Pensamiento Crítico

Beslán: un año después el misterio se aclara

None | 06 Septiembre 2005

No es prudente considerar la actualidad internacional sin tener en cuenta las realidades estratégicas. Durante la toma de rehenes del 3 de septiembre de 2004 en Beslán, Rusia, que terminó con la muerte de 186 niños, los repetidores mediáticos dominantes se distanciaron del horror afirmando que apoyaban a los «chechenos moderados» de Aslan Maskhadov, quien contaba entonces con el apoyo de Londres y Washington. Sin embargo, un año más tarde, Shamil Basáyev, organizador de la operación concebida para provocar una carnicería, acaba de ser proclamado viceprimer ministro del gobierno en el exilio. Con el tiempo, se comprueba una vez más que la emoción inmediata sirve a intereses más complejos: los recursos del Mar Caspio.

Hace un año, el 1º de septiembre de 2004, un grupo de hombres armados irrumpía en una escuela de Beslán (Osetia del Norte) y tomaba niños, padres y profesores como rehenes. Al cabo de tres días de crisis, de una serie de explosiones y el asalto de las fuerzas del orden, 376 personas encontraron la muerte, entre ellas 172 niños.

La acción fue reivindicada por Shamil Basáyev, un jefe militar checheno. Extrañamente, la prensa occidental, lejos de expresar la menor compasión por los rusos, arremetió con saña contra el presidente Putin, acusado de ser responsable de la carnicería por mantener una atroz guerra colonial en Chechenia y a la vez por haber organizado un asalto a ciegas.

Algunos autores fueron más lejos, acusando a Vladimir Putin de haber provocado deliberadamente el baño de sangre para justificar nuevas medidas autoritarias [1].

Por su lado, el Kremlin respondió afirmando que la toma de rehenes no tenía relación con el conflicto checheno, el cual estaría en vías de normalización, sino que demostraba que Rusia era blanco del terrorismo internacional. Esta versión fue rápidamente modificada cuando expertos rusos dejaron entrever que la operación habría sido preparada en realidad por los servicios británicos para debilitar a Rusia [2].

Un año después ¿qué sabemos de aquel drama, de los objetivos políticos de sus protagonistas y de sus consecuencias?

El drama chechenio

Para dar respuesta a estas preguntas, es necesario reconstruir primero el contexto de los hechos. Chechenia es un Estado miembro de la Federación Rusa que vivió dos guerras sucesivas en un decenio y sigue inmersa en el caos [3]. Para quienes tienen una visión étnica de Rusia, blanca y ortodoxa, el asunto es un caso de guerra colonial clásica. Por el contrario, para quienes tienen una definición euroasiática de la Federación, el problema actual es consecuencia del derrumbe del Estado en el periodo 1991-1999, durante el cual el presidente Yeltsin vaciló entre la guerra contra su propia población y la independencia de facto. El vacío de poder fue aprovechado a la vez por las bandas armadas y los predicadores islamistas según un esquema comparable al que conoció Afganistán durante la misma época.

Ambos puntos de vista pueden sostenerse por igual, pero es importante entender bien las ideologías que les sirven de base. La visión étnica es la que defienden la extrema derecha, en Rusia y en la misma Chechenia, y, en Occidente, los partidarios del «choque de civilizaciones». La visión euroasiática es la que promueve el presidente Putin, quien no deja pasar ninguna ocasión de celebrar el aporte musulmán a la edificación de Rusia [4].

El análisis histórico da la razón a los partidarios de la visión euroasiática, como ha señalado el profesor Francisco Veiga de la universidad de Barcelona [5], quien no desecha sin embargo el punto de vista étnico, que puede constituir un proyecto político.

Como quiera que sea, la cuestión chechena es también, y quizás sobre todo, una cuestión estratégica internacional: a través de ese Estado pasa una red de oleoductos indispensable para la explotación rusa del petróleo del Mar Caspio. Por consiguiente, los rivales y adversarios de Rusia, especialmente Estados Unidos, están interesados en que el conflicto perdure y que se extienda incluso a todo el Cáucaso [6]. Los esfuerzos que este último país despliega en la región son visibles. Ha instalado a sus servidores en Georgia, cuyo ejército controlan, y controlan el espacio aéreo desde su base de Incirlik, en Turquía [7]. En respuesta, los rusos apoyan por debajo del tapete, en Georgia, a los separatistas de Osetia del Sur [8].

Las elecciones de agosto de 2004

El proceso político en marcha permite a la Federación Rusa organizar elecciones en Chechenia, el 29 de agosto de 2004. Los observadores internacionales atestiguan unánimemente, incluso los de la Liga Árabe, la limpieza del escrutinio mientras que, fiel a sí misma, la prensa occidental persiste en denunciar una farsa organizada por el aprendiz de dictador Putin.

Encuentro Chirac-Poutin-Schröder en Sochi, la víspera de la toma de rehenesEl llamado de los independentistas a boicotear el escrutinio obtiene poco resultado y el promedio de participación alcanza el 79%. El general Alkanov, candidato favorable a la Federación, gana la elección sin dificultad. Mala perdedora, la prensa occidental ve en ese resultado la prueba de una manipulación. Dos días después, el presidente francés, Jacques Chirac, y el canciller alemán, Gerhard Schroder, quienes tienen una visión muy diferente, viajan a Sochi para felicitar al presidente Putin por haber logrado restablecer las instituciones democráticas en Chechenia.

Sin embargo, los partidarios del caos no habían escatimado esfuerzos para hacer fracasar el proceso político: el 24 de agosto, un Tupolev 154 de la línea Moscú-Sochi y un Tupolev 134 de la línea Moscú-Volgogrado explotan en pleno vuelo provocando la muerte de 90 personas. Después de haber evocado la posibilidad de accidentes, las autoridades rusas admiten que ambos aviones han sido blancos de atentados. Las Brigadas Al-Islambuli (Kata’ib al-Islambuli) [9] se atribuyen la acción. El 31 de agosto la misma organización hace estallar una bomba en Moscú, frente a la estación Rizhskaya del metro moscovita, provocando 10 muertos y unos 50 heridos. Pero, lo más terrible está por suceder.

La masacre de Beslán

El 1º de septiembre, 32 hombres y mujeres armados penetran en la escuela de Beslán (Osetia del Norte, Federación Rusa) durante la celebración de la «Jornada del Saber». Reúnen 1 300 rehenes entre alumnos, padres de alumnos y personal de la escuela, y los concentran en el gimnasio del establecimiento, en el cual siembran gran cantidad de explosivos.

Imagen de un video tomado por los secuestradores, dentro de la escuelaLas fuerzas de seguridad rodean la escuela mientras que el doctor Leonid Roshal (quien había desempeñado ya el papel de negociador durante la crisis de los rehenes del teatro de Moscú) llega para parlamentar. Sin embargo, los secuestradores no plantean demanda alguna, se niegan a dar de comer y beber a los rehenes, y matan a 20 de ellos cada vez que un miembro del comando es herido por las fuerzas de seguridad.

Mientras tanto, el Kremlin, que no cree que el asunto esté vinculado a la causa chechena sino que ha sido preparado por una potencia extranjera, plantea la cuestión al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Éste rehúsa debatir un proyecto de resolución y se limita a un comunicado de condena de la toma de rehenes y de los atentados contra los aviones en el que exhorta a la comunidad internacional a cooperar con las autoridades rusas para detener y juzgar a los culpables [10].

Al día siguiente, el ex presidente de Inguchetia, Ruslan Aushev, trata a su vez de servir de mediador y obtiene la liberación de algunos rehenes. Los niños siguen sin agua ni comida y se ven obligados a beber su propia orina para sobrevivir. Los secuestradores se muestran particularmente insensibles y sarcásticos. El jefe del comando declara que actúa por orden del jefe militar Shamil Basáyev, sin formular exigencia alguna. Su juego consiste en dejar que la situación se deteriore mientras que los medios de difusión afluyen a la pequeña ciudad. Inesperadamente, el jefe del comando exige la presencia de varias personalidades y declara que no dará de beber a los niños hasta que el presidente Putin anuncie por televisión la independencia de Chechenia.

Al tercer día, el comando de secuestradores autoriza a los servicios médicos a evacuar los cadáveres de 21 rehenes que empiezan a descomponerse debido al calor y la humedad. Se oye entonces una explosión sin que se sepa si se trata de un disparo hecho por el padre de algún alumno desde el exterior de la escuela o, lo que parece más probable, el estallido accidental de una de las bombas. La explosión desencadena un tiroteo generalizado en medio del cual las fuerzas del orden se lanzan al asalto. Los disparos y las bombas causaron 376 muertos, entre ellos 11 soldados rusos y 32 secuestradores.

Sólo un secuestrador sobrevivirá y será juzgado. Las autopsias revelarán que 22 de sus compañeros de armas eran toxicómanos que murieron en estado de stress debido a la falta de la droga. La identificación de los atacantes sigue siendo incierta.

Shamil Basáyev reclamó la autoría de la acción, condenada por el vocero del gobierno checheno en el exilio, Ahmed Zakaiev.

Algunos apuntes

Para la realización del ataque de Beslán, Shamil Basáyev no pudo contar con sus fuerzas militantes. Tuvo que recurrir a toxicómanos, pagados en droga y comandados por varios combatientes aguerridos. Basáyev no goza de legitimidad alguna en Chechenia y no tiene partidarios. Es un jefe militar que tuvo una carrera de mercenario en diferentes conflictos antes de tratar inútilmente de entrar en la política en Chechenia y volver, finalmente, a la acción armada.

La operación estaba concebida para que se terminara en una matanza. El comando había emplazado bombas en el gimnasio pegándolas a los techos con esparadrapo, sistema tan precario que uno se pregunta cómo pudo aguantar tres días. Al parecer, la dirección militar del grupo había decidido huir sacrificando al resto de sus compañeros, pero se vio sorprendida cuando los hechos se precipitaron.

El comando no formuló demanda alguna antes del final del segundo día, o sea, antes de la llegada de los periodistas extranjeros, y la exigencia que planteó era irrealista así como puramente formal. El objetivo era, por consiguiente, crear una situación de crisis, en vez de negociar nada.

La toma de rehenes tuvo lugar tres días después de la elección presidencial en Chechenia y horas después del final de la cumbre ruso-germano-francesa de Sochi, que saludó la normalización política en Chechenia. Su objetivo fue detener el proceso político y el reconocimiento internacional de la acción de Vladimir Putin por el establecimiento de la democracia.

Caen las máscaras

Al aproximarse el primer aniversario de la masacre de Beslán, Shamil Basáyev, objeto de una orden internacional de arresto, dio una entrevista a una cadena estadounidense de televisión. Después, fue nombrado viceprimer ministro del gobierno checheno en el exilio en Washington y Londres, aunque ese mismo gobierno había condenado oficialmente la operación de Beslán.

Ese gobierno checheno en el exilio dispone del apoyo del American Committee for Peace in Chechnya, que dirige el ex consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, con sede en los locales de la Freedom House [11], dirigida a su vez por el ex director de la CIA James Woolsey.

Shamil Basáyev dice tener vínculos recientes con Osama Bin Laden, a quien Estados Unidos pretende estar buscando actualmente en vano.

Zbigniew Brzezinski es conocido como el funcionario estadounidense que reclutó personalmente a Osama Bin Laden y por haberle confiado la organización de atentados en Afganistán con el objetivo de provocar la intervención soviética. En diversas obras y conferencias, Brzezinski no ha cesado de predicar el desmantelamiento no sólo de la URSS sino de la Federación Rusa y de aportar su apoyo a todos los movimientos separatistas con tal de que sean antirrusos.

La operación de Beslán no fue perpetrada por militantes sino por mercenarios. Su objetivo no fue, por consiguiente, la defensa de una causa, ya fuera la independencia de Chechenia o la instauración de un califato. Es parte del «gran juego» en el que las grandes potencias se disputan el control del Cáucaso y de los recursos del Mar Caspio. Su organizador, Shamil Basáyev, es hoy viceprimer ministro de un gobierno en el exilio que tiene contactos en Washington y Londres. Este último dispone de toda la ayuda logística necesaria que provee el gobierno de Estados Unidos mediante instituciones conocidas por sus vínculos con la CIA.

Notas

[1] Así lo hizo el estudio «Beslan – The Political Fallout», redactado por el Dr. Mark A. Smith para la Academia Británica de Defensa.

[2] «La responsabilité anglo-saxonne à Beslán» por Marivilia Carrasco y la redacción de la Red Voltaire, Voltaire, 27 de septiembre de 2004.

[3] El lector puede remitirse a la investigación en tres partes de Paul Labarique: La primera guerra de Chechenia, Business et terrorisme à Moscou y Le domino tchétchène, Voltaire 4, 7 y 11 de mayo de 2004.

[4] «La Russie musulmane» por Akhmet Yarlykapov, Voltaire, 28 de junio de 2005.

[5] «El Agujero negro de Chechenia» por Francisco Veiga, El Periodico, 6 de septiembre de 2004.

[6] «La stratégie anti-russe de Zbignew Brzezinki» por Arthur Lepic, Voltaire, 22 de octubre de 2004.

[7] «Les dessous du coup d’État en Géorgie» por Paul Labarique, Voltaire, 7 de enero de 2004.

[8] «Coups de maîtres sur l’échiquier géorgien», Voltaire, 19 de marzo de 2004.

[9] El nombre de esa organización hace referencia al teniente Khaled Al-Islambuli quien organizó el asesinato del presidente egipcio Anwar el-Sadat, el 6 de octubre de 1981.

[10] Referencia ONU: S/PRST/2004/31.

[11] «Freedom House: quand la liberté n’est qu’un slogan», Voltaire, 7 de septiembre de 2004.

¿Qué es lo que pasó en Beslán?

Por Alexander Dzadziev, experto en temas etnopolíticos, colaborador del Instituto de investigaciones humanitarias y sociales de Osetia del Norte. Ria Novosti

Ha pasado un año desde que los terroristas tomaron rehenes en un colegio de Beslán. Los tres días, en el transcurso de los cuales ellos retuvieron a casi 1,500 personas, no sólo marcaron la vida de esta ciudad de Osetia del Norte sino que también atribuyeron un nuevo matiz a la situación etnopolítica en la zona rusa del Cáucaso.

La nueva política de Moscú con respecto a esta región fue proclamada precisamente después de Beslán. Sin embargo, el proceso del cambio va muy lento y pasa casi desapercibido por la gente. También creo que cualquier tipo de reforma política no tendrá sentido hasta que se dé una evaluación objetiva de lo ocurrido en Beslán hace un año.

En primer término, se requiere un análisis de las causas que llevaron hacia aquel atentado terrorista. Inmediatamente después de la tragedia hubo numerosas especulaciones acerca de la eventual reedición del conflicto armado entre Osetia e Ingushetia. Varias horas después de ocupada la escuela de Beslán, algunos medios afirmaron que la acción era obra del Jamaat Ingushe, división ingushe de los grupos armados ilegales que funcionaban en Chechenia. Se mencionaba incluso el nombre del cabecilla, Magomed Evloev alias Magas, aunque la noticia nunca fue confirmada más tarde. Nadie sabe a quién se presentó el comando terrorista responsable de la toma de rehenes pero la información cundió de forma bastante amplia.

A partir de ahí, algunos medios de comunicación, así como politólogos y analistas rusos, conocidos o no tanto, empezaron a atribuirle al atentado de Beslán un carácter étnico y hablar del posible estallido de un nuevo conflicto armado entre los osetios y los ingushes, o entre Osetia y Chechenia. También se decía que no era casual la elección de Osetia del Norte como escenario del atentado, puesto que la república es un puesto avanzado de Rusia en la zona del Cáucaso del Norte.

Algunos políticos rusos e investigadores osetios aludieron también a la presunta implicación de Georgia en el atentado de Beslán, en plan de venganza por el respaldo que Rusia había proporcionado a los secesionistas de Osetia del Sur. Semejantes declaraciones no hacían sino agravar la de por sí complicada situación etnopolítica en el Cáucaso del Norte.

Afirmando que los terroristas responsables de la toma de rehenes en la escuela de Beslán pretendían «provocar un conflicto entre los osetios y los ingushes, los politólogos y los periodistas pasaban por alto el hecho de que nadie, incluidos ellos mismos, había buscado connotaciones étnicas en los anteriores atentados cometidos por comandos chechenos en el territorio de Rusa».

Las incursiones contra Budennovsk, Kizliar y Pervomayski, las explosiones de edificios en Moscú y otras ciudades rusas, en particular, las de Osetia del Norte, los ataques contra Daguestán e Ingushetia, el asesinato del presidente checheno Ahmat Kadyrov y numerosos casos más no son otra cosa sino acciones de intimidación y una prueba de que la guerrilla separatista chechena continúa luchando contra Rusia en su conjunto, sin apuntar sus ataques contra Stavropol, Daguestán, Ingushetia o Moscú en concreto. Sin ser una excepción aquí, la tragedia de Beslán confirma que el conflicto iniciado en Chechenia más de diez años atrás ha rebasado hace mucho tiempo las fronteras de esta república. La guerrilla separatista no hace sino escalar y diversificar sus actividades.

Afortunadamente, los dirigentes y el pueblo de Osetia del Norte han tenido suficiente sabiduría como para no dejarse llevar por quienes predecían y provocaban un nuevo conflicto armado entre los osetios y los ingushes. Y sin embargo, el arreglo de las relaciones entre ambas repúblicas se ha visto obstruido mucho, obviamente.

También es reconfortante que hayan fallado los intentos de usar la tragedia de Beslán para caldear los ánimos antigeorgianos en Osetia del Sur y en la del Norte, que son de por sí bastante incandescentes. Lo anterior no significa, sin embargo, que podamos prescindir de las conclusiones debidas.

Unas cuantas palabras acerca del terrorismo internacional que en su momento aprovechó la debilidad rusa en el Cáucaso para crear allí un nido. No cabe ninguna duda de que las organizaciones terroristas internacionales han apoyado y siguen apoyando a los comandos chechenos. Pero tampoco debemos olvidar el hecho de que el embrollo checheno, formado a principios de los años 90, no ha sido resuelto hasta la fecha. Es más: el Centro federal, en su intento de solucionar este problema, ha restringido la política norcaucásica de Moscú básicamente al tema de Chechenia. Los esfuerzos encaminados a cambiar la situación en la totalidad de la zona del Cáucaso después del atentado de Beslán no han aportado hasta ahora resultados visibles, por lo menos, para los vecinos de Osetia del Norte.

Los habitantes de esta república, quienes hemos vivido la tragedia de Beslán, necesitamos obtener una respuesta a dos preguntas vitales: ¿Qué es lo que pasó exactamente hace un año y quién es el culpable? La investigación dura ya casi un año sin que hasta la fecha haya más claridad en el asunto. Seguimos esperando a que se nos diga la verdad pero hay cada vez más dudas a este respecto, a pesar de lo que prometen las autoridades.

Hay un ambiente muy pesado en Osetia del Norte, al igual que un año atrás. Claro que es imposible vivir siempre de la tragedia pasada pero la gente, para seguir viviendo, necesita saber que se han sacado las lecciones necesarias. Y para ello se requiere la verdad. Es la única manera de restablecer la confianza hacia las autoridades y recuperar la seguridad de cara al futuro.