo tiempo para dedicarme un cuarto de hora a tratar un asunto sobre la creación de granjas cafetaleras en las montañas de Oriente. Me aprobó un proyecto de una granja de 800 hectáreas de café. Le dije que sería la granja cafetalera más grande del mundo. Me replicó que en Brasil las había muchos mayores. Mas le dije: "hablo de granjas cafetaleras socialistas". Es decir, hubo tiempo hasta para reírnos. Tal fue el ambiente. Encomendó a Raúl detenerse en la ciudad de Santa Clara e impartirles las instrucciones al Comandante Almeida, Jefe del Ejército Central. Así lo hicimos. Al amanecer, viajando en automóvil por la carretera central de Cuba, ya en la región oriental, llegamos a un puente custodiado por hombres armados, sin uniformes. El Ministro decidió detener la marcha y hablar con ellos. Eran milicianos no encuadrados en unidades. Al oír la noticia de la movilización general y constatar que el puente, cercano a sus domicilios, no estaba custodiado, decidieron hacerlo ellos mismos, armados con sus escopetas de caza y sus machetes de trabajo. Este pequeño hecho puede darles una idea de la reacción de nuestro pueblo. Le llamamos la Crisis de Octubre, pero nuestras fuerzas armadas estuvieron movilizadas hasta el 22 de noviembre, cuando cesó el bloqueo naval a nuestra Isla. ¿Qué se pensaba en Cuba respecto a los EE.UU. en los momentos de la Crisis de Octubre? En Cuba no solo se pensaba sino que estábamos seguros de que Estados Unidos preparaba una nueva agresión contra Cuba, pero no como la de Playa Girón, con mercenarios cubanos, sino que estos se utilizarían como pantalla y las principales serían fuerzas regulares norteamericanas para derrocar al gobierno revolucionario y reinstaurar su dominación neocolonial sobre Cuba, que nos impusieron con su ocupación militar de la Isla en 1899, en medio de la heroica guerra de los cubanos por su independencia de España. Opresión neocolonial que se prolongó exactamente durante seis décadas, hasta 1959. Años después de la Crisis de Octubre, fue desclasificado el plan secreto, llamado Plan Mangosta, que culminaba precisamente en octubre, fecha en la que después de crear una situación de guerra civil en Cuba, según la febril imaginación de los oficiales de la CIA que dirigían el Plan, intervendrían las tropas estadounidenses. Dicho plan era controlado personalmente por Robert Kennedy. Eliminar al Comandante en Jefe siempre estuvo en los planes de la CIA. En el primer semestre de ese año los grupos contrarrevolucionarios organizados y equipados por la CIA y la infiltración de grupos armados y agentes de esa Agencia, cometieron miles de actos de sabotaje, espionaje e inclusive decenas de asesinatos. Ante ese peligro pedimos a la Unión Soviética que nos adelantara el envío del armamento convencional, programado para el año corriente y los próximos. Ante tal petición, el gobierno de la URSS propuso la instalación de cohetes de mediano alcance portadores de ojivas nucleares. Así se fueron desarrollando los acontecimientos que culminaron en la Crisis de Octubre. ¿Qué piensan hoy los cubanos acerca de Estados Unidos? Los cubanos pensábamos antes de la Crisis, durante la Crisis y después de la Crisis hasta hoy, que todos los gobiernos de Estados Unidos desde Eisenhower hasta W. Bush —tal vez con la excepción de Carter— han pretendido destruir la Revolución Cubana e instaurar en nuestro país un régimen títere de Estados Unidos. La expresión más palpable e indiscutible es el genocida bloqueo económico, casi cincuentenario, que nos impusieron desde antes de la Crisis de Octubre y que se mantiene hasta hoy, más cruel y férreo que nunca antes, que Bush ha llevado al extremo de restringir las relaciones entre los cubanos que viven en Norteamérica y sus familiares en Cuba. Debo aclarar que Cuba no culpa al noble pueblo estadounidense, sino a los gobiernos imperialistas que no cejan en sus siniestros propósitos de destruirnos. Japón fue víctima del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Estoy seguro de que el pueblo japonés no atribuye ese acto genocida al pueblo norteamericano sino al gobierno de Estados Unidos, encabezado entonces por Harry Truman. Cuando estuve en Japón, aunque mis actividades se desarrollaban en Tokio, me sentí obligado a ir a Hiroshima, a rendir tributo a los mártires de uno de los más grandes crímenes de la historia universal. Un verdadero Holocausto nuclear.