Pensamiento Crítico

El largo y sinuoso camino recorrido por Obama

Por Gerardo Albarrán de Alba | Diario Página/12, Argentina. | 07 Noviembre 2008
En 1965, el secretario de prensa de Lyndon B. Johnson anticipaba que un negro sería presidente de Estados Unidos, en el contexto de los disturbios raciales. Tres años después, Martin Luther King anunciaba que los negros llegarían a la tierra prometida. "Escuche con atención lo que voy a decirle", acotó Joseph Leitin, secretario auxiliar de prensa de la Casa Blanca. El periodista mexicano Julio Scherer García entrevistaba al vocero del presidente Lyndon B. Johnson poco más de un mes después de los seis días de disturbios raciales en el barrio de Watts, en Los Angeles, que estallaron en agosto de 1965, luego de que policías blancos golpearan brutalmente a un automovilista negro. Leitin respondía a la pregunta sobre el problema de los negros: "Hoy nadie se atrevería a decir que en el futuro de los Estados Unidos habrá un presidente negro. Sin embargo, téngalo en cuenta desde ahora..". Los disturbios de Watts darían otra dimensión al movimiento por los derechos civiles de la población de raza negra en Estados Unidos, encabezada por Martin Luther King. En su segundo mandato, Johnson impulsó las leyes que prohibieron la discriminación racial y dieron el derecho al voto a los negros. Scherer, el periodista más importante de México desde la segunda mitad del siglo XX, viajó a Washington para cubrir la situación de los negros en una nación de claro corte racista. Reportero entonces del diario Excelsior, se convertiría en su director tres años después, sólo para ser expulsado del diario en 1976 en un golpe orquestado por el presidente Luis Echeverría, con el apoyo de la cúpula empresarial del país, por la línea editorial crítica del periódico. En respuesta, fundaría la revista Proceso, que mañana cumple 32 años de publicarse cada semana. Scherer se cuestionaba a sí mismo sobre la complejidad del tema de la entrevista que realizaba al segundo magnavoz del pensamiento de Lyndon B. Johnson. "¿Puede abordarse así, en cinco minutos, un problema de siglos? El problema negro es enredado como una liana perdida en la selva; sin punto de arranque ni fin. Lo imaginamos como un pozo profundo en el que jamás se toca fondo. El blanco puede mirar al negro con cierta naturalidad, porque siempre lo ha observado por encima del hombro. Pero, ¿y el negro? ¿Cómo construir un sentimiento con material tan disímbolo, como el que proporcionan el rencor y la admiración, el miedo y la envidia, el odio y una pasión indefinible compuesta de amor y anhelo? A veces creemos que el problema del negro, por inasible, es material para un pintor abstracto, para un músico o para un literato, mas no para un pensador. El negro, por distante, nos es extraño como los ángeles y los demonios". Joseph Leitin despejó sus dudas, aquella tarde de 1965: "Escuche con atención lo que voy a decirle. Hace 50 años nadie se hubiese atrevido a decir que los Estados Unidos serían gobernados por un presidente católico. El tiempo, en medio siglo, superó lo que parecía imposible y John F. Kennedy escaló la máxima magistratura de un país de mayoría protestante. Hoy, nadie se atrevería a decir que en el futuro de los Estados Unidos habrá un presidente negro. Sin embargo, téngalo en cuenta desde ahora..". Poco más de un cuarto de siglo después, los disturbios de 1992 en el barrio de South Central, de nuevo en Los Angeles, luego de que un jurado exonerara a los policías blancos que propinaron otra vez una brutal golpiza a un automovilista negro, Rodney King, un año antes, demostraron que la iniquidad económica, la discriminación y la marginación contra esta raza no habían desaparecido del todo. Tuvieron que pasar 43 años de aquella premonitoria declaración de Leitin para que se hiciera realidad el martes pasado con la elección de Barack Obama como el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos, pero no era el único que la anticipaba. El 3 de abril de 1968, un día antes de ser asesinado, y poco antes de que transcurrieran tres años de los disturbios de Watts, el líder negro Martin Luther King había dicho a sus seguidores: "He visto la tierra prometida. Puede que no llegue allá con ustedes, pero quiero que sepan esta noche que, como pueblo, llegaremos a esa tierra". Retrato de Michelle, la futura primera dama Por David Usborne The Independent, Gran Bretaña. Traducción: Celita Doyhambéhère Si miran a lo largo de la calle North Jefferson en Chicago verán a Sepia, un restaurante en un edificio reciclado que destila una discreta sofisticación. Sucede también que es el restaurante favorito en la ciudad de la futura primera dama, pero nadie lo diría. Michelle Obama, de 44 años, a quien le gusta almorzar aquí con amigas y nunca se va sin un pequeño postre, no proviene de una familia acomodada. Creció en un barrio de obreros en el lado sur de Chicago y su padre trabajaba para el departamento de aguas públicas de la ciudad. Ella no se ha olvidado de sus raíces, pero es su moderna urbanidad lo que más se notará cuando llegue a la Casa Blanca. Que es una mujer por sus propios logros es muy sabido. (En realidad, aparte de las regalías de los libros, Michelle es la principal fuente de ingresos del hogar Obama.) Pero su presentación al público estadounidense durante los pasados meses no fue sin problemas. Si Michelle subestimó los peligros de la exposición política, seguramente no lo hizo después del revuelo que provocó en febrero cuando, reflejando el éxito de su marido en las primarias de Supermartes, le dijo a una audiencia en Washington que, "por primera vez en mi vida de adulta estoy realmente orgullosa de mi país". Los republicanos se abalanzaron sobre el comentario como algo no patriótico. Durante unas semanas después de eso, Michelle mantuvo un rol en segundo plano en la campaña mientras los asesores se preocupaban que si Estados Unidos tenía dudas de elegir a su primer presidente afroamericanos, también estaba ansioso sobre la primera dama que también era negra pero quizá demasiado inteligente. El racismo y el sexismo pueden haber estado conspirando contra todos los esfuerzos para que el país la quisiera. Pero más adelante en la campaña pareció encontrar su ritmo. La cámara la pescó dándole un "golpe de puño" a su marido mientras éste se preparaba para dar un discurso clave después de haberse asegurado la nominación, un fugaz momento que puso de manifiesto la juventud y la complicidad de marido y mujer. Y comenzó a aparecer en shows populares diurnos, haciendo alarde de su gracia para el baile con Ellen DeGeneres. Fue muy halagada por su discurso seguro y por momentos conmovedor al presentar a su marido a los delegados en la Convención Demócrata en Denver. "Lo que me llamó la atención cuando conocí a Barack fue que a pesar de su nombre raro y de que hubiera crecido del otro lado del continente en Hawai, su familia se parecía tanto a la mía", dijo. "Fue criado por sus abuelos, ambos de la clase trabajadora como mis padres, y por una madre sola que luchó para pagar las cuentas, igual que nosotros". Una vez en la Casa Blanca, Michelle seguramente será una fuerza como asesora informal para su marido como lo fue durante los 21 meses de campaña. Parado en Grant Park tarde en la noche del martes, él saludó "a mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la roca de nuestra familia, el amor de mi vida". Dijo que no sólo era una fuente de fuerza sino un crítica suave que lo mantiene con los pies en la tierra, retándolo por las cosas más mundanas, como poner a lavar sus medias sucias. Las encuestas a boca de urna el martes sugirieron que está ahora muy bien posicionada para hacer un muy buen papel en la Casa Blanca. Un 60 por ciento de todos los votantes dijeron que Michelle Obama hará una "buena" primera dama.