Pensamiento Crítico

Los mismos de siempre volvieron a saquear a México

Por Carlos Fazio | Agencia Prensa Latina, Cuba. | 03 Noviembre 2008
El pasado 13 de octubre, después de una semana de pánico y especulación financiera y bursátil, los grandes diarios de México encabezaron sus primeras planas con una frase que, palabras más, palabra menos, sintezaba la situación: "Hunden al peso los empresarios: Hacienda". Los medios masivos se hacían eco de una revelación formulada por el mismísimo secretario de Hacienda mexicano, Agustín Cartens, quien el día anterior había acusado, en Washington, a un grupo de empresas con casa matriz en México, de realizar "acciones especulativas" para beneficiarse, ocasionando así la brusca caída del peso. En un país controlado por un gobierno conservador y adscrito a la ortodoxia neoliberal, cuyo titular de Hacienda fue director ejecutivo del FMI antes de llegar al gabinete de Felipe Calderón, la acusación sonaba paradojal. Después se supo que el flemático Cartens había estallado en ira el viernes anterior, y mientras gritaba furioso "los haremos pedazos", exigía nombres, montos y razones sociales de las empresas que especularon con el dólar y exhibieron que el discurso oficial, ese que alardea del "blindaje" de la economía mexicana, es puro cuento. Y es que entre el 8 y el 10 de octubre, en pleno estallido de la "crisis global" de los mercados financieros, el Banco de México había salido a subastar ocho mil 900 millones de dólares de las reservas internacionales del país --casi 10.6 por ciento del total--, para contener el ataque especulativo contra el peso, a lo que se sumaron compras de quienes abandonaban el mercado bursátil y empresas que necesitaban dólares para su operación. Fue en ese contexto que el domingo 12, durante su viaje a Washington para la reunión anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, Agustín Cartens señaló que la volatilidad en el mercado cambiario se había debido a que algunas empresas realizaron "operaciones especulativas para tener utilidades". Según él, era un problema "bien detectado", que no reflejaba debilidad en términos macroeconómicos. En buen romance, quiso demostrar que el nuevo quebranto nacional no se debió a razones estructurales o errores gubernamentales de estrategia. Es decir, se dedicó a lavar la imagen de Felipe Calderón de cara a los efectos políticos de la frágil situación económica. Para entonces, Cartens ya sabía los nombres de los bancos y los tiburones empresariales que habían protagonizado un nuevo saqueo del dinero público, pero en el mejor estilo del viejo régimen priísta, se negó a revelar con pelos y señales los nombres de los "nerviosos" delincuentes de cuello blanco. La especulación, una práctica económica antigua, tiene una connotación negativa porque implica ganar dinero sin hacer más que comprar algo barato y venderlo caro sin que necesariamente varíe el valor real de eso con lo que se especula. El chiste es saber quiénes tienen capacidad para devorar seis mil 400 millones de dólares en 65 minutos, como ocurrió el 10 de octubre en México. La interrogante no es difícil de descifrar. Son los mismos de siempre. Los "sacadólares" que hundieron a México en 1982, en las postrimerías del gobierno de José López Portillo. Y los que volvieron a saquear al país en 1995, con el llamado "error de diciembre", en los primeros días de la administración de Ernesto Zedillo. Son un privilegiado grupo de especuladores parapetados en los grupos económicos y financieros, que incluye hoy a la banca extranjera, casas de bolsa, cambios, aseguradoras, afianzadoras y empresas de factoraje, entre ellas, BBVA Bancomer, Banamex, Banorte, Santander, Scotiabank, ING e Interacciones, incluida la empresa mercantil Comercial Mexicana, que incurrió en default. Pero también abarca a otras grandes empresas de capital local, que pertenecen a nombres y apellidos que figuran en la lista de millonarios de la revista Forbes, como Lorenzo Zambrano (CEMEX), la familia Garza Lagüera (FEMSA), el Grupo Bimbo de Lorenzo Servitje, los principales consorcios del sello Slim (Grupo Carso, América Móvil, Telmex), el Grupo Maseca de Roberto González Barreda, el Grupo Posada (Mexicana de Aviación) y un puñado más. Hoy no se les acusa de "sacadólares" como antaño. Especular no es delito y ganar dinero así, tampoco. El delito sería no haber informado de los manejos financieros a los consejos y accionistas. Las leyes que regulan las empresas que cotizan en cualquier bolsa del mundo obligan a divulgar esa información, y al parecer no la hubo. Aún no se sabe si los bancos que hicieron esas operaciones observaron la normatividad. Tampoco está claro de dónde salió la información confidencial para que unos cuantos privilegiados volvieran a vaciar las reservas internacionales de México. Asimismo, crece la duda en torno a si el presente episodio está ligado con empresas cobradoras de intereses políticos y electorales. Porque, sí quedó claro, que a algunos empresarios el gobierno les lanzó una cuerda para salir del pantano. Como dijo el gobernador del banco central, Guillermo Ortiz, para eso estaban las reservas internacionales, para rescatar empresas.
(***) El autor es un reconocido articulista de la prensa mexicana.