Pensamiento Crítico

Estados Unidos: una economía que se agrava

Por Carlos A. Sánchez | Agencia Prensa Latina, Cuba. | 25 Noviembre 2008
Ahora que Barack Obama ha sido elegido, por amplio margen sobre su rival, y será el primer presidente de Estados Unidos de raza negra, está claro que el electorado envía un mensaje adjunto: Estamos ante una gran crisis económica y se requiere de figuras y fórmulas no tradicionales en el gobierno, lo único que se les pide es eficiencia para sacar al país de la complicada situación en que lo deja el equipo de George W. Bush. Toca ahora entrar de lleno al diseño de las políticas efectivas para hacer frente a la crisis que golpea ya a toda la economía y ello habrá que hacerlo sin suprimir más de 150 programas de beneficio social y sin convertir en permanentes privilegios fiscales originalmente aprobados en 2001, con carácter temporal, para los ricos. Asimismo habrá que rescatar las regulaciones bancarias y crediticias que probaron ser útiles en mantener el control y la confianza en el sector financiero. La desregulación a las operaciones del sistema bancario fue impulsada por los teóricos del neoliberalismo, quienes sostienen que sólo "la magia del mercado" debe ser el único factor que influya en el libre movimiento de capitales en lo bancario, en la bolsa de valores, en lo comercial y hasta en lo laboral. Ya en 1996 la Junta de Reserva Federal (FED), que viene a ser el banco central de Estados Unidos- "modifica la ley Glass-Steagall-, promulgada durante la Gran Depresión para prevenir el tipo de actividad bancaria que llevó al crash de la bolsa de valores en 1929". El resultado está a la vista: miles de millones de dólares invertidos en la compra de contratos hipotecarios de alto riesgo se han convertido en humo, llevando a la quiebra a grandes firmas bancarias, aseguradoras y hasta fondos de jubilación en Estados Unidos y otros muchos países. Entre las más renombradas firmas en quiebra figuran: Lehman Brothers, Merrill Lynch, la aseguradora de hipotecas American Internacional Group (AIG), Bearns & Stern, en tanto que las famosas casas Goldman Sachs y Morgan Stanley pierden sus operaciones en el comercio y especulación de valores financieros y quedan como simples bancos comerciales. Otras muchas han sido nombradas y casi todas las semanas se agregan otras en un proceso que está lejos de terminar. Una verdadera catástrofe que minó seriamente la confianza en los bancos y en todo el sistema crediticio, que aún no se ha cuantificado en su totalidad. Por si fuera poco, la especulación desenfrenada en los principales mercados importadores de petróleo como Nueva York, Londres, Francfurt, y Amsterdam dicta los precios del crudo llevándolos hacia verdaderas montañas rusas en su cotización. Es curioso que el gobierno que más libertades y derechos civiles cercenó a sus ciudadanos, con la llamada Ley Patriótica contra el terrorismo, sea el mismo que avaló la desregulación neoliberal, que ya venía dando firmes pasos desde las administraciones de Ronald Reagan y William Clinton. Esa política dio lugar al desarrollo de un verdadero libertinaje para la actuación de sus banqueros y empresas transnacionales para operar en cuanta empresa ó negocio surgiera, por dudoso que fuera, y a sus comerciantes via libre para especular sin límites con los precios de productos tan vitales como el petróleo, aunque ello perjudicara a los contribuyentes y la economía en general de Estados Unidos. Cuando estalló la burbuja hipotecaria, ello creó una crisis de confianza no sólo en el sector bancario y financiero, así como en los mercados de valores (de acciones, bonos y monedas), ya intranquilos con el alza espectacular en el precio del petróleo, sino que sus efectos alcanzaron a la economía real, aquella que produce bienes y servicios) por la caída de la demanda y del ingreso real de los trabajadores. Ha caído la venta de autos, y hay cierres parciales de plantas. DHL, la firma de entregas, despide a nueve mil 500 empleados. Esas son noticias habituales en esta segunda mitad del 2008. Crisis de las Hipotecas de Alto Riesgo Ya en la última década del siglo XX las grandes firmas financieras presionaron -con éxito- al congreso para suprimir la legislación bancaria que exigía la solvencia de los solicitantes de préstamos para otorgar créditos y se permitió a los bancos participar en la actividad inversionista, lo que llevó a la postre traficar en la compra- venta de garantías de hipoteca y crear múltiples fondos financieros con el único respaldo de las hipotecas de alto riesgo. Luego los bancos y firmas financieras se lanzaron a conseguir dinero rápido vendiendo paquetes de contratos hipotecarios por todo el mundo a agentes que los ofrecían al público sin advertirles que en ellos había hipotecas solventes y casi sin riesgo, mezcladas con hipotecas de alto riesgo de impago. Así se comercializaron miles de paquetes y, mientras los deudores primarios, firmantes de la hipoteca inicial, pagaran, todo marcharía sobre ruedas. Se crearon diversas fórmulas de inversión con esos paquetes, tanto para atraer capitales, como para distribuir los riesgos de impago, entre cientos de inversionistas de diversos continentes. Así se crearon, entre otros, las Obligaciones de Deuda Colateralizada (CDO) que pagaban un rendimiento de acuerdo con el riesgo de impago, los llamados Vehículos de Inversión Estructurada (SIV) y los Swaps de impagos crediticios (CDS), que se suponía manejaban los contratos con el más bajo riesgo de impago. Las operaciones con CDS vendidos en todo el mundo crecieron hasta niveles demenciales, asegurando una deuda total por 45 millones de millones de dólares, equivalente al tamaño a la economía mundial en un año. Además, las firmas involucradas en el negocio inmobiliario hacían notar a sus clientes que los precios de las casas estaban subiendo y así, si un deudor no podía pagar su hipoteca, estaba la posibilidad de vender su casa y sacar un beneficio que le permitiría liquidar su hipoteca y quedarse con alguna ganancia, e invertirla en una nueva casa y en otra hipoteca. Todo eso dejó de funcionar cuando la demanda de casas cayó y los precios presentaron una tendencia a la baja. Muchos operadores tenían la certeza que, de facto, el gobierno garantizaba la solidez de esas operaciones hipotecarias porque siempre había apoyado a las firmas Freddie Mack y Fannie Mae, las cuales controlan la mayoría de los contratos hipotecarios. Pero en realidad, esa garantía de facto no existía legalmente establecida. La crisis hipotecaria se desató con fuerza a mediados del año pasado, cuando las familias de menores ingresos, sobre todo, de raza negra y latinos inmigrantes, sectores entre los que se habían colocado mayormente las hipotecas de alto riesgo, porque sus beneficiarios recibían ese crédito con intereses discretos y promocionales, al menos, en los primeros años. Pero luego subían a los niveles que estimaban los bancos y las firmas inmobiliarias. Esto hizo que muchos clientes perdieran sus casas cuando el costo de los pagos se hizo insostenible. Se dice, no sin ejemplos, que lo último que deja de pagar la gente es la hipoteca de su casa, pero cuando en una economía doméstica ya ajustada, suben el precio a los alimentos, la gasolina y la electricidad, usted puede apostar que pronto se producirán los primeros retrasos y suspensiones de pago. Y así fue. En la primera mitad del 2007 comenzaron a producirse los impagos de hipotecas, pronto se multiplicaron, y llegaron a afectar hasta el colapso en múltiples casos, a las matrices de bancos y casas hipotecarias y hasta fondos pensiones de trabajadores que sus administradores invirtieron en paquetes de hipotecas. Todo ello se convirtió en pocos meses en montañas de papeles incobrables. Petróleo y Alimentos Otras dos crisis en ciernes, la de producción de alimentos, que se vio afectada por la política del presidente Bush, quien llamó a mediados de esta década, a desviar porcentajes crecientes de la producción de cereales a la fabricación de etanol, el cual se adiciona a la gasolina y, supuestamente ello ahorraría petróleo importado y daría un combustible menos contaminante. Esto elevó lo precios de la canasta alimenticia de los sectores menos pudientes de la sociedad norteamericana. La restante crisis fue la especulación con los precios del petróleo, la cual llevó el barril de 23 dólares a fines del 2006 a 147.27 dólares en julio de este año. Y cuando sube el petróleo, todo se encarece. El carácter especulativo de las oscilaciones en el precio se advierte al observar que durante 2007 y los nueve primeros meses de 2008 el crudo subió de 23 dólares a 147.27 dólares, cuando las compañías occidentales acusaban a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de enviar cantidades insuficientes de crudo al mercado mundial, creando escasez, y baja en las reservas por su culpa, por lo cual los precios se habían disparado. Sin embargo, cuando la entidad petrolera sorprendió al mundo recortando las cuotas de producción a sus países miembros, los más sorprendidos fueron realmente los consumidores porque fue entonces que los precios comenzaron a caer sostenidamente, hasta 67 dólares el barril el 11 de noviembre de este año. Todo eso deja en claro que no hay una relación directa y lógica entre los suministros de OPEP y los precios en las grandes bolsas del crudo en Nueva York y Londres. Por ello sospechar que son las grandes compañías petroleras privadas de occidente las que han venido manipulando los precios para su muy particular beneficio, a costa de imponer penurias a millones de personas y decenas de países, no es ninguna herejía. Deuda, Estancamiento y Desempleo La crisis de los alimentos, la del petróleo y la de las hipotecas se gestaron y estallaron teniendo como trasfondo los superdéficit fiscales, provocados, en gran medida, por las gigantescas sumas destinadas al gasto militar, el cual creció ininterrumpidamente durante los ocho años de la administración Bush, la que se va dejando deudas por un billón (un millón de millones) de dólares a pagar en el 2009 y en el 2010. Esta es sólo la deuda fiscal, porque la de la nación fue elevada a cerca de 10 billones (millones de millones) de dólares en 2008, desde los 5.7 billones de dólares en el año 2000, cuando G.W. Bush inició su administración. Y el presidente saliente recibió una balanza fiscal con superavit de manos de Wlliam Clinton en el año 2000. El último presupuesto de Bush, el del año fiscal 2009, asciende a 3.1 billones (millones de millones), un tercio del cual se gastará en el sector militar y tendrá un déficit â€" en principio, porque bien podría ser mayor con los trastornos que traerá la recesión aún no reconocida- de 407 mil 400 millones de dólares, casi igual que el del 2008 (410 mil millones), pero todavía el record lo tiene el déficit fiscal de 2004, cuando llegó a 413 mil millones de dólares. La cadena de déficit presupuestales de Bush y el crecimiento de los ya enormes gastos destinados al Pentágono, han contribuido a que la crisis financiera, con los otros sectores en crisis que se han mencionado, haya creado un caldo de cultivo ideal para el desarrollo de toda una recesión de la economía nacional. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) se atrevió a pronosticar el 20 de octubre último que el trastorno económico a la vista tendrá serias repercusiones: el desempleo a nivel mundial podría elevarse en 20 millones de personas en los próximos 12 meses, pasando así de los 190 millones a fines del 2007 a 210 millones dentro de un año. En el primer trimestre del año actual la economía de ese país creció 0.9 por ciento, en el segundo, 2.8 por ciento, y en el tercero se contrajo a un raquítico 1.9 por ciento, según unas fuentes, mientras otras indican que sólo fue del 0.3 por ciento, es decir, un virtual estancamiento económico. Además, añaden que las ventas domésticas bajaron 1.8 por ciento, el mayor desplome en 17 años en este indicador, mientras los ingresos netos disponibles de los estadounidenses se reducían 8.7 por ciento, el mayor desde 1947, o sea, hace 61 años. Uno de los indicadores más significativos de la crisis actual es el desempleo. De acuerdo con cifras del Departamento del Trabajo, divulgadas el 7 de noviembre, en lo que va del año se han suprimido un millón 200 mil puestos de trabajo y las empresas eliminaron, sólo en octubre, 240 mil plazas de trabajo. Ese fue el décimo mes consecutivo de reducción de plantillas laborales. La tasa de desempleo llegó a 6.5 por ciento en octubre, la más alta en 14 años. Y su nivel supera la de 6.3 por ciento registrada durante la última recesión, en 2001. El Departamento del Trabajo reportó el 8 de noviembre que el total de norteamericanos sin empleo era de 10.1 millones, el más alto en 25 años, de los cuales solo 3.9 millones estaban recibiendo subsidio por desempleo. El futuro inmediato no pinta bien, entre 100 y 200 bancos podrían colapsar el próximo año y al mercado de la vivienda le tomará de dos a tres años recuperarse, pronosticó a la agencia Reuters el 10 de septiembre último el norteamericano Michael Spence, premio Nobel de Economía. Además, el número de bancos con problemas era ya de 117 en el segundo trimestre de este año, reportó la Corporación de Garantías de Depósito. El 14 de septiembre el Banco Central Europeo informó que había prestado a los bancos privados 30 mil millones de euros, pero que ni aún con eso había traído tranquilidad a los inversionistas. El mismo día el Banco de Inglaterra inyectó otros cinco mil millones de libras esterlinas (seis mil 300 millones de euros ó nueve mil millones de dólares) en mercados a corto plazo. En otro intento para detener la caída en las bolsas y en los mercados financieros, 10 bancos, entre los que se encuentran el Bank of America, Barclays, Deutsche Bank, UBS, crearon un fondo de emergencia por un total de 70 mil millones de dólares. Son fechas muy recientes como para tener evaluaciones acerca de estos esfuerzos por inyectar liquidez a los mercados y a entidades financieras que se derrumban bajo el peso masivo de malas deudas. Este noviembre el Reino Unido, Japón y Alemania declararon haber entrado en un período recesivo de sus economías. España también lo podría estar y el 2009 parece ser un año en el que la economía mundial sufrirá el frenazo más grande desde la recesión de 1929 al 1933. En los discursos, George W. Bush insiste acerca de la solidez de la economía estadounidense y se aferra al tecnicismo de que todavía no se han registrado dos ó tres trimestres de decrecimiento de la economía norteamericana, para reconocer el estado de recesión. Además no hay que olvidar que el hombre es terco y aún piensa que todavía puede despedirse con un elegante gesto de optimismo, aunque carezca totalmente de base. Lo cierto es que el conjunto de crisis en diversos sectores- inmobiliario, de crédito bancario, endeudamiento fiscal, energético, encarecimiento de alimentos, de empleo- están dando paso a una crisis de confianza y de incertidumbre en la política seguida y la ciudadanía reclama un cambio, como mostraron los resultados electorales. Otras tareas pendientes también pasaron su cuenta como las desastrozas guerras sin terminar en Iraq y Afganistán, la creciente pérdida de competitividad de la industria nacional, el problema migratorio, la inacción ante el calentamiento global y la falta de seguro médico universal. Por eso, no pocos analistas señalan que reparar los daños causados no será fácil y ello tomará tiempo. En el ínterin advierten que muy posiblemente la crisis no ha tocado fondo y que las cosas aún pueden ponerse peor antes de comenzar a mejorar.