Pensamiento Crítico

Obama tiene que evitar la depresión

Por Elizabeth Subercaseaux | La Nación Domingo, Chile | 04 Febrero 2009
Las primeras semanas del flamante Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, han sido esperanzadoras. Pero ya surgen dudas respecto de si podrá evitar que la caída en la actividad económica dure varios años, como en los treinta, cuando se recurrió al concepto sicológico para describir el estado de la economía. Cuánto va a durar la luna de miel de Estados Unidos con el Presidente Obama está por verse. Sin embargo, sus primeras medidas le auguran una vida larga y sana en las encuestas. Cerrar la vergonzosa cárcel de Guantánamo, prohibir prácticas coercitivas a la hora de interrogar a los prisioneros, transparentar la gestión de gobierno, dar los primeros pasos para sacar las tropas de Irak, instalar severas medidas de regulación en la emisión de gases tóxicos de la industria automotriz. Todo esto le está diciendo al país que su gobierno será prácticamente lo opuesto a lo que fue el de Bush. Sin embargo, si el nuevo Presidente no logra revertir la crisis económica, cualquier cosa que haga, por muy positiva que sea, no será tomada en cuenta y su gestión será medida casi exclusivamente de acuerdo al mayor o menor éxito con el manejo de la crisis. Al referirse a la situación económica, el día de su triunfo, Barack Obama fue lo más claro que puede ser un Presidente recién asumido que no quiere partir espantando al país con pronósticos demasiado sombríos. La situación económica es mala, dijo, se va a poner peor antes que mejore y vamos a arreglarla con el sacrificio y el esfuerzo de todos. Lo que no se sabe es cuánto peor ni cuánto tiempo va a pasar antes del anhelado repunte. Pero lo que está claro es que la gente espera de él que revierta la crisis, o al menos detenga la caída libre de la economía, la pérdida de empleos y la situación de desconfianza generalizada en que se encuentra el país. Para poner estas afirmaciones en perspectivas basta decir que sólo en el mes de noviembre recién pasado se perdieron 533.000 trabajos; en octubre, 320.000; en septiembre, 403.000. En total, 2,1 millones de empleos. La pregunta es si esto es en realidad una recesión o si ya se la puede llamar depresión. La pérdida de 125.000 trabajos por mes se acerca peligrosamente a lo que tuvo que enfrentar Roosevelt, en 1933, cuando uno de cuatro estadounidenses estaba sin trabajo. ¿Nacionalizar los bancos? Reducir el déficit fiscal que ya alcanza trillones de dólares. Sacar a los soldados de Irak y moverlos a Afganistán donde Al Qaeda ha reforzado sus huestes mientras Bush hacía pedazos a Irak que nunca tuvo nada que ver con el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Reformar el sistema de salud. Reparar el averiado sistema de la Seguridad Social. Reforzar la educación. Crear millones de empleos. Emplear una gran fuerza de trabajo arreglando la infraestructura del país, puentes, carreteras, embalses, etc, que se encuentra en pésimas condiciones. ¿Y todo esto en medio de una recesión tan grave como la depresión de los años treinta? La gente se pregunta cómo lo harán, de dónde sacarán los recursos. Y hasta ahora, la respuesta de la nueva administración puede resumirse en una de las frases del discurso de Barak Obama: "No se trata de que el Estado gaste menos o gaste más, se trata de que sea eficiente y ayude a los ciudadanos donde ellos no pueden ayudarse". Van a imprimir todo el dinero que sea necesario. Y si es indispensable hacerlo, también van a nacionalizar la banca. De hecho, a sólo cinco días de asumir el cargo, los miembros de la nueva administración así como algunos líderes del Partido Demócrata en el Congreso ya se estaban preguntando si el Presidente estaría o no preparado para controlar una gran parte del sistema bancario. Según ha trascendido, casi todos los miembros del equipo económico de Obama consideran que el deterioro de los bancos más grandes, como el Bank of America y el Citigroup es tan profundo que se necesita mucho más que los 300 billones de dólares que ya les han pasado. La pregunta que se formulan ahora es ¿qué gana el contribuyente pasándole su dinero a los bancos si los bancos no les dan nada a cambio? Consultada en el programa "This week" si nacionalizar los bancos le parecía una buena idea, Nancy Pelosi, jefa de la Cámara de Representantes dijo: "Bueno, llámelo nacionalización o como sea. Lo que estamos haciendo es reforzarlos y si es así, los contribuyentes deberían obtener algún beneficio de ese reforzamiento. Algunos lo llaman nacionalización". Inmediatamente se retractó para aclarar que no estaba hablando de que los contribuyentes debieran convertirse en dueños de los bancos, "pero, añadió, ¿se habría imaginado usted que algún día estaríamos empleando términos como nacionalizar la banca en Estados Unidos?" Durante los últimos veinte años, la declaración de principio en los sectores financieros fue: yo soy el rey de mi universo y el Estado no tiene por qué meterse en mis cosas. Pues, bien, ahora el Estado tendrá que meterse en sus cosas pues el rey de su universo las hizo todas tan mal que la economía está al borde de colapsar. La desconfianza en el sector financiero, el escándalo de un CEO de Merryl Lynch quien gastó más de un millón de dólares en arreglar su despacho mientras la compañía se estaba yendo a pique (ver recuadro), la ira de la gente en contra de los banqueros, la actitud de éstos al guardarse las platas del paquete de rescate, en lugar de descongelar los créditos y la percepción de que la sociedad ha sido víctima demasiado tiempo de un sistema de libre mercado sin regulaciones, ha dejado a Obama con un enorme capital político que le permitirá realizar los cambios que sean necesarios, le guste a quien le guste. Lo que se espera es que, haciendo uso de este capital, tome inmediatamente las medidas más difíciles de tragar. No obstante, hay una clara conciencia en el país de que Obama no es sólo un gásfiter que va a tapar la cañería por donde se está desaguando el sistema, sino que "va a entrar a picar", como se dice. Y en este contexto, entrar a picar es también reparar el tejido social. En forma paralela se podrá arreglar (o no) la crisis económica, pero Obama ha dicho, desde el primer día, que no se trata solamente de la economía, que el país necesita un cambio profundo y con sus primeras medidas ya lo está delineando. Los tropiezos En el curso de las dos primeras semanas del nuevo gobierno se espera que el Presidente llegue a un acuerdo con el Congreso y que el Congreso apruebe su plan de estímulo de 825 billones de dólares. El problema con este plan es que para muchos economistas no es suficiente. Entre otros, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, ha sido tajante al decir que el plan que Obama quiere ofrecer al país no es tan fuerte como las palabras que ha empleado el Presidente para decir que va a terminar con el desangramiento de la economía. A juicio de Krugman se necesita mucho más dinero aun. Con este monto, dice, sólo se arreglará una tercera parte del problema. ¿Tienen miedo de gastar más plata?, ¿temen a un mayor endeudamiento?, ¿se trata de cautela política?, ¿lo han limitado porque no saben cómo gastar la plata?, se pregunta Krugman y añade: "Cualquiera sea la explicación de Obama, el monto de este plan no es el adecuado para los requerimientos de la economía, aunque la reparación de un tercio del problema es mejor que nada. Pero en este momento estamos enfrentando a dos grandes vacíos: el vacío entre la economía potencial y su comportamiento y el vacío entre la retórica del señor Obama y su desilusionante plan económico". En cualquier caso no es nada de fácil la tarea que enfrenta Barack Obama, menos aún si se considera que la situación en Estados Unidos, en todos los frentes, es tan calamitosa que si no se arregla con este gobierno, el panorama que se abre es absolutamente incierto. Delirios de un CEO Hacia finales del año pasado Merryl Lynch fue salvada de la quiebra con el dinero del plan de rescate del ex secretario del Tesoro, Henry Paulson. A comienzos de año, cuando la compañía ya estaba haciendo agua por todos los costados, su CEO John Thain decidió arreglar su oficina, y para hacerlo gastó la suma de 1,2 millones de dólares. •• Una alfombra: US$ 87.784 •• Un pedestal de caoba: US$ 25.713 •• Una pieza del siglo XIX de porcelana: US$ 68.179 •• Muebles: US$ 19.751 •• 4 pares de cortinas: US$ 28.891 •• Un par de sillones: US$ 87.784 •• Una silla Jorge IV: US$ 28.468 •• Relieves en una cornisa: US$ 2.741 •• Un basurero de cuero de oveja: US$ 1.405 •• Tela para dos persianas: US$ 20.967 •• Una persiana romana: US$ 7.315 •• Una mesa chica: US$ 5.852 •• Además Thai le pagaba a su chofer particular 230.000 dólares al año. Cuando se habla de que el gobierno de Barack Obama pondrá fin a la cultura del narcisismo se refiere, precisamente, a excesos como éste.

«Favs», el poeta que la rompió con Obama

Por Antonio Gil La Nación Domingo, Chile Vive en Washington, en un departamento de una sola habitación, apenas amoblado con un colchón inflable. Cada mañana, después de trotar una hora, se instala con su notebook en el Starbucks de la esquina, y mientras sorbe un macchiato doble, deja que lentamente su mente se inunde de voces. Son susurros misteriosos, múltiples, imperiosos, los que parecen brotar de todos los rincones imaginables: de sus propios conocimientos, de sus ancestros, de su intuición, de debajo de la tierra de los cementerios. Vaya uno a saber. Son las voces de los vivos y los muertos, que emergen de una América profunda, y frente a la cual todos parecieran estar sordos. Es Jon Favreau, más conocido simplemente como Favs o el "poeta" de Obama. Ese joven de 27 años, de quien se ha dicho que, más que un escritor de discursos, parece "un lector de mentes", y que ha redactado con toda seguridad los textos políticos más poderosos y conmovedores de los últimos cincuenta años, pese a que muchos han criticado ácidamente la supuesta "vacuidad y excesiva belleza de sus discursos". Ya se habrán tragado sus palabras: la retórica de Favreau triunfó, usando un término del boxeo, por la vía rápida. Fue ella la que propulsó al carismático Obama en la Convención Demócrata de Denver, cuando éste dejó paralizados a sus correligionarios con una alocución que contó con la nada despreciable audiencia de 38 millones de telespectadores. "Tenemos más riqueza que nadie, pero eso no nos hace ricos. Tenemos las mayores fuerzas armadas sobre la tierra, pero no es eso lo que nos hace fuertes. Es el espíritu americano, esa promesa americana que nos empuja cuando el camino se hace incierto. Esa promesa constituye nuestra mayor herencia". Un gancho al mentón salido de la pluma de Favs, que como todo buen boxeador, se aseguró el knock out con el imponente discurso del triunfo: "Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, somos conscientes de que la grandeza nunca es un regalo". Debe ganarse. Nuestro camino nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama". Es la voz de un estoico que duerme sobre un colchón inflable, en un departamento desnudo, la que habla por boca de Barack Obama a una nación desorientada, odiada en todo el planeta y deseosa de retornar lo antes posible a los días soleados de la dignidad y la honra que Bush arteramente les saqueara. Estamos frente al triunfo de la palabra, al destello del lenguaje inspirador y de las figuras nacidas en la literatura para anidar en lo más hondo del alma humana, que también, aunque no lo crean, es un distrito político. ¿Nuestros desplumados políticos habrán comprendido al menos, remotamente, la esencia de ese triunfo de la palabra iluminadora alcanzado por Obama y Favreau? ¿O nos van a seguir indigestando con las monsergas del PIB, el IVA y las fluctuaciones del dólar, la pavimentación de calles y los tubos de los desagües? Si a algo se parece en algo este momento de Obama en la historia de Chile es al triunfo de Eduardo Frei Montalva alcanzado al son del Himno de la Patria Joven, escrita por el poeta Miguel Arteche. Épica, ilusión, belleza, que hoy se vuelven imprescindibles a la hora de derrotar a los bolicheros, prestamistas y especuladores financieros dados a las "pasadas" que sueñan comprar, con los votos de los dormidos, la casa de Toesca.