Pensamiento Crítico

Los giros en Europa:<br>Francia, Gran Bretaña, Italia

None | 26 Febrero 2006

El nuevo centro europeo

Por Claudio Uriarte, diario Págin/12, Buenos Aires

Europa gira a la derecha. ¿Europa gira a la derecha? En todo caso, como decía un viejo conocedor de la política europea, "las naciones cambian muy lentamente, pero la gente no cambia nunca". La implicancia es que los movimientos de traslación de la política y las opiniones son como pesados barcos, que se mueven pero transportan a mucha gente que no necesariamente acompaña del todo en su interior la dirección de ese movimiento.

El ejemplo más claro es el de Alemania. El electorado desbancó del poder a los socialdemócratas y verdes de Gerhardt Schroeder y Joschka Fischer, pero –y paradójicamente, por ser conservador– no les otorgó a los democristianos y socialcristianos de Angela Merkel la mayoría necesaria para formar gobierno, obligándolos, por lo tanto, a un gobierno de unión nacional con los socialdemócratas que va a llevar adelante algunas –pero no todas– reformas de mercado impulsadas por la oposición de derecha para sacar a la ex locomotora económica de Europa de su estancamiento. En Francia, el movimiento parece estar ejemplificado por el ascenso de Ségolène Royal, una candidata que equidista tanto de los viejos hombres cansados y sin carisma del Partido Socialista como de los excesos represivos preconizados por el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, o el tufo a corrupción que rodea al presidente Jacques Chirac, y cuya vacuidad de propuestas es precisamente lo que la convierte en el recipiente más apto para cargar el incipiente corrimiento antiideológico de un electorado que, como el alemán, también está en protesta contra el estancamiento económico (los dos sufren desde hace años tasas de desempleo superiores al 10 por ciento). Y en Gran Bretaña, el ascenso de David Cameron, el primer líder carismático que tienen los conservadores desde Margaret Thatcher (lo cual traza un claro paralelo con Royal y los socialistas en Francia, en este caso en referencia a François Mitterrand), su aceptación de políticas como los derechos de salud, educación y de los gays y de protección del medio ambiente muestran con certeza que está dispuesto a enfrentar al "New Labour" de Tony Blair en su propio terreno.

No, Europa no está girando exactamente a la derecha, pero sí al centro (un centro prefigurado ya por el ascenso de Blair en 1998). Quizá pueda argumentarse que, por eso mismo, está girando a la derecha de sus posiciones anteriores, pero lo está haciendo en relación con lo que Donald Rumsfeld llamaría "la vieja izquierda". El paralelo es apto para política exterior también: si en los prolegómenos de la invasión a Irak el secretario de Defensa norteamericano lanzó la provocativa división entre una "vieja" y una "nueva" Europa (la vieja siendo el antiguo núcleo de Alemania y Francia, que se oponía a la invasión, y la nueva los países entrantes a la Unión Europea y la OTAN desde el Este, como Polonia, y en general cualquier país del Viejo Continente que estuviera dispuesto a apoyar la invasión), ahora se nota una nueva convergencia entre las políticas de Estados Unidos y el conjunto de Europa. Por ejemplo, en el caso de Irán. Días atrás, por ejemplo, la Cancillería francesa lanzó una fortísima advertencia contra el programa nuclear iraní. Esa fue una actitud muy inusual en un país que generalmente se desvive por ganar prestigio por vía de peleas diplomáticas con el grandote. También hubo severas advertencias por parte de la Alemania de Angela Merkel (que, por cierto, también ha abandonado la política anterior de Schroeder de cortejo sistemático a la Rusia de Vladimir Putin, que es ella misma una festejante de Irán y de los movimientos fundamentalistas islámicos como Hamas, pese a tener en su patio trasero de Chechenia una amenaza fundamentalista muy concreta). Y en Gran Bretaña, David Cameron trató de sobrepasar a Blair en solidaridad transatlántica al criticar al primer ministro por flojera en relación con el régimen de los ayatolas, y reclamar que se estableciera claramente que la opción de bombardear las instalaciones nucleares iraníes estaba sobre la mesa.

Por cierto, todo el mérito por esta nueva convergencia transatlántica no puede depositarse sólo en Europa. Desde la asunción de Condoleezza Rice como secretaria de Estado norteamericana, la política exterior de Estados Unidos también ha estado retornando lentamente al multilateralismo favorecido por la vieja guardia tradicional del Departamento de Estado. Pero habrá que ver qué ocurre cuando la escalada con Irán pase de las palabras a la etapa de los hechos, y la ronda de conversaciones que actualmente se mantiene en Naciones Unidas y la Agencia Internacional de Energía Atómica desemboque en el previsible fracaso.

Francia: ¿Quién es esta chica, Ségolène Royal?

El electorado siente que, cuando Ségolène Royal habla, le está hablando a él.
En Europa están surgiendo nuevos líderes políticos. En Francia, es Ségolène Royal, líder socialista que sobrepasa a la derecha en intención de voto.
Por Eduardo Febbro, desde París. Página/12, Buenos Aires.

Si las preferencias del electorado se mantienen hasta el año próximo al nivel actual, el equivalente de la próxima "primera dama" francesa será el "premier monsieur" y el jefe del Estado, una mujer. La ex ministra socialista de Medio Ambiente Ségolène Royal, esposa del actual primer secretario del PS, François Hollande, es la figura predilecta del electorado francés. Los últimos sondeos la ponen como la única candidata socialista que podría derrotar sucesivamente al actual jefe de gobierno, Dominique De Villepin, y, sobre todo, al hombre mimado de la alta sociedad francesa, el ministro de Interior Nicolas Sarkozy. Discreta, sin programa, con escasas apariciones públicas, Ségolène Royal se izó al trono en medio de la lucha interna del PS por la candidatura presidencial. Mientras Lionel Jospin, Jacques Lang, Dominique Strauss-Kahn y Laurent Fabius protagonizaban sutiles combates para conquistar al electorado socialista, Ségolène Royal se instaló en el primer plano sin que nadie se diera cuenta.

El hecho es por demás sorprendente en un país donde la paridad entre hombres y mujeres es una de las más desproporcionadas y escandalosas de Europa y en donde, ante la opinión pública, la mujer carece de la legitimidad de los hombres. En vez del ruido, Ségolène Royal eligió el silencio para existir. Nadie conoce muy bien su programa ni sus ideas, pero la "candidata virtual" ha conseguido suscitar el deseo a fuerza de discreción. Y las pocas veces que habló lo hizo para atacar a sus rivales socialistas y marcar su total independencia frente a los "jefes" de la rosa. Hace 10 días, Ségolène Royal osó incluso desafiar la línea oficial del PS y a todos los candidatos que compiten contra ella entre las sombras. En una entrevista concedida al diario Financial Times, Royal elogió al primer ministro británico Tony Blair, un hombre que, para la líder socialista, es "una referencia social-liberal". Según la dirigente, Tony Blair "estuvo caricaturizado en Francia. Pero a mí no me molesta mostrar mis adhesiones a algunas de sus ideas". Más aún, Royal elogió "sus éxitos reales en materia de empleos para los jóvenes" gracias a su "flexibilidad".

A su manera, ésa fue su primera entrada oficial en la campaña electoral. Y a quienes le salieron al paso, Ségolène Royal respondió autodefiniéndose con referencias al difunto presidente socialista François Mitterrand: "Soy la fuerza tranquila sonriente (‘fuerza tranquila’ fue el slogan de Mitterrand en 1981) y no tengo la intención de improvisar. Cuando llegue el momento estaré lista".

A nadie se le escapa un detalle central de la disputa por la candidatura electoral del PS. Su compañero, François Hollande, dirige el partido desde hace más de siete años, y es también un candidato potencial al sillón supremo de la República. ¿Cómo se pactan entonces las ambiciones de cada uno? Según explicó Ségolène Royal, de la manera más normal del mundo en una pareja, es decir, textualmente, "juntos". Ambos tomarán la decisión "juntos, como una pareja. ¿Por qué acaso no decir las cosas simplemente? Somos una pareja en la que cada cual tiene su autonomía, su manera de actuar, pero con total solidaridad". Existen en el Viejo Continente parejas de líderes políticos en las que uno de sus miembros pertenece a la mayoría gobernante y el otro a la oposición. Pero un caso como el de la pareja Hollande-Royal es más raro. Ambos sueñan, en la misma cama, con el mismo objetivo. Todos los estudios de opinión muestran que su condición de mujer constituye un argumento de peso. Un 51 por ciento de los franceses estiman que Royal aportó un nuevo aliento a la vida política del país y un 59 por ciento estaría listo a votar por ella si fuera candidata. Ello hace que, hoy, Royal derrotaría a los dos pesos pesado de la derecha con más del 50 por ciento de los votos. La gente la considera "competente", "simple", "atenta a los problemas de la gente" y además "es mujer". Es la primera vez en la historia política francesa que una mujer seduce a ese punto a un electorado tan conservador como el francés. El país de las luchas feministas siempre brilló por su conservadurismo en materia de acción política femenina y la evolución se hizo muy lentamente. En 1946, sólo un 18 por ciento de los franceses eran favorables a que una mujer sea presidenta de la República. La cifra pasó a un 52 por ciento en 1972 y a un 91 en 1988.

Royal construyó su carrera a la sombra de la usura política. Si bien fue ministra de François Mitterrand y de Lionel Jospin, la dirigente siempre se mantuvo al margen de la arena política tradicional. Suave, juiciosa, con un estilo modesto y una manera de estar en el centro sin monopolizar el escenario, Royal fue creciendo mientras los demás disimulaban sus ambiciones. Cuando hace unos meses su nombre empezó a circular en los labios de los electores y a llenar los formularios de los institutos de opinión, los comentaristas se reían de ella, descartaban su candidatura como si fuera una broma o un ardid de los cerebros del partido. Sin embargo, sin hacer campaña, hablando con modestia y siempre a la altura de las preocupaciones de la sociedad, Royal se invitó a un banquete en el que no estaba prevista. Lo que la distingue, sobre todo, es su vocabulario y una manera de dirigirse al otro "no profesional". El electorado siente que, cuando habla, le está hablando a él.

Entre la luna de miel con el electorado y la candidatura real media el combate real. Los otros cuatro pretendientes tienen un peso y un profesionalismo que contrasta con la modestia de la "fuerza tranquila sonriente" de Ségolène Royal. Sus adversarios (del PS) la califican de incipiente, de "muñeca Barbie de la política", pero Ségolène Royal se introdujo en una arena y ello torna más aguda las discrepancias en el seno de un partido que, hasta ahora, no tiene ni ideas, ni programa, ni siquiera un jefe indiscutido. Paradójicamente, el "responsable" de este vacío socialista es el mismo compañero de Ségolène Royal. Con la cual, la vida marital puede llenar muchos vacíos.

El bizarro payaso que se convirtió en Gran Hermano

Por Peter Popham, The Independent de Gran Bretaña. Desde Roma

Con las elecciones generales a menos de un mes, Silvio Berlusconi apuntó contra uno de los últimos bastiones de objetividad en las ondas radiotelevisivas italianas. El multimillonario de los medios que directamente o indirectamente controla casi toda producción televisiva de la nación describió un programa político neutral como "escandaloso", preguntándose en voz alta por qué era "tolerado".

Berlusconi ya se ha superado a sí mismo en su rol familiar de tiro al aire y bizarro payaso, comparándose con Churchill, Napoleón y Jesucristo. Pero su observación más alarmante hasta la fecha la hizo la semana pasada cuando declaró que un programa político de discusión llamado Ballaró, emitido semanalmente en el canal 3 de la RAI, era en realidad propaganda de la oposición de centroizquierda y "captura una audiencia totalmente compuesta de izquierdistas". Cuando los productores del programa insistieron en que su audiencia era equilibrada, Berlusconi disparó: "Eso es una mentira. El programa es un arma de guerra con informes hechos a medida". Era una situación "escandalosa", añadió, y era increíble que el directorio de la RAI, la emisora estatal, lo "tolerara".

Su ataque alteró a los periodistas de Italia, porque nadie aquí puede olvidar que hace cuatro años, después de ganar la última elección y convertirse en primer ministro, Berlusconi respondió a la crítica de dos de los más respetados e importantes periodistas de la RAI, Enzo Biaggi y Michele Santoro, haciendo que los despidieran. Ayer, el presentador de Ballaró, Giovanni Satoro, eligió a este diario para responder por primera a vez a los comentarios de Berlusconi. Floris, ex corresponsal de la RAI en Nueva York, negó que se estuviera preparando para lo peor. "No, no temo al futuro. Durante los últimos cuatro años de programas, no temí al futuro y no le temo ahora."

"Cuando Berlusconi se liberó de Santoro y Biaggi, eso fue un golpe contra la libertad de dos importantes periodistas para practicar su profesión. Pero también fue un boomerang para el gobierno porque fue muy criticado, y los jueces se pusieron en contra. De manera que no pudieron hacerlo de nuevo. Así que estamos serenos."

Además de poseer tres canales privados de Mediaset TV, Berlusconi también controla indirectamente la RAI, dándole, en el último tramo de campaña hacia las elecciones generales, lo que parece ser una ventaja avasalladora sobre sus oponentes. Sin embargo, su capacidad para convertir la programación de la televisión italiana en una única emisión política quedó quebrada desde el comienzo formal de la campaña la semana pasada. Reglas que él trató furiosamente de borrar dictaminan que los principales partidos tienen el mismo tiempo de espacio aéreo. El canal 3 de la RAI, a diferencia de otros canales de la RAI, siempre se alineó con la izquierda. Pero Giovanni Flories niega a rajatabla que, como conductor del principal programa político de canal 3, haya estado haciendo campaña para la centroizquierda.

Ballaró, dijo, siempre ha hecho lo posible por no tomar partido. "Nos hemos manejado bien con el gobierno, la oposición, las grandes empresas". "No se lo facilitamos a nadie. Nuestra forma de actuar es poner al aire todas las cuestiones que se puedan pensar, pero después le damos al invitado la oportunidad de replicar. Nunca evitamos algo por motivos políticos."

"En cuanto escuché las observaciones de Berlusconi sobre el programa, me dije, no debe lograr convertirnos en sus enemigos políticos. No nos convertimos en los enemigos de Berlusconi sólo porque él considera que lo somos. No estamos en contra de Berlusconi. Tampoco estamos a favor. Haremos nuestra tarea como periodistas." El sistema de la televisión italiano dominada por un hombre era, dijo él, "un sistema absurdo. Cualquier ley antimonopólica en cualquier parte del mundo, lo prohibiría. Tenemos un duopolio, ensuciado por el hecho de que el propietario de uno de los dos es un político y, por lo tanto, controla al otro también. El sistema italiano tiene el potencial de matar la libertad". Pero, añadió, "también puede tolerar la libertad. Muchos periodistas en la RAI y en Mediaset están trabajando con mucha libertad. La gran dificultad es presentar temas en toda su complejidad. En Italia dicen, o se está con Berlusconi o se está en contra, o uno es libre o es esclavo. Pero no es así como es".

El Blair de la derecha

Por Marcelo Justo, diario Página/12 desde Londres

Es joven, enérgico, telegénico y ha logrado lo que no consiguieron los últimos cuatro líderes conservadores: inspirar miedo en los laboristas. Desde que asumió la jefatura partidaria el pasado 4 de diciembre, David Cameron ha transformado un paisaje político que parecía monopolizado por el pragmatismo gubernamental laborista y la absoluta inoperancia de la oposición. Entre los conservadores existe la creciente convicción de que es el mesías que los llevará a esa tierra prometida que perdieron hace casi diez años: el gobierno. Los escépticos consideran que su popularidad es un fenómeno pasajero que se disipará con el tiempo y el inevitable desgaste de la novedad. Por el momento Cameron puede exhibir un sorprendente éxito con las mujeres que, como decía Mao Tse Tung, sostienen la mitad del cielo. En una reciente encuesta para la revista New Woman, fue el único político que figuró entre los 100 hombres más sexy del planeta.

Habilidad política nadie le niega. David Cameron fue electo al parlamento en 2001 y desde entonces tuvo una carrera fulgurante. De la noche a la mañana se convirtió en líder de los conservadores, el partido que dominó la política británica del siglo XX, venciendo a candidatos con más experiencia y presencia pública. Desde entonces, en poco más de dos meses ha provocado un terremoto en la escena política británica. Entre los laboristas logró lo que nadie consideraba posible: que el primer ministro Tony Blair y su número dos, el ministro de Economía Gordon Brown enterraran una rivalidad de años para hacer frente al nuevo desafío conservador. Entre los liberal demócratas, el tercer partido en disputa, el impacto fue más devastador aún. La llegada de Cameron precipitó la caída de su ex líder Charles Kennedy, a quien sus colegas decidieron no perdonarle más sus excesos con la botella, y un conflicto aún no resuelto entre la derecha y la izquierda partidaria.

La estrategia de Cameron es simple y proviene de un diagnóstico realista. Después de nueve años de una deslucida oposición de derecha, propone un Partido Conservador más centrista y plantea hacer lo que Tony Blair hizo con Margaret Thatcher: robar el ropaje político y retórico de su exitoso rival disfrazándolo con los propios colores partidarios. Cameron se ha apartado del credo que impuso la Dama de Hierro en los ’80: privatización de todo bajo el sol y reducción de impuestos, en especial para los sectores más ricos de la sociedad. No bien asumió como líder de la oposición, Cameron declaró que los servicios públicos básicos "salud, educación" eran bienes públicos inalienables. En materia social se mostró abierto en temas alternativos –gays, drogas– y nombró como asesor en asuntos de pobreza global al músico Bob Geldorf, organizador de los conciertos de Live Aid. En temas ambientales eligió como portavoz al respetado y fotogénico multimillonario "verde" Zac Goldsmith.

De Blair ha tomado el estilo: su puntilloso cuidado de la imagen pública, su lenguaje vago, genérico y vistoso. Más joven que el primer ministro laborista al asumir este su puesto –Cameron tiene 39 contra los 41 que tenía Blair cuando llegó a la cima partidaria– cultiva un perfil que combina la cuna distinguida y ciertos hábitos modernos del británico promedio. Miembro de la aristocracia, posiblemente emparentado con la reina por las innumerables redes que tejen los ancestros, tuvo una educación de élite (Eton en la secundaria, Oxford en la Universidad), pero, al mismo tiempo, va en bicicleta a la Cámara de los Comunes, dice preferir la cerveza al champagne y su álbum favorito es The queen is dead, compuesto por los Smiths en los ’80. Hasta su breve flirteo con las drogas –se supone que consumió cocaína en la Universidad– le ha servido paralabrarse una imagen entre osada y populista. No en vano Cameron fue el jefe de comunicación durante siete años de Carlton, una importante productora de televisión.

El repunte de los conservadores en las encuestas ha premiado hasta el momento este aire renovador. Después de muchos años de seguir de lejos a los laboristas, algunas mediciones lo llegaron a poner por delante del primer ministro Blair en los índices de popularidad. El gran interrogante es si se trata de una brisa con el fugaz encanto de lo novedoso o de un imparable vendaval. El prestigioso semanario conservador The Economist lo planteó en términos muy claros. Según la revista, Cameron ha conseguido que a los británicos les vuelva a gustar el líder del Partido Conservador, pero a partir de esta breve luna de miel le toca lo más difícil: mostrar al electorado que tiene algo real que ofrecer.