Pensamiento Crítico

Obama a la Casa Blanca

Por Ramón Sánchez-Parodi Montoto | Diario Granma, Cuba. | 05 Noviembre 2008
Barack Obama, el senador demócrata por Illinois, ocupará la Casa Blanca desde el próximo 20 de enero como cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos. Entre mediados de septiembre y el pasado 31 de octubre en 32 estados de ese país, un estimado de 27 millones de electores fueron autorizados a depositar su voto por adelantado, sin tener que presentar una justificación. En el resto del país, otros 13 millones también lo hicieron demostrando tener una razón y justificación para ello. Hay registrados unos 187 millones de votantes, pero deben ejercer el sufragio unos 120 millones, lo que equivale, según especialistas, a que el 30% de los electores ya habían votado antes del 4 de noviembre. Cerca de un 60% de esos votantes eran afiliados demócratas que se considera votaron a favor de Obama. Un indicio temprano de la victoria que anunciaron antes de la medianoche los medios de difusión norteamericanos. Barack Obama ha desarrollado una sorprendente y meteórica campaña que lo lleva hacia la Casa Blanca, caracterizada por una sistemática, metódica y perseverante organización. Aunque es evidente que su intención de llegar al más alto cargo del poder ejecutivo norteamericano surge desde mediados de la década de los años 80 del pasado siglo, el hito más reciente en ese camino lo constituye el magistral discurso que pronunció en la Convención Demócrata del 2004, a lo cual siguió su elección como senador federal en las elecciones del 2006, cuando los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes y del Senado. En esa trayectoria, septiembre del 2007 marca el momento en que Obama pasa de ser un político más entre el pelotón de aspirantes a la presidencia, prácticamente desconocido para la población norteamericana y solo mencionado por su discurso del 2004 y el hecho de ser negro (o afro-americano), a colocarse entre los punteros de la ruta. Es la ocasión cuando Obama toma como bandera la oposición a la guerra en Iraq (tema por entonces en el primer plano de la atención pública) y se equipara en recaudación de fondos a Hillary Clinton, favorita entre los candidatos demócratas. En rápida y espectacular sucesión, en diciembre Obama logra emparejarse a Hillary en las encuestas de opinión pública como candidato favorito y se anota un brillante triunfo en el primer evento de las primarias, los caucuses de Iowa del 3 de enero de este año, relegando a Hillary a un deslucido tercer lugar. El 5 de febrero, en el Gigamartes, le cierra a su contrincante demócrata la posibilidad de conquistar un número sustancial de delegados, lo que repite posteriormente en el Supermartes del 4 de marzo y con una sucesión de victorias en primarias y caucuses durante los meses de febrero y marzo. En el "sprint" final de las primarias consigue, a mediados de mayo, empatar y superar decisivamente a Hillary Clinton en el número de superdelegados (en la práctica representa el respaldo del "establishment" demócrata) que apoyan su nominación y, finalmente, antes de que se cierre el período de primarias, rematar el trayecto hacia la nominación a la presidencia por el Partido Demócrata al obtener el número de delegados necesarios. En esos menos de nueve meses, Obama se convirtió en un personaje histórico en la política norteamericana, con el respaldo de la mayoría del "establishment" demócrata. El pequeño y débil grupo de un año atrás, con Obama como figura central, había derrotado en las primaras y desplazado del control del Partido Demócrata a la formidable maquinaria política de Bill y Hillary Clinton, creada en un período de tres décadas, incluyendo los ocho años cuando Bill ocupó la presidencia de Estados Unidos. Contrariamente al criterio sostenido por comentaristas y especialistas políticos de que la tenaz lucha por la nominación entre Hillary y Obama amenazaba con dividir al Partido Demócrata, esa pugna contribuyó decisivamente a la unión entre las distintas tendencias y ha sido un factor clave en la victoria que hoy se materializará en las urnas. Por el contrario, aunque John McCain logró, desde fecha tan temprana como febrero, garantizar la nominación por su Partido como candidato a la presidencia, fue porque sus contrincantes abandonaron la lucha, y no como resultado de la unidad o aceptación de su candidatura por las distintas fuerzas republicanas. Esta diferencia entre la forma en que uno y otro candidato obtuvieron la nominación, constituirá un factor clave en los resultados de las elecciones de hoy. Aunque el clima político en Estados Unidos determinaba que esta es una elección donde los demócratas debían lograr elegir su candidato a la presidencia del país, ese triunfo ha estado calzado por una campaña electoral muy eficiente, diseñada y ejecutada por un equipo muy cohesionado y leal a Obama que se ha mantenido unido toda la contienda. Desde un inicio, Obama se propuso dar batalla a sus opositores, fuesen los otros aspirantes demócratas o su rival republicano, en todo el territorio nacional y ello le permitió darse a conocer, crear vínculos en el aparato y bases del Partido en todo el país y acumular fuerzas, primero entre los delegados a la Convención Demócrata y adicionalmente en la identificación y registro de potenciales votantes con vistas a las elecciones del 4 de noviembre. En contraste, tanto Hillary como McCain adoptaron la forma tradicional de hacer campaña, basándose en los lugares y grupos que históricamente se han inclinado a uno y otro partido. Crucial para Obama en el desarrollo de esa estrategia fue el empleo de millares de voluntarios, de la creación de grupos profesionales de campaña en todos los estados y de una red integral en Internet. Consiguió así presentar batalla en todos los escenarios, captar cientos de miles y hasta millones de votantes, dar a conocer a Obama, divulgar sus posiciones y enfrentar las campañas de descrédito contra el candidato que llevaron a cabo tanto el equipo de Hillary Clinton como el de McCain. Pero, muy en especial, la campaña de Obama impuso récord en un importantísimo e imprescindible componente en la lucha por la presidencia: la recaudación de dinero, abarcando tanto las pequeñas donaciones de ciudadanos individuales durante las primarias como las decisivas contribuciones financieras de instituciones y empresas en la etapa final de la campaña durante los meses de octubre y noviembre. No solamente la campaña de Obama contó con más de tres millones de donantes, sino que entre ellos se destacó el importante aporte del núcleo de poder económico y político norteamericano. Obama llega a estas elecciones con el respaldo de la clase dominante de Estados Unidos. Aunque no se tienen las cifras finales, las donaciones a la candidatura de Obama pueden fácilmente sobrepasar la cifra de $800 millones de dólares. Ya, con lo que se conoce oficialmente, Obama ha recaudado más dinero que lo recaudado conjuntamente por los candidatos George W. Bush y John Kerry en las elecciones del 2004. Para que se tenga una idea del costo de esta campaña, podemos apuntar que el Center for Responsive Politics calcula que desde enero del 2007 hasta la fecha se habrán gastado $2,4 mil millones de dólares en la elección presidencial y $2,9 mil millones de dólares en las de los 435 congresistas y 100 senadores federales: un total, solo en esos dos eventos, de $5,3 mil millones. Cuando se analizan los distintos aspectos de la campaña de Barack Obama, podemos constatar que, salvo pequeños baches en marzo y abril durante las primarias y en la segunda semana de septiembre, su candidatura siempre ha estado en ascenso y en un desempeño más fuerte, cohesionado y bien definido que las de sus rivales, incluyendo a Hillary Clinton y a John McCain. A partir del 14 de septiembre, la explosión de la crisis financiera representó el puntillazo a las aspiraciones presidenciales del candidato republicano, quien a pesar de esfuerzos desesperados (entre ellos una entrevista al ultra conservador periódico Washington Times - no confundir con el Washington Post) donde criticó fuertemente a la Administración Bush, no ha podido deshacerse de la maldita herencia de los últimos ocho años de mandato del inepto George W. A ello se suma el pobre desempeño de su elegida como compañera de fórmula, la amazona ártica de Alaska, Sarah Palin, y de las infelices actuaciones de ambos en los tres debates presidenciales y en el vicepresidencial. Esto completa el panorama de la debacle republicana de hoy. La contienda ya no era pareja entre McCain y Obama. El demócrata llevaba una amplia ventaja y solo quedaba a su rival la esperanza del oculto factor racial a la hora de votar. Pero eso no ocurrió. Así Barack Obama completa una jornada histórica y tendrá que enfrentarse a otra.
(***) El autor es especialista en Relaciones Internacionales y fue jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos de septiembre de 1977 a abril de 1989.