Pensamiento Crítico

Rusia disputa mercado de armas a EEUU

Por Jorge Petinaud Martínez | Agencia Prensa Latina, de Cuba. | 07 Noviembre 2008
La crítica del presidente Dmitri Medvedev a las nuevas sanciones de Washington contra la empresa exportadora de armamentos Rosoboronexport constituye la reacción más reciente de Moscú ante lo que el mandatario denominó competencia desleal. Se pretende marginar a este suministrador, pero es una decisión poco perspicaz que prácticamente no se dejará sentir, aseguró el jefe del Kremlin, quien situó por encima de los 30 mil millones de dólares el monto de los pedidos en el exterior de técnica castrense rusa. Moscú coopera en este campo con 81 países y según datos del pasado 1 de octubre, las ventas al extranjero rebasaron el volumen y el valor satisfactorios registrados en igual etapa de 2007, dijo en una reunión con miembros de la Comisión para la Cooperación Técnica Militar. Esta exitosa reinserción en el mercado mundial de armamentos en los comienzos del siglo XXI preocupa a la élite gobernante de Estados Unidos, que recurre al juego sucio. Las ganancias de los fabricantes norteamericanos de medios bélicos se ven diezmadas de manera significativa ante la competitividad creciente de la industria castrense rusa, en franca recuperación del descalabro en que cayó tras el desmoronamiento de la Unión Soviética. Así explica Moscú la nueva zancadilla norteamericana al único intermediario ruso en el comercio de armas, la corporación estatal Rosoboronexport. El portavoz de esa empresa, Viacheslav Davidenko, afirmó que Washington ve en Rusia uno de los pocos países capaces de retarlo en ese tipo de mercado. En un comunicado oficial, la administración norteamericana informó que desde el 23 de octubre el consorcio ruso está sometido a represalias al igual que otras 12 compañías de Venezuela, Siria, irán, China, Corea del Norte, Sudcorea, Sudán y Emiratos Árabes Unidos. La Casa Blanca justifica estas medidas válidas por dos años con la ley norteamericana denominada Acta de no proliferación hacia Irán, Corea del Norte y Siria. Acusa a las empresas sancionadas de supuestas actividades relacionadas con los suministros a esas naciones de "equipos y tecnologías susceptibles de ser utilizadas en la creación de armas de destrucción masiva, misiles balísticos y de crucero". De acuerdo con el texto, el gobierno estadounidense prohíbe cerrar acuerdos con los consorcios incluidos en la denominada lista negra, venderles mercancías de uso militar y expedirles nuevas licencias de exportación de productos sujetas a control gubernamental. Ante tal arbitrariedad, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, advirtió que esa acción perjudicará los vínculos bilaterales. El jefe de la diplomacia del Kremlin consideró equivocados a quienes piensan que con esas medidas violatorias del derecho Internacional Moscú se plegará a la posición de la casa Blanca en relación con el programa nuclear iraní. Aclaró al respecto que la Federación de Rusia y Teherán cooperan en estricta consonancia con las leyes internacionales, en alusión a la central de Busher que expertos rusos construyen en ese país, y a cohetes antiaéreos defensivos TOR adquiridos por Irán. Medidas similares ya fueron impuestas en julio y diciembre de 2006 contra Rosoboronexport y las empresas rusas productoras de armamento de Tula y Kolomna. Las exportaciones de arsenales rusos crecieron un 23 por ciento respecto a los primeros nueve meses de 2007, según el subdirector del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar, Konstantin Biriulin. Ese año finalizó con un total de ventas valoradas en siete mil 400 millones de dólares, mientras que para 2008 existe el encargo gubernamental de escalar hasta los ocho mil millones de unidades de esa divisa, dijo Biriulin. Al comparar estos dígitos con los seis mil 130 millones de dólares considerados un éxito rotundo en el balance de 2005, se evidencia la cuota de mercado que el consorcio estatal ruso ha reconquistado. Estados Unidos fue el líder indiscutible de esta rama en el último quinquenio del siglo XX con ventas que rebasaban los 53 mil millones de dólares, mientras que Rusia apenas frisó los 16 mil millones de esa divisa. Pero en el lustro transcurrido desde 2002 las ventas rusas crecieron en casi 11 mil millones y ascendieron a 26 mil 900 millones, cifra tan inquietante para Washington que provocó un informe reciente del Congreso sobre el tema. El texto Suministros de Armas a los Países en desarrollo precisa que Estados Unidos conservó la primacía anual en el tráfico mundial de medios bélicos, pero en 2007 ya Moscú concluyó segundo, señal de una preocupante pujanza, advierte el escrito de los legisladores. Un grupo de expertos, de otro lado, publicaron recientemente el folleto Cooperación Militar de Rusia con otros Países. Análisis de Mercado, el cual aclara que de tres mil 700 millones que Moscú vendió en 2000, pasó a siete mil 400 en 2007. Empero, esos autores reconocen que en diciembre Rosoboronexport ya tenía contratados suministros de armas y componentes por 32 mil millones de dólares, reflejo de la cuota de mercado que el Kremlin ha recuperado de antiguos clientes de la Unión Soviética. No debe asombrar entonces que ahora suceda como a inicios de 2007, cuando la Casa Blanca sumó nuevas sanciones a las que ya había decretado en agosto de 2006 contra la corporación aeronáutica Sujoi y el propio Rosoboronexport. Se mantuvo el castigo para esta última empresa, y se añadió a la lista de penitentes al Combinado de Equipos de Tula y la fábrica de maquinarias Kolomensk. Igual que ahora, el argumento esgrimido para aplicar el castigo fue que realizaron transacciones con países incluidos en listas negras por el departamento de Estado como Irán, Siria y Venezuela. Pero la respuesta rusa no se hizo esperar, y horas después entregó a Irán modernos sistemas de defensa antiaérea. Se trata de cerca de 30 complejos no estratégicos de cohetes TOR-M1, contratados a Rusia desde fines de 2005, por un costo cercano a los mil millones de dólares. Con esta operación, el Kremlin ratificó su posición de no ceder ni un ápice en la reconquista de un mercado tan fundamental para la Federación rusa como el de los energéticos.