Pensamiento Crítico

Munich: en la búsqueda del «nuevo orden mundial»

Por Alfredo Jalife-Rahme | Diario La Jornada, México. | 04 Febrero 2009
El nuevo orden mundial tendrá que ser dual por necesidad: tanto geoestratégico como financiero y económico. El Foro Económico Mundial en la necrópolis de Davos acabó en la catatonia, donde los asistentes exhibieron una perturbadora parálisis mental, incapaz de superar los grilletes del neoliberalismo global. En la necrópolis de Davos, a la que no asistieron Barack Obama ni ningún alto funcionario de su administración (ver Bajo La Lupa, 01/2/09), llamó la atención la prudencia del primer ministro ruso, Vlady Putin, quien se vio muy conciliador hacia Obama para cooperar en energía, economía, seguridad y desarme. Putin definió que el mundo vive la "tormenta perfecta" de la crisis financiera: "Nos encontramos todos en el mismo barco" (IHT, 28/1/09). Pareciera que entre la importante reunión geoestratégica del 6 de febrero, en Munich, con una duración de tres días, hasta la cumbre del G-20 en Gran Bretaña, el próximo 2 de abril, se buscan fincar los cimientos del "nuevo orden mundial" entre los grandes del planeta. Todo el mundo está de acuerdo en que el viejo orden mundial, de la unipolaridad estadounidense y la globalización financiera anglosajona, ha fenecido y urge reconfigurar un "nuevo orden mundial" sobre cuyos alcances y destino aún no existe un común denominador. Aun en el seno de la anglósfera difiere la visión del "nuevo orden mundial" entre el primer ministro británico Gordon Brown y su homólogo australiano Kevin Rudd. Para el británico Brown, el "nuevo orden mundial" debe reformarse sin tocar prácticamente el dominio financiero anglosajón, lo cual será repelido por los países poderosos de Europa (Alemania y Francia), ya no se diga por el BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Como previamente lo había proferido Henry Kissinger (ver Bajo La Lupa, 18/1/09), ahora Brown critica el peligro del "mercantilismo" y su concomitante neoproteccionismo (The Sydney Morning Herald, 26/1/09). Resulta asombroso que un país quebrado como Gran Bretaña ("Islandia en el Támesis", Der Spiegel Online, 30/1/09) se atreva a propinar consejos a los demás y pretenda todavía conservar una parte del liderazgo global. Hasta David Cameron, líder de la oposición británica del Partido Conservador, se desmarca asépticamente de las políticas económicas del desbocado thatcherismo con la promesa de un "sentido de responsabilidad" en lugar del "espíritu empresarial" de la década de los 80 (The Observer, 1/2/09). Kevin Rudd, premier australiano, ha denunciado el "capitalismo desbocado" de las pasadas tres décadas, de las que culpó al thatcherismo, y reclama la nueva era de un "capitalismo social (¡súper sic!)", cuyas características sean la intervención y la regulación del gobierno (The Sydney Morning Herald, 31/1/09). Rudd es muy rudo en su crítica a los neoliberales, a quienes imputa la crisis financiera global por haber colocado "toda su fe (sic)" en la autorregulación del mercado: "el tiempo ha llegado para proclamar que el gran experimento neoliberal de los pasados 30 años ha fracasado y que el emperador se quedó sin vestimenta". Se burla del neoliberalismo y del fundamentalismo del libre mercado, disfrazados de "filosofía económica": "la ironía es que ahora la democracia social impide que el capitalismo neoliberal se devore a sí mismo". Concluye Kebin Rudd que el Estado debe ser "activo" y cuya intervención sirva para "reducir las grandes desigualdades que los mercados competitivos generan inevitablemente". Nunca como en sus anteriores reuniones la Conferencia de Seguridad, a celebrarse en Munich, ha despertado tantas expectativas para la "búsqueda de un nuevo orden mundial", según Gerhard Spoerl, analista del Der Spiegel Online (30/1/09). En la reunión de este año, Obama, a diferencia de la despreciada necrópolis de Davos, envía una impresionante delegación al más alto nivel que será encabezada por el vicepresidente Joe Biden. En forma espectacular se pudiera escenificar, al margen de la relevante reunión de Munich, un "diálogo informal con Irán". Me da pena recalcar que ni Calderón ni Zedillo ni Gurría fueron invitados a esa prestigiosa reunión de ligas mayores. Gerhard Spoerl acentúa que la conferencia de Munich este año "eclipsará a Davos". A estas alturas del colapso neoliberal global, cualquier reunión aldeana o regional es más productiva que Davos. El analista alemán comenta que Obama envió a su plana diplomática y militar mayor, como Richard Holbrooke (nuevo emisario en Afganistán y Pakistán), el general David Petraeus (quien consiguió detener la hemorragia estadounidense en Irak) y el general James Jones (consejero de Seguridad Nacional). La robusta delegación estadounidense comprende a dos pesos pesados y anteriores candidatos a la presidencia: el republicano John McCain y el demócrata John Kerry (ahora presidente del influyente Comité de Relaciones Exteriores del Senado). Spoerl comenta que del lado europeo tomarán la batuta el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller y anfitriona, Angela Merkel. La naturaleza previa de la Conferencia de Seguridad de Munich ha sido superada cuando reflejaba los contenciosos de la guerra fría; ahora ha pasado de ser un "pequeño círculo de expertos en defensa estratégica" a una "más extensa reunión política". Por cierto, uno de los temas a tocar –además de Afganistán y el tránsito europeo del gas ruso, la OTAN, el Medio Oriente– será "¿es posible el cero?", es decir, "¿es posible tener un mundo sin armas nucleares?" Sonará muy utópico, pero, a juicio de Gerhard Spoerl, "Obama deberá decidir si de una vez por todas renueva el Tratado de Misiles Antibalístico (ABM, por sus siglas en inglés)", rechazado unilateralmente por Baby Bush. También Obama "tendrá que clarificar su posición sobre el despliegue del sistema de escudo misilístico en la República Checa y en Polonia, tema que configurará las relaciones estadounidenses con Rusia". De allí quizá nazca la postura conciliatoria de Vlady Putin hacia Estados Unidos en la necrópolis de Davos cuando no hay que olvidar que el primer ruso, en su calidad de presidente todavía, había lanzado su célebre discurso en Munich el año antepasado sobre la "nueva era multipolar". Por lo pronto, Rusia ha lanzado una operación seducción dirigida a Obama y ha reconsiderado la instalación de misiles en Kaliningrado (entre Polonia y Lituania), a solamente 600 kilómetros de Berlín. En el aspecto geoestratégico y en medio del tsunami financiero global, en Munich se pueden fincar los primeros cimientos del "nuevo orden mundial": desde la mejoría de las relaciones de Obama con Rusia, hasta la reanudación de relaciones de Estados Unidos con Irán después de tres décadas. En Munich se pueden tejer trueques interesantes entre Estados Unidos y Rusia sobre misiles, energía y territorios. Los cadáveres de Davos El rotativo británico The Independent (28/1/09) resaltó que Bob Diamond, presidente del atribulado banco Barclays Capital, "uno de los banqueros con los mayores ingresos del mundo, canceló su asistencia" a Davos, que señalamos desde hace tiempo como la nueva necrópolis de la arqueología financiera global. John Gapper, reportero de The Financial Times (20/1/09), rotativo propagandístico de la globalización neoliberal, no tiene más remedio que describir la "desolación cupular" en Davos, donde los asistentes exhiben un "rostro lastimoso, sombrío y desesperado" (nota: con la excepción de los marineros del Titanic mexicano: Calderón, Zedilo, Gurría y sus amanuenses, quienes andan felices de turistas en la necrópolis de Davos). De Defensa ("Davos a la deriva", 20/1/09), centro de pensamiento europeo estratégico, se mofa de los asistentes: "los ricos y los poderosos, los ejecutivos, los mercaderes, los maestros del universo, los reyes del mundo" totalmente "humillados". Quienes debieron haber asistido antes que nadie, Obama y Larry Summers (jefe de asesores económicos del recién entronizado presidente, y quien canceló de último minuto ante el segundo oleaje bancario del tsunami financiero que se avecina), tuvieron por lo menos la decencia (y vergüenza: una virtud que sepultaron los neoliberales) de no haberse expuesto, quizá por temor a ser enjuiciados públicamente por errores de sus antecesores. Con todo el respeto a los marineros del Titanic mexicano (Calderón, Zedillo, Gurría y sus amanuenses turísticos), pero nadie los toma en serio ni los registra, como nadie ignora que son insignificantes instrumentos del modelo neoliberal anglosajón y que reciben instrucciones, para no decir órdenes, de Washington. Hay que reconocer que la prensa británica manifiesta una notable autocrítica, inexistente al otro lado del Atlántico. Julian Glover (The Guardian, 20/1/09) expresa crudamente las exequias de Davos: "fue la fiesta del fin (sic) del Universo. Como una bomba de neutrones destruye las vidas dejando intactas las estructuras, así Davos sigue, mientras la cultura que lo sostiene ha muerto (...) El ambiente está tan quebrado como el de sus bancos". Agrega que "no existe un sentido real de culpa colectiva, o una seria consideración de qué hacer, más que rehacer el mundo que acaba de ser perdido". Pues sí: bastaba ver sonrientes a los marineros del Titanic mexicano en medio de las nieves suizas para percatarse de su carencia de culpa (nota: no olvidar que Zedillo, desde el Ejecutivo, y Calderón, desde el Legislativo, aprobaron el Fobaproa/IPAB: el aperitivo local del tsunami financiero global). Más grave aún: Glover concluye que en Davos "nadie admite que quizá no existe solución, sino declinación". Hasta donde nos quedamos, en siquiatría la ausencia de culpa y la negación de la realidad se equiparan a una sicosis profunda. Siempre adujimos que el neoliberalismo global es una sicosis teológica. El epitafio de la necrópolis de Davos este año, adonde asistieron los cadáveres vivientes del neoliberalismo global, fue "transformar (sic) el mundo de la post-crisis". Si en algún lugar del planeta se configurará el "nuevo orden mundial" justamente no será en la necrópolis de Davos, ahora despreciada hasta por Estados Unidos, el creador irresponsable del tsunami financiero global. Después de más de tres décadas de reuniones exuberantes del Foro Económico Mundial en Davos, un innegable éxito mercadotécnico pero vacío de concreciones, ¿cuál fue su utilidad tangible para el género humano? El género humano se acordará de la hoy necrópolis de Davos como el Sodoma y Gomorra de la lascivia financiera y la disolución cerebral a la que más vale no voltear a ver hacia atrás para no quedar petrificados como estatuas de sal. El problema de la "post-crisis del mundo" a la que alude el epitafio de la necrópolis de Davos es que nadie sabe cuándo advendrá, porque la "crisis" apenas asienta sus reales y no se sabe cuánto durará, mientras los bancos anglosajones no expongan a la luz pública su "nivel 3" incobrable de deuda, adonde arrojaron, mediante trucos contables ya muy vistos, la inmundicia de sus apuestas cibernéticas de "derivados financieros" con los que, a nuestro humilde entender, pretendieron adueñarse masivamente de los ajenos recursos energéticos del planeta. ¿Se les cayó su estratagema financiero-energética de capturar el oro negro de Irak debido a la inesperada derrota de los ejércitos anglosajones? Para De Defensa, Davos es la "referencia del sistema imperante", es decir, de la globalización neoliberal: "Davos 2009 proclamó oficialmente que su sistema se encuentra efectivamente en vías del colapso, que su religión está destruida, que su dios no realiza más reparaciones porque el garaje está abandonado". Se pregunta en forma sarcástica: "¿quién acudirá a Davos el año entrante?" Desde luego que los marineros del Titanic neoliberal mexicano no cesarán de acudir felices aunque se cancele la reunión. Si no, ¿qué otra cosa van a hacer y cómo justificarán su disfuncional existencia? Frente al cataclismo que legaron los neoliberales globales, los humanos conscientes del planeta, es decir, con la integridad de sus funciones cerebrales superiores, sopesan escenarios que contemplan "una guía de supervivencia", como Tanya Gold, en The Guardian ("La vida después del Apocalipsis", 29/1/09). El fin de la desregulada globalización financiera no tendrá un epílogo feliz, por lo que hay que prepararse a todas las eventualidades y a las contingencias humanitarias. Hasta Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, adopta la tesis de LEAP/EUROPE 2020, que hemos divulgado religiosamente: "sin una restructuración del sistema bancario, todo el dinero colocado en los estímulos monetario y fiscal irá a dar a un agujero negro" (The Independent, 29/1/09). A juicio del FMI, de nada servirán los recortes de impuestos ni el gasto público ni los estímulos a los empréstitos en todo el mundo, que serán inservibles si el sistema financiero no es reconfigurado. Los marineros del Titanic mexicano no solamente fueron a hacer el ridículo a la necrópolis de Davos, sino que, peor aún, también asomaron en el Congreso (conformado en su mayoría por neoliberales desfasados) a debatir el hilarante cuan delirante tema "¿Qué hacer (¡súper sic!) para crecer (sic)?", con la asistencia de cartuchos quemados foráneos y domésticos, y donde dirigen los insípidos y aburridos encuentros los fracasados neoliberales salinistas. No entienden que no se trata de una vulgar crisis "a la Zedillo" o "a la Calderón", sino del fin de un paradigma. El único político mexicano que lo ha entendido y lo ha externado públicamente es Andrés Manuel López Obrador, al unísono de la aplastante mayoría de talentosos mandatarios sudamericanos.