Pensamiento Crítico

Julio Antonio Mella

Por Jorge Risquet Valdés | La Jiribilla, Cuba. | 04 Febrero 2009
Queridos estudiantes: El sábado 10 de enero se cumplen ocho décadas de la desaparición física de Julio Antonio Mella. Quisiera comenzar este encuentro con el mejor poema dedicado a Julio Antonio, en mi opinión, escrito por nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén.
Mella Lanzó del arco tenso disparada la roja flecha contra el viejo muro: punta de sueño, lengua de futuro que allí vibrando se quedó clavada. Sobre la rota piedra penetrada hincó de su bandera el mástil duro; aún era noche, el cielo estaba oscuro, pero ya el viento olía a madrugada. Partió después con su profundo paso y una canción que al porvenir advierte, Mella hacia el mediodía sin ocaso. Su derribada sangre es vino fuerte alzad, alcemos en el rudo vaso la sangre victoriosa de su muerte.
Debo confesar con pena algo que tal vez provocará cierta desilusión en ustedes, debo hoy presentarles un libro que solo he podido hojear. Explicaré lo sucedido: A fines de diciembre, Iroel Sánchez me solicitó que presentara este libro: una biografía de Julio Antonio Mella escrita por la intelectual alemana Christine Hatzky. Pese a lo cercano del compromiso acepté la solicitud de Iroel por varias razones. Primero, el cariño y el respeto que siento por Iroel y su actitud siempre presta a escuchar, meditar y, en mi caso, a acoger con entusiasmo proposiciones sobre asuntos editoriales. Segundo, conozco personalmente a la autora del libro, la joven intelectual alemana Christine Hatzky, a quien recibí varias veces, a petición de ella, justamente para hablarme acerca de la investigación que realizaba sobre la vida de Mella. Me causó gran admiración y simpatía que una intelectual alemana dedicara tantos esfuerzos a investigar en profundidad la vida de una figura política cubana que dejó de existir en 1929, más de tres décadas antes de que ella naciera, y en un momento en que la RDA había desaparecido, y una ola de anticomunismo y, por tanto, de enemistad hacia la Cuba revolucionaria envolvía a Alemania. Por ello, no sería motivo de interés para el gran público lector de su país la biografía de un personaje de la lejana Isla del Caribe, donde el socialismo habría de desaparecer al igual que había sucedido en Europa del Este y en la Unión Soviética, según aseguraba la casi totalidad de los medios masivos de Europa, de EE.UU. y de gran parte del mundo. No podría negarme a expresar públicamente mi simpatía con la autora mediante la presentación de su obra. Tercero, me siento muy vinculado a la figura de Julio Antonio Mella desde mi niñez, pues mi hermana mayor, Xiomara —muerta en 1951 en la plenitud de su juventud por la cruel tuberculosis que los pobres contraían por el hambre y no podían combatir por la falta de recursos—, había nacido el 10 de enero de 1929, el mismo día que cayó asesinado Mella en las calles de la capital de México. Mi madre, obrera del tabaco, despalilladora, había escuchado la conferencia que había pronunciado Julio Antonio Mella en el local del sindicato de torcedores de La Habana, donde el joven orador —cuatro años más joven que ella— relatara sus impresiones sobre la visita al barco mercante soviético Vorovsky en la bahía de Cárdenas (esta conferencia ha sido publicada bajo el título "Cuatro horas bajo la bandera roja"). Tal era la admiración de mi madre por aquel joven líder, que nunca aceptó celebrar el cumpleaños de mi hermana el día 10. Cuando había recursos para el cake y las velitas, se festejaba el aniversario de Xiomara otro día, nunca el día 10 de enero, día luctuoso de conmovida recordación. Cuando en 1946 empecé a trabajar como Jefe de redacción en el órgano oficial de la recién creada Juventud Socialista, en una publicación quincenal llamada Magazine Mella, sentí la emoción íntima de rendir homenaje cotidiano al héroe adorado de mi madre. Fui aprendiendo el oficio de periodista y en 1949-50 asumí el cargo de director de la publicación. Uno de mis artículos en el Magazine Mella que denunciaba la corrupción, los crímenes y la entrega al imperialismo del gobierno de Prío Socarrás, causó tanta indignación a las autoridades oficiales que fuimos acusados y sometidos a juicio ante un tribunal de urgencia no solo yo, como autor del artículo y director, sino todo el Consejo de Dirección y redactores del Magazine: Flavio Bravo, Alfredo Guevara, Antonio Núñez Jiménez, Marcos Behmaras, Adigio Benítez, José Massip y otros menos conocidos. Fuimos absueltos en el juicio, no se pudo demostrar que era un escrito subversivo, pues la publicación era legal, inscripta como exigía la Ley y su difusión no había causado rebelión alguna. Todavía en las instancias judiciales había cierto apego a la ley, que el golpe de Estado de Batista de 1952 hizo trizas. Años después, en 1957, me correspondió durante un período —después que salí de la cárcel— ocuparme del Magazine Mella, pero ahora sí se trataba de una publicación clandestina. Tal vez la mayoría de ustedes no conozcan que durante los años de la tiranía batistiana, se publicaron 82 ediciones del Magazine Mella. Una periodicidad mensual, formato pequeño, pero a colores. Nunca los sabuesos batistianos pudieron encontrar los lugares donde se elaboraba, imprimía y distribuía la combativa publicación. Y tengo una cuarta razón, más importante que las anteriores: "Corresponde —como planteara Raúl el 1ro. de Enero en Santiago de Cuba— a la Dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con el proceso revolucionario". Acepté la proposición de Iroel. Sin embargo, no apareció el tiempo para buscar el libro de Christine y estudiarlo. El libro tiene 472 páginas, cifra desconocida por mí hasta el presente año 2009 en que regresé de Santiago de Cuba y pude echarle un vistazo. Se trata, sin duda, de un estudio exhaustivo y profundo de la vida de Julio Antonio Mella. Basta este dato: la bibliografía estudiada por Christine ocupa 39 páginas del libro y menciona cerca de 500 libros, artículos y documentos consultados. De otra parte, en una sección de anexos, se reproducen 58 páginas de documentos, muchos de ellos inéditos hasta ahora, todos los cuales tienen que ver con la vida y la actividad de Mella, algunos de su propia autoría. Para expresar una opinión definitiva acerca de la calidad de esta obra, se necesitaría de un análisis detenido, que como expliqué, no me ha sido posible realizar. Mas lo importante es referirnos a lo fundamental del libro, la vida, la actividad y la significación de la lucha de Julio Antonio Mella, su vigencia histórica, las enseñanzas que nos dejó y que han de ser un elevado ejemplo a seguir por las nuevas generaciones actuales y futuras. Vean ustedes qué coincidencia: Nuestro Apóstol José Martí, el más universal de los próceres cubanos del siglo XIX, nació en 1853. En el Centenario de su natalicio, es decir, en 1953, su discípulo de mayor visión política, talento y decisión, Fidel Castro, al frente de un puñado de jóvenes heroicos que emulaban con su acción la bravura singular del gigante cuyo nombre llevaba la fortaleza militar, Moncada, se lanzaron a la conquista del cuartel. Tal coincidencia no es casual sino causal, porque los valientes asaltantes ofrendaban su gesto para hacer realidad la doctrina por la que el Apóstol había sacrificado su vida en Dos Ríos. Exactamente entre ambos aniversarios, de manera fortuita, acaece otra magna efemérides, el centenario del natalicio de Julio Antonio Mella, el 25 de marzo de 1903. Su figura es de una altura, robustez y calidad tales que bien podría ser columna intermedia cuyo capitel sostuviera dos arcos uno que apoya el otro extremo en la columna de mediados del siglo XIX y el otro arco en la columna de mediados del siglo XX, si se me permite el símil arquitectónico. En esta república neocolonial de la Enmienda Platt, Mella es el primero de los hombres de la nueva generación que proclama el pensamiento radical avanzado y revolucionario del Maestro. Sentía como una necesidad imprescindible para el esclarecimiento ideológico del camino de la Revolución Cubana el estudio a fondo, la discusión y la adopción, de la doctrina del fundador del Partido Revolucionario Cubano. En sus "Glosas al pensamiento de José Martí", artículo de apenas ocho páginas, reclama imperativamente esa tarea urgente: un libro que debe escribirse por una voz de la nueva generación libre de prejuicios y compenetrada con la clase revolucionaria de hoy. Mella no solo rescató el filo radical de la prédica y la obra martiana, sino que sumó este rico acervo histórico a otras ideas más avanzadas, las del marxismo leninismo, aporte que no se contraponía sino que enriquecía la teoría universal y científica, con la hondura ética del prócer mayor y las características propias de nuestro país, su peculiar identidad nacional, ubicación y dimensión geográficas, época en que se desarrollaba la lucha. Pero Mella hizo más: convirtió en acción y organización este precioso legado teórico y esta rica tradición heroica. Mella ingresa en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana en 1921. El curso comienza a principios de octubre. En gesto de servilismo del gobierno de Alfredo Zayas y del claustro universitario, se pretende otorgarle un título honorífico al General Enoch Crowder, procónsul norteamericano que había llegado a La Habana y fondeado en su puerto la nave de guerra Minnesota, donde despachaba con políticos, gobernantes y banqueros, en nombre del Presidente de EE.UU. Julio Antonio alerta y moviliza a los estudiantes de su Facultad y organiza una repulsa masiva, el 16 de noviembre, ante el mismo claustro que sesiona para adoptar el lacayuno acuerdo. La reunión se suspende. Comisiones de estudiantes acuden a los órganos de prensa para divulgar la enérgica y documentada denuncia. Comienza a organizarse una marcha para el día 18 que partiría del Monumento a Maceo, el General de la Protesta de Baraguá, hacia el Palacio Presidencial. El Presidente Zayas interviene, maniobra; la manifestación no tiene lugar porque el proyecto se anula por decisión del Ejecutivo. Así, como una vorágine, entra Mella en la vida pública del país, y aún no ha cumplido los 19 años de edad. Es imposible en el breve espacio de una charla relacionar su tormentosa actividad. Con su poder de síntesis el compañero Fidel lo describe: "Mella, desde el primer instante, descolló como un extraordinario combatiente revolucionario. Inició en nuestra vieja Universidad la reforma universitaria, vinculó los estudiantes a los obreros, organizó el primer Congreso de estudiantes, fundó la Universidad José Martí, organizó la Liga Antimperialista y fundó además, junto a Baliño y otros revolucionarios el Primer Partido Comunista de Cuba. ¡Es conmovedora la historia de esta vida tan breve, tan dinámica, tan combativa y tan profunda! "A los pocos años ya no solo era un dirigente estudiantil, sino también un dirigente de la clase obrera cubana, y rápidamente alcanza dimensión de dirigente latinoamericano. Y si se analiza el pensamiento de Mella, las ideas internacionalistas de aquel Mella, que venciendo todas las dificultades llegó hasta el primer barco soviético que visitó a nuestro país; de aquel Mella combatiente incansable contra el imperialismo, se podrá apreciar la coincidencia entre su pensamiento y los hechos de la Revolución Cubana, lo que Mella aspiraba a hacer y lo que ha hecho la Revolución Cubana. "Mella se ve encausado, protagoniza uno de los episodios más valientes y heroicos de nuestra historia revolucionaria, que fue su famosa huelga de hambre de 19 días, con la cual obliga a la tiranía machadista a ponerlo en libertad. "Mella se ve obligado a abandonar el país después de su histórica huelga de hambre. Pero su extraordinaria personalidad, sus ideas y combatividad atemorizan demasiado al imperialismo yanqui, a la oligarquía al servicio de ese imperialismo y a la tiranía machadista; no pararon hasta instrumentar la conjura que culminó en el cobarde asesinato del 10 de enero de 1929. Troncharon aquel talento extraordinario, aquella vida fecunda en la flor de su existencia". Como ha afirmado el compañero Raúl Castro: "Cuando acudimos al combate del Moncada convocado por Fidel, nos sentimos representantes de la Generación del Centenario del Natalicio del Apóstol y estábamos decididos a cumplir su mandato revolucionario. "Fue José Martí el autor intelectual de aquel intento de reiniciar la Guerra Necesaria, para batir la tiranía y rescatar la soberanía de la nación, secuestrada por los monopolios estadounidenses y su gobierno imperialista. Pero fue Julio Antonio Mella, quien nos había mostrado la médula revolucionaria del pensamiento martiano dando 'un alto —como él afirmara— y si no quieren obedecer, un bofetón, a tanto canalla, tanto mercachifle, tanto adulón, tanto hipócrita que escribe y habla sobre José Martí'. "En el primer cuarto de siglo de la República de la Enmienda Platt, nadie como Mella expuso con tanta claridad y fuerza de convicción la vigencia de la doctrina martiana, a pesar de que solo pudo escribir un artículo de unas cuantas páginas, y no el libro que tenía pensado y que vehementemente sentía la necesidad de poner en letras de imprenta, con tan dilatada y profunda reflexión y tanto amor, que le parecía, como expresó en dicho artículo, 'un viejo libro leído en la adolescencia'. "Éramos la generación que a un siglo del natalicio de Martí y a medio del siglo del nacimiento de Mella nos lanzamos a hacer realidad los sueños del maestro y de su ferviente discípulo. Muchas veces desde sus días universitarios, Fidel ha expresado su plena identificación con Mella. Una vez conversando con él sobre el tema, expresó: 'En Cuba, nadie ha hecho tanto en tanto poco tiempo'". De estas palabras del Segundo Secretario de nuestro Partido, se infiere que si Martí fue el autor intelectual del Moncada, Mella figura entre sus coautores. Como seguramente ustedes conocen, a fines de diciembre de 1922 bajo el impulso protagónico de Julio Antonio queda organizada la Federación Estudiantil Universitaria. La primera declaración del Directorio de la FEU aparece en la prensa el primero de enero de 1923, hace justamente 85 años. Exigía amplia autonomía sin la intervención del gobierno, recursos que el erario público debía asignar para terminar los edificios y dotarlos de los medios de enseñanza necesarios, calificando el estado de abandono en que se encontraba la más importante casa de altos estudios del país como vergüenza y descrédito para la República. Asimismo reclamaba representación legal en el claustro universitario para la genuina organización estudiantil. El 10 de enero, ¡qué día tan simbólico!, se declara la huelga estudiantil, la lucha por la Reforma Universitaria ha comenzado. La FEU agradece la solidaridad de las organizaciones obreras y proclama un puente de unión entre los elementos vitales de la nación: el trabajo y la ciencia. En medio de la agitación estudiantil que reina en la Colina, el 18 de marzo tiene lugar otro pronunciamiento histórico. Un grupo de jóvenes intelectuales encabezado por Rubén Martínez Villena se manifiesta contra el peculado y la corrupción del gobierno de turno. Conocida como la Protesta de los Trece, marca la incorporación de lo más honesto y valioso de la intelectualidad cubana a la batalla por los cambios radicales que la Cuba de Martí requiere. En octubre, presidido por Mella, en su condición de presidente de la FEU, tiene lugar el Congreso Nacional Estudiantil, que incluye a los de nivel medio de todo el país. Este Congreso se pronuncia contra todos los imperialismos y especialmente contra la intromisión del imperialismo yanqui en los asuntos internos de Cuba... contra la Enmienda Platt... en apoyo de la lucha de los pueblos colonizados... el establecimiento de relaciones con la Unión Soviética... por la unión entre los estudiantes y los obreros con el fin de preparar la transformación del actual sistema político y social sobre la base de la más sólida justicia social. El 3 de noviembre de ese mismo año 1923 inicia su primer curso la Universidad Popular José Martí, con una matrícula de 400 obreros. En 1924, Julio Antonio ingresa en la Agrupación Comunista de La Habana, que dirige Carlos Baliño, el más destacado divulgador del socialismo en Cuba, y uno de los fundadores del Partido Revolucionario Cubano organizado en 1892 por José Martí. Juntos trabajarán el venerable anciano, el impetuoso joven y el puñado de militantes de la Agrupación en tres tareas fundamentales: * Impulsar la labor, iniciada desde el principio de la década por Alfredo López, de constituir la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) que se hace definitiva realidad en el Congreso efectuado en Camagüey del 2 al 7 de agosto de 1925. * Fundar la Sección Cubana de la Liga Antimperialista de las Américas, cauce donde confluirá la acción organizada de estudiantes, intelectuales, trabajadores y otros sectores patrióticos, en la lucha por la independencia nacional, propósito que se logra en el mes de julio. * Constituir, fortaleciendo y reuniendo las diversas agrupaciones comunistas del país, el Partido Comunista de Cuba. El Congreso tiene lugar en La Habana el 16 y 17 de agosto de ese verano fructífero para la historia de la Patria. Apenas asume la presidencia de la República Gerardo Machado, el Mussolini tropical desata la más feroz represión contra los comunistas y los dirigentes obreros. Mella va a la cárcel el 27 de noviembre, esta vez no por algunas horas como en ocasiones anteriores. Está acusado falsamente de terrorista, de haber hecho estallar bombas. Julio Antonio decide declararse en huelga de hambre y orienta la divulgación de su actitud. Su resistencia se prolonga por 19 días, el país entero se estremece; en el continente, desde México hasta Buenos Aires crece la protesta. Mella llega al borde la muerte. El asno con garras se ve obligado a acceder a ponerlo en libertad bajo fianza aunque el sátrapa no perdonará jamás: lo ha condenado a muerte. Mella sale al exterior clandestinamente. México fue para Mella, como para Martí y para Fidel, una segunda patria, y la esperanza de que sería el valladar para no dejar cruzar el Río Bravo al gigante de las siete leguas. Y lugar para continuar la lucha y preparar nuevos combates por la verdadera independencia de Cuba. La fecunda actividad de Mella en el extranjero la sintetizaremos así: llega a ser destacado miembro del Comité Central del Partido Comunista de México, Secretario General de la Liga Antimperialista de las Américas y máximo líder de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) instrumento organizado por Julio Antonio para contribuir a la lucha contra la tiranía machadista. Como líder de La Liga Antimperialista, participa en el Congreso Mundial contra el imperialismo y la opresión colonial, celebrado en Bruselas en febrero de 1927 y visita la Unión Soviética, donde participa en el Congreso de la Internacional Sindical Roja. La sangre vertida en Dos Ríos en 1895, al igual que la derramada en las calles de México en 1929 fue reivindicada por aquellos bravos que entregaron la suya propia en 1953 en Santiago de Cuba y Bayamo, para fundar la República que Martí y Mella soñaron. Queridos jóvenes: He tratado de sintetizar la corta pero fecunda vida de Julio Antonio Mella. La caída de la tiranía machadista se produce el 12 de agosto de 1933. Surge la iniciativa de traer las cenizas de Mella a su Patria y rendirle el homenaje que merecen su memoria y su ejemplo. Juan Marinello, intelectual comunista, es el encargado de traer el sagrado cofre. La ceremonia de recibimiento de la urna se fija para el 29 de septiembre de 1933. Las dos últimas páginas del texto fundamental del libro de Christine Hatzky recoge la brutal represión con que la soldadesca de Batista impide la ceremonia de depósito de las cenizas en el montículo funerario erigido por estudiantes, sindicalistas y obreros de la construcción en el parque de La Fraternidad. Mas las cenizas no caen en manos profanas. Juan Marinello se encarga de guardarlas durante tres décadas. Tal como lo hace Christine Hatzky en el texto fundamental de su libro, terminaremos esta breve charla con las palabras que Rubén Martínez Villena, con los pulmones destrozados, a pocas semanas de su muerte, pronuncia desde el balcón de la sede de la Liga Antimperialista, en la calle Reina, lugar donde fueron veladas sus cenizas: "Camaradas: Aquí está, sí, pero no en ese montón de cenizas, sino en este formidable despliegue de fuerzas. Estamos aquí para tributar el homenaje merecido a Julio Antonio Mella, inolvidable para nosotros, que entregó su juventud, su inteligencia, todo su esfuerzo y todo el esplendor de su vida a la causa de los pobres del mundo, de los explotados, de los humillados... Pero no estamos solo aquí para rendir ese tributo a sus merecimientos excepcionales. Estamos aquí, sobre todo, porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos, de vibrar al calor de su generoso corazón revolucionario. Para eso estamos aquí, camaradas, para rendirle de esa manera a Mella el único homenaje que le hubiera sido grato: el de hacer buena su caída por la redención de los oprimidos con nuestro propósito de caer también si fuera necesario..." ¡No olvidemos nunca esta única forma de rendir homenaje a Julio Antonio Mella! Muchas gracias.
(***) Palabras a los estudiantes universitarios sobre Julio Antonio Mella, en el aniversario 80 de su caída. Casa de la FEU, 7 de enero de 2009.